miércoles, 14 de noviembre de 2007

!4 de Noviembre: Comienzo del Santo Ayuno de Navidad



La fiesta de la Natividad de Cristo es celebrada de manera análoga a la de la Fiesta de Pascua de Resurrección. Un ayuno de cuarenta días precede la fiesta, con días preparatorios especiales que anuncian el pronto nacimiento del Salvador. La Iglesia Ortodoxa, se refiere formalmente a esta fiesta como la Natividad según la Carne de Nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo. Por lo tanto en la Navidad celebramos la Encarnación del Hijo de Dios, Aquel que junto al Padre y el Espíritu Santo es verdaderamente Dios desde toda la eternidad. Así cantamos en la Iglesia: Hoy una Virgen da a luz al Eterno, y la tierra ofrece una caverna al Inaccesible. Ángeles y pastores le glorifican, y los magos siguen a una estrella. Hoy ha nacido por nosotros un Niño: el Eterno Dios. (Kontakion de la Natividad de Cristo) Durante los primeros cuatro siglos de la historia de la Iglesia, la Natividad de Cristo no se celebraba sola, sino juntamente con la Epifanía, como una gran fiesta única de la aparición de Dios sobre la tierra, en forma del Mesías de Israel. Más tarde se comenzó a celebrar la Natividad como tal en el día 25 de diciembre, para desviar la atención de la fiesta pagana del Sol Invencible que se celebraba en ese día. La fiesta de la Natividad del Señor fue establecida por la Iglesia en forma consciente, en su esfuerzo de vencer a la falsa religión de los paganos. Así, descubrimos que el Tropario de la fiesta polemiza en contra de la adoración del sol y de las estrellas, y llama a todos a adorar únicamente a Cristo, el Verdadero Sol de Justicia (Malaquías 3,20), El cual es adorado por todos los elementos de la naturaleza. Tu nacimiento, oh Cristo Nuestro Dios, ha hecho resplandecer sobre el mundo la luz de la sabiduría. Porque los que adoraban las estrellas aprendieron de la estrella a adorarte a Ti, el Sol de Justicia, que desde las alturas viniste. Oh Señor, Gloria a Ti. (Tropario) Entonces, la fiesta de la Natividad de Cristo es la celebración de la salvación del mundo mediante el Hijo de Dios quien se hizo hombre por nosotros a fin de que, mediante Él, podríamos llegar nosotros mismos a ser deificados por la obra santificadora del Espíritu Santo. El ayuno que hoy comenzamos es un ayuno lleno de esperanza, un ayuno en el cual nos purificamos para recibir al Rey de la Gloria. Permanezcamos expectantes como el centinela aguarda a la aurora (Sal 129). Prescindamos de aquello que nos sobra, de lo que no es necesario para poner nuestros corazones en Aquél que se acerca a nosotros como un Novio se acerca al tálamo de la esposa. ¡Preparemos el Camino al Señor que ya se acerca, hagamos rectas todas sus sendas (Lc 3, 4)! ¡Feliz y santo ayuno de Navidad!

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