miércoles, 29 de julio de 2009

El jueves 30 de julio la Iglesia Ortodoxa comienza el ayuno de la Madre de Dios.


Este adelanto ocurre si el día 30, vísperas de la fiesta de la Procesión de la santa y Vivificante Cruz, cae en miércoles o en viernes, lo que ocurre este año. El ayuno comienza un día antes aunque mitigado ya que se permite el pescado, el vino y el aceite.

El ayuno de la Madre de Dios que dura hasta el 15 de agosto tiene la misma categoría que el ayuno de la Gran Cuaresma. El Tipicón prescribe que los lunes, miércoles y viernes se ha de ayunar hasta la hora novena, es decir hasta las tres de la tarde, pudiendo entonces consumir alimentos secos como frutas y verduras sin cocer y pan. Los martes y los jueves se pueden comer alimentos cocidos como las legumbres pero sin aceite. Los sábados y los domingos está permitido el vino y el aceite.

El día seis de agosto, día en el que se celebra la solemne fiesta de la Transfiguración del Señor, caiga en el día de la semana que caiga, incluidos viernes y miércoles, se permite el pescado, el vino y el aceite.

En las iglesias es costumbre cantar por las tardes el Canon de Intercesión a la Madre de Dios, la Paraclesis. Son días estos de preparación para su gran fiesta, la última del año eclesiástico y por ello se pasan en vigilia, oración incesante y ayuno.
La Iglesia pide a los fieles, moderación en los esparcimientos, a los esposos que guarden la continencia matrimonial, estando prohibidas las bodas durante este tiempo.

Aquellos que por motivos especiales no pueden ayunar han de pedir la bendición al sacerdote que les dirá que deberán de hacer para poderse preparar convenientemente para celebrar esta gran fiesta y poder recibir abundantemente la gracia de Dios.
Durante este tiempo se hace un especial examen de aquellos pecados que enferman nuestra alma para pedir perdón a Dios con lágrimas de arrepentimiento en el santo misterio del perdón de los pecados y poder recibir el Precioso Cuerpo y la Vivificante Sangre de nuestro Redentor como fin del ayuno en la Liturgia del día 15.

El ayuno obliga a todos los cristianos ortodoxos, no es algo propio de los monjes, sino de todos pues todos nosotros necesitamos moderar nuestros cuerpos, fortalecer nuestra voluntad, siendo uno de los medios de nuestra salvación junto con la oración. Sólo con el ayuno y la oración y la ayuda de Cristo podemos vencer al demonio y sus tentaciones. Con el ayuno, le decimos a Dios que sólo Él es verdaderamente necesario en nuestras vidas y dejando atrás a las criaturas, volvemos nuestros ojos al Creador de todas las cosas.

No es el ayuno una costumbre, o algo de tiempos pasados, que triste es oír esto de algunos ortodoxos occidentales que piensan que el ayuno es algo propio de otros tiempos o zonas. El ayuno es actual, medicina del cuerpo y del alma que nos une a todos los cristianos ortodoxos de Oriente a Occidente y del cual sólo nos escusa nuestra soberbia por no creerlo necesario para nuestra salud.

Ayunemos, oremos, practiquemos la caridad con los más necesitemos, imploremos el perdón de nuestros pecados con lágrimas de arrepentimiento poniendo como intercesora nuestra a la Santísima Madre de Dios cuya fiesta nos disponemos a preparar.

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