lunes, 26 de enero de 2009

30 de Enero: Los tres Grandes Padres de la Iglesia Basilio Magno, Gregorio Teólogo y Juan Crisóstomo


La historia de esta fiesta viene de los tiempos del emperador bizantino Alejo I Comneno (1081-1118). En aquel tiempo se manifestó en las medios eclesiásticos una diferencia entre los maestros de Constantinopla sobre los santos Padres Basilio el Grande, Gregorio el Teólogo y Juan Crisóstomo; respecto de quién de ellos era el más sobresaliente.
El primer grupo dio la preferencia a San Basilio ya que él había sido el mejor entre los rectores, superior en palabra y obra, un hombre que por poco alcanza a los ángeles, moderado, no perdonaba con negligencia, y era ajeno a todo lo terreno; supo cómo explicar los misterios de la naturaleza como ningún otro; organizador del monaquismo y jefe de la Iglesia en su lucha frente a la herejía; pastor asceta y recto en alcanzar la pureza de la conducta. San Crisóstomo, para ellos, era menos que él por que era tolerante con los pecadores.
El segundo grupo elevó la posición de San Crisóstomo pensando que él era el mas cariñoso, por su compresión de la debilidad de la naturaleza humana; con sus inspiradas homilías dirigió a todos hacia el arrepentimiento; explicó la divina palabra aplicándola hábilmente a la vida diaria como ninguno de los otros dos Santos; aparte, es el superior en la retórica y cuyo nombre da testimonio “Boca de oro”.
El tercer grupo engrandeció a San Gregorio el Teólogo por la profundidad y la pureza de su lenguaje: él poseyó la sabiduría y la retórica de los griegos dirigiéndolas a la contemplación de Dios; así, ninguno expresó el dogma de la Santísima Trinidad como él lo había hecho.
La deferencia no fue exclusiva de los maestros e intelectuales sino se difundió entre el público: éste era basilista, aquel juanista y el otro gregorianista y comenzaron las problemas. En seguida, los tres Santos se revelaron, en una visión, a un obispo llamado Juan Morobo y le dijeron: “Como ves, somos iguales ante Dios; ni división, ni oposición. Cada uno de nosotros aprendió, en su tiempo, del Espíritu Santo, y escribió y habló lo que conviene a la salvación de los hombres. Entre nosotros ni hay primero ni segundo; si mencionas a uno, los otros estarán de acuerdo con él. Así que ordena a los que están exagerando en la discusión que detengan las deferencias entre sí; como estábamos en la vida así seguimos después de la muerte, interesados en realizar la paz y la armonía en toda la Iglesia. Por eso celebradnos en un día común e informa a los fieles que somos iguales ante Dios.”
Al decirlo, los tres padres se pusieron a subir al cielo brillando con una luz indescriptible y llamándose el uno al otro con su propio nombre. Inmediatamente, el obispo Juan reunió a los que disputaban para unirlos y detener la deferencia, y fijó a los tres Santos, como se lo habían pedido, el 30 de enero día del recuerdo común, día antes del cual hemos celebrado a los tres individualmente (1enero, a San Basilio; 25 enero, a San Gregorio; y 27, a San Crisóstomo). Así Dios no permitió que la santidad de los tres fuera causa de división en la Iglesia. Pidamos que las intercesiones de los tres Santos Padres, Maestros universales y Pilares de la Ortodoxia sean con nosotros. Amén.

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