lunes, 24 de marzo de 2008

Domingo de San Gregorio Palamás





¡Alégrate, oh orgullo de los Padres,

boca de los teólogos, morada de paz interior,

casa de sabiduría, cumbre de los maestros

y profundidad de la palabra!

¡Alégrate, instrumento de obra,

cima de contemplación, y sanador de las enfermedades!

¡Alégrate, oh padre Gregorio,

que has sido arca del Espíritu en tu vida

y después de la muerte!



San Gregorio Palamás, monje del monte Atos y luego arzobispo de Tesalónica, se encargó de refutar el filosofismo de Barlaam, italiano de origen griego cautivado por la filosofía griega. Así se enfrentó, en el siglo XIV, la espiritualidad ortodoxa con el racionalismo occidental:

• Barlaam exageró en venerar a los filósofos al grado de considerarlos iguales a los apóstoles; él identificaba la sabiduría divina con la mundana; para él, ambos, tienen el mismo objetivo, esto es, encontrar la verdad, ya que mientras la verdad fue otorgada a los apóstoles por la revelación, a nosotros se no da por el estudio y la investigación. San Gregorio Palamás rechazó rotundamente esta identificación entre las dos sabidurías apoyándose en las palabras de san Pablo: “Como el mundo mediante su propia sabiduría no conoció a Dios en su divina Sabiduría, quiso Dios salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicación” (1 Cor 1:21); pues mientras el rango de la filosofía es conocer la creación, el de la fe es el conocimiento de Dios.

• El hombre, según Barlaam, es materia (cuerpo) y espíritu, que son elementos independientes pegados frágilmente; un día serán separados de modo definitivo, y antes de que esta enlace sea disuelto, es imposible conocer a Dios. En cambio, Palamás enfatizaba que el ser humano es una unión absoluta de cuerpo y alma, y Dios se ha revelado a esta unión. La esencia de Dios es incomprensible a los hombres, sea en esta vida o en la venidera, mientras sí, es alcanzable a nuestro ser el conocimiento de Dios por la Gracia.

• Barlaam decía: La iluminación que se llevó a cabo en el monte Tabor, durante la Transfiguración del Salvador, y todas las demás iluminaciones efectuadas en este mundo y perceptibles a nuestros sentidos, son luces creadas o ilusión, mientras que el conocimiento supera los sentidos. Palamás le contestó: La divina Luz es increada y eterna, y nosotros los hombres, tal como somos en nuestra limitación, hemos sido dignos de participar en esta Luz por la divina Gracia.

• La oración, según Barlaam, es una práctica ajena al cuerpo, y pertenece únicamente al alma; así que la óptima oración es efectuada cuando la mente abandona el cuerpo. Mientras la cristiana visión, la de Palamás, defendía el cuerpo como morada de la divina Luz: “No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo.” (1 Cor 7: 19). Lo que buscan los cristianos no es librarse del cuerpo sino de “las obras de la carne”.

Los escritos de Palamás eran fruto de todo lo que había vivido y experimentado, en cambio, la ideología de Barlaam, resultado de un estudio racional, cuyo rango seguramente no es lo divino. La Iglesia conserva la memoria de san Gregorio Palamás en el segundo domingo de la cuaresma, enfatizando que la vida virtuosa, la oración sencilla, la humilde postración y la purificación de los sentidos, son la puerta que abrimos para que la Gracia de Dios ilumine nuestra noche racional.

No hay comentarios: