miércoles, 29 de agosto de 2007

FIESTA DEL MARTIRIO DE SAN JUAN EL BAUTISTA


La Decapitación de San Juan Bautista.

El santo empezó a desempeñarla en el desierto de Judea, sobre las riberas del Jordán, a la altura de Jericó. Cubierto con pieles, predicó a todos los hombres la obligación de lavar sus pecados con las lágrimas de la penitencia y proclamó la próxima venida del Mesías. Igualmente exhortó a las multitudes a la caridad y la reforma de vida y bautizaba en el Jordán. Los judíos solían lavarse como símbolo de la purificación interior, pero hasta entonces, el bautismo no había tenido la alta significación mística que le atribuía San Juan. El bautismo representaba para él la purificación del pecado, la preparación para que los hombres participaran en el Reino del Mesías. En otras palabras, era un símbolo sensible de la purificación interior y un tipo del sacramento que Cristo iba a instituir. Ese rito ocupaba un sitio tan prominente en la predicación de Juan, que las gentes empezaron a llamarle "el Bautista", es decir, "el que bautiza." Cuando Juan llevaba ya algún tiempo de predicar y bautizar, el Salvador fue de Nazaret al Jordán y se presentó para ser bautizado. Juan le reconoció por divina revelación y trató de excusarse, pero al fin accedió a bautizarle, por obediencia. La ardiente predicación del Bautista y su santidad y milagros, atrajeron la atención de los judíos sobre él y algunos empezaron a considerarle como el Mesías prometido. Pero Juan declaró que él no hacía más que bautizar en el agua a los pecadores para confirmarlos en el arrepentimiento y prepararlos a una nueva vida, pero que había Otro, que pronto se manifestaría entre ellos, que los bautizaría en la virtud del Espíritu Santo y cuya dignidad era tan grande, que él no era digno de desatar las correas de sus sandalias. No obstante eso, el Bautista había causado tal impresión entre los judíos, que los sacerdotes y levitas de Jerusalén fueron a preguntarle si él era el Mesías esperado. Y San Juan confesó y no negó y dijo: "Yo no soy el Cristo", ni Elías, ni uno de los profetas. Aunque no era Elías, poseía el espíritu de Elías, pues el profeta había sido el tipo del Bautista. Juan era un profeta y más que un profeta, puesto que su oficio consistía no en anunciar a Cristo a distancia, sino en señalarle a sus contemporáneos. Así pues, como no era Elías en persona, ni un profeta en el sentido estricto de la palabra, respondió negativamente a las preguntas de los judíos y se proclamó simplemente "la voz del que clama en el desierto." En vez de atraer sobre sí las miradas de los hombres, las desviaba hacia las palabras que Dios pronunciaba por su boca. Juan proclamó la mesianidad de Cristo en el bautismo y, precisamente al día siguiente de aquél en que los judíos habían ido a interrogarle, llamó a Jesús "el Cordero de Dios." El Bautista, "como un ángel del Señor, permanecía indiferente a las alabanzas y detracciones", atento únicamente a la voluntad de Dios. No se predicaba a sí mismo sino a Cristo. Y Cristo declaró que Juan era más grande que todos los santos de la antigua ley y el más grande de los nacidos de mujer. Heredes Antipas, el tetrarca de Galilea, había repudiado a su esposa y vivía con Herodías, quien era juntamente su sobrina y la esposa de su medio hermano Filipo. San Juan Bautista reprendió valientemente al tetrarca y a su cómplice por su conducta escandalosa y dijo a Herodes: "No te es lícito vivir con la mujer de tu hermano." Herodes temía y respetaba a Juan, pues sabía que era un hombre de Dios, pero se sintió muy ofendido por sus palabras. Aunque le respetaba como santo, le odiaba como censor y fue presa de una violenta lucha entre su respeto por la santidad del profeta y su odio por la libertad con que le había reprendido. Finalmente, la cólera del tetrarca, azuzada por Herodías, triunfó sobre el respeto. Para satisfacer a Herodías y tal vez también por temor de la influencia que Juan ejercía sobre el pueblo, Herodes le encarceló en la fortaleza de Maqueronte, cerca del Mar Muerto. Cuando el Bautista se hallaba en la prisión, Cristo dijo de él: "¿A quién fuisteis a ver? ¿A un profeta? En verdad os digo, a un profeta y más que un profeta. De él es de quien está escrito: He aquí que envío a mi ángel delante de ti para que te prepare el camino. En verdad os digo, no hay entre los nacidos de mujer ninguno más grande que Juan el Bautista." Pero Herodías no perdía la ocasión de azuzar a Herodes contra Juan y de buscar la oportunidad de perderle. La ocasión se presentó con motivo de una fiesta que dio Herodes el día de su cumpleaños a los principales señores de Galilea. Salomé la hija de Herodías y de Filipo, danzó ante los comensales con tal arte, que Herodes juró concederle cuanto le pidiera, aunque fuese la mitad de sus dominios. Herodías aconsejó a su hija que pidiese la cabeza del Bautista y, para impedir que el tetrarca tuviese tiempo de arrepentirse, sugirió a Salomé que exigiese que la cabeza del santo fuese inmediatamente traída en una fuente, el tirano dio inmediatamente la orden de que le decapitasen en la prisión y de que trajesen en una fuente su cabeza a Salóme. La joven no tuvo reparo en tomar el plato en sus manos y ofrecérselo a su madre. Así murió el gran precursor del Salvador, el profeta más grande "de cuantos han nacido de mujer." En cuanto se enteraron de la noticia, los discípulos del Bautista recogieron su cuerpo, le dieron sepultura y fueron a contarlo a Jesús. "Y habiéndolo oído, Jesús se retiró... a un sitio del desierto."

sábado, 2 de junio de 2007



FIESTA DE TODOS LOS SANTOS
A cada uno de los santos que nos son conocidos, los honramos específicamente en un cierto día del año, sin embargo hay muchos que son desconocidos para nosotros, y es a esos a quienes nuestra Iglesia en un día como hoy, honra, reverencia y llama Justos y benditos. Honramos a todos ellos, tanto como a los Profetas, Apóstoles, Mártires, Confesores, Pastores, Maestros, y Santos Monacales (tanto hombres como mujeres) y su número se va multiplicando agregándose a los coros de los Santos, desde el tiempo de Adán hasta el fin de los tiempos, glorificando a Dios Santo así como a los órdenes angélicos, y especialmente a nuestra Señora y Madre de Dios y Siempre Virgen Maria. Dios permite que muchos de sus santos permanezcan desconocidos para nosotros por un tiempo, para revelarlos en la magnitud de su Gloria mucho tiempo después como hizo con los mártires de la turcocracia santos Rafael, Nicolás e Irene. Esto sucede para que en tiempos de tibieza de la Fe, los fieles se conforten y se confirmen en el camino hacia el Reino de Dios. De otros santos parece que no sabremos nada, salvo que el Señor disponga lo contrario, hasta que nos presentemos "ante el temible Tribunal de Cristo". Pero sepamos nosotros sus nombres y sus vidas, o no los sepamos, el Señor sí los conoce y los inscribe en el Libro de la Vida Eterna, porque "el Buen Pastor conoce sus ovejas". A todos ellos festejamos hoy, con este banquete eucarístico. Es la cosecha de la venida del Espíritu Santo en el mundo; es el "mucho fruto" que dio a luz: “Ciertamente les aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo. Pero si muere, produce mucho fruto. " (Juan 12:24) . Es la glorificación de los Santos como "la base de la Iglesia, la perfección del Evangelio", pues ellos cumplieron con lo dicho por Él Salvador. En el Doxasticon de las Vísperas dice: “¡Congreguémonos ahora fieles en la fiesta! Porque ha sido puesto ante nosotros, un cáliz místico y un banquete espiritual lleno del gozo de las deliciosas comidas, que son las virtudes de los mártires; porque aquellos, de almas valientes, ofrecieron el cuerpo a Dios como una ofrenda racional por todos los corporales de los rincones de la tierra. Pues, en la plenitud de su juventud fueron castigados severamente; unos fueron degollados y otros se les fueron amputadas las manos y todos sus miembros; pues todos los santos devinieron en partícipes de la Pasión de Cristo. Pero Tú, Señor, que les otorgaste la corona como recompensa por sus luchas, haznos dignos de seguir sus huellas, porque eres Amante de la humanidad.” Pongamos sus vidas ante nosotros como ejemplos de virtud, roguémosles que intercedan en nuestro beneficio ante Dios, Cuya gracia y misericordia ilimitada está con todos nosotros. Amén

lunes, 28 de mayo de 2007

LUNES DE LA SANTA TRINIDAD


LUNES DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Venid, pueblos, y adoremos a la única Divinidad en tres personas:
el Hijo en el Padre con Espíritu Santo.
El Padre engendra intemporalmente al Hijo, coeterno y correinante;
y el Espíritu Santo estaba en el Padre, glorificado con el Hijo.
Un solo poder, una sola sustancia, una sola divinidad,
ante quien todos postrándonos, decimos:
¡Santo Dios, que lo creaste todo a través del Hijo,
con la cooperación del Espíritu!
¡Santo fuerte, a través de quien conocimos al Padre
y el Espíritu Santo descendió al mundo!
¡Santo inmortal, Espíritu consolador, que procede del Padre
y reposas en el Hijo!
¡Trinidad santísima, Gloria a ti!

(Doxástico idiómelo del emperador León, Vísperas de Pentecostés)


MAGISTERIO DEL II CONCILIO DE CONSTANTINOPLA
V CONCILIO ECUMÉNICO

Confesamos mantener y predicar la fe dada desde el principio por el grande Dios y Salvador nuestro Jesucristo a sus Santos Apóstoles y por éstos predicada en el mundo entero; también los Santos Padres y, sobre todo, aquellos que se reunieron en los cuatro santos concilios la confesaron, explicaron y transmitieron a las santas Iglesias. A estos Padres seguimos y recibimos por todo y en todo... Y todo lo que no concuerda con lo que fue definido como fe recta por los dichos cuatro concilios, lo juzgamos ajeno a la piedad, y lo condenamos y anatematizamos.
Can. 1. Si alguno no confiesa una sola naturaleza o sustancia del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y una sola virtud y potestad, Trinidad consustancial, una sola divinidad, adorada en tres hipóstasis o personas; ese tal sea anatema. Porque uno solo es Dios y Padre, de quien todo; y un solo Señor Jesucristo, por quien todo; y un solo Espíritu Santo, en quien todo.
Can. 2. Si alguno no confiesa que hay dos nacimientos de Dios Verbo, uno del Padre, antes de los siglos, sin tiempo e incorporalmente; otro en los últimos días, cuando Él mismo bajó de los cielos, y se encarnó de la santa gloriosa madre de Dios y siempre Virgen María, y nació de ella; ese tal sea anatema.
Can. 3. Si alguno dice que uno es el Verbo de Dios que hizo milagros y otro el Cristo que padeció, o dice que Dios Verbo está con el Cristo que nació de mujer o que está en Él como uno en otro; y no que es uno solo y el mismo Señor nuestro Jesucristo, el Verbo de Dios que se encarnó y se hizo hombre, y que de uno mismo son tanto los milagros como los sufrimientos a que voluntariamente se sometió en la carne, ese tal sea anatema.
Can. 4. Si alguno dice que la unión de Dios Verbo con el hombre se hizo según gracia o según operación, o según igualdad de honor, o según autoridad, o relación, o hábito, o fuerza, o según buena voluntad, como si Dios Verbo se hubiera complacido del hombre, por haberle parecido bien y favorablemente de Él, como Teodoro locamente dice; o según homonimia, conforme a la cual los nestorianos llamando a Dios Verbo Jesús y Cristo, y al hombre separadamente dándole nombre de Cristo y de Hijo, y hablando evidentemente de dos personas, fingen hablar de una sola persona y de un solo Cristo según la sola denominación y honor y dignidad y admiración; mas no confiesa que la unión de Dios Verbo con la carne animada de alma racional e inteligente se hizo según composición o según hipóstasis, como enseñaron los santos Padres; y por esto, una sola persona de Él, que es el Señor Jesucristo, uno de la Santa Trinidad; ese tal sea anatema. Porque, como quiera que la unión se entiende de muchas maneras, los que siguen la impiedad de Apolinar y de Eutiques, inclinados a la desaparición de los elementos que se juntan, predican una unión de confusión. Los que piensan como Teodoro y Nestorio, gustando de la división, introducen una unión habitual. Pero la Santa Iglesia de Dios, rechazando la impiedad de una y otra herejía, confiesa la unión de Dios Verbo con la carne según composición, es decir, según hipóstasis. Porque la unión según composición en el misterio de Cristo, no sólo guarda inconfusos los elementos que se juntan, sino que tampoco admite la división.
Can. 5. Si alguno toma la única hipóstasis de nuestro Señor Jesucristo en el sentido de que admite la significación de muchas hipóstasis y de este modo intenta introducir en el misterio de Cristo dos hipóstasis o dos personas, y de las dos personas por él introducidas dice una sola según la dignidad y el honor y la adoración, como lo escribieron locamente Teodoro y Nestorio, y calumnia al santo Concilio de Calcedonia, como si en ese impío sentido hubiera usado de la expresión "una sola persona"; pero no confiesa que el Verbo de Dios se unió a la carne según hipóstasis y por eso es una sola la hipóstasis de Él, o sea, una sola persona, y que así también el santo Concilio de Calcedonia había confesado una sola hipóstasis de nuestro Señor Jesucristo; ese tal sea anatema. Porque la santa Trinidad no admitió añadidura de persona o hipóstasis, ni aun con la encarnación de uno de la santa Trinidad, el Dios Verbo.
Can. 6. Si alguno llama a la santa gloriosa siempre Virgen María madre de Dios, en sentido figurado y no en sentido propio, o por relación, como si hubiera nacido un puro hombre y no se hubiera encarnado de ella el Dios Verbo, sino que se refiriera según ellos el nacimiento del hombre a Dios Verbo por habitar con el hombre nacido; y calumnia al santo Concilio de Calcedonia, como si en este impío sentido, inventado por Teodoro, hubiera llamado a la Virgen María madre de Dios; o la llama madre de un hombre o madre de Cristo, como si Cristo no fuera Dios, pero no la confiesa propiamente y según verdad madre de Dios, porque Dios Verbo nacido del Padre antes de los siglos se encarnó de ella en los últimos días, y así la confesó piadosamente madre de Dios el santo Concilio de Calcedonia, ese tal sea anatema.
Can. 7. Si alguno, al decir "en dos naturalezas", no confiesa que un solo Señor nuestro Jesucristo es conocido como en divinidad y humanidad, para indicar con ello la diferencia de las naturalezas, de las que sin confusión se hizo la inefable unión; porque ni el Verbo se transformó en la naturaleza de la carne, ni la carne pasó a la naturaleza del Verbo (pues permanece una y otro lo que es por naturaleza, aun después de hecha la unión según hipóstasis), sino que toma en el sentido de una división en partes tal expresión referente al misterio de Cristo; o bien, confesando el número de naturalezas en un solo y mismo Señor nuestro Jesucristo, Dios Verbo encarnado, no toma en teoría solamente la diferencia de las naturalezas de que se compuso, diferencia no suprimida por la unión (porque uno solo resulta de ambas, y ambas son por uno solo), sino que se vale de este número como si [Cristo] tuviese las naturalezas separadas y con personalidad propia, ese tal sea anatema.
Can. 8. Si alguno, confesando que la unión se hizo de dos naturalezas: divinidad y humanidad, o hablando de una sola naturaleza de Dios Verbo hecha carne, no lo toma en el sentido en que lo ensenaron los Santos Padres, de que de la naturaleza divina y de la humana, después de hecha la unión según la hipóstasis, resultó un solo Cristo; sino que por tales expresiones intenta introducir una sola naturaleza o sustancia de la divinidad y de la carne de Cristo, ese tal sea anatema. Porque al decir que el Verbo unigénito se unió según hipóstasis, no decimos que hubiera mutua confusión alguna entre las naturalezas, sino que entendemos más bien que, permaneciendo cada una lo que es, el Verbo se unió a la carne. Por eso hay un solo Cristo, Dios y hombre, el mismo consustancial al Padre según la divinidad, y el mismo consustancial a nosotros según la humanidad. Porque por modo igual rechaza y anatematiza la Iglesia de Dios, a los que dividen en partes o cortan que a los que confunden el misterio de la divina economía de Cristo.
Can. 9. Si alguno dice que Cristo es adorado en dos naturalezas, de donde se introducen dos adoraciones, una propia de Dios Verbo y otra propia del hombre; o si alguno, para destrucción de la carne o para confusión de la divinidad y de la humanidad, o monstruosamente afirmando una sola naturaleza o sustancia de los que se juntan, así adora a Cristo, pero no adora con una sola adoración al Dios Verbo encarnado con su propia carne, según desde el principio lo recibió la Iglesia de Dios, ese tal sea anatema.
Can. 10. Si alguno no confiesa que nuestro Señor Jesucristo, que fue crucificado en la carne, es Dios verdadero y Señor de la gloria y uno de la santa Trinidad, ese tal sea anatema.
Can. 11. Si alguno no anatematiza a Arrio, Eunomio, Macedonio, Apolinar, Nestorio, Eutiques y Origenes, juntamente con sus impíos escritos, y a todos los demás herejes, condenados por la santa Iglesia Católica y Apostólica y por los cuatro antedichos santos Concilios, y a los que han pensado o piensan como los antedichos herejes y que permanecieron hasta el fin en su impiedad, ese tal sea anatema.
Can. 12. Si alguno defiende al impío Teodoro de Mopsuesta, que dijo que uno es el Dios Verbo y otro Cristo, el cual sufrió las molestias de las pasiones del alma y de los deseos de la carne, que poco a poco se fue apartando de lo malo y así se mejoró por el progreso de sus obras, y por su conducta se hizo irreprochable, que como puro hombre fue bautizado en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y por el bautismo recibió la gracia del Espíritu Santo y fue hecho digno de la filiación divina; y que a semejanza de una imagen imperial, es adorado como efigie de Dios Verbo, y que después de la resurrección se convirtió en inmutable en sus pensamientos y absolutamente impecable; y dijo además el mismo impío Teodoro que la unión de Dios Verbo con Cristo fue como la de que habla el Apóstol entre el hombre y la mujer: Serán dos en una sola carne [Eph. 5, 31]; y aparte otras incontables blasfemias, se atrevió a decir que después de la resurrección, cuando el Señor sopló sobre sus discípulos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo [Ioh. 20, 22], no les dio el Espíritu Santo, sino que sopló sobre ellos sólo en apariencia ¡ éste mismo dijo que la confesión de Tomás al tocar l,as manos y el costado del Señor, después de la resurrección: Señor mío y Dios mío [Ioh. 20, 28], no fue dicha por Tomás acerca de Cristo, sino que admirado Tomás de lo extraño de la resurrección glorificó a Dios que había resucitado a Cristo.
Y lo que es peor, en el comentario que el mismo Teodoro compuso sobre los Hechos de los Apóstoles, comparando a Cristo con Platón, con Maniqueo, Epicuro y Marción dice que a la manera que cada uno de ellos, por haber hallado su propio dogma, hicieron que sus discípulos se llamaran platónicos, maniqueos, epicúreos y marcionitas; del mismo modo, por haber Cristo hallado su dogma, nos llamamos de Él cristianos; si alguno, pues, defiende al dicho impiísimo Teodoro y sus impíos escritos, en que derrama las innumerables blasfemias predichas, contra el grande Dios y Salvador nuestro Jesucristo, y no le anatematiza juntamente con sus impíos escritos, y a todos los que le aceptan y vindican o dicen que expuso ortodoxamente, y a los que han escrito en su favor y en favor de sus impíos escritos, o a los que piensan como él o han pensado alguna vez y han perseverado hasta el fin en tal herejía, sea anatema.
Can. 13. Si alguno defiende los impíos escritos de Teodoreto contra la verdadera fe y contra el primero y santo Concilio de Éfeso, y San Cirilo y sus doce capítulos (anatematismos, v. 113 ss), y todo lo que escribió en defensa de los impíos Teodoro y Nestorio y de otros que piensan como los antedichos Teodoro y Nestorio y que los reciben a ellos y su impiedad, y en ellos llama impíos a los maestros de la Iglesia que admiten la unión de Dios Verbo según hipóstasis, y no anatematiza dichos escritos y a los que han escrito contra la fe recta o contra San Cirilo y sus doce Capítulos, y han perseverado en esa impiedad, ese tal sea anatema.
Can. 14. Si alguno defiende la carta que se dice haber escrito Ibas al persa Mares, en que se niega que Dios Verbo, encarnado de la madre de Dios y siempre Virgen María, se hiciera hombre, y dice que de ella nació un puro hombre, al que llama Templo, de suerte que uno es el Dios Verbo, otro el hombre, y a San Cirilo que predicó la recta fe de los cristianos se le tacha de hereje, de haber escrito como el impío Apolinar, y se censura al santo Concilio primero de Éfeso, como si hubiera depuesto sin examen a Nestorio, y la misma impía carta llama a los doce capítulos de San Cirilo impíos y contrarios a la recta fe, y vindica a Teodoro y Nestorio y sus impías doctrinas y escritos; si alguno, pues, defiende dicha carta y no la anatematiza juntamente con los que la defienden y dicen que la misma o una parte de la misma es recta, y con los que han escrito y escriben en su favor y en favor de las impiedades en ella contenidas, y se atreven a vindicarla a ella o a las impiedades en ellas contenidas en nombre de los Santos Padres o del santo Concilio de Calcedonia, y en ello han perseverado hasta el fin, ese tal sea anatema.
Así, pues, habiendo de este modo confesado lo que hemos recibido de la Divina Escritura y de la enseñanza de los Santos Padres y de lo definido acerca de la sola y misma fe por los cuatro antedichos santos Concilios; pronunciada también por nosotros condenación contra los herejes y su impiedad, así como contra los que han vindicado o vindican los tres dichos capítulos, y que han permanecido o permanecen en su propio error; si alguno intentare transmitir o enseñar o escribir contra lo que por nosotros ha sido piadosamente dispuesto, si es obispo o constituído en la clerecía, ese tal, por obrar contra los obispos y la constitución de la Iglesia, será despojado del episcopado o de la clerecía; si es monje o laico, será anatematizado.


sábado, 26 de mayo de 2007

PENTECOSTES



CREO EN EL ESPÍRITU SANTO, SEÑOR Y DADOR DE VIDA,

QUE PROCEDE DEL PADRE

Y QUE CON EL PADRE Y EL HIJO, RECIBE UNA MISMA ADORACIÓN Y GLORIA

Y QUE HABLÓ POR LOS PROFETAS.

Lectura de la profecía de Ezequiel [36:24-28]

Esto dice el Señor: Os tomaré de entre las naciones, os recogeré de todos los países y os llevaré a vuestro suelo. Os rociaré con agua pura y quedaréis purificados; de todas vuestras manchas y de todos vuestros ídolos os purificaré. Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas. Habitaréis la tierra que yo di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.

(Paremia del Oficio de Vigilia del santísimo día de Pentecostés)

Hemos sido rociados por el Agua pura del Bautismo, hemos sido convocados de todas las naciones. Ya no hay entre nosotros ni judíos ni gentiles. Somos un pueblo nuevo, la Iglesia. Por la muerte hemos sido vivificados, muriendo en las aguas del Bautismo hemos renacido en Cristo, dejando sepultado al hombre viejo. Hemos sido sellados con el Don del Espíritu Santo, hemos recibido al Santificador que quiere hacer morada en nuestros corazones, somos templos del Espíritu Santo, resto escogido por Dios, nación santa, ovejas de su rebaño.

Él arrancará nuestro duro corazón, quitará el corazón de piedra y nos dará un corazón de carne. Él será nuestro Dios, Trinidad Santa, Padre, Hijo y Espíritu Santo y hará de nosotros testigos que se levanten en medio de las plazas dando testimonio de su inmenso amor por la humanidad.

Abramos nuestros corazones es esté santísimo día de Pentecostés, dejémonos empapar por el rocío del Espíritu, abandonemos las obras de las tinieblas para caminar iluminados por el Paráclito. Que no encuentre en el día de su descenso las puertas cerradas de nuestra alma, que no nos encuentre en medio de la oscuridad del pecado, si no que nos halle en vela.

No hay icono de la fiesta mañana en el analogio, nosotros somos el icono vivo de la fiesta de pentecostés, la Iglesia unida, de oriente a occidente, en las grandes catedrales, en las pequeñas capillas, en las parroquias, en los monasterios, de rodillas en oración junto a la Madre de Dios pidiéndole a Él que descienda y que nos transforme:

"Rey Celestial, Consolador, Espíritu de la verdad, que estás presente en todas partes y que todo lo llenas, tesoro bienes y dador de vida, ven y habita en nosotros, límpianos de toda mancha y salva, oh Bondadoso, nuestras almas."

Feliz fiesta de Pentecostés, feliz fiesta de la Iglesia.

P Nicolás Vera

miércoles, 23 de mayo de 2007

PARA LA REFLEXIÓN Y LA PLEGARIA


PREPARACIÓN A LA FIESTA DE PENTECOSTÉS
TEXTOS LITÚRGICOS PARA LA REFLEXIÓN Y LA PLEGARIA
Todo lo otorga el Espíritu Santo: inspira a los profetas, perfecciona a los sacerdotes y a los iletrados enseña la sabiduría; hace teólogos a simples pescadores y consolida a la Iglesia. Consustancial con el Padre y el Hijo y partícipe de un mismo trono, oh Paráclito: ¡Gloria a ti!
En tus atrios te cantaré, oh Salvador del mundo, y doblando la rodilla adoraré tu poder invencible: por la tarde y por la mañana, y al mediodía, y en todo tiempo, te bendeciré, oh Señor.
Venid, pueblos, y adoremos a la única Divinidad en tres personas: el Hijo en el Padre con Espíritu Santo. El Padre engendra intemporalmente al Hijo, coeterno y correinante; y el Espíritu Santo estaba en el Padre, glorificado con el Hijo. Un solo poder, una sola sustancia, una sola divinidad, ante quien postrándonos, decimos: ¡Santo Dios, que lo creaste todo a través del Hijo, con la cooperación del Espíritu!; ¡Santo fuerte, a través de quien conocimos al Padre y el Espíritu Santo descendió al mundo!; ¡Santo inmortal, Espíritu consolador, que procede del Padre y reposas en el Hijo!; ¡Trinidad santísima, Gloria a ti!
(De las Grandes Vísperas del santísimo día de Pentecostés)

PREPARACIÓN PARA LA FIESTA DE PENTECOSTÉS



PREPARACIÓN PARA LA FIESTA DE PENTECOSTÉS




Reunidos en oracíon, esperamos la venida del Espíritu Santo. Luz que ilumina los corazones y que nos mueve, anima y vivifica. Fuerza que llena a la Iglesia y la convierte en faro en medio del mundo que guía a los hombres a la Verdad. Verdad que no poseemos sino que nos es dada como un don, como un bien gratuito que a su vez hemos de dar gratis.



Luz que brilla en nuestras manos conscientes de que no somos la luz, sino que con humildad la portamos, transmitiendo la llama de una a otra vela, de un corazón a otro.



Verdad que quisieran acallar pero que silenciosamente es proclamada en medio de las plazas. Porque no es nuestra verdad, sino la Verdad del Espíritu que mora en su Iglesia.



Abramos nuestros corazones con la oración, abramos nuestros corazones al Evangelio, abramos nuestros corazones al Espíritu Santo que procede del Padre y que con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado por los siglos de los siglos.



Ven y no tardes, llena nuestros corazones y haznos testigos fieles de tu amor.



P Nicolás

sábado, 19 de mayo de 2007

DOMINGO DE LOS PADRES DEL I CONCILIO ECUMÉNICO




...CREO EN UN SOLO SEÑOR JESUCRISTO, HIJO ÚNICO DE DIOS,
NACIDO DEL PADRE ANTES DE TODO LOS SIGLOS, DIOS DE DIOS,
LUZ DE LUZ, DIOS VERDADERO DE DIOS VERDADERO,
ENGENDRADO, NO CREADO, CONSUSTANCIAL AL PADRE
POR QUIEN TODO FUE HECHO...


El Primer Concilio Ecuménico (o Universal) de la Iglesia se realizo en el año 325, convocado y organizado por el santo Emperador Constantino el Grande que reunió a 318 obispos de Europa, África y Asia, las que eran entonces partes del Imperio. Este concilio se organizó debido a las malas doctrinas enseñada por el diácono libio Arrio, que rechazaba la Divinidad de Cristo.
En efecto, contra la enseñanza de la Iglesia, Arrio sostenía su propia opinión errónea de que Cristo no es Dios diciendo que “era una criatura, no siendo consubstancial al Padre y que tampoco era eterno, que no tenía el mismo grado divino y que sólo de un modo alegórico se le llamaba Hijo de Dios”. Esta herejía producía una división en el pueblo Cristiano, y el Emperador conociendo esto envió a San Osio, Obispo de Córdoba, en la actual España, para interiorizarse del asunto.

Informado el Emperador por San Osio, determinó convocar a un Concilio en la plaza central del palacio Imperial de la ciudad de Nicea de Bitinia. Se destaca la presencia en este concilio de un grupo numeroso de Padres que, por su fe, dieron un ejemplo vivo de vida en Cristo, como san Nicolás de Mira, san Espiridón de Trimitós (Trebizonda), san Macario de Jerusalén, y san Atanasio el Grande, el que en ese entonces, era sólo diácono.

En este Concilio se condenó y repudió la herejía de Arrio, y se establecieron los primeros siete artículos del Credo, el símbolo de la Fe. En esta oración están presentadas, con breves pero exactas palabras, las verdades fundamentales de la fe ortodoxa. El Concilio se encargó también de unificar la celebración de la Pascua Cristiana, tanto en cuanto a su contenido central, cuanto en relación con la fecha de su celebración. Fue también a partir de este Primer Concilio Ecuménico que se estableció la idea de que para ser ortodoxo se debía conservar y defender la fe y la doctrina del Concilio Ecuménico, al que se reservó definitivamente el llamado "magisterio", la voz del Espíritu Santo. La fecha de la Pascua fue definida como el primer Domingo después del primer plenilunio (luna llena) de la Primavera (en el hemisferio Norte). Esta fecha es muy cercana al 14° día del mes hebreo de Nisán. En caso que la fecha así determinada coincida o se anticipe a la celebración de la Pascua hebrea (14 de Nisán), la Pascua Cristiana debe postergarse en una semana para conservar la analogía de la sucesión de los hechos históricos. Esta prescripción es seguida especialmente por los cristianos ortodoxos.


Otra determinación fue que los sacerdotes deben ser hombres casados, y también establecieron otros 20 cánones que fueron confirmados en el primer canon del IV Concilio, y en los primeros cánones de los Concilios Ecuménicos V, VI, y VII


El Símbolo de la Fe (o Credo) se termino de confeccionar (los restantes cinco artículos) en el segundo Concilio de Constantinopla. En el primer artículo se habla de Dios Padre; desde el segundo hasta el séptimo artículo se habla de Dios Hijo; en el octavo artículo, de Dios Espíritu Santo; el noveno se refiere a la Iglesia; el décimo al bautismo y finalmente, los artículos undécimo y duodécimo expresan nuestra Fe en la resurrección de los muertos y la vida eterna.
Recemos a nuestros Padres del Primer Concilio en Nicea para que nos sigan ayudando a predica la doctrina correcta.


“Por las oraciones de los Santos Padres de Nicea, Señor ten piedad de nosotros”.

Tropario de los Padres del I Concilio Ecuménico

Tono 8º

Gloriosísimo eres, oh Cristo nuestro Dios,
que has establecido a los Santos Padres como luminarias en la tierra.
A través de ellos nos has guiado a la verdadera Fe
¡Oh Compasivo, gloria a ti!

miércoles, 16 de mayo de 2007



ASCENSIÓN DE NUESTRO SEÑOR
¡CRISTO HA ASCENDIDO!
DE LA TIERRA AL CIELO!
Tropario Modo 4º
Ascendiste en la gloria, oh Cristo Dios Nuestro,
después de alegrar a Tus discípulos
por la promesa del Espíritu Santo,
fueron confirmados por Tu bendición
pues Tú eres el Hijo de Dios, el Redentor del mundo.
Kontaquio Modo 6º
Habiendo cumplido la dispensación para con nosotros
y unido todo lo terrenal con lo celestial,
ascendiste en la gloria, oh Cristo Dios,
sin apartarte de nosotros, sino permaneciendo inseparable
y prometiendo a los que te aman:
estoy con vosotros, y nadie estará contra vosotros.
En este jueves, cuadragésimo día después de Pascua, Nuestro Señor se presentó nuevamente a los discípulos, y les ordenó no apartarse de Jerusalén, porque allí descendería el Espíritu Santo, procedente del Padre, y que el mismo Jesucristo les había prometido. Luego de dicho esto se dirigieron al monte de los Olivos, situado al oriente de Jerusalén, y al llegar Jesús levantó sus manos los bendijo y comenzó, ante los ojos de sus discípulos, a elevarse sobre la tierra en una nube de luz, alejándose cada vez más.
Observando esto, los discípulos lo reverenciaron, y el Señor, continuaba bendiciéndolos, mientras se alejaba cada ves más, hasta terminar ocultándose, sin que alejaran de Él su vista los discípulos. Después de esto se presentaron dos ángeles con vestimentas blancas, y les dijeron: “Galileos, ¿qué haceis aquí mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido llevado de entre vosotros al cielo, vendrá otra vez de la misma manera que lo han visto irse”.(Hechos 1:11) luego de dicho esto, se fueron a Jerusalén con alegría en sus corazones por la promesa realizada. Ya en la ciudad se reunieron en una habitación de Sión, orando y leyendo las Sagradas Escrituras, esperaban el descenso sobre ellos del Espíritu Santo.
A estas reuniones también acudían otros discípulos de Jesucristo y algunas de las mujeres miróforas. Con esta Ascensión, el Salvador culminó su servicio sobre la tierra, que Él cumplió para la redención de nosotros los hombres pecadores.

domingo, 29 de abril de 2007

MENSAJE PASCUAL DEL PATRIARCA PAVLE



La Iglesia ortodoxa serbia a sus hijos espirituales en la Pascua 2007

PAVLE

por gracia de Dios

Arzobispo Ortodoxo de Peć, Metropolitano de Belgrado-Karlovci,
y Patriarca de Serbia,
con todos los jerarcas de la Iglesia Ortodoxa Serbia
a todo el clero, monacato,
y a todos los hijos e hijas de nuestra santa Iglesia:
gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre,
y de Nuestro Señor Jesucristo, y del Espíritu Santo,
con el gozoso saludo pascual:

¡CRISTO HA RESUCITADO!

«¡El día de la Resurrección!
¡Resplandezcamos, oh pueblo!
Pascua, la Pascua del Señor.
Pues Cristo nuestro Dios nos ha trasladado
de la muerte a la vida, y de la tierra al cielo…»
-Irmos de la Oda I del Canon Pascual-


Con estos versos del Canon Pascual, queridos hijos espirituales, nosotros, el pueblo creyente de Dios, comenzamos la Celebración de las celebraciones, la Canción de las canciones, el Evento de los eventos—la Resurrección de Cristo. La Resurrección, como la Crucifixión, es tropezadero para los judíos y locura para los gentiles (cfr. I Corintios 1:23), pero nosotros la vivimos y la celebramos como la más profunda experiencia de nuestra fe y nuestra vida. Esta es la experiencia que fue primeramente hallada por las santas portadoras de mirra y los santos apóstoles, y que ellos benévolamente nos han transmitido y nosotros hemos recibido con fe—con la fe que se convierte en el poder de la vida.

Lleno de gozo por este hecho de la nueva vida, el santo Apóstol y Evangelista Juan proclama su experiencia a los cristianos de todos los tiempos con estas palabras: «Lo que hemos oído, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos», esta es la «vida [que] fue manifestada, […] y os anunciamos [esta] vida eterna» (cfr. I Juan 1:1-2). El día de la Resurrección es el día de la vida. ¡Regocijémonos, pues, y gocémonos en él! ¡Celebremos al Dador de vida, Cristo el Dios-hombre!

El día de la Resurrección queridos hijos espirituales, da inicio a una nueva era. Si el Gran Viernes Santo fue el particular «juicio terrible» del hombre caído contra Dios mismo, entonces el día de la Resurrección es el día del triunfo del amor y la bondad de Dios. La Resurrección ocurrió en el primer día de la semana. De este modo ha recibido su comienzo en tiempo y espacio, tal como en el primer día de la Creación el mundo recibió las dimensiones de la existencia de todo lo visible y lo invisible. El día de la Resurrección no es, contrario a los que algunos quisieran, sólo un evento espiritual y poético, sino que es sobre todo un evento histórico-escatológico que ha cambiado la historia del mundo. «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas», dice el santo Apóstol Pablo (cfr. II Corintios 5:17).

El día de la Resurrección está lleno de luz divina—luz con la cual el mismo Señor resucitado nos ilumina. «¡Venid, recibid luz de la Luz que no mengua!»—estas son las primeras palabras con las que la Iglesia nos invita a comenzar la celebración de la Resurrección de Cristo. Si alguno quisiere celebrar la Resurrección de Cristo como su propia experiencia de vida, debe ser iluminado primero por la luz de Cristo. La gozosa luz de la Luz que no mengua no es sino Jesucristo mismo. Él se levantó de la tumba como se levanta el sol por el Oriente en medio de la oscuridad de la noche para iluminar toda la tierra, para calentarla y renovar la vida sobre ella. Resplandezcamos con la luz de la Resurrección, la luz que ha brillado desde la tumba. Esta es la luz del Dios-hombre Cristo, que ha dicho de sí mismo: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (cfr. San Juan 8:12). Hoy y siempre, a través de su santa Iglesia, Él nos llama a la iluminación de nuestra mente, nuestro corazón, y nuestro ser entero.

¡Pascua, la Pascua del Señor! El pueblo judío pasó a través del Mar Rojo para ser librado del Faraón envenenado por el pecado. ¿Cómo? Con la ayuda de Dios. Pues «el Señor iba delante de ellos, de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarlos, a fin de que anduvieran de día y de noche» (cfr. Éxodo 13:21). Esta columna de nube y de fuego era precisamente la gozosa luz de la Luz que no mengua, el Verbo de Dios. Y tras cruzar el Mar Rojo, aquellos que hasta entonces habían sido esclavos entraron a la libertad, clamando al Señor: «[Él] ha triunfado gloriosamente; al caballo y a su jinete ha arrojado al mar» (cfr. Éxodo 15:1). Esta fue la Pascua del pueblo escogido de Dios, la simiente de la fe de Abraham. Y la Pascua que celebramos hoy es la Pascua del Señor—verdaderamente, el paso de Aquel que condujo al pueblo judío de la esclavitud a la libertad. Así que esta es la Pascua del Señor, que tiene un carácter universal. Es por esto que el himnógrafo de la Iglesia llama a todos los pueblos de todo tiempo y nación, y no a una sola nación, a celebrar la Pascua del Señor, esto es, el paso de Cristo de la muerte y la tumba a la vida, para que todos podamos pasar con Él de la esclavitud del pecado y la muerte a la libertad de la vida.

Viendo esta dimensión de la fiesta de la Resurrección de Cristo, queridos hijos espirituales, dejemos todo afán terrenal, y junto a los ángeles del cielo y al coro de los santos, vivamos esta nueva realidad de vida divina en Cristo Jesús. ¡Cantemos y alabemos la Causa de nuestra salvación! Nuestra canción es triunfante porque la muerte ha sido destruida por la muerte. El veneno fulminante de la muerte ha perdido su poder letal. ¿Cómo? Por el poder y la bondad del Dios-hombre Cristo, pues Él es una oveja sin mancilla que tomó los pecados del mundo sobre sí mismo y se entregó para ser crucificado. El pecado y la muerte ya no son el alfa y la omega de la vida. El Cristo resucitado es el Alfa y la Omega, el principio y el fin de nuestra santificación. ¡Con virtudes divinas y esfuerzos ascéticos, apresurémonos a una nueva y virtuosa vida en el Jesucristo resucitado!

Viviendo en tiempo y espacio, los cristianos debemos medir todo y a todos de acuerdo con los valores de Cristo. No ignoramos esta vida ni a este mundo, ni los despreciamos. Al contrario, los santificamos con la gracia de Dios, que lo santifica todo. Este mundo puede ser transformado por las energías de Cristo, el Dios-hombre resucitado. Es por esto que el Señor dijo sin ambages a los cristianos: «Vosotros sois la luz del mundo» (cfr. San Mateo 5:14). Es decir: solo con vosotros y a través de vosotros este mundo puede ser transformado y salvo. El Salvador también añade: ¡En este mundo tendréis muchas tribulaciones! Seréis perseguidos así como yo fui perseguido y crucificado; ¡la copa de la cual he bebido, también vosotros beberéis! Pero confiad, pues yo he vencido al mundo (cfr. San Juan 16:33; San Mateo 20:23 San Marcos 10:39; San Juan 15:20). Y a pesar de todo el sufrimiento que la Iglesia de Cristo ha experimentado a través de los siglos, y que padece aún hoy, los cristianos son aún «la luz del mundo», tal como Él mismo era la única Luz del mundo en medio de las tinieblas que cubrieron a Jerusalén en el Gran Viernes Santo.

Así como en aquel tiempo todo el sanedrín de los judíos (los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo) estaba opuesto a Cristo el Salvador y condujo a mucho del pueblo a estar contra Él, del mismo modo el «nuevo sanedrín» lucha contra Cristo y su Iglesia; lucha contra el Bien en este mundo. Hace todo lo que puede para convertir este mundo en su feudo pecaminoso y para poner todo bajo su autoridad, usando cualquier método. Por esto es imperativo que todos los cristianos libren una batalla espiritual por este mundo y por el dominio del Bien en el mismo. El Bien que el Dios-hombre ha traído y concedido al mundo mediante su Resurrección no puede ser vencido. «No temáis», dijo el Salvador. Regocijémonos, pues, y gocémonos, como lo hizo el pueblo escogido tras cruzar el Mar Rojo, clamando: ¡Cristo ha resucitado; el Señor ha triunfado gloriosamente!

Desafortunadamente, somos testigos de los grandes pecados cometidos diariamente en el mundo. Desde la concepción, el niño inocente teme por su vida en el vientre de su madre. Millones de personas comunes y corrientes son víctimas de la pobreza y el hambre, mientras unos pocos viven en riquezas y placeres carnales. Muchas naciones defienden su libertad, ganada con sangre y sufrimiento, contra la agresión de la globalización.

En nombre de una libertad y democracia falsas, se imponen soluciones decidas de antemano. Somos testigos del nuevo drama—de nuevo, el drama de nosotros, los ortodoxos serbios—en Kosovo y Metohija. Nuestro pueblo también es afligido con muchas tribulaciones en Bosnia y Herzegovina, Croacia, y tristemente, en Montenegro.

No podemos dejar de mencionar el Gólgota, el Viernes Santo, de nuestro Kosovo y Metohija, y la conciencia entenebrecida de aquellos que, pisoteando el orden de ley universal, se otorgan el derecho de pasar juicio a sangre fría no solo sobre los cambios impuestos en el estatus político de Kosovo y Metohija, sino también sobre nuestra historia y cultura enteras, y sobre la soberanía de Serbia. En Kosovo y Metohija, el Gólgota del pueblo serbio ha estado ocurriendo durante siglos. Esto es visto y sabido por todos, excepto aquellos son ciegos a la verdad y sordos a la justicia. Oímos a «herreros» forjando nuevos clavos y lanzas con la intención de repetir y prolongar el Gólgota del pueblo serbio en Kosovo y Metohija. Todo esto lo hacen con la «bendición» de los que juran por la justicia, la libertad y la democracia, pero sólo para sí mismos. Sin embargo, aún creemos en la conciencia de la humanidad objetiva, que fue recientemente confirmada por la Corte Internacional de Justicia en La Haya. Aunque el más alto tribunal de justicia ha decidido esto tras examinar todos los documentos a favor y en contra, aún se escucha el clamor: ¡Crucificad al pueblo serbio, crucificadle!

Mas nosotros, queridos hijos espirituales, no podemos rendirnos, no podemos temer a causa de la injusticia. ¡En cambio, encomendemos toda nuestra vida a Cristo nuestro Dios! Cristo no cometió pecado, ni hubo engaño en su boca, pero aún así fue condenado y crucificado; sin embargo, también resucitó gloriosamente. Si, Dios no lo quiera, el pueblo serbio en Kosovo y Metohija padece aún otra crucifixión, más terrible que las demás, permanezcamos con Cristo: no calumniemos ni meditemos males, sino en cambio oremos, y desde la cruz demos testimonio del amor de Dios por todo y por todos. Demos testimonio de Cristo, el Vencedor de la muerte, el pecado y toda injusticia. Aquellos que hacen mal a otros hacen algo peor contra sí mismos. Tarde o temprano, si no se arrepienten, llorarán amargamente.

Celebrando la Resurrección de Cristo con todos los cristianos del mundo, nos regocijamos y nos gozamos con ellos y con toda la creación de Dios, y gozosamente clamamos a todos:

¡CRISTO HA RESUCITADO!


Dado en el Patriarcado de Serbia en Belgrado, en la Pascua de 2006.

Vuestros intercesores ante el Señor, el Patriarca juntamente con el episcopado en pleno de la Iglesia Ortodoxa Serbia.

miércoles, 25 de abril de 2007


Icono de San Juan de Rila

escrito por el P Nicolás para la Parroquia de Alicante

Desde hace tiempo, existía el deseo de los fieles búlgaros de poder tener un icono de San Juan de Rila en la parroquia. Trajeron uno pequeño de Bulgaria pero el tener un icono que pudiera se santificado era una asignatura pendiente.

El icono ha sido pintado siguiendo los cánones de la tradición iconográfica bizantina, al temple de huevo y sobre una tabla curada de madera de tilo de 43x30 cm.

Si Dios quiere será bendecido el próximo sábado después de las vísperas.

P Nicolás Vera

sábado, 14 de abril de 2007

La Parroquia Santos Andrés y Nicolás de Alicante, fue fundada hace cuatro años por el P Nicolás Vera. pertenece a la Iglesia Ortodoxa Española, bajo la jurisdicción del patriarcado de Serbia. La parroquia acoge a cuantos cristianos ortodoxos se acercan a ella.

La comunidad parroquial está formada principalmente por rumanos, participando también fieles de nacinalidad griega, búlgara, rusa y ucraniana. Los oficios se realizan en rumano y castellano introduciendose elementos en eslavón y griego.

Se veneran en la parroquia iconos traídos de Grecia, Rumanía y Rusia, habiendo también de producción propia escritos tanto por el P Nicolás como por la iconógrafa de la parroquia Juliana Leonte. Los más venerados son los de los Santos Patrones, San Andrés y San Nicolás, el de Santa Paresqueva de la Iasi, San Nektario de Egina y el de la Madre de Dios copia de el existente en el monasterio de Nicula en Rumanía.

Así mismo son veneradas Santas Reliquias traídas desde diversos lugares de la Ortodoxia y que son presentadas a los fieles en los días de las fiestas correspondientes. Son las más importantes las de la Santa y vivificante Cruz, la del vestido de la Madre de Dios, de San Juan Bautista, de los Santos Evangelistas, del Apóstol San Andrés y de San Felipe, de San Demetrio de Tesalónica,de San Antonio el Grande, de San Macario de Egipto, de los Santos Diáconos Lorenzo y Vicente, de Santa Eulalia de Barcelona, de las Santas Mártires Catalina, Bárbara, Cristina, Cecilia e Inés y de los Santos Neomártires Griegos Rafael, Nicolás e Irene.