jueves, 27 de marzo de 2008

Las golondrinas de Santa Matrona (Madrona)




Tropario, tono 3º
Con espíritu intrépido conservaste la Fe,
y tu alma, oh Matrona, no fue esclavizada
por la crueldad de sus verdugos.
Venciste en la lucha y humilaste al astuto enemigo
celebrando los mísiticos esponsales con el Señor dela creación.
¡Ruegale con fervor que salve nuestars almas!

Afirma la tradición que santa Matrona era barcelonesa y que su padre, al enviudar, se fue a establecer en Tesalónica. Allí contrajo nuevas nupcias, pero la madrastra no mostraba el menor afecto hacia la joven, quien decidió entrar a servir en la familia de una señora viuda muy rica, llamada Plantilla, que era judía y odiaba profundamente a los cristianos. La santa doncella, cuando se le presentaba la oportunidad, iba a la iglesia, donde bendecía y alababa a Cristo Nuestro Señor. Enterada de esto la viuda, ordenó traerla a su casa, y atada a un banco, la azotó cruelmente, dejándola así todo un día y una noche sin desatarla. Pero vino un ángel que la desató y llevó a la iglesia sin abrir puerta alguna, por lo que Madrona dio infinitas gracias a Dios. Cuando se enteró de esto su señora, la volvió a su casa, otra vez la ató al mismo banco y le dio muchos latigazos con inaudita crueldad, dejándola atada por tres días sin comer. Vino por segunda vez el mismo ángel y librándola la llevó a la iglesia por las puertas cerradas como la vez anterior. Viendo esto Plantilla, la volvió a traer a su casa con una furia infernal, y repitió los latigazos con tal fuerza, que le quitó la vida, entregando de esta manera, la santa doncella, su espíritu a su Creador, cuando gobernaban Diocleciano y Maximiano. Los tesalonicenses sepultaron el santo cuerpo de Matrona con mucha veneración.


Una vez ocupada Tesalónica por los turcos decidieron deshacerse d ela reliquias de la Santa para humillar a los cristianos y privarles de uno de los centros más importantes de peregrinación de la ciudad. Vendieron el cuerpo a unos mercaderes franceses que vieron ahí la oportunidad de hacer dinero. Lo compraron por veintinueve monedas, ya que si hubieran pagado treinta habrían llegado a la misma suma que en otro tiempo se pagó por Jesús, y pensaron que una santa no valía tanto como Nuestro Señor. Los mercaderes embarcaron el cuerpo en una nave que se dirigía a Marsella y se hicieron a la mar. Cuando el barco llegó a aguas de Barcelona se desencadenó un furioso temporal que puso a la nave en peligro. El patrón ordenó atracar en la playa de Sant Bertran, justo donde arrancaba el camino que conducía a la ermita de Sant Fruitós, en la montaña de Montjuïc, y allí depositaron el cuerpo de Santa Matrona en espera de que amainara la tormenta. Los elementos se calmaron pronto, y la tripulación decidió proseguir viaje con el cuerpo a bordo. Pero el fenómeno se repitió una y otra vez, las aguas se encrespaban para calmarse de inmediato en cuanto lo desembarcaban. Finalmente, comprendieron que el deseo de la Santa era el de permanecer en su ciudad natal, y en la ermita Sant Fruitós depositaron su cuerpo. Según la tradición, las golondrinas acompañaron el cuerpo de la santa desde que lo embarcaron en Tesalónica hasta su llegada a Barcelona. Al divisar la ciudad gritaron para avisarle del lugar donde se encontraba, desde entonces, cada año, el 27 de marzo, llegan las primeras golondrinas, más chillonas que nunca, en recuerdo de su gesta, puesto que la leyenda afirma que son descendientes de aquellas que viajaron con la santa y cada año, fieles a una tradición familiar, la visitan y se quedan unos días en Barcelona para hacerle compañía.



La literatura antigua relata que el diablo, furioso por la gran devoción que la ciudad de Barcelona manifestaba hacia su copatrona, decidió un día minar Montjuïc, destruir la ermita y hacer caer las ruinas sobre la ciudad. Para ello, convocó a toda una legión de demonios esparcidos por todo el mundo y les ordenó que abrieran una larga mina para hacer volar la montaña. Pero Santa Matrona salió de la ermita, hizo la señal de la cruz y todos los diablos salieron corriendo abandonando sus siniestros propósitos. En la montaña quedó un agujero, conocido como «cau del diable», que se atribuyó durante mucho tiempo a restos de la mina abierta.

Santa Matrona es la abogada de las comadronas y parturientas, así como de las muchachas de servicio. La Santa era invocada contra las sequías. Cuando hacía mucho tiempo que no llovía se organizaba una procesión que, presidida por los Capítulos del municipio y la catedral, partía de la basílica, salía de la ciudad por el Portal de Sant Antoni y ascendía hasta la ermita. El cuerpo de la Santa era llevado bajo palio por los consejeros. La procesión regresaba a la catedral, donde se oficiaba una solemne función de rogativas, y una vez finalizada se conducía de nuevo el cuerpo de la santa hasta la ermita. El dietario del antiguo Consell ofrecía copiosas referencias de estas comitivas y precisaba que en diversas ocasiones había llovido durante la procesión. Una vez, al llegar el cortejo al Pedró llovió tanto que resultaba imposible proseguir la marcha.

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