viernes, 2 de noviembre de 2012

P Efrén de Vatopedi: Sobre la Ortodoxia


Amados hijos, ¿Qué es la Ortodoxia? Somos ortodoxos y generalmente no conocemos la altura, profundidad, longitud de la Ortodoxia. Necesitamos, entonces, observarla en toda su santidad.

Ortodoxia es la verdad sobre Dios, sobre el hombre y sobre el mundo, así como nos la dio el mismo Dios Encarnado, a través de Su enseñanza completa. Así como la expresó posteriormente el pensamiento y el corazón de San Pablo. Así como la describió el discípulo del amor y otros apóstoles y evangelistas con la divina luz del Espíritu Santo. La Ortodoxia es la síntesis maravillosa entre dogma y tradición, entre teoría y práctica, así como nos fuera dejada por los Santos Padres de Alejandría, Constantinopla, Capadocia, Siria y, más tarde, del Monte Athos.

Todos estos, desde San Policarpo, que fue, como se sabe, discípulo de los apóstoles, y hasta San Nicodemo el Aghiorita, quien reposó a principios del siglo XIX, con sabiduría y santidad, con todos los sacrificios y trabajos que pasaron, nos dejaron la preciosa herencia de la fe y la vida correctas, el tesoro de la tradición ortodoxa. Ortodoxia es lo que expresaron oficialmente los Santos Sínodos, esos cónclaves benditos de los miembros de la Iglesia de Cristo, provenientes de todas partes del mundo..Esos hombres de Dios "dotados con la ciencia del alma y el Espíritu Divino" discutieron sobre los grandes problemas del hombre y su alma, y asentaron el fundamento, la base de la civilización espiritual.

La Ortodoxia ha sido marcada con la sangre de los mártires de todos los tiempos, de toda la comunidad santa formada por millones de héroes e inmolados, hombres, mujeres y niños. Desde las arenas de Roma hasta los campos de concentración en Rusia, todos demostraron que la enseñanza cristiana no es una simple teoría, sino verdad y vida. El heroísmo más hermoso, es la victoria en contra la violencia cruda y el poder material, por parte del señorío y del Reino del Espíritu.

Luego vendría a ensalzar la Ortodoxia el culto eclesial, con su bella poesía e himnografía inspirada por Dios, que llena lo material con lo inmaterial, lo terrenal con lo celestial, lo individual con lo comunitario, lo franco con el respeto profundo, lo que se ve con lo que proviene del misterio. En una atmósfera de exaltación y santidad, se recuerda en culto el sacrificio del Dios hecho hombre, el drama divino de la Liturgia, en cada Liturgia en la que participan los fieles. Igualmente, ahí son honradas y glorificadas las victorias de los grandes de la fe y de la Soberana de la Iglesia, la Santísima Madre de Dios, la Virgen Maria. Ahí se enaltece el dogma, no sólo como verdad, sino como respuesta al llamado de los hombres.

Pero tampoco el ideal por el cual ha luchado siempre el monaquismo difiere del propósito de la Ortodoxia. Según estudios especializados, el monaquismo ortodoxo ha constituido desde tiempos remotos la comunidad espiritual que siempre ha luchado por lograr la libertad espiritual, por conseguir la plenitud del hombre. Su objetivo ha sido siempre darle una forma al alma para la renovación de la mente.

Justo en este punto está el corazón del espíritu monacal: éste es su objetivo y su conquista. Los trabajos y luchas inmateriales de los ascetas son nuevas batallas también del espíritu. Estas llevan al hombre a una vida amante de la sabiduría, en busca de la divinización. Así, el camino del monje no es otro que el de la pureza y retorno a Dios. La Ortodoxia le ha dado significado a la santidad, no sólo de los ascetas, sino de todo el mundo cristiano.

Debemos mencionar también el aspecto social. El elemento fundamental de la Ortodoxia es el amor al prójimo, entendido en su sentido más profundo. No se trata sólo de caridad, sino, en general, se trata del amor. El trabajo social, en general, es algo de lo que hasta hace poco se ha empezado a hablar. Pero se olvida que éste nació en Jerusalén, después de la Resurrección del Señor. Ahí comenzó la labor con los primeros comedores públicos, de los que se ocuparon los primeros siete diáconos, así como se describe en los Hechos de los Apóstoles. San Pablo, de hecho, puede decirse que fue el primer trabajador social. Junto a la difusión del Evangelio, se dedicó también a la práctica del amor, de muchas formas. De igual manera, fueron también trabajadores sociales los sucesores de los Apóstoles, los Obispos. No existe algo más falso que afirmar que los Padres de la Iglesia se ocuparon sólo de los dogmas, y nada más. En los tiempos de los sínodos de la Iglesia, en Cesaréa apareció, como se sabe, la “Basiliada”, bajo la dirección de San Basilio el Grande. En Constantinopla funcionaban comedores para siete mil pobres y en Alejandría se construyeron las primeras maternidades. No sólo los obispos sino también emperadores y monjes participaron en todos esos trabajos, por amor. Por medio de todos ellos, la Ortodoxia fue al mismo tiempo la fe correcta y también el trabajo correcto.

Otro elemento importante de la Ortodoxia ha sido siempre el heroísmo reflejado por tantos de sus mártires.Pero esto no se ha limitado solamente a la ofrenda de la vida por la fe. Los hijos de la Ortodoxia siempre han sabido demostrar su valor y decisión ante cualquier tipo de asechanza, como fue la del emperador Juliano, la de los arianos y monofisitas, o la de los iconoclastas y de los monjes atraídos por los desvíos de los latinos. Esta multitud de héroes de la Iglesia Ortodoxa no incluye sólo a San Atanasio, a San Basilio y a San Juan Crisóstomo, sino también a San Teodoro el Estudita junto a todos los monjes que hacían parte de su monasterio, además de San Máximo el Confesor y a San Marco Eugenicos, Arzobispo de Éfeso.

Otra característica de la Ortodoxia ha sido también su trabajo apostólico. Nuestra Iglesia, sin hacer ninguna labor proselitista, ha difundido la luz del Evangelio por muchos lugares, con amor y templanza. Esta forma de enseñanza nos es ilustrada con claridad por los Santos Tres Jerarcas, que han iluminado todo ser con los rayos vivos de la doctrina correcta sobre Dios y el hombre. Por esto, ellos son tres enormes astros en el firmamento espiritual de la Iglesia.

La Ortodoxia ha sido siempre el camino real del Evangelio. Ella ha mantenido puro y auténtico el espíritu del cristianismo, frente al misticismo sombrío de las herejías occidentales, del centralismo papal de los latinos y al subjetivismo racionalista del protestantismo. Ella ha mantenido siempre la mesura y la armonía, sin equivocarse nunca. Todo esto, debido a que los Padres de la Iglesia fueron iluminados por el Espíritu y guiados por Dios en forma santa.

La Ortodoxia no ha ignorado nunca al hombre, ni a la inteligencia, ni a la naturaleza, ni al arte. Ha explicado todo y ha creado también cultura.

La Ortodoxia es el camino del hombre hacia su Creador, hacia su propia divinización. Ella lleva al hombre a su desarrollo pleno en Cristo y por Cristo.

La Ortodoxia no es solamente teología; es también la verdadera psicología y el humanismo auténtico, es asimismo sociología. Es un diamante que refleja la verdad desde todos sus lados.

Conozcamos, entonces, nuestra Ortodoxia.  No teóricamente, sino que sintámosla y vivámosla en toda su profundidad y longitud. Sólo así lograremos valorarla y demostrar su valor.

Nuestra Ortodoxia no es un museo, no es pasado, sino vida, creación y luz. Es nuestro ideal más grande, es la preciosa esperanza de nuestra salvación. Es nuestra honra en Cristo el divulgarla con heroísmo y gloria, como verdaderos hijos de los grandes héroes que Ella ha dado