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martes, 8 de febrero de 2022

ACATISTO A SAN JARALAMBOS (CARALAMPIO) DE MAGNESIA

 



ACATISTO AL SANTO HIEROMÁRTIR

HARALAMPOS (CARALAMPIO) DE MAGNESIA

 

(10 de febrero)

 

Sacerdote: Bendito sea nuestro Dios ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

 

Si no hay sacerdote: Por las oraciones de nuestros Santos Padres, oh Señor Jesucristo, Dios nuestro, ten piedad de nosotros. Amén.

 

S. Gloria a ti, Dios Nuestro, Gloria a ti. Rey Celestial…

 

L. Santo Dios…, Gloria al Padre…, Santísima Trinidad..., Kirie eleison (3 veces), Gloria al Padre…, Padre nuestro… Porque tuyo es el reino…

 

En el día de la fiesta, se canta:

 

Tropario, tono 4º

 

Eres firme columna de la Iglesia de Cristo, oh sapientísimo Jaralambos, lámpara que ilumina al mundo con la Luz eterna. Con tu martirio disipaste la noche oscura de la idolatría; intercede ahora ante el trono de Cristo para que salve nuestras almas.

 

Gloria al Padre… Ahora y siempre…

 

Condaquio, tono 4º

 

Has ascendido hoy desde el oriente como una estrella, Hieromártir Jaralambos, iluminando a los creyentes con el resplandor de tus milagros. ¡Nosotros ensalzamos tu solemne festividad!

 

Los demás días se dicen los siguientes:

 

Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros, porque, aunque pecadores y privados de toda defensa, te ofrecemos como a nuestro Dueño esta súplica: ten piedad de nosotros.

 

Gloria al Padre…

 

Señor, ten piedad de nosotros, pues hemos esperado en ti; no estés airado contra nosotros, ni te acuerdes de nuestras transgresiones, más vuélvete hacia nosotros, oh Bondadoso, y líbranos de nuestros enemigos, porque eres nuestro Dios, y nosotros tu pueblo, la obra de tus manos, y clamamos a tu nombre.

 

Ahora y siempre…

 

Ábrenos las puertas de la misericordia, oh bienaventurada Madre de Dios, porque hemos esperado en ti; no permitas que perezcamos, sino que por ti seamos librados de las adversidades, porque eres la salvación del pueblo cristiano.

 

Kirie eleison (12 veces). Gloria al Padre… Ahora y siempre…

                                

Salmo 50

 

Ten misericordia de mí, Dios, conforme a tu gran compasión · y conforme a la abundancia de tu piedad borra mi iniquidad; aún más, límpiame de mi delito, · y purifícame de mi pecado. Porque yo conozco mi delito, · y mi pecado ante está siempre ti. Contra ti solo he pecado · y he hecho el mal contra ti, · para que seas justificado en tus palabras · y triunfes cuando seas juzgado. Porque mira, entre delitos he sido concebido, · y entre pecados me concibió mi madre. Así pues, mira, has amado la verdad, · me has revelado las cosas oscuras y los secretos de tu sabiduría. Me rociarás con hisopo, y seré purificado; · me limpiarás, y quedaré más blanco que la nieve. Me harás oír alegría y regocijo; · se alegrarán los huesos humillados. Aparta tu rostro de mis errores · y borra todos mis delitos. Crea en mí, Dios, un corazón puro · y renueva en mis entrañas un espíritu recto. No me arrojes de tu presencia · y no retires de mí tu Espíritu Santo. Devuélveme la alegría de tu salvación · fortaléceme con espíritu de maestro. Enseñaré a los transgresores tus caminos, · y los impíos volverán a ti. Líbrame de actos sanguinarios, Dios, Dios de mi salvación; · se alegrará mi boca con tu justicia. Señor, abrirás mis labios, · y mi boca anunciará tu alabanza. Porque si hubieras querido un sacrificio, te lo habría dado; · no te contentarás con holocaustos. Para Dios el sacrificio es el espíritu quebrantado, · el corazón quebrantado y humillado Dios no lo despreciará. Haz bien, Señor, en tu beneplácito, a Sion, · y sean construidas las murallas de Jerusalén; entonces te parecerá bien el sacrificio de justicia, · ofrenda y holocaustos; · entonces ofrecerán en tu altar becerros.

 

Salmo 69

 

Oh Dios, acude en mi ayuda. Que sean avergonzados y confundidos los que buscan mi alma, · que se vuelvan atrás y se avergüencen los que me desean desgracias, · que se vuelvan al instante avergonzados los que me dicen: · «¡Bien, bien!». Que se alegren y se gocen en ti todos los que te buscan, · y los que aman tu salvación digan siempre: «Sea magnificado Dios». Más yo soy pobre y necesitado; oh Dios, ayúdame. · Mi defensor y mi libertador eres Tú; Señor, no tardes.

 

Salmo 142

 

Señor, escucha mi oración, · atiende mi súplica en tu verdad, · escúchame en tu justicia; y no entres en juicio con tu siervo, · porque no será justificado ante ti ningún ser vivo. pues ha perseguido el enemigo a mi alma, · ha rebajado a tierra mi vida, · me ha sentado en tinieblas como los muertos de siempre; y mi espíritu se ha angustiado por mí, · en mí se ha turbado mi corazón. He recordado días pasados · y me he ocupado en todas tus obras, en acciones de tus manos me ocupaba. He alzado mis manos hacia ti, · mi alma es como tierra sin agua para ti. Rápido escúchame, Señor, · mi espíritu ha desfallecido; · no apartes tu rostro de mí, · y me asemejaré a los que bajan a la fosa. Haz que pueda oír de mañana tu compasión, · pues en ti he esperado. · Dame a conocer, Señor, un camino, por el que andaré, · pues hacia ti he levantado mi alma. Líbrame de mis enemigos, Señor, · pues a ti he huido a refugiarme. Enséñame a hacer tu voluntad, porque Tú eres mi Dios; · tu espíritu bueno me guiará en tierra llana. Por tu nombre, Señor, me vivificarás, · en tu justicia sacarás mi alma de la tribulación; y con tu compasión aniquilarás a mis enemigos · y destruirás a todos los que oprimen mi alma; · pues siervo tuyo soy.

 

Gloria al Padre… Ahora y siempre… Aleluya… (3 veces)

 

Creo en un solo Dios…

  

Condaquio I

 

Cantemos a Jaralambos, al victorioso Hieromártir de Cristo y médico milagroso del alma y el cuerpo (3 veces); y como eres un gran torrente de curaciones, libra de las pasiones, de las enfermedades y de los demonios, a los que cantan: ¡Alégrate, oh Mártir Jaralambos!

 

¡Alégrate, oh Mártir Jaralambos!

 

Icos I

 

Los ángeles incorpóreos, al ver tus luchas, se asombraron, oh mártir Jaralambos, y junto a ellos, los fieles te ofrecen un himno, y, alborozados con tu gloria, te cantan:

 

Alégrate, gran Hieromártir.

Alégrate, tú que estás ante la Trinidad.

Alégrate, hijo de padres piadosos.

Alégrate, gloria de Magnesia.

Alégrate, niño escogido por Dios.

Alégrate, joven piadoso.

Alégrate, orgullo del Sacerdocio.

Alégrate, belleza de la santidad.

Alégrate, maestro del pueblo.

Alégrate, protector nuestro.

Alégrate, pues en ti se cumple nuestra esperanza,

Alégrate, tú que ruegas por nosotros a Dios.

 

¡Alégrate, oh Mártir Jaralambos!

 

Condaquio II

 

El impío emperador mandó torturarte, más soportabas los dolores que superaban la naturaleza humana, dando gracias a Dios, oh sacerdote de Cristo y grande entre los mártires San Jaralambos, y sin amedrentarte ante la amenaza de la muerte, cantabas: ¡Aleluya!

 

Icos II

 

Lleno de conocimiento divino, denunciaste el engaño de Severo, atrayendo una multitud de personas a Cristo, oh Jaralambos, mientras el tirano rabiaba lleno de vergüenza, los fieles te decían con reverencia:

 

Alégrate, oh mártir de la verdad.

Alégrate, predicador de la piedad.

Alégrate, vencedor sobre los ídolos.

Alégrate, tú que estabas lleno de sabiduría divina.

Alégrate, pues venciste al terrible Satanás.

Alégrate, pues adoraste a Cristo.

Alégrate, maestro de los preceptos de los Apóstoles,

Alégrate, adorno del consejo de los Campeones.

Alégrate, siervo del culto divino.

Alégrate, adorno de tu sagrado templo.

Alégrate, tú que alzaste el árbol de la Cruz,

Alégrate, tú que pisoteaste los engaños del enemigo.

 

¡Alégrate, oh Mártir Jaralambos!

 

Condaquio III

 

Teniendo como arma el poder de lo alto, oh Jaralambos, soportaste varonilmente las terribles torturas en nombre de Cristo, y el desollado de tu carne con garfios de hierro, oh bendito, mientras clamabas a Él: ¡Aleluya!

 

Icos III

 

Con vano celo, el emperador, que era adorador de los ídolos, desolló tu carne; sus manos fueron cortadas por manos incorpóreas, más tú lo sanaste y los ángeles y los hombres asombrados te cantaron:

 

Alégrate, victorioso atleta de Cristo.

Alégrate, invencible Portador de la Cruz.

Alégrate, tú que pisoteaste la audacia del emperador.

Alégrate, tú que lo sanaste.

Alégrate, tú que soportaste terribles torturas en tu carne,

Alégrate, tú que resististe ante el tribunal del tirano.

Alégrate, tú que fuiste quemado con el fuego.

Alégrate, pues fuiste coronado con la gloria del martirio.

Alégrate, por quien muchos fueron salvados.

Alégrate, por quien son limpiados los leprosos.

Alégrate, médico y liberación de los enfermos.

Alégrate, sacerdote que ruegas por los que te suplican.

 

¡Alégrate, oh Mártir Jaralambos!

 

Condaquio IV

 

Lleno de maldad, Severo te vio expulsar demonios, hacer que los ciegos vieran y resucitar a los muertos, oh San Jaralambos, mientras clamabas a Dios que hace maravillas diciendo: ¡Aleluya!

 

Icos IV

 

Cuando Severo conoció tus milagros, mandó traspasar tu cuerpo con clavos, y te entregó medio muerto a tus fieles que te recibieron llenos de fervor mientras exclamaban:

 

Alégrate, gran vencedor de los demonios,

Alégrate, asombro de los hombres.

Alégrate, grande entre los Mártires.

Alégrate, perfecto entre los Sacerdotes.

Alégrate, pues fuiste afligido como ningún otro entre los Mártires.

Alégrate, pues fuiste traspasado con clavos como Cristo.

Alégrate, pues fuiste golpeado sin piedad a pesar de tus años.

Alégrate, pues tu carne fue desollada.

Alégrate, por quien Dios ha hecho maravillas.

Alégrate, por quien el enemigo es vencido.

Alégrate, resistencia indecible,

Alégrate, virilidad invencible.

 

¡Alégrate, oh Mártir Jaralambos!

 

Condaquio V

 

Hiciste maravillas y prodigios con el poder del Paráclito, asombrando a las potestades celestiales y a los Santos Taumaturgos, y nosotros llenos de fervor cantamos a Dios: ¡Aleluya!

 

Icos V

 

Llenos de fervor contemplamos las maravillas obradas por ti, pues resucitaste al muerto que yacía sin aliento, oh Jaralambos, mientras que los que contemplaron todo esto exclamaban:

 

Alégrate, tú que resucitaste a un muerto por medio de tu oración.

Alégrate, tú que pisoteaste las pociones del enemigo.

Alégrate, tú que nos muestras al Padre, al Verbo y al Espíritu,

Alégrate, piedra preciosa de Cristo, más valiosa que el diamante y la esmeralda.

Alégrate, tú cuyo rostro fue golpeado por el nombre de Cristo.

Alégrate, pues tu rostro fue quemado por Él.

Alégrate, servidor de los misterios de Cristo.

Alégrate, hacedor de maravillas asombrosas.

Alégrate, intercesor ante el Señor en favor de los pecadores.

Alégrate, pronto remedio de los que sufren.

Alégrate, tú que ahuyentas las miasmas de la muerte.

Alégrate, cantor victorioso de la vida.

 

¡Alégrate, oh Mártir Jaralambos!

 

Condaquio VI

 

Severo recibió males del cielo, al igual que Crispo el eparca, quien blasfemó de Cristo y de ti, oh Santo Hieromártir; mientras ellos gritaban, tú clamabas a Dios: ¡Aleluya!

 

Icos VI

 

Severo fue levantado en el aire, más tú, oh Jaralambos, que sufriste golpes y quebrantamientos en tu carne, orabas por tus enemigos, mientras escuchabas de los fieles:

 

Alégrate, hijo de la compasión.

Alégrate, hijo de la bondad.

Alégrate, tú que con tus obras convertiste la tierra en cielo.

Alégrate, tú que hiciste descender el cielo a la tierra con tus milagros.

Alégrate, lámpara radiante que iluminas a los fieles.

Alégrate, torre del cielo que siempre los protege.

Alégrate, tú que amaste a tus enemigos más que a ti mismo.

Alégrate, tú que sanaste los dolores de tus verdugos.

Alégrate, por quien se destierra la peste y el cólera.

Alégrate, por quien se disipan las plagas.

Alégrate, gran mártir de Cristo,

Alégrate, mi protector y libertador.

 

¡Alégrate, oh Mártir Jaralambos!

 

Condaquio VII

 

"¡Grande es tu Dios, oh Jaralambos!" gritó suplicando Severo, y descendió a la tierra por la intercesión del Mártir que clamó al Señor: ¡Aleluya!

 

Icos VII

 

A pesar de lo experimentado, el demonio dominaba el corazón de Severo que buscando nuevas formas de atormentarte mandó derramar bronce fundido en tu boca. Contemplando este terrible tormento te decimos:

   

Alégrate, héroe entre los mártires.

Alégrate, adorador del Salvador.

Alégrate, tesoro de las virtudes del amor.

Alégrate, destructor de la peste maligna.

Alégrate, tú que dominaste todas las pasiones,

Alégrate, porque obtuviste la gloria de los Mártires.

Alégrate, y te suplico, oh mártir, que cesen los dolores,

Alégrate, recibe mis oraciones, oh santo, y se mi médico.

Alégrate, sanador de las enfermedades.

Alégrate, libertador de los caídos.

Alégrate, tú que derribas a los falsos dioses de los paganos.

Alégrate, fundamento del pueblo que lleva el nombre de Cristo.

 

¡Alégrate, oh Mártir Jaralambos!

 

Condaquio VIII

 

El rey de las tinieblas instó a Severo a matar a su hija, que confesó a Cristo, y la Virgen-Mártir, con los Ángeles, clamó junto a ti, oh Jaralambos, a Dios, Rey de Reyes: ¡Aleluya!

 

Icos VIII

 

Te nos muestras como un árbol frondoso, oh mártir Jaralambos, cuya altura no puedo mirar. ¿Quién podrá alabarte? Pue por tus maravillas sólo los Ángeles pueden entonar himnos, mientras nosotros, asombrados, te decimos:

 

Alégrate, siervo de la Trinidad.

Alégrate, asombro de los confines de la tierra.

Alégrate, que antes de tu muerte hiciste maravillas asombrosas.

Alégrate, que cada día obras nuevas maravillas.

Alégrate, tú que remedias la sequía,

Alégrate, tú que con tu poder ahuyentas los terremotos.

Alégrate, fiel discípulo de Cristo.

Alégrate, tú que moras en sus mansiones celestiales.

Alégrate, por quien Severo fue humillado.

Alégrate, pues por ti el pueblo encontró a Cristo.

Alégrate, estrella de la Iglesia de Cristo,

Alégrate, pastor de su herencia.

 

¡Alégrate, oh Mártir Jaralambos!

 

Condaquio IX

 

El impío emperador, aunque había contemplado tus milagros, ordenó tu muerte, oh glorioso Mártir; recibiste la noticia, oh Jaralambos lleno de gozo y rogando incesantemente al Señor por los que cantan: ¡Aleluya!

 

 

Icos IX

 

“Líbrame, oh Cristo, Rey y Dios de todos, de todos los peligros”, exclamó el mártir “y escucha la oración de tu siervo”. Y al punto se escuchó una voz divina: "Hágase tu voluntad". Nosotros, escuchando esto, clamamos:

 

Alégrate, mártir del amor de Dios.

Alégrate, azotador de los espíritus del odio.

Alégrate, pues has superado las luchas de los Mártires.

Alégrate, pues has humillado la audacia de los demonios.

Alégrate, pues escuchaste de Cristo que cumpliría todas tus peticiones,

Alégrate, porque salvas de la muerte a los pueblos que a ti se aclaman.

Alégrate, tú que viste el Cielo abierto.

Alégrate, tú que contemplaste a Dios y hablaste con Él.

Alégrate, tú que disfrutas de la belleza del Edén.

Alégrate, tú que te regocijas en la gloria eterna.

Alégrate, tú que levantas a los fieles caídos.

Alégrate, tú que les concedes el gozo del conocimiento divino.

 

¡Alégrate, oh Mártir Jaralambos!

 

 

Condaquio X

 

Deseando que todos se salven, suplicas incesantemente a la Trinidad vivificante en nuestro nombre, oh Jaralambos, y antes vivió lamentándose, ahora se regocija al cantar: ¡Aleluya! 

 

Icos X

 

¡Oh terrible maravilla! Pues las reliquias de Jaralambos obran curaciones de Dios, y su icono derraman maravillas como el río Nilo; nosotros, que hemos obtenido los beneficios de su intercesión, clamamos:

 

Alégrate, abismo de maravillas,

Alégrate, torrente de curaciones.

Alégrate, tú que curas las enfermedades incurables.

Alégrate, pues tu templo se ha manifestado como otro Estanque de Siloé.

Alégrate, porque tu gloria asombra tanto en el cielo como en la tierra.

Alégrate, porque los demonios temen a tu poder.

Alégrate, intercesor y protector de los que te suplican.

Alégrate, tú que siempre llenas de alegría a los que te cantan.

Alégrate, tú que nos libras de nuestro enemigo.

Alégrate, tú que nos ofreces a Cristo.

Alégrate, tú que brillas con la luz increada.

Alégrate, tú que como fuego quemas a los demonios.

 

¡Alégrate, oh Mártir Jaralambos!

 

Condaquio XI

 

Eres digno de toda alabanza, oh bienhechor y divino protector nuestro Jaralambos, que siempre te apresuras a socorrer en todas partes a los que te invocan. Tu cráneo en San Esteban de Meteora es el mayor consuelo y protección de los que por ti, alaban a Dios cantando: ¡Aleluya!

 

Icos XI

 

Estando herido todo tu cuerpo, te apresúrate a alzar tus manos a Dios por nosotros, porque el recuerdo de tu martirio hace cesar la ira del Juez, y mueve al Justo a perdonar las ofensas de los que te dicen con fervor:

 

Alégrate, tú que contemplas las realidades celestiales,

Alégrate, tú que miras nuestras necesidades terrenales.

Alégrate, pues tus Reliquias expaden una fragancia inefable,

Alégrate, pues tu gracia obra maravillas incomparables.

Alégrate, porque de tu cráneo brotan ríos de vida,

Alégrate, porque aún llevas las marcas de los clavos.

Alégrate, pues Meteora te honra como su patrón,

Alégrate, pues eres el portador del trofeo de Magnesia.

Alégrate, pues desarraigas la cizaña de la pestilencia,

Alégrate, porque pisoteas las espinas del engaño.

Alégrate, pilar inexpugnable de la fe,

Alégrate, lámpara inextinguible del mundo.

 

¡Alégrate, oh Mártir Jaralambos!

 

Condaquio XII

 

El Monasterio del Primer Mártir San Esteban en Meteora ha sido bendecido con la gracia de poseer tu cráneo, oh gloriosísimo Jaralambos, y junto a las piadosas monjas que lo custodian, clamando sin cesar a Dios que te glorifica: ¡Aleluya!

 

Icos XII

 

En tu santa iglesia, ante tus reliquias y tu santo icono, nos postramos rogándote que nos veamos libres de toda plaga y epidemia. Intercede por nosotros ante Dios para que nos veamos libres de todo peligro los que te cantamos diciendo:

 

Alégrate, soldado de Cristo.

Alégrate, glorioso entre los Santos.

Alégrate, campeón de nuestro pueblo.

Alégrate, gran luchador contra el diablo.

Alégrate, porque sin descanso me libras del enemigo.

Alégrate, porque incluso en el sueño, me proteges de él.

Alégrate, pues tu sangre ha santificado la tierra.

Alégrate, pues tu Santo Icono se ha manifestado milagroso.

Alégrate, porque los ángeles te han coronado.

Alégrate, porque los demonios tiemblan ante ti.

Alégrate, por quien se curan las pasiones,

Alégrate, por quien Dios es glorificado.

 

¡Alégrate, oh Mártir Jaralambos!

 

Condaquio XIII

 

Oh bienaventurado Jaralambos, amadísimo siervo y mártir de Cristo, (3 veces) por tus intercesiones, libra a todos los que te cantan, oh Taumaturgo, de toda aflicción y del fuego eterno, mientras clamamos a Dios: ¡Aleluya!

 

Y el icos y el condaquio I

 

Santo Dios… Santísima Trinidad… Padre nuestro…

 

Tropario, tono 4º

 

Eres firme columna de la Iglesia de Cristo, oh sapientísimo Jaralambos, lámpara que ilumina al mundo con la Luz eterna. Con tu martirio disipaste la noche oscura de la idolatría; intercede ahora ante el trono de Cristo para que salve nuestras almas.

 

Y si hay sacerdote, la letanía: 

 

S. Ten piedad de nosotros, oh Señor, según tu gran misericordia te suplicamos que nos escuches y tengas piedad.

 

C. Kirie eleison (3 veces)

 

S. También te pedimos por todos los cristianos piadosos y ortodoxos.

 

S. De nuevo rogamos por nuestro padre y obispo N. y por todos nuestros hermanos en Cristo.

 

S. También rogamos por la misericordia, vida, paz, salud, salvación, visitación, perdón y remisión de los pecados de los siervos de Dios, N. (Aquí se insertan los nombres de los fieles por los cuales se ruega) por los que te elevamos esta súplica.

 

S. Porque eres un Dios de misericordia y a ti te glorificamos, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

 

C. Amén.

 

S. ¡Santísima Madre de Dios, sálvanos!

 

L. Más venerable que los querubines e incomparablemente más gloriosa que los serafines; Tú, que virginalmente has dado a luz al Verbo de Dios, a ti verdadera Madre de Dios, te magnificamos.

 

S. Gloria a ti, oh Cristo, Dios nuestro, esperanza nuestra, gloria a ti.

 

L. Amén. Gloria al Padre… Ahora y siempre… Kirie eleison. (3 veces) Bendice, Padre Santo.

 

S. Que Cristo nuestro verdadero Dios, por intercesión de su purísima Madre, de los santos, célebres e ilustres Apóstoles, de los santos Mártires, gloriosos y triunfadores, de nuestros santos Padres Teóforos, de los santos y justos Ancestros de Dios, San Joaquín y Santa Ana, del glorioso Hieromártir Jaralambos, de San N. (Santo del día) cuya memoria hoy celebramos, de San N. (Patrón de la iglesia) y de todos los Santos, tenga piedad de nosotros y nos salve pues es bueno y amante del hombre. Amén.

 

Y la despedida.

 

 

 

 

 

 

lunes, 29 de noviembre de 2021

ACATISTO AL SANTO APÓSTOL ANDRÉS, EL PRIMERO DE LOS LLAMADOS

 



Condaquio I

 

Venid creyentes y alabemos a Andrés el Apóstol, el hermano de Pedro, el primero de entre los llamados, el que imitó en su pasión a Cristo subiendo como Él a la cruz; venid creyentes y alabémosle porque sacó a los paganos del error de los ídolos convirtiéndolos a Cristo mediante el Santo Bautismo y digámosle:

 

¡Alégrate, Santo Apóstol Andrés!

 

Icos I


Oh Andrés, Predicador de Cristo, por el don que te fue concedido de lo alto purifica mi alma atormentada por multitud de pensamientos pecaminosos, para que limpio de toda mancha pueda cantarte diciendo:

 

Alégrate, tú que te convertiste de pescador en Apóstol.

Alégrate, tú que tuviste como primer maestro a San Juan Bautista.

Alégrate, tú que fuiste el primero en ser elegido por el Redentor de entre el grupo de los Apóstoles.

Alégrate, porque lleno de fe te convertiste en discípulo de Cristo.

Alégrate, tú que llevaste a tu hermano Pedro al Salvador.

Alégrate, pues con el coro de los Apóstoles seguiste al Señor.

Alégrate, tú que eres el primero de los Apóstoles.

Alégrate, pues conservaste hasta la muerte en la cruz en tu alma el amor de Dios.

Alégrate, tú que lleno de este amor, anunciaste a multitud de naciones a Cristo, el dador de la Vida.

Alégrate, pues en medio de tus trabajos apostólicos sufriste multitud de tribulaciones.

Alégrate, tú que fuiste golpeado por los impíos con piedras y palos.

Alégrate, tú que fuiste mordido por los salvajes de afilados dientes.

 

¡Alégrate, Santo Apóstol Andrés!

 

Condaquio II

 

Siguiendo la promesa hecha al Señor, con las redes del Evangelio Divino, sacaste del abismo del error a multitud de pueblos. El que de pescadores de peces os convirtió en pescadores de hombres, os enseñó a pescarlos para la verdadera fe. Por eso llenos de alegría decimos al que es nuestro Dios: ¡Aleluya!

 

Icos II

 

A ti que conoces los misterios inenarrables de Cristo, y puedes por ello predicárnoslos; a ti que recibiste desde los cielos el don del Espíritu Santo y hablas con palabras inefables; A ti te alabamos diciendo:

 

Alégrate, tú que recibiste el día de Pentecostés al Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego.

Alégrate, tú que extendiste incansablemente el Evangelio por muchas naciones.

Alégrate, pues habiendo sido desgarrado por los paganos fuiste curado por Cristo.

Alégrate, tú que de entre los mejores y más piadosos cristianos consagraste obispos y sacerdotes.

Alégrate, pues en tu labor misionera por pueblos y ciudades convertiste a las gentes a la verdadera fe.

Alégrate, pues el martirio fue la corona por tus muchos años de predicación evangélica.

Alégrate, tú que fuiste crucificado cabeza abajo por los paganos incrédulos.

Alégrate, pues tu santa alma fue llevada a los cielos.

pues Cristo te coronó con una corona preciosa e inmarcesible.

Alégrate, pues todos los coros de los ángeles cantaban himnos de gloria mientras eras coronado.

Alégrate, pues fuiste llevado al palacio celestial por los Ángeles y los Santos.

Alégrate, tú que lleno de humildad glorificas a la Santa Trinidad.

 

¡Alégrate, Santo Apóstol Andrés!

 

Condaquio III

 

Lleno de sed divina corriste a responder a la llamada del Redentor, oh Santo Apóstol Andrés y bebiste en sus enseñanzas como el ciervo que se sacia en los manantiales de agua pura, predicando después a Cristo, verdadero Dios, a todos. Por ello te decimos: ¡Aleluya!

 

Icos III

 

La Perla preciosa de gran precio, que llevabas escondida en tu corazón, la mostraste a las gentes, oh Apóstol Andrés. Los que la recibieron y abandonaron el paganismo la convirtieron en su tesoro, por ello te decimos:

 

Alégrate, tú que alabas en el cielo a Dios junto a su purísima Madre.

Alégrate, tú que, junto a los Ángeles y los Santos, cantas continuamente himnos a la Santa Trinidad.

Alégrate, tú que eres nuestro guardián y protector.

Alégrate, tú que eres nuestro intercesor ante la santísima Madre de Dios.

Alégrate, tú que eres nuestro intercesor delante del trono del Señor.

Alégrate, servidor de los Misterios de Cristo.

Alégrate, predicador de la fe que nos dio nuestro Señor.

Alégrate, tú que nos iluminas con el conocimiento celestial.

Alégrate, tú que nos enseñas la verdadera fe ortodoxa.

Alégrate, tú que nos traes a Jesucristo.

Alégrate, tú que pisoteas a Satán.

 

¡Alégrate, Santo Apóstol Andrés!

 

Condaquio IV

 

Tomando en tus manos la Buena Noticia del Evangelio, alabadísimo apóstol Andrés, enriqueciste a toda la tierra con tu divina predicación; por esto honramos la memoria de tus martirios cantando contigo a Dios: ¡Aleluya!

 

Icos IV

 

Los templos paganos fueron convertidos en Iglesias de Dios, oh bienaventurado Apóstol Andrés, y en ellas santificaste a los hombres por medio del Bautismo convirtiéndolos por él en hijos de Dios, renovados por medio del agua y del don del Espíritu Santo. Por ello te alabamos diciendo:

 

Alégrate, tú que durante tu martirio escuchaste los himnos celestiales.

Alégrate, pues crucificaste las cosas de este mundo para que en ti habitara Jesucristo.

Alégrate, pues por ti fue vencida la oscuridad.

Alégrate, pues por ti fue iluminada la humanidad.

Alégrate, tú que unido a Dios has sido deificado.

Alégrate, tú que subiste al cielo por la santa escalera de la cruz.

Alégrate, tú que has sido iluminado con la luz increada.

Alégrate, pues has llevado a Dios a los hijos de este mundo.

Alégrate, divino servidor de la Iglesia.

 

¡Alégrate, Santo Apóstol Andrés!

 

Condaquio V

 

Al conocer el misterio de Cristo, Glorioso Andrés, fuiste corriendo a anunciárselo a tu hermano Pedro y una vez que lo habías encontrado le dijiste: ¡He encontrado al que esperábamos!, mostrándole el conocimiento del Espíritu, por ello cantamos a Dios diciendo: ¡Aleluya!

Icos V

 

Con la red de las Divinas Palabras, pescaste del abismo a los peces racionales, oh dichoso Apóstol, sirviéndolos en la mesa de Cristo como alimento puro e iluminado, por ello te decimos:

 

Alégrate, oh Andrés, dulzura de la razón.

Alégrate, divino deleite de la humanidad.

Alégrate, pues por ti la fe se extendió.

Alégrate, pues comparadas con el amor de Dios consideraste las cosas de este mundo como basura.

Alégrate, pues te serviste de múltiples modos para salvar a muchos.

Alégrate, vaso escogido de la sabiduría de Dios.

Alégrate, dulce mensajero del Logos.

Alégrate, divino ungüento para los ciegos.

Alégrate, milagrosa medicina para los enfermos.

Alégrate, pregonero de las palabras divinamente inspiradas.

Alégrate, pues nos abres el entendimiento iluminándolo con la luz de Cristo.

 

¡Alégrate, Santo Apóstol Andrés!

 

Condaquio VI

 

Puente que nos conduce a Dios, luz brillante del Espíritu que habitaba dentro de ti por voluntad divina y que te reveló como predicador de las cosas inefables, oh glorioso Apóstol Andrés, por ti, nosotros cantamos a Dios diciéndole: ¡Aleluya!

 

Icos VI

 

Abandonando las redes de pescador y tomando la cruz seguiste a Cristo que te llamó y lanzando las redes del Espíritu, pescaste hombres en vez de peces. ¡Gloria al Espíritu Santo que te fue dado y al que recibiste! Por eso te alabamos diciendo:

 

Alégrate, tú que nos revelas la Encarnación del Logos.

Alégrate, tú que nos muestras las Palabras divinas del Evangelio.

Alégrate, divino tesoro de los tesoros celestiales.

Alégrate, tú que enseñas a los maestros desterrando los falsos conocimientos.

Alégrate, pues aceptaste con gozo las tierras que te fueron encomendadas para tu predicación del Evangelio.

Alégrate, pues hiciste grandes milagros entre los débiles.

Alégrate, tú que disipaste la oscuridad de la antigua ley.

Alégrate, firme columna de la verdad.

Alégrate, tú que nos enriqueces con sabias y divinas palabras.

Alégrate, tú que con paciencia anunciantes el Evangelio a los paganos convirtiéndolos en fieles creyentes.

Alégrate, templo venerable de la Santa Trinidad.

iglesia para tus hijos espirituales.

 

¡Alégrate, Santo Apóstol Andrés!

 

Condaquio VII

 

Conseguiste al que anhelabas, bienaventurado apóstol Andrés y ahora habitas con Él en las moradas celestiales después de haber cosechado las gavillas de tus esfuerzos evangélicos; por ello glorificamos a Dios diciendo: ¡Aleluya!

 

Icos VII

 

Lleno de amor seguiste al Soberano de todas las cosas hasta la muerte en la cruz. En todo seguiste los consejos evangélicos y no hubo nunca engaño en tu boca; por eso, bienaventurado Apóstol Andrés te decimos:

 

Alégrate, tú que predicaste sobre la grandeza insondable de Dios.

Alégrate, tú que nos guías en la comprensión de los misterios divinos.

Alégrate, bendito predicador del Paráclito.

boca sellada con el fuego divino.

Alégrate, tú que desbaratas a los sabios de este mundo.

Alégrate, tú que pisas los demonios que habitan en los falsos ídolos.

Alégrate, tú que nos ofreces el Reino celestial.

Alégrate, tú que anuncias los misterios de Cristo.

Alégrate, lengua de fuego que habla sobre las cosas divinas.

Alégrate, ruiseñor celestial que canta con dulzura el Evangelio de Cristo.

Alégrate, tú que deleitas nuestros oídos con las Palabras divinas.

 

¡Alégrate, Santo Apóstol Andrés!

 

Condaquio VIII

 

Por el don que te fue concedido por Dios, derribabas a los espíritus demoniacos con la fuerza de tu palabra inspirada. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo devolvías la salud a los enfermos y apaciguabas las pasiones del alma; agradecidos por ello decimos a Dios llenos de alegría: ¡Aleluya!

 

Icos VIII

 

Nos invitas al banquete de tu conmemoración y pones sobre la mesa los platos de tus luchas y trabajos por el Evangelio sazonados con la sal de Cristo. Dulces son para nosotros tus palabras sobre las enseñanzas celestiales; por eso llenos de fe te decimos:

 

Alégrate, tú que iluminas a los que andaban en las tinieblas del paganismo.

Alégrate, recto camino para los extraviados.

Alégrate, tú que has visto y escuchado a Cristo.

bienaventurado confesor de la pasión de Cristo.

Alégrate, testigo de los milagros del Salvador.

Alégrate, tú que anuncias a todos los pueblos su gloriosa Resurrección.

Alégrate, tú que nos traes la fe ortodoxa.

Alégrate, tú que nos muestras la gloria que le espera a los justos.

Alégrate, tú que nos revelas los tormentos reservados para los pecadores.

Alégrate, tú que anuncias a Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

Alégrate, tú que has contemplado a Dios.

Alégrate, tú que escuchas lo que las gentes no oyen.

 

¡Alégrate, Santo Apóstol Andrés!

 

Condaquio IX

 

Se te mandó subir al monte Sion, oh Apóstol Andrés, y tomando la copa de la salvación la bebiste con alegría pasando de la muerte a la vida divina con Cristo al que cantas: ¡Aleluya!

 

Icos IX

 

El fuego del Espíritu descendió desde el cielo sobre ti, Andrés, bienaventurado Apóstol de Cristo, y te concedió el don de hablar en lenguas que no conocías para predicar sus glorias hasta los confines del mundo. Nosotros asombrados ante tan gran misterio te alabamos diciendo:

 

Alégrate, tú que predicaste la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.

Alégrate, pues mandas al hades a los demonios.

Alégrate, tú que estás lleno de los frutos del Espíritu Santo.

Alégrate, tú que estás lleno de sus dones.

Alégrate, pues por ti se nos reveló la Santa Trinidad.

pues por ti se glorificó su indivisible unidad.

Alégrate, milagrosa fuente que dispensa la salud a los creyentes.

Alégrate, tú que infringes dolorosas heridas a los demonios.

Alégrate, lámpara que contiene la Luz mas radiante que el sol.

guía y luz de los ciegos.

Alégrate, tú que iluminas con el Evangelio a toda la tierra.

Alégrate, tú que vences a los enemigos de la Iglesia.

 

¡Alégrate, Santo Apóstol Andrés!

 

Condaquio X

 

¿Quién te enseño a hablar con tales palabras?, ¿Quién iluminó tu mente para ver claramente el rayo de la gloria divina que nos ilumina nuestros corazones con la luz de la Verdad? ¡Cristo nuestro Dios! Al que llenos de alegría cantamos diciendo: ¡Aleluya!

 

Icos X

 

La razón humana es desbaratada con tu divina predicación que extiendes por todo el orbe. A ti que conoces los misterios de Cristo y que contemplas las cosas celestiales, a ti el primer llamado de entre los doce Apóstoles por el Señor te decimos:

 

Alégrate, tú que continuamente intercedes por nosotros ante Dios.

Alégrate, porque por medio de tus santas oraciones Dios nos concede su infinita misericordia.

Alégrate, pues con tu ayuda el pérfido Satán es expulsado lejos de nosotros.

Alégrate, tú que apartas de nosotros los malos pensamientos y las enfermedades del cuerpo y del alma.

Alégrate, brillante perla de Cristo.

timonel que guías a los que navegan sobre las aguas.

Alégrate, compañero de viaje de los que caminan por la tierra.

Alégrate, ayuda de los que te invocan cuando vuelan por el aire.

Alégrate, tú que nos ofreces el alimento de las buenas obras.

Alégrate, tú que ruegas con nosotros por nuestra salvación.

 

¡ Alégrate, Santo Apóstol Andrés!

 

Condaquio XI

 

El soplo del Espíritu Divino te condujo hasta tierras lejanas plantando la cruz en los extremos del Orbe y alcanzando hasta allí el pregón del Evangelio de Jesucristo al que cantabas en medio de las gentes diciendo. ¡Aleluya!

 

Icos XI

 

Portador de la Luz y de la verdadera alegría, bienaventurado Apóstol Andrés, tu santa conmemoración brilla como un rayo sanador para nosotros que te cantamos:

 

Alégrate, estrella más luminosa que el sol.

Alégrate, lámpara que brillas con rayos de oro.

Alégrate, dispensador de los dones divinos a los creyentes.

Alégrate, ayuda en las tribulaciones de los monjes afligidos.

Alégrate, tú que expulsas a los demonios.

Alégrate, refulgente belleza de la Iglesia de Cristo.

Alégrate, morada venerable de Cristo.

Alégrate, joya del Colegio Apostólico.

Alégrate, vencedor de los crueles martirios.

Alégrate, fuente de alegría para los justos.

Alégrate, alabanza de los Santos.

Alégrate, tú que intercedes y proteges a los cristianos ortodoxos.

 

¡Alégrate, Santo Apóstol Andrés!

 

Condaquio XII

 

Voluntariamente aceptaste los martirios y como fiel Discípulo del Divino Maestro al que seguiste, subiste lleno de alegría a la cruz, camino que te condujo al cielo donde eres tres veces Bienaventurado. Llenos de alegría por tu intercesión, cantamos Dios diciendo: ¡Aleluya!

 

Icos XII

 

Los pueblos, iluminados por tu predicación evangélica, fuimos llevados de la tierra a las moradas celestiales y dejando de servir al maligno enemigo, nos convertimos en ciudadanos del cielo compartiendo la gloria de Dios junto con los ángeles. Contemplando tus innumerables méritos te decimos:

 

Alégrate, Apóstol Andrés, amado por los creyentes.

Alégrate, tú que expulsas las herejías.

Alégrate, tú que nos ayudas a guardar la pureza del cuerpo.

Alégrate, flor hermosa y perfumada del Paraíso.

pues tus oraciones son como una escalera que nos conduce al cielo.

Alégrate, arma invencible del pueblo cristiano.

Alégrate, tú que acompañas a los piadosos ejércitos intercediendo por su victoria frente a los enemigos.

Alégrate, tú que nos proteges de los peligros de los incendios.

Alégrate, tú que nos libras de los engaños del enemigo.

Alégrate, tú que nos ayudas por medio del arrepentimiento a salvar nuestras almas.

 

¡Alégrate, Santo Apóstol Andrés!

 

Condaquio XIII

 

Oh glorioso y milagroso, santo y alabado Apóstol Andrés, con los ojos llenos de lágrimas corremos presurosos a pedir tu ayuda para que intercedas por nosotros con tus oraciones y nos veamos libres de los sufrimientos eternos. Oh Bienaventurado, haznos dignos de la alegría del Paraíso para que junto a ti cantemos a Dios diciendo: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

 

Se repite el icos y el condaquio I

 

Oración

 

Señor y Dios nuestro, creador nuestro y de todas las cosas, no apartes tu divino rostro de nosotros los pecadores; líbranos de tu terrible ira de la que somos merecedores por nuestros innumerables pecados que día a día hemos cometido. Nos reconocemos pecadores, miserables y llenos de maldad, más tu eres la Fuente de la Vida y de la Misericordia, por ello te suplicamos que no ignores nuestras plegarias ni nos pagues según merecen nuestras infamias y ya que no somos dignos de tu compasión concédenosla por tu inmenso amor a la humanidad como un gracioso don de tu benevolencia. Por intercesión de tu glorioso y bienaventurado Apóstol Andrés, concédenos la salud y poder vivir libres de toda aflicción y al celebrar su gloriosa conmemoración, fortalécenos en la fe, para que con el corazón rebosante de alegría y reconocimiento glorifiquemos tu santísimo Nombre por los siglos de los siglos. Amén.