sábado, 19 de octubre de 2013

El Ecumenismo

         
Ecumenismo 2

Por el Santo Monasterio Paráclitos, Oropós Atenas


1) Qué es el ecumenismo
2) Cuándo apareció
3) La participación de los Ortodoxos en el movimiento ecumenista.
4) Las supuestas aperturas del ecumenismo
5) La percepción Ortodoxa sobre la Iglesia.
6) Qué nos dicen los Ortodoxos ecumenistas
7) Los diálogos
8) Los diálogos del ecumenismo.
9) Colaboración en temas prácticos.
10) Intercambio de visitas.
11) El desarrollo interreligioso del ecumenismo.
12) Finalmente, ¿qué es el ecumenismo?
13) Reacciones al movimiento Economista.
14) La participación del laós-pueblo fiel al movimiento ecumenista.
15) Nuestro deber
 
Prólogo
 
Nuestra Iglesia Ortodoxa es por su naturaleza católica y naturalmente ecuménica (universal). Tiene sus brazos abiertos a todos los hombres, de cada raza y en toda época, y les llama venir cerca de ella. El Cristo, que es su cabeza, se dirige diacrónicamente al mundo “venid a mí todos “, mientras paralelamente manda Sus alumnos “en todos los pueblos” a enseñar el Evangelio de la sanación y salvación.
 
Esta cualidad o característica natural y compositora de ecumenidad-universalidad hoy la reivindican dos movimientos que expresan el espíritu de la época actual: el Ecumenismo y la Globalización.
 
La Globalización se impulsa por potentes fuerzas político-económicas y proyecta un modelo de una humanidad unificada; en cambio el ecumenismo se mueve en el ámbito religioso, buscando la realización del sueño de un Cristianismo unificado, finalmente apuntando a una religión ecuménica, una Πανθρησκεία (panzriskía, todareligión, o interreligión).
 
En este folleto intentamos apuntar el movimiento del Ecumenismo, -en el cual participa también la Ortodoxia-, porque esto permanece desconocido a la mayoría del laós-pueblo de  nuestra Iglesia y los desarrollos en estos puntos provocan inquietud y problemas.
 
Quizás esto sea escuchado como raro, pero es un hecho que el Ecumenismo de hoy amenaza la ecumenidad de nuestra Iglesia, porque resbala continuamente hacia tácticas conciliadoras-sincretistas, que revocan principios fundamentales de la fe ortodoxa. Y no olvidemos que la fe ortodoxa es la primera y principal condición de la sanación y salvación del hombre de acuerdo con la decisión tomada por inspiración del Espíritu Santo de los Santos Padres. “El que quiere sanarse y salvarse, más que nada debe tener la fe católica y si no la mantiene sana e inmaculada, sin miedo y sin duda, en el siglo se perderá” (San Atanasio).
 
Así pues, si el mensaje sanador y salvador de nuestra Ortodoxia se pierde en los mensajes engañosos y equivocados de los heterodoxos y de otras religiones para la gracia y favor de una visión ecumenista utópica, entonces se perderá también la esperanza del mundo.
 
1) Qué es el ecumenismo
 
El ecumenismo es un movimiento que proclama que tiene como propósito la unidad del mundo cristiano (Ortodoxos, Papistas, Protestantes, etc.). La idea de unión emociona a cada psique cristiana y corresponde a sus profundos anhelos. Esta idea la hace suya también el Ecumenismo. Pero la visión unitaria, por excelencia espiritual, lo basa principalmente sobre los intentos humanos y no en la acción de la energía increada del Espíritu Santo. Sólo el Espíritu Santo hace realidad esta visión, pero cuando encuentra la metania y la humildad humanas.
 
La deseada unidad, aunque cuando ocurra, no será sino un milagro de Dios.
 
2) Cuándo apareció
 
Las raíces del Ecumenismo se deben buscar al espacio protestante, mediados del siglo 19º. Entonces unas confesiones cristianas viendo que la gente se marchaba de ellos a causa del aumento de indiferencia religiosa y de los movimientos antirreligiosos organizados, fueron obligados a una concentración y colaboración.
 
Esta actividad unitaria tomó ya forma organizada, como Movimiento Ecuménico, el siglo 20º y principalmente el año 1948 con la creación en Ámsterdam de Holanda del Consejo Internacional de Iglesias (C.I.I) que tiene su sede en Ginebra.
 
Es preciso apuntar que el C.I.I. nunca podría tomar carácter “ecuménico” sino que permanecería simplemente una cuestión endo-protestante, si no hubiesen participado algunas Iglesias Ortodoxas locales. Los romano-papistas negaron entrar y participar. Pero más tarde, sin que ingresaran al C.I.I. también ellos entraron en este Movimiento Ecumenista. Con el relativo decreto del 2ª Sínodo de Vaticano (1964), inauguraron un Ecumenismo al estilo propio de ellos, que aspira a la unión de todos los Cristianos bajo el poder papista.
 
3) La participación de los Ortodoxos en el movimiento ecumenista.
 
Debemos de confesar que un empuje esencial a la creación del movimiento ecumenista lo ha dado también el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, especialmente con el mensaje de 1920, donde, tal como se demostró constituyó la base y el Mapa de la participación de los Ortodoxos al movimiento ecumenista.
 
Este mensaje fue una cosa que por primera vez se conocía en la Iglesia, porque por primera vez un texto oficial ortodoxo calificaba todas las Comunidades heterodoxas de Occidente como “iglesias”, “como parientes y familiares en Cristo y también coherederos y del mismo cuerpo de la promesa de Dios”. Así derogaba la eclesiología ortodoxa. Y por no referirnos épocas antiguas, basta con recordarnos unos años antes (1895) el mismo Patriarcado, en una circular ponía al papismo fuera de la Iglesia, porque introducía enseñanzas heréticas y novedosas. Por eso llamaba a los Cristianos Occidentales a regresar en el seno de la una Iglesia, es decir,  a la Ortodoxia.
 
En el mensaje de 1920 teniendo como modelo la “intercomunión de Naciones”, propuso una conjunción y comunión entre las Iglesias con sus objetivos principales: a) la revisión de las diferencias dogmáticas en sentido de conciliación, b) la aceptación de calendario unificado (que su parcial aplicación desgraciadamente trajo división en el festejo ortodoxo), y c) la composición de congresos intercristianos.
 
Además del Patriarca Ecuménico, progresivamente pidieron entrar casi todas las Iglesias Ortodoxas como miembros del C.I.I.., SIN EMBARGO, mas tarde algunas fueron obligadas a revisar y abandonar, puesto que por una parte observaron con decepción su degradación y por otra parte estaban presionadas de las fuertes reacciones anti-ecumenistas de sus pueblos. Buenamente el pueblo hacía la pregunta: “¿Cómo puede ser que la Ortodoxia sea integrada como “miembro” en “algo”, en el momento que el “todo”, el Cuerpo de Cristo, llama a todos que se hagan Sus miembros?
 
Además, la presencia de las Iglesias Ortodoxas en los congresos del C.I.I., a causa de la forma de composición y funcionamiento, siempre era escueta, incompleta y decorativa. Sus decisiones siempre se formaban y tomaban exclusivamente de votos de protestantes que eran mayoría. Cierto que desde 1961, las reuniones Ortodoxas Generales presentaban manifiestos particulares y – algunas constituyen textos confesionales colosales y memorables – como representantes de la Una Iglesia Santa y Apostólica.
 
4) Las supuestas aperturas del ecumenismo
 
El ecumenismo para hacer realidad sus propósitos se esfuerza en omitir, dejando de lado y reconsiderando algunos puntos básicos de la Ortodoxia.
 
Proyecta la falsa percepción de la “Iglesia ampliada”, de acuerdo con la cual la Iglesia es una pero contiene a todos los cristianos de cada confesión desde el momento que aceptaron el bautizo. Así todas las confesiones cristianas son entre sí “Iglesias Hermanas”.
 
Dentro del mismo espíritu se mueve también la idea de la “Iglesia universal visible”. La Iglesia que presuntamente aparece ”invisiblemente” y está compuesta de todos los cristianos, se manifestará también en su dimensión visible con los esfuerzos comunes unitarios.
 
En estas percepciones también influyó mucho la teoría de ramas de los protestantes, según la cual la Iglesia es un “árbol” con “ramas” en todas las confesiones cristianas y cada una contiene sólo parte de la verdad.
 
Pues, añadimos también la teoría de dos “pulmones” que fue desarrollada por algunos ecumenistas ortodoxos y los papistas. Según esta falsa teoría la Ortodoxia y el Papismo son dos pulmones con los que respira la Iglesia. Para empezar presuntamente otra vez a respirar correctamente, deberán los dos pulmones sincronizar su respiración.
 
Finalmente a los métodos que utiliza el ecumenismo para el acercamiento de los Cristianos es también el minimalismo dogmático. Se trata de un intento de minimizar los dogmas en las cosas más necesarias para que sean superadas las diferencias dogmáticas entre las confesiones. Pero el resultado es la omisión o tergiversión del dogma, su minimización y desprecio de su importancia y significado. ¡Dicen que se unan primero los cristianos y después los teólogos (tiólogos de academia) discutirán sobre los dogmas! Está claro que con este método del minimalismo dogmático quizás sea fácil que se unan los cristianos ¿Pero, pueden ser ortodoxos, como este tipo de cristianos?
 
5) La percepción Ortodoxa sobre la Iglesia.
 
Según la eclesiología Ortodoxa, la Iglesia y la Ortodoxia se identifican. Sin duda la Iglesia es también Ortodoxa, es la Una Iglesia, Santa, Católica y Apostólica, el Cuerpo de Cristo. Y como el Cristo es Uno, entonces también la Iglesia es Una. Por eso nunca se entiende división en la Iglesia. Sólo tenemos separación de la Iglesia. Es decir, en momentos concretos históricos los heréticos y los cismáticos se separaron de ella y así dejaron de ser sus miembros.
 
La Iglesia contiene la plenitud de la verdad, pero no una verdad abstracta, sino una manera de vivir que sana y salva al hombre de la muerte y le hace “Dios por la jaris (gracia, energía increada)”. Al contrario la herejía constituye negación total o parcial de la verdad, un fraccionamiento de ella, y así toma el carácter y la patología de una ideología. Separa al hombre de la forma de existencia que ha dado el Dios a Su Iglesia y le asesina espiritualmente.
 
También los dogmas contienen las verdades trascendentales de nuestra fe, no son concepciones de conceptos intelectuales, ni mucho más, un oscurantismo de la edad media o el escolasticismo teológico. Expresan la vivencia y la experiencia de la Iglesia. Por eso, cuando hay una diferencia en los dogmas, sin duda hay también una diferencia de la manera de vivir. Y aquel que subestima la exactitud de la fe no puede vivir la plenitud de la vida en Cristo.
 
El cristiano debe aceptar todo lo que ha apocaliptado (revelado) el Cristo. No “un mínimum” sino el total. Porque en la totalidad y la integridad de la fe se salvan y se mantienen la catolicidad-universalidad y la ortodoxia de la Iglesia.
 
Así se explican las luchas, hasta con sangre, de los santos Padres para la conservación de la fe de la Iglesia, como también el esfuerzo de ellos, por la iluminación del Espíritu Santo, para la formulación de los “términos” de los Sínodos Ecuménicos. Estos “términos” no significan otra cosa que las fronteras, que son fronteras de la verdad, para que los creyentes puedan discernir la Iglesia como Ortodoxia de la herejía.
 
Los heterodoxos, con negar la plenitud de la verdad, se separaron de la Iglesia. Por eso son heréticos. Por lo tanto están privados de la santificadora jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo, y sus Misterios-Sacramentos son inválidos. Pues, el bautismo que realizan no puede introducir a la Iglesia de Cristo.
 
El canon 68 de los Santos Apóstoles nos dice: “…porque, no es posible que sean creyentes o clérigos los bautizados y ordenados por los heréticos”. Y san Nicodemo el Aghiorita añade: “El bautismo de todos los heréticos es impío, blasfemo y no tiene ninguna kinonía-comunión, conexión con el de los Ortodoxos”.
 
6) Qué nos dicen los ecumenistas ortodoxos
 
…Algunos ecumenistas ortodoxos atrevidos hablan de la “reformación” de la Iglesia mediante la unión de todos los Cristianos. Un jerarca ortodoxo apunta que tenemos necesidad de un nuevo Cristianismo que estará basado totalmente en percepciones y términos nuevos. El tipo de religión que hemos recibido no podemos enseñar a las generaciones futuras…
 
7) Los diálogos
 
El ecumenismo, para impulsar sus planes utiliza muchos medios. El más importante de todos es el diálogo.
 
Nadie ignora que la Iglesia Ortodoxa es por su naturaleza abierta al diálogo. El Dios siempre conversa con el hombre y los Santos de la Iglesia no negaron nunca la comunicación dialéctica con el mundo.
 
Los Santos, teniendo autoconciencia de la kinonía (comunión, unión, conexión) con Dios, intentaban con el diálogo transmitir la experiencia de la verdad que estaban viviendo. Para ellos la verdad no era objeto de investigación. No la buscaban, ni la negociaban, sino que la ofrecían. Si el diálogo no conducía a los heterodoxos a la negación de sus errores y engaños y a la aceptación de la fe ortodoxa, no lo continuaban.
 
San Marcos el Amable dialogaba dos años continuos con los papistas en el Pseudosínodo de Ferara de Florencia (1438-1439). Pero viendo la arrogancia, la intolerancia y la persistencia en el engaño por parte papista, cortó toda relación con ellos incitando a los ortodoxos creyentes: “Evitad a los papistas como cuando uno evita la serpiente”.
 
El diálogo teológico lo había empezado también el Patriarca ecuménico Jeremías II el Grande, con los protestantes teólogos de Tibingui (1579). Pero cuando comprobó que el diálogo no fructificaba lo cortó y les escribió: “Os rogamos que no nos canséis más… Sino caminad por vuestro camino. Si queréis podéis escribirnos, pero ya no sobre los dogmas de la fe”.
 
8) Los diálogos del ecumenismo.
 
Los contemporáneos diálogos ecumenistas se diferencian radicalmente de los diálogos de los Santos, porque se hacen con base los principios de la Iglesia ampliada y el minimalismo dogmático. Por eso no son ortodoxos y están sin frutos. La demostración es que en los casi cien años de diálogos no han ofrecido nada digno de valor para la unidad del mundo cristiano. ¡Al contrario han conseguido dividir a los Ortodoxos!
 
Las principales patologías de los diálogos actuales son las siguientes:
 
a) La falta de confesión, testimonio y reconocimiento ortodoxos.
 
En los diálogos, algunos ortodoxos, no expresan la firme e inamovible convicción de la Iglesia Ortodoxa, en que ella constituye la una y única Iglesia de Cristo encima de la tierra. Tampoco proyectan la santa tradición y la experiencia espiritual de la Ortodoxia que se diferencia de las tradiciones del cristianismo Occidental. Sólo con una actitud confesional de este tipo se podría hacer fructífera y valida la presencia ortodoxa en los diálogos.
 
b) la falta de franqueza y sinceridad.
 
La falta de testimonio ortodoxo en combinación con la mentira demostrada y la no franqueza de los
heterodoxos, estorba más el diálogo intercristiano y le convierte infructuoso. Por eso muchas veces sea porque se observan recíprocos retrocesos superficiales, sea porque se utiliza un lenguaje y terminología diferente con tan de que se recubran las diferencias.
 
En principio los romanocatólicos, si fueran honestos y francos, deberían recalcar con claridad en los círculos ecumenistas esto que recalcan a sus propios creyentes, es decir, su entrega total a la primicia y lo infalible del papa. Así está claro que se vería también como piensan la unión de los cristianos: no como unión de fe, sino bajo la sumisión al poder papista. Además, se verificaría que la institución papista por una parte constituye la alteración más trágica del Evangelio de Cristo y por otra parte utiliza los diálogos únicamente para satisfacción de su extensión política.
 
Principal expresión de la falsedad y mentira papista constituye el mantenimiento y fortalecimiento de la Unía*. Se trata de una institución muy zorra y mala astuta, por la cual el papismo utilizó y continua utilizando como modelo de unión, a pesar de las fuertes protestas de los Ortodoxos y a pesar de que hoy la unía constituye el impedimento básico en los diálogos bilaterales.
 
Por otra parte, los de múltiples nombres Protestantes, si fueran honestos y francos, deberían manifestar directamente con rectitud que para nada están dispuestos a retroceder de sus principios básicos protestantes, y finalmente, son otras las causas que vienen al diálogo. Además, esto manifiesta también el gran bajón que tienen sus “Iglesias” (sacerdocio femenino, bodas de homosexuales, etc.)
 
*Unía es un sistema politicoreligioso que fue inventado por el papismo para la occidentalización de los Cristianos de Oriente. Se aprovechó de la coincidencia de dificultades históricas de estos Cristianos y les obligó a someterse al poder papista. No obstante, los animó a que no cambien sus costumbres eclesiásticas (prendas de los sacerdotes, tipikó litúrgico, etc.) de manera que crean confusión y promuevan la propaganda papista.
 
c) la enfatización de la agapi (amor)
 
Como la mentira, la no franqueza y los fines interesados, envenenaron los diálogos que acabaron en inagotables e infructuosas discusiones teológicas, se ha intentado un giro. Ahora los diálogos se llamaron “diálogos de la agapi” por la razón tanto para impresionar como para que se desvíe el escollo de los conflictos dogmáticos. Dicen e insisten que “la agapi tiene prioridad” y “la agapi impone que nos unamos, aunque existan diferencias dogmáticas”.
 
Por eso también en la práctica de los diálogos actuales es que no se discutan las cosas que nos separan, sino las que nos unen, de manera que se crea una falsa sensación y un autoengaño de unión y fe común. Pero en los Sínodos Ecuménicos los Padres siempre discutían sobre las cosas que separaban. Lo mismo ocurre también hoy en cualquier diálogo entre partes que tienen diferencias: discuten las cosas que separan –además, por eso se hace el diálogo- y no las que nos unen.
 
Para nosotros los Ortodoxos la Agapi y la Verdad son dos conceptos inseparables. Diálogo de agapi sin la verdad es un diálogo falso, anormal y no natural. En cambio agapi “en la verdad” significa: Dialogo con los heterodoxos por agapi para indicarles donde se encuentran sus errores y cómo serán conducidos a la verdad. Si realmente les amo, debo decirles la verdad por mucho que eso sea difícil o doloroso.
 
d) el desgaste de los criterios ortodoxos.
 
En la patología de los diálogos pertenece también el desgaste de los criterios teológicos ortodoxos, que se produce de una “amistad gentileza ecumenista”, de relaciones personales con los teólogos heterodoxos. La fe no se considera la verdad que sana y salva, sino un conjunto de verdades teóricas que admiten conciliaciones.
 
Los ortodoxos ecumenistas sostienen que: “¡hacemos diálogos, no cambiamos nuestra fe!” Está claro que el diálogo como “salida agapítica-amorosa” hacia al otro es querida de Dios. Pero el diálogo ecumenista que se hace hoy no es un encuentro en la verdad, sino un “reconocimiento recíproco”.  Esto significa que reconocemos las comunidades heterodoxas como Iglesias y aceptamos que las diferencias dogmáticas constituyen “expresiones legales” de la misma fe. Pero, así caemos en la trampa del sincretismo: ponemos al mismo nivel la verdad y el engaño, igualamos la luz con la oscuridad.
 
e) oraciones conjuntas.
 
Los ortodoxos ecumenistas con el desgaste de sus criterios teológicos, es muy natural que participen sin suspensiones en cocelebraciones y oraciones en común con los heterodoxos, que muchas veces se realizan en el marco de los encuentros intercristianos. Creen que con este espiritualismo conjunto ecumenista se cree el clima adecuado que se requiere para el avance del esfuerzo unionista.
 
Pero los santos Cánones de nuestra Iglesia nos prohíben estricta y severamente las oraciones conjuntas con los heterodoxos. Porque los heterodoxos no tienen la misma fe con nosotros. Creen en un Cristo distinto y tergiversado. Por eso también san Juan el Damasceno los que no están en la Tradición de la Iglesia les llama increyentes.
 
La oración en común, pues, se prohíbe tajantemente porque manifiesta participación en la fe del co-orante y da en él la falsa sensación de que no se encuentra en el engaño, por lo tanto no hace falta que regrese a la verdad.
 
f) la intercomunión.
 
Si los santos Cánones prohíben las oraciones en común con los heréticos, mucho más, excluyen la participación nuestra en los Misterios de ellos. Pero tampoco en este punto los Ortodoxos hemos sido consecuentes.
 
El 2º sínodo vaticanea, que se hizo dentro de los marcos de “apertura”, propuso la Intercomunión con los Ortodoxos: Los papistas podrán tomar la kinonía-comunión en templos ortodoxos y los Ortodoxos en los papistas. De esta manera tanto los papistas como los ortodoxos ecumenistas creen que gradualmente “de facto” vendrá la unión de papistas y ortodoxos, a pesar de sus diferencias dogmáticas.
 
Si para los papistas una tesis así se justifica por la percepción que tienen sobre la Iglesia y los Misterios (jaris-gracia creada, etc.), para nosotros los Ortodoxos en anormal, paradójico e inaceptable. Nuestra Iglesia nunca consideró la divina Efjaristía como medio de unión, sino siempre como su sello y corona.
 
Además, el Cáliz común presupone fe común. Es decir, si un Ortodoxo toma la comunión en un templo papista, esto significa que acepta también la fe papista.
 
9) Colaboración en temas prácticos.
 
Otro medio que utilizan para la consecución del propósito del Ecumenismo es la colaboración intercristiana en sectores prácticos. Los ecumenistas aparentan que están interesados en los problemas contemporáneos (sociales, morales, medioambientales, etc,) que deben unirnos.
 
Está claro que la Iglesia mostraba y muestra siempre una gran sensibilidad sobre los problemas humanos, sin embargo, el planteamiento en común con los heréticos presenta los siguientes defectos:
 
a) La voz de la Iglesia cuando se hace una con otras voces cristianas pierde su clarividencia y se debilita en comunicar al hombre actual su única manera de vivir es zeantropocéntrica (centro dios), al contrario que la humanocentrica manera de vivir de los heterodoxos.
 
b) La Iglesia sucumbe a la tentación de la secularización (mundanación), utilizando en su obra social prácticas secularizadas, mundanizadas de otras confesiones en perjuicio del mensaje sotiriológico (sanador y salvador). Pero aquello que tiene necesidad el hombre actual, no es el mejoramiento de su vida mediante un cristianismo secularizado, aunque este pueda eliminar todas las heridas sociales, sino su liberación del pecado y su zeosis dentro del verdadero Cuerpo de Cristo, la Iglesia Ortodoxa.
 
c) El creyente Ortodoxo, viendo que los heterodoxos están colaborando con sus pastores, toman una impresión de que ellos pertenecen a la Iglesia de Cristo, a pesar de las diferencias dogmáticas.
 
10) Intercambio de visitas
 
Los últimos años la política ecumenista se ejerce también con el intercambio de visitas oficiales entre las confesiones, las cuales se realizan por grados altos, principalmente de clérigos. Estas contienen discursos alabantes, abrazos, cambios de regalos, banquetes y oraciones comunes, declaraciones conjuntas, etc.
 
Estos encuentros, desgraciadamente no son simplemente visitas típicas. Además, los mismos ecumenistas confiesan que con los festejos comunes, se manifiesta un tipo de comunión eclesiástica con reconocimiento recíproco.
 
Pero nuestro pueblo, cuando, por medio de los medios audiovisionales, sigue las visitas, siente una sorpresa desagradable, se escandaliza, se amarga y se problematiza o inquieta, sobre todo si escucha a sus pastores que hablen sobre la lengua de los santos padres y en un lenguaje ortodoxísimo, y otras veces los ve entre los heterodoxos a comportarse diplomáticamente. ¿Pero una conciliación de este tipo en el espacio de la verdad de la Iglesia, no será pagada a un precio caro y doloroso?
 
11) El desarrollo interreligioso del ecumenismo.
 
La profunda crisis de orientación que muy tempranamente apareció en el movimiento ecumenista, lo obligó en principio a girar sobre el planteamiento de los problemas sociopolíticos de los hombres, abandonando la teología como camino de unión, y después realizar una apertura hacia las religiones no cristianas. Acepta que todas las religiones constituyen caminos distintos de sanación y salvación, paralelos al Cristianismo, y que el Espíritu Santo energiza también en ellas. Su lema contiene el axioma de la “new age-nueva era”: “Cree lo que quieras, sólo no reivindiques la exclusividad de la verdad y el camino de la salvación”.
 
Convoca, pues, encuentros intercristianos, los cuales no son simples congresos científicos como proclaman sus organizadores, sino reuniones de confesión, de unión con base la fe a un Dios. Por eso continuamente contienen también manifestaciones de cultos comunes, en los cuales oran conjuntamente ortodoxos, heterodoxos y otras religiones. Pero el Dios Trinitario de los Ortodoxos, el verdadero y autoapocaliptado (autorevelado) no es el mismo que cualquier “Dios” de los heterodoxos y de otras religiones, es decir, con un “Dios” fanático, que creó y mantiene la necesidad religiosa del hombre post caída.
 
Desgraciadamente, esta apertura interreligiosa comparten también algunos jerarcas ortodoxos ecumenistas, los cuales expresan opiniones como las siguientes:
 
“En el fondo el movimiento ecumenista, aunque tiene procedencia cristiana, debe de ser movimiento de todas las religiones… Todas las religiones sirven a Dios y al hombre. No existe sino solamente un Dios.
 
“En el fondo una iglesia o un santuario aspiran a la misma consagración espiritual del hombre”.
“El Islam, en el Corán habla sobre Cristo y la Panayía (Santísima) y nosotros también debemos de hablar sobre Mohamet con atrevimiento y ánimo. Ver su historia y su oferta, el kerigma de un Dios y la vida de sus alumnos, que son alumnos de un Dios…”
 
“Romanopapistas y Ortodoxos, Protestantes y Judíos, Musulmanes e Hindúes, Budistas y Comfuquianos… deberemos de contribuir todos en el fomento de los principios del ecumenismo, la hermandad y la paz. Pero esto sólo se podrá hacer si estamos unidos en el espíritu de un Dios”.
 
La pretensión básica de los encuentros interreligiosos es la creación de puntos de encuentro entre
religiones, de modo que sea facilitado el tratamiento común de los problemas sociales e internacionales. Esta pretensión la aprovechan durante algún tiempo también los soberanos potentes del mundo, movilizando las religiones a la fomentación de sus intereses ilegales. Esto se ha visto claramente después del 11 de Septiembre del 2001, cuando se hicieron “por mandato” multitud de encuentros interreligiosos.
 
Pero así, nuestra Iglesia en vez de ser “juez” y “control” de la ilegalidad, se convierte en su soporte y conservación. Se encierra en la perspectiva mundana de distintas religiones y se degrada al nivel de una religión mundana de carácter utilitario y materialista. A la vez se ve obligada de rechazar su misión y el deber santo-apostólico, puesto que se da por aceptado sobretodo de sus representantes oficiales, que todas las religiones constituyen “caminos de salvación queridos por Dios”.
 
Además, algunos ecumenistas ortodoxos llegan hasta el punto de hablar de paz, justicia, libertad, agapi-amor y sobretodo de bienes espirituales en un lenguaje mundano puro y duro. Se callan el que estos bienes constituyen los frutos del Espíritu Santo, regalos divinos que se proporcionan por el ejercicio espiritual “en Cristo Jesús” y no por los encuentros o congresos interreligiosos.
 
Está claro que se debe de recalcar que la Ortodoxia nos es una religión, ni si quiera la mejor. Es Iglesia. Es la autoapocalipsis (autorevelación) y aparición de Dios en la historia. Tiene conciencia de la Ecumenicidad y contiene la Verdad de Cristo, por eso no tiene miedo en sus relaciones con los no Cristianos. Conoce los límites de estas relaciones, tal como los ha formado la Tradición santo-patrística y su experiencia mistiríaca (sacramental). Por ejemplo san Gregorio Palamás, bajo condiciones severas de prisión dialogó con los Turcos Otomanos. Sin embargo, no dudó con peligro de su vida en decir la verdad y examinar el engaño de ellos. Además, ¿cómo afrontaban los Mártires a los idólatras y los santos Neomártires a los Mahometanos? ¿No confesaban la verdad? ¿Podemos imaginarlos orando junto con ellos? ¡Entonces no tendríamos Mártires!
 
Nuestra Iglesia, pues, niega a sacrificar su singularidad al altar de otras intencionalidades y aceptar la consigna ecumenista que “en todas las religiones y detrás de nombres distintos se venera el mismo Dios”, según lo apostólico: “Y no hay sanación y salvación en ningún otro; pues, no se nos ha dado a los hombres ningún otro nombre debajo del cielo para salvarnos” (He 4,12).
 
12) Finalmente, ¿qué es el ecumenismo?
 
Después de sus sucesivos desarrollos y su alejamiento continuo de sus intenciones iniciales, está justificado que los creyentes Ortodoxos se pregunten: “¿Acaso no se ve claro que la finalidad del ecumenismo no es la unión de los Cristianos, sino el predominio de la Interreligión, el aplastamiento de todo y la transformación de la Iglesia de Cristo  en un “Club de hombres religiosos”, en un organismo mundano como la ONU, in-espiritualizado e insensibilizado?
 
¿Cómo nuestra Ortodoxia tradicional revaloriza al ecumenismo?
 
“Al ecumenismo actual realmente ha predominado en señalarle por el término herejía y está claro y cierto que es una herejía, porque significa la negación de las cualidades básicas de la fe ortodoxa, como por ejemplo, la aceptación de la teoría de ramas; es decir, que cada Iglesia tiene una parte de la verdad y debemos unirnos todas las iglesias poniendo en la mesa todos los trozos de la verdad para constituir la totalidad. Nosotros creemos que la Ortodoxia es Una Iglesia Santa, Católica y Apostólica. Se acabó, esto no entra en discusión; por lo tanto cualquiera que promulga lo contrario se puede llamar ecumenista y por lo tanto es herético.”  (24/ 5/ 1998/ Cristódulos,  obispo de Atenas).
 
“El ecumenismo es un nombre común para los pseudocristianos y las pseudoiglesias de Europa Occidental… Todos estos pseudocristianismos y pseudoiglesias no son otra cosa que una herejía a lado de la otra. Su nombre común es παναίρεση (Paneresi, toda herejía o la jefa de las heregías.) ¿Por qué? Porque en el espacio del tiempo de la historia distintas herejías cambiaban algunas características o cualidades del Zeántropos (Dios y hombre) y Señor Jesús; pero estas herejías europeas alejan totalmente al Zeántropo y en su lugar colocan el antropo (hombre) Europeo” (San Justino Popovits.)
 
El ecumenismo no es sólo herejía y παναίρεση (toda herejía o jefa) tal como se caracteriza por costumbre. Es algo peor que todo esto. Las herejías eran enemigos claros de la Iglesia, pero ella podía luchar contra ellas y derrotarlas. Pero el ecumenismo actual es indiferente sobre los dogmas y las diferencias dogmáticas de las Iglesias. Es trascendencia, perdón y obvia las herejías por no decir que las legaliza y las da la razón. Es un enemigo muy sutil. Exactamente desde aquí proviene el peligro mortal. (Profesor, Andreas Theodoru).
 
13) Reacciones al movimiento Ecumenista.
 
Hoy en el espacio ortodoxo cada vez más aumentan las reacciones contra el ecumenismo y los que le expresan. Muchos artículos y críticas salen a la luz donde se manifiesta con dolor y agonía la opinión de que caminamos a base de un “plan” y una “línea” hacia el aprisionamiento babilónico de la Ortodoxia por la herejía multicolor, multinombre y de muchas caras.
 
No son pocos los iluminados clérigos y teólogos que proponen la retirada inmediata de la Ortodoxia del movimiento ecumenista y sus congresos, porque consideran que la participación en ellos, no sólo es infructuosa, sino que es muy perjudicial y peligrosa.
 
Algunas Iglesias ya se han retirado del C.I.I., mientras que otras ven un problema grande y se inquietan intensamente sobre su participación. Esta problematización e inquietud se expresó también en el congreso interortodoxo en Thesalónica el 1998, donde entre otras cosas se observó que “después de un siglo de participación ortodoxa en el movimiento ecumenista y medio siglo al C.I.I…, el abismo entre Ortodoxos y Protestantes se hace mayor”.
 
14) La participación del laós-pueblo fiel al movimiento ecumenista.
 
Conocemos que el criterio de la Ortodoxia permanece el laós-pueblo fiel y piadoso. Nadie, ni Patriarcas, ni Sínodos puede tergiversar, desviar y amordazar su conciencia. Por eso “no debe hacer ningún diálogo o tomar ninguna decisión, si no está de acuerdo esta conciencia vigilante de la Iglesia, (carismáticos clérigos,  laicos y monjes)”. (Metropolita, Ieroteo Vlajos.)
 
Los diálogos ecumenistas, tal como se realizan, principalmente están favorecidos de ciclos académicos de teología y de otros órganos eclesiásticos no institucionales que aspiran en concretos beneficios políticos, económicos, proyección y relaciones internacionales. No constituyen una petición del cuerpo eclesiástico sino que se imponen del “exterior y de “arriba o superiores”. Este hecho hoy muestra un fenómeno de autonomización de las instituciones gubernamentales de las Iglesias Ortodoxas. El gobierno eclesiástico está separado del pensamiento teológico, de las inquietudes y de la experiencia del cuerpo eclesiástico.
 
Así ocurre que el laós-pueblo de Dios no participa enérgicamente ni se informa responsablemente ni objetivamente sobre los diálogos. Además, las decisiones no siempre llevan el sello del auténtico modo de sínodo, sino que se toman por costumbre de “profesionales” especiales del ecumenismo. Un jerarca ortodoxo dice característicamente: “El laós- pueblo Ortodoxo no conoce nada sobre el movimiento ecumenista… quizás tiene mucha suerte el movimiento ecumenista que el laós-pueblo ortodoxo no conoce lo que se cuece en Ginebra”.
 
15) Nuestro deber
 
Sin duda vivimos en un período de cambios universales. Los acontecimientos ya dirigidos, corren a un ritmo inapelable. El ecumenismo se desarrolla dentro de una perspectiva apisonadora de la Globalización que imponen centros potentes político-económicos. Ya nadie cree seriamente que el ecumenismo puede ofrecer una solución visible a la unión cristiana.
 
Como Cristianos Ortodoxos, no debemos estar por los aires, tampoco en quietud. Si respetamos realmente la vida de los hombres, si sentimos el dolor del mundo Occidental apresado en tradiciones religiosas sin salida, y también el mundo Oriental apresado dentro de engaños demoníacos, tenemos el deber de permanecer fijados a nuestra Santa Iglesia. Guardar pura, sin mezclas nuestra fe, entregada por nuestros santos padres, viviendo auténticamente dentro de nuestra lucha diaria pera nuestra santificación y zéosis o glorificación personal. La fe Ortodoxa y la vida exacta nos harán capaces de dar testimonio de la Ortodoxia- y porqué no- también para el martirio, si y cuando los tiempos lo requieran…
 
La persistencia en la Ortodoxia, es decir, la autenticidad de la vida, y la persistencia en la verdad que libera, sana y salva, no es egoísmo, ni fanatismo, ni sectarismo o intolerancia. Expresa la dimensión ecuménica de la agapi-amor y la folantropía (amistad al hombre) de la Iglesia Ortodoxa. También constituye la última posibilidad para un cambio espiritual radical al espacio de Occidente, pero también una salida para Oriente de la prisión de los falsos dioses.

Por el Santo Monasterio Paráclitos, Oropós Atenas

Traducido por: xX.jJ

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