domingo, 31 de marzo de 2019

La Cruz +
Al principio hubo un árbol en el jardín del Edén. Nuestros padres desobedecieron a Dios y comieron de su fruto y por su desobediencia la muerte y el pecado entraron en el mundo que Dios había creado.
En el momento culminante de la historia, encima de una roca hubo un árbol seco, símbolo de muerte y de tortura, a él subió Cristo, el Dios-Hombre, cargando con nuestros pecados, obedeciendo hasta la muerte, De este árbol estéril ha brotado la vida, comiendo de su fruto obtenemos la vida eterna. La muerte ha sido vencida con su muerte en la Cruz..
El último día, cuando Cristo el Señor venga con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos, un Árbol servirá de balanza, pues en ese árbol se manifestó el infinito amor de Dios a los hombres y en el serán pesadas nuestras obras con la medida del amor.

viernes, 22 de marzo de 2019

SOBRE EL AYUNO

"Cuidado con aquéllos que consideran que el ayuno es sólo dejar de comer, Los que se abstienen de comer pero siguen pecando se pueden comparar con el demonio, que no come y no deja de pecar." (San Basilio el Grande)


HORARIO
22 de marzo: Fiesta de los Cuarenta Mártires de Sebaste (Calendario eclesiástico)
17:30 hh Horas
18:00 hh Liturgia de los Dones Presantificados. 
23 de narzo: 
8:30 hh Horas
9:00 hh Divina Liturgia (Sábado de difuntos) Litia y bendición de las Colivas
18:30 hh Vecernia
24 de marzo: DOMINGO DE SAN GREGORIO PALAMÁS
8:00 hh Utrenie
9:00 hh Divina Liturgia
Al finalizar la Divina Liturgia, Vecernia del día de la Anunciación (Nuevo calendario)

lunes, 18 de marzo de 2019

PROCESIÓN DEL DOMINGO DE LA ORTODOXIA

Parroquia Ortodoxa de Alicante













DOMINGO DE LA ORTODOXIA


En la Liturgia anterior a la proclamación de este domingo como el domingo del Triunfo de la Fe Ortodoxa, de la veneración de los Santos Iconos frente a la herejía de la iconoclastia, después del VII Concilio Ecuménico, en el día de hoy se celebraba a todos los Profetas que habían anunciado a Cristo.
Adán cayó, pecó y fue expulsado del Paraíso. Creado a imagen de Dios, lo contemplaba cara a cara, pero con el pecado destruyó esta imagen, se separó de Dios, fue expulsado del paraíso y entró la muerte en el mundo, quedando esclavo del pecado y del demonio.
Los Profetas del Antiguo Testamento, por inspiración de Dios anunciaron la encarnación del Verbo; Dios se les manifestó, les habló y reveló aquello que por la fe proclama en el Evangelio Natanael: “Rabí, Tú eres el Hijo de Dios, el Rey de Israel” Cristo es el Mesías que ellos anunciaron; en Cristo se cumplen todas las profecías; Cristo vence a la muerte y al pecado; aplasta bajo su pie a Satanás. Él es el nuevo Adán que nos abre las puertas del Paraíso.
Este Logos divino cuya encarnación fue anunciada en el Antiguo Testamento por los Santos Profetas es Cristo. Cristo es verdaderamente Dios, consubstancial con el Padre, y es verdaderamente hombre, consustancial con el hombre, menos en el pecado.
Cristo es el fuego que arde en la zarza del Sinaí sin consumirla y ante quién se postra Moisés y que era imagen del seno de la Santa Madre de Dios, que en si contuvo al que creo el universo, al Dios infinito que no la destruye al encerrarse en su seno finito.
Él es el autor de la nueva alianza firmada con su sangre, él es el que nos da la nueva ley pactada en el nuevo Sinaí, el Calvario.
Cristo murió, sus manos y pies fueron taladrados, descoyuntaron todos sus huesos; Cristo es el Rey de la gloria que destroza las puertas y dinteles del Hades con su Resurrección, según lo cantó el profeta y rey David.
Cristo es “Dios con nosotros” al que la Virgen da a luz; Él será la luz para todas las naciones, según lo anunció el profeta Isaías.
Lo que los profetas anunciaron bajo imágenes, nosotros lo hemos visto y lo proclamamos.
Los judíos no podían representar a Dios en imágenes porque: “Nadie ha visto a Dios”. Cuando los hebreos al pie del Sinaí, cansados de esperar la bajada de Moisés, quieren hacer una imagen de Dios para adorarlo, lo representan como un becerro, tal y como lo habían visto hacer en Egipto.
Nosotros, por la encarnación si que podemos representarlo, la prohibición de la Antigua Alianza ha caído porque Dios se ha encarnado, porque Dios está con nosotros, porque el Logos Divino se ha hecho hombre Cristo nuestro Dios.
Negar las sagradas imágenes es negar el misterio de la Encarnación divina, es negar que Cristo es Dios. Cuando nos postramos ante su purísima imagen, no adoramos el soporte de la imagen, ni tan siquiera la imagen misma sino a Aquél a quien la imagen representa.
Representamos también a la purísima Madre de Dios y a los Santos a los cuales no adoramos, sino que veneramos por encontrar en ellos los modelos a seguir en el camino que nos conduce a Cristo. Él es la Luz verdadera que nos ilumina y los santos representados en los santos iconos aparecen transfigurados por esta luz que ilumina sus rostros y envuelve sus vestiduras; luz divina e increada que manifiesta en ellos la imagen divina, su divinización y que hace de los Santos Iconos la representación del hombre purificado, de su naturaleza restaurada, de la semejanza de Dios.
En Cristo vemos al Padre: “Quien a mí me ve, ve al Padre”; de la misma manera en cada hombre vemos el icono de Cristo porque “Cuando hicisteis alguna de estas cosas con ellos a mi me lo hicisteis”. Por ello el diácono después de incensar los iconos inciensa al pueblo y se inclina ante él como imagen de Cristo.
Pero el hombre puede desfigurar en si está imagen por el pecado. Cada uno de nosotros se convierte en un iconoclasta que pisotea y destroza la imagen de Cristo que hay en él cuando peca, cuando se aparta de la luz de la gracia para entrar en las tinieblas del pecado, cuando no reconoce en sí la imagen de su Creador, cuando no reconoce en los demás la imagen de Dios. La gula, la fornicación, la avaricia, la tristeza, la cólera, la acedía, la vanagloria y el orgullo destruyen al hombre y lo conducen a la muerte.
Sin embargo, cuando contemplamos a los Santos en los iconos notamos que, si han sido pintados según los cánones ortodoxos, las imágenes son alargadas en una extensión permanente hacia Dios, tratando de hacer más espacio en ellos para que la Luz divina e increada brille a través de ellos. Esto lo podemos hacer realidad en nuestras vidas por medio del ayuno. Por medio de él nuestro cuerpo y nuestra alma se purifican de los pecados y de las pasiones, la naturaleza se afila, se “adelgaza” se espiritualiza y se limpia para que la luz de Dios pueda iluminar nuestras vidas después de esta purificación.
En la Creación, después de tres días Dios creo el sol. Cristo al tercer día se levanta de la tumba, sale de la oscuridad de la muerte. La Resurrección nos revela que ya no estamos bajo el dominio de la muerte que ha sido vencida; que el mundo ya no está dirigido a la muerte, sino a la transfiguración. Anticipándonos a esta transfiguración futura, a los nuevos cielos y la nueva tierra, el ayuno para nosotros es un estado de normalidad que como decíamos en el domingo anterior, nos retrotrae a ese Paraíso anterior a la caída. El ayuno junto a las buenas obras, a la ascesis y a la oración hacen a nuestro corazón sensible a la manifestación de la luz de Dios y de su gracia.
La fiesta de hoy nos brinda la oportunidad de actualizar, vivificar y fortalecer nuestra fe por medio de la celebración de la victoria de la Ortodoxia sobre todos los errores.
Afiancemos nuestra esperanza en que Dios conserve en nosotros su imagen santa.
Mantengámonos por medio de esta Santa Cuaresma en el amor de Dios, buscando por medio de las buenas obras honrar la imagen de Dios en nuestro prójimo.

viernes, 15 de marzo de 2019



CUARESMA Y PEREZA
El período de la Sagrada y Gran Cuaresma en el que hemos entrado este año una vez más por la gracia y la filantropía de Dios, no es solo un período de ayuno y abstención de ciertos alimentos, sino que es principalmente un período de ayuno de las pasiones, que puede ser transformadas por la gracia increada de Dios en virtudes, y ser beneficiosa tanto para nosotros como para nuestros prójimos.
Por eso Basilio el Grande describe el verdadero ayuno como "ser un extraño al vicio, controlar la lengua, abstenerse de la ira, distanciarse de la lujuria, de hablar mal, de mentir, del perjurio".
Además, es un período en el que tenemos que tratar con nosotros mismos y experimentar la virtud olvidada del autoconocimiento. Si lo conocemos, seremos guiados al arrepentimiento y la visión de Dios.
San Isaac el Sirio dice: "El que percibe sus pecados, es mayor que el que resucita a los muertos con su oración. El que se hace digno de verse a sí mismo, es mayor que el que es digno de ver a los ángeles".
El conocimiento propio también nos liberará del espíritu maligno que da origen a situaciones pecaminosas y mórbidas dentro de nuestras almas, como la pereza, la curiosidad vana, el amor por el poder y la conversación ociosa, de las que se habla especialmente durante este período, ya que se hace referencia a ellas. En la conocida oración de San Efrén el Sirio.
¿Qué es la pereza?
La pereza es la ociosidad y la inacción. "El que es perezoso y ocioso, ¿deja alguna tontería sin decir, algo malo que no ha oído?", dice San Basilio el Grande, y agrega: "La inacción sin temor de Dios es un maestro del mal y la maldad para aquellos que pasan su tiempo sin propósito. La pereza es el fundamento de la maldad. "
Por lo tanto, cuando alguien no está involucrado en un trabajo creativo, estando inactivo, comienza a pensar y hacer cosas pecaminosas y malvadas, conspirar contra sus hermanos, calumnia y acusa.
Es la fuente de todo mal ya que enseña todos los males y los que lo aman se convierten en maestros principiantes de la maldad. Y para mostrar lo peligroso que es un estado perezoso, destaca: No hay nada, absolutamente nada que no sea destruido por la pereza. Incluso el agua estancada se echa a perder, pero la que corre y conserva sus propiedades. Y se puede ver que la tierra no cultivada no posee nada bueno, excepto la hierba y las espinas y los arbustos y los árboles sin frutos, pero lo que se cultiva está lleno de frutos.
Por lo tanto, la pereza eventualmente lleva a la muerte espiritual, que es la separación del alma de Dios, razón por la cual los Padres de la Iglesia, que son anatomistas del alma y médicos experimentados, la clasifican correctamente entre uno de los pecados mortales.
Es lo que condenó a las cinco vírgenes insensatas y sin sentido en los evangelios, ya que pierden completamente el Reino de Dios y están fuera de la cámara nupcial.
Finalmente, en la Parábola de los talentos, la pereza hizo que Cristo hablara severamente pero con justicia al tercer siervo de la parábola, llamándolo "malvado y perezoso", mientras alababa a los otros dos siervos por la diligencia y el cuidado que mostraban.
Es tiempo, por lo tanto, que nos volvamos espiritualmente activos y diligentes en la alimentación de nuestras almas inmortales.
Es hora de apresurarnos a los Misterios Sagrados de la Iglesia para purificarnos de la suciedad de nuestros pecados.
Es hora de que mostremos el espíritu de trabajo a nuestros compañeros, a los desafortunados, a los enfermos ya todos los necesitados.
Es hora de vivir la adoración de la Iglesia, dentro del espíritu de amor, para enseñar lo que es bueno, para que podamos dar mucho fruto y que este fruto permanezca por toda la eternidad.


HORARIO
Viernes, 15 de marzo
18:00 hh Horas y Spovedanea
18:30 hh Liturgia de los Dones Presantificados (Proghiasmeni)
Sábado, 16 de marzo. SÁBADO DE SAN TEODORO (memoria de los difuntos)
9:00 hh Divina liturgia y bendición de las colivas
18:30 hh Vecernia
Domingo, 17 de marzo DOMINGO DE LA ORTODOXIA
8:00 hh Utrenie
9:00 hh Divina Liturgia y Procesión con los Santos Iconos.
¡Gloria a Dios por todo!


martes, 12 de marzo de 2019

Martes I de Cuaresma 

Final de las Grandes Completas y comentario al Evangelio del día

Los tres pilares de la Cuaresma son el ayuno, la limosna y la oración.



¿POR QUÉ AYUNAMOS LOS CRISTIANOS ORTODOXOS?

Al ayunar, un hombre levanta su alma sobre su prisión terrenal y penetra a través de la oscuridad de la vida animal a la luz del Reino de Dios, a su propia verdadera patria.

El ayuno hace al hombre fuerte, decisivo y valiente ante los hombres y los demonios.

El ayuno hace al hombre generoso, manso, misericordioso y obediente.

Al ayunar, Moisés se hizo digno de recibir los Mandamientos de las manos de Dios.

Al ayunar, Elías cerró los cielos, de modo que no hubo lluvia durante tres años; mediante el ayuno, hizo descender el fuego del cielo sobre los adoradores de los ídolos, y al ayunar se hizo tan puro que pudo, en el Horeb, hablar con Dios.

Al ayunar, Daniel fue librado de la muerte en el pozo de los leones, y los Tres Niños del horno de fuego.

Al ayunar, el rey David elevó su corazón al Señor, y la gracia de Dios descendió sobre él y cantó las oraciones más dulces y sobresalientes que cualquier hombre, antes de la venida de Cristo, haya levantado a Dios.

Al ayunar, el rey Josafat aplastó a sus enemigos, los amonitas y los moabitas.

Al ayunar, Esther y los judíos fueron salvados de la persecución de Haman.

Al ayunar, la ciudad de Nínive se salvó de la destrucción que el profeta Jonás había profetizado.

Al ayunar, Juan el Bautista se convirtió en el más grande de los nacidos de mujer.

Armado por el ayuno, San Antonio venció a las hordas de demonios y los expulsó lejos de él. Pero no sólo San Antonio, un ejército incontable de santos cristianos, tanto hombres como mujeres, se han purificado a sí mismos mediante el ayuno, se han fortalecido a sí mismos y se han convertido en los héroes más grandes de la historia humana. Porque conquistaron lo que es más difícil de superar: a ellos mismos. Y, al conquistarse a sí mismos, conquistaron al mundo y a Satanás.

San Basilio dice: "El ayuno fortalece el alma".

San Diodoro dice: "Los verdaderos ascetas se abstienen de comer, no porque consideren que eso es malo en sí mismo, sino en orden, a través de la restricción, de frenar a los miembros ardientes del cuerpo".

San Jerónimo dijo: "Para Dios, el Creador y el Señor del universo, el sonido de un estómago retumbante no es necesario, pero sin él no puede haber castidad".

Y finalmente, ¿no comenzó el Señor Jesús mismo con el ministerio divino de la salvación de la humanidad con un ayuno de cuarenta días? ¿Y no mostró Él, de esta manera, claramente que debemos comenzar seriamente nuestra vida como cristianos con el ayuno? Por su propio ejemplo, el Señor nos mostró cuán grande es el arma del ayuno. Con esta arma, venció a Satanás en el desierto, y con él venció a las tres pasiones satánicas principales con las que Satanás lo tentó: el amor a lo fácil, el amor a la alabanza y el amor al dinero. Estas son tres codicias destructivas, las tres trampas más grandes con las que el enemigo malvado de la raza humana atrae a los soldados de Cristo.

San Nicolás de Zica

lunes, 11 de marzo de 2019





EL SANTO AYUNO

Ayuna de juzgar a los demás.

Ayuna de decir palabras que ofendan.
Ayuna de ser desagradecido.
Ayuna de enojarte.
Ayuna de las preocupaciones inútiles.
Ayuna de la mentira.
Ayuna de los chismes.
Ayuna de tus pasiones.
Ayuna de darte importancia.
Ayuna de preocuparte por nada.
Ayuna de desanimarte.

Ayuna de todo lo que te separa de Dios.
No ayunes de la oración.
No ayunes de participar en los Santos Misterios.
No ayunes del amor.
No ayunes de la esperanza.
No ayunes de la paciencia.
No ayunes de perdonar.
No ayunes de comprender a los demás.
No ayunes de todo aquello que te acerca a Dios.






martes, 5 de marzo de 2019

LA SEMANA DE LOS LÁCTEOS
La semana de los lácteos previa al Domingo de la Expulsión de Adán del Paraíso, último de los domingos antes del inicio de la Gran Cuaresma, nos recuerda como estaban nuestros primeros padres en el jardín del Edén, y cual era su alimentación ausente totalmente de carne. 

El no comer carne, se cumple estrictamente en los monasterios ya que la profesión monástica es un anticipo en este mundo de esa vuelta a la situación previa a la caída de Adán.

El domingo recordaremos precisamente que la expulsión del Paraíso se debe a que Adán rompió el ayuno que le había impuesto Dios sobre el fruto del árbol del bien y del mal.

miércoles, 27 de febrero de 2019



EL JUICIO FINAL

El hijo pródigo reconoció su culpa y se levantó y volvió a la casa de su Padre. Lleno de dolor por los pecados cometidos, se postró ante Él suplicando su perdón que reconocía humilde que no merecía. Tocó fondo, llegó a lo más humillante que podía haber para un judío: cuidar cerdos. ¿Y qué es si no el pecado? La humillación más terrible, la miseria más baja, la enfermedad mortal para el cuerpo y el alma. Pero reconoce su pecado y la bajeza a la que le ha conducido y se acuerda de su Padre. Así el pecador que reconoce su culpa, se levanta y arrepentido vuelve a la Iglesia implorando la misericordia de Dios, la derrama a raudales sobre él por medio del misterio saludable de la penitencia por el que recuperamos la túnica resplandeciente del bautismo, el anillo de la filiación divina y participamos en el banquete en el que Cristo se nos ofrece como alimento de salvación.

Pero, ¡Ay! Mirad, que llegará el día terrible del Juicio. Después del domingo del Hijo Pródigo se nos presenta la realidad última, el momento culmen hacia el camina la Historia en que Cristo vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Ninguno de nosotros escapará a este momento terrible en el que los muertos se levantarán de sus tumbas y junto a los vivos se pondrán delante del justo Juez ante el cual no valdrán escusas. La misericordia que se nos ofrecía en vida, se tornará en justicia; la oportunidad de arrepentimiento que rechazábamos mientras vivíamos ya no se nos ofrecerá y ante nosotros aparecerán todas nuestras obras. Escucharemos la justa sentencia y si no nos arrepentimos en su momento, si no cambiamos de vida, si no volvimos a la casa del Padre con lágrimas en los ojos y contrición el corazón, si no cambió nuestra vida y nos condujimos según los mandamientos del Evangelio, escucharemos la terrible sentencia: "Ve, maldito, al fuego eterno que está preparado para el diablo y sus ángeles".

¿Cómo podemos describir todo esto sino es con lágrimas en los ojos? ¿Tan duro es nuestro corazón que no hacemos caso de las enseñanzas del Divino Maestro? ¿Cómo podemos ser tan necios para engañarnos una y otra vez diciéndonos: ya cambiaré mi vida más adelante? ¿No sabes que está noche puedes ser llamado a presentarte ante Dios?


Este es el tiempo propicio, este es el tiempo de la misericordia, este es el tiempo saludable en el que se nos ofrece la sanación. ¡No lo despreciemos!


jueves, 24 de enero de 2019


Por nuestra falta de fe vivimos apresurados, inquietos, de aquí para allá. Nos olvidamos de lo que nos dice Cristo en el Evangelio:

"Por esto os digo: No os inquietéis por vuestra vida, sobre qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, sobre qué os vestiréis. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido? Mirad cómo las aves del cielo no siembran, ni siegan, ni encierran en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? ¿Quién de vosotros con sus preocupaciones puede añadir a su vida un solo codo? Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Mirad a los lirios del campo cómo crecen: no se fatigan ni hilan. Yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana es arrojada al fuego, Dios así la viste, ¿no hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No os preocupéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, qué beberemos o qué vestiremos? Los gentiles se afanan por todo eso; pero bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso tenéis necesidad.' Buscad, pues, primero el reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura No os inquietéis, pues, por el mañana; porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes; bástale a cada día su afán."'(Mt 6, 25-34)

Fe, fe, ay, el don divino, el regalo que no tiene precio pues infinito es su valor, esto es lo que nos falta, y sin embargo no clamamos con los ojos llenos de lágrimas día y noche a Dios para que nos lo conceda.

No nos apresuremos a correr hacia el “mañana”. Vivamos hoy, aprendamos a ver hoy la voluntad de Dios en nuestras vidas para el hoy que estamos viviendo y sobre todo tengamos una determinación inquebrantable para cumplirla a cada segundo.


miércoles, 23 de enero de 2019

"NO AMEMOS AL MUNDO"


El apóstol Juan el Teólogo, nos dice: "No amemos al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él" (I Jn 2,15). ¿Podría esto realmente ser una llamada a rechazar la creación de Dios?

El espíritu general presente en los escritos de San Juan, y también el de todo el Nuevo Testamento, descarta la posibilidad de tal interpretación.

El mundo hacia el cual el apóstol Juan nos llama a ser hostiles no es el mundo creado por Dios, sino esa enfermedad espiritual con la que el mundo fue golpeado, y de la cual el hombre puede, y está llamado a liberarse por el poder. del Espíritu Santo, que vive solo en la Iglesia de Cristo, en todos sus Misterios y especialmente en el Misterio de la Sagrada Eucaristía. Una persona, especialmente un cristiano ortodoxo, no puede menos que amar el mundo creado por Dios, el mundo con el que está atado eternamente en el acto de la Creación.

A través del ascetismo y el monacato, la persona restaura la imagen de Dios en sí misma, contribuyendo así a la curación del mundo entero, para regresar a la gloria y perfección con la que había coronado su creación.

"LOS HOMBRES HAN OLVIDADO A DIOS"
El premio Nobel, el autor cristiano ortodoxo y disidente ruso, Alexander Solzhenitsyn, en su discurso titulado "La falta de Dios: el primer paso hacia el gulag", dado cuando recibió el Premio Templeton para el Progreso en la Religión en mayo de 1983, explicó cómo la revolución rusa y la toma poder por los comunistas se vio facilitada por una mentalidad atea y un largo proceso de secularización que alejó a la gente de Dios y la moral y las creencias cristianas tradicionales. Concluyó acertadamente: “Los hombres han olvidado a Dios; Es por eso que todo esto ha sucedido ".
A continuación ponemos el texto de la conferencia dada en Templeton . Los paralelismos con la crisis actual y la decadencia moral en la sociedad española son sorprendentes y aterradores. ¡Los que tengan oídos para oír, que oigan!
"Los hombres han olvidado a Dios" - El discurso de Templeton
por Aleksandr Solzhenitsyn
Hace más de medio siglo, cuando aún era un niño, recuerdo haber escuchado a varias personas mayores ofrecer la siguiente explicación para los grandes desastres que habían ocurrido en Rusia: los  hombres han olvidado a Dios; Es por eso que todo esto ha sucedido.
Desde entonces he pasado casi cincuenta años trabajando en la historia de nuestra Revolución; En el proceso, he leído cientos de libros, recopilado cientos de testimonios personales y ya he contribuido con ocho volúmenes propios para el esfuerzo de eliminar los escombros dejados por esa agitación. Pero si hoy se me pidiera que formulara lo más concisamente posible la causa principal de la ruinosa Revolución que asesinó a unos sesenta millones de personas, no podría explicarlo con más precisión que repitiendo: los  hombres han olvidado a Dios; Es por eso que todo esto ha sucedido.
Además, los acontecimientos de la Revolución rusa solo pueden entenderse ahora, a finales de siglo, en el contexto de lo que ha ocurrido en el resto del mundo. Lo que surge aquí es un proceso de significación universal. Y si me pidieran que identificara brevemente el rasgo principal de  todo el  siglo XX, sería incapaz de encontrar algo más preciso y conciso que repetir una vez más:  hombres han olvidado a Dios.
Las faltas de la conciencia humana, privadas de su dimensión divina, han sido un factor determinante en todos los principales crímenes de este siglo.
El primero de ellos fue la Primera Guerra Mundial, y gran parte de nuestra difícil situación actual se remonta a ella. Fue una guerra (cuyo recuerdo parece estar desapareciendo) que se produce cuando Europa, rebosante de salud y abundancia, cayó en una furia de automutilación que no pudo sino minar su fuerza durante un siglo o más, y quizás para siempre. La única explicación posible para esta guerra es un eclipse mental entre los líderes de Europa debido a su pérdida de conciencia de un Poder Supremo por encima de ellos. Solo una amargura sin Dios podría haber movido a los estados aparentemente cristianos a emplear gas venenoso, un arma tan obviamente más allá de los límites de la humanidad.
El mismo tipo de defecto, el defecto de una conciencia que carece de toda dimensión divina, se manifestó después de la Segunda Guerra Mundial cuando Occidente cedió a la tentación satánica del "paraguas nuclear". Era equivalente a decir: "Desechemos las preocupaciones, liberémonos". La generación más joven de sus deberes y obligaciones, no hagamos ningún esfuerzo por defendernos, por no decir nada de defender a los demás; detengamos nuestros oídos a los gemidos que emanan del Este, y vivamos en cambio en la búsqueda de la felicidad. Si el peligro nos amenaza, estaremos protegidos por la bomba nuclear; Si no, deja que el mundo arda en el infierno por todo lo que nos importa. El lamentable estado de impotencia al que se ha hundido el Occidente contemporáneo se debe en gran medida a este error fatal: la creencia de que la defensa de la paz no depende de corazones robustos y de hombres firmes,
El mundo de hoy ha alcanzado una etapa que, si hubiera sido descrita en los siglos anteriores, habría gritado: "¡Esto es el Apocalipsis!"
Sin embargo, nos hemos acostumbrado a este tipo de mundo; Incluso nos sentimos como en casa.
Dostoievski advirtió que "grandes eventos podrían venir sobre nosotros y atraparnos intelectualmente desprevenidos". Esto es precisamente lo que ha sucedido. Y predijo que "el mundo se salvará solo después de que haya sido poseído por el demonio del mal". Ya sea que realmente se salve, tendremos que esperar y ver: esto dependerá de nuestra conciencia, de nuestra lucidez espiritual, de nuestros esfuerzos individuales, combinados ante circunstancias catastróficas. Pero ya ha pasado que el demonio del mal, como un torbellino, recorre triunfalmente los cinco continentes de la tierra ...
En el momento de la Revolución, la fe prácticamente había desaparecido en los círculos educados rusos; y entre los incultos, su salud estaba amenazada.
En su pasado, Rusia conocía un momento en que el ideal social no era la fama, la riqueza o el éxito material, sino un modo de vida piadoso. Rusia se sumergió entonces en un cristianismo ortodoxo que se mantuvo fiel a la Iglesia de los primeros siglos. La ortodoxia de esa época sabía cómo salvaguardar a su gente bajo el yugo de una ocupación extranjera que duró más de dos siglos, mientras que al mismo tiempo se defendía de los malos golpes de las espadas de los cruzados occidentales. Durante esos siglos, la fe ortodoxa en nuestro país se convirtió en parte del patrón del pensamiento y la personalidad de nuestra gente, las formas de la vida cotidiana, el calendario laboral, las prioridades en cada empresa, la organización de la semana y del año. La fe fue la fuerza que forma y unifica a la nación.
Pero en el siglo XVII, la ortodoxia rusa se vio gravemente debilitada por un cisma interno. En el siglo XVIII, el país fue sacudido por las transformaciones impuestas por la fuerza del zar Pedro, que favorecieron a la economía, al estado y al ejército a expensas del espíritu religioso y la vida nacional. Y junto con esta escasa iluminación petrina, Rusia sintió la primera bocanada de secularismo; sus venenos sutiles impregnaron las clases educadas a lo largo del siglo XIX y abrieron el camino al marxismo. En el momento de la Revolución, la fe prácticamente había desaparecido en los círculos educados rusos; y entre los incultos, su salud estaba amenazada.
Fue Dostoievski, una vez más, quien se inspiró en la Revolución Francesa y su aparente odio a la Iglesia por la lección de que "la revolución debe comenzar necesariamente con el ateísmo". Eso es absolutamente cierto. Pero el mundo nunca antes había conocido una impiedad organizada, militarizada y tenazmente malévola como la practicada por el marxismo. Dentro del sistema filosófico de Marx y Lenin, y en el corazón de su psicología, el odio a Dios es la principal fuerza motriz, más fundamental que todas sus pretensiones políticas y económicas. El ateísmo militante no es meramente accidental o marginal a la política comunista; No es un efecto secundario, sino el pivote central.
La década de 1920 en la URSS fue testigo de una procesión ininterrumpida de víctimas y mártires entre el clero ortodoxo. Fueron fusilados dos metropolitanos, uno de los cuales, Veniamin de Petrograd, había sido elegido por el voto popular de su diócesis. El patriarca Tikhon mismo pasó por las manos de Cheka-GPU y luego murió en circunstancias sospechosas. Decenas de arzobispos y obispos perecieron. Decenas de miles de sacerdotes, monjes y monjas, fueron presionados por los chekistas para que renunciaran a la Palabra de Dios, fueron torturados, fusilados en bodegas, enviados a campamentos, exiliados a la desolada tundra del lejano norte, o arrojados a las calles en su vejez sin alimento ni cobijo. Todos estos mártires cristianos fueron incansablemente a su muerte por la fe; Los casos de apostasía fueron pocos y distantes entre sí. Para decenas de millones de laicos, el acceso a la Iglesia fue bloqueado,
Por un corto período de tiempo, cuando necesitaba reunir fuerzas para la lucha contra Hitler, Stalin adoptó cínicamente una postura amistosa hacia la Iglesia. Lamentablemente, este juego engañoso, continuado en los últimos años por Brezhnev con la ayuda de publicaciones de escaparate y otros adornos para tranquilizar a Occidente. Sin embargo, la tenacidad con que el odio a la religión está arraigado en el comunismo puede ser juzgada por el ejemplo de su líder más liberal, Krushchev, ya que él dio varios pasos importantes para extender la libertad, reavivó simultáneamente la frenética obsesión leninista con la religión con una inusitada furia destructora.
Pero hay algo que no esperaban: que en una tierra donde las iglesias han sido arrasadas, donde el ateísmo triunfante se ha desenfrenado sin control durante dos tercios de siglo, donde el clero es completamente humillado y privado de toda independencia, de donde queda lo que queda de la Iglesia como institución es tolerada solo por el bien de la propaganda dirigida a Occidente, donde incluso hoy en día se envía gente a los campos de trabajo por su fe, y donde, dentro de los campos, los que se reúnen para orar en Pascua son aplaudidos. Celdas de castigo: no podían suponer que bajo esta apisonadora comunista, la tradición cristiana sobreviviría en Rusia. Es cierto que millones de nuestros compatriotas han sido corrompidos y espiritualmente devastados por un ateísmo impuesto oficialmente, pero aún quedan muchos millones de creyentes:
Es aquí donde vemos el comienzo de la esperanza: no importa cuán formidablemente el comunismo se enrede con tanques y misiles, no importa el éxito que logre al apoderarse del planeta, está condenado a no vencer nunca al cristianismo.
Occidente aún tiene que experimentar una invasión comunista; La religión aquí permanece libre. Pero la propia evolución histórica de Occidente ha sido tal que hoy también se está experimentando un agotamiento de la conciencia religiosa. También ha sido testigo de cismas, guerras religiosas sangrientas y rencor, por no hablar de la marea del secularismo que, desde finales de la Edad Media en adelante, ha inundado progresivamente a Occidente. Esta reducción gradual de la fuerza desde dentro es una amenaza para la fe que quizás sea incluso más peligrosa que cualquier intento de asaltar la religión violentamente desde afuera.
Imperceptiblemente, a través de décadas de erosión gradual, el significado de la vida en Occidente ha dejado de ser visto como algo más elevado que la "búsqueda de la felicidad", un objetivo que incluso ha sido garantizado solemnemente por las constituciones. Los conceptos de bien y mal han sido ridiculizados durante varios siglos; desterrados del uso común, han sido reemplazados por consideraciones políticas o de clase de valor de corta duración. Se ha vuelto vergonzoso afirmar que el mal tiene su hogar en el corazón humano individual antes de ingresar en un sistema político. Sin embargo, no se considera vergonzoso hacer concesiones diarias a un mal integral. A juzgar por el continuo derrumbe de concesiones hechas ante los ojos de nuestra propia generación, Occidente está inevitablemente deslizándose hacia el abismo. Las sociedades occidentales están perdiendo más y más de su esencia religiosa a medida que ceden sin pensar a su generación más joven al ateísmo. Si se muestra una película blasfema sobre Jesús en todo Estados Unidos, uno de los países más religiosos del mundo, o si un periódico importante publica una caricatura desvergonzada de la Virgen María, ¿qué otra evidencia de la impiedad se necesita? Cuando los derechos externos están completamente restringidos, ¿por qué debería uno hacer un esfuerzo interno para abstenerse de los actos innobles? ¿Qué otra evidencia de la impiedad necesita? Cuando los derechos externos están completamente restringidos, ¿por qué debería uno hacer un esfuerzo interno para abstenerse de los actos innobles? ¿Qué otra evidencia de la impiedad necesita? Cuando los derechos externos están completamente restringidos, ¿por qué debería uno hacer un esfuerzo interno para abstenerse de los actos innobles?
¿O por qué debería uno abstenerse de quemar el odio, independientemente de su base: raza, clase o ideología? Tal odio en realidad corroe muchos corazones hoy. Los maestros ateos en Occidente están educando a una generación más joven en un espíritu de odio hacia su propia sociedad. En medio de toda la vituperación, olvidamos que los defectos del capitalismo representan los defectos básicos de la naturaleza humana, que permiten una libertad ilimitada junto con los diversos derechos humanos; olvidamos que bajo el comunismo (y el comunismo está respirando por todas partes las formas moderadas de socialismo, que son inestables), los fallos idénticos se revuelven en cualquier persona con el menor grado de autoridad; mientras que todos los demás bajo ese sistema sí alcanzan la "igualdad", la igualdad de los esclavos indigentes. Este ansioso abanico de las llamas del odio se está convirtiendo en la marca del mundo libre de hoy. En efecto, cuanto más amplias son las libertades personales, mayor es el nivel de prosperidad o incluso de abundancia; cuanto más vehemente, paradójicamente, se convierte este odio ciego. El Occidente contemporáneo desarrollado demuestra así con su propio ejemplo que la salvación humana no se puede encontrar ni en la profusión de bienes materiales ni simplemente en hacer dinero.
Este odio alimentado deliberadamente se extiende a todo lo que está vivo, a la vida misma, al mundo con sus colores, sonidos y formas, al cuerpo humano. El amargo arte del siglo veinte está pereciendo como resultado de este odio feo, porque el arte es infructuoso sin amor. En Oriente, el arte se ha derrumbado porque ha sido derribado y pisoteado, pero en Occidente, la caída ha sido voluntaria, un declive en una búsqueda artificial y pretenciosa donde el artista, en lugar de intentar revelar el plan divino, intenta poner El mismo en el lugar de Dios.
Aquí, nuevamente, somos testigos del resultado único de un proceso mundial, con Oriente y Occidente dando los mismos resultados, y una vez más por la misma razón: los hombres han olvidado a Dios.
Con tales eventos globales que se ciernen sobre nosotros como montañas, no, como cadenas montañosas enteras, puede parecer incongruente e inapropiado recordar que la clave principal de nuestro ser o no ser reside en cada corazón humano individual, en la preferencia del corazón por el bien específico. o malvado Sin embargo, esto sigue siendo cierto incluso hoy, y es, de hecho, la clave más confiable que tenemos. Las teorías sociales que prometieron tanto han demostrado su bancarrota, dejándonos en un callejón sin salida. Se podría haber esperado razonablemente que las personas libres de Occidente se dieran cuenta de que se encuentran acosadas por numerosas falsedades cultivadas libremente, y que no permitan que se les impongan mentiras con tanta facilidad. Todos los intentos de encontrar una salida a la difícil situación del mundo de hoy son infructuosos a menos que redirigamos nuestra conciencia, en el arrepentimiento, hacia el Creador de todo: sin esto, ninguna salida será iluminada, Y lo buscaremos en vano. Los recursos que hemos reservado para nosotros mismos están demasiado empobrecidos para la tarea. Primero debemos reconocer el horror perpetrado no por alguna fuerza externa, no por enemigos de clase o nacionales, sino dentro de cada uno de nosotros individualmente y dentro de cada sociedad. Esto es especialmente cierto en el caso de una sociedad libre y altamente desarrollada, ya que aquí, en particular, seguramente hemos traído todo sobre nosotros mismos, por nuestra propia voluntad. Nosotros mismos, en nuestro egoísmo cotidiano e irreflexivo, estamos apretando ese lazo ... Esto es especialmente cierto en el caso de una sociedad libre y altamente desarrollada, ya que aquí, en particular, seguramente hemos traído todo sobre nosotros mismos, por nuestra propia voluntad. Nosotros mismos, en nuestro egoísmo cotidiano e irreflexivo, estamos apretando ese lazo ... Esto es especialmente cierto en el caso de una sociedad libre y altamente desarrollada, ya que aquí, en particular, seguramente hemos traído todo sobre nosotros mismos, por nuestra propia voluntad. Nosotros mismos, en nuestro egoísmo cotidiano e irreflexivo, estamos apretando ese lazo ...
Nuestra vida no consiste en la búsqueda del éxito material, sino en la búsqueda de un crecimiento espiritual digno. Toda nuestra existencia terrenal no es más que una etapa de transición en el movimiento hacia algo superior, y no debemos tropezar y caer, ni debemos permanecer infructuosamente en un peldaño de la escalera. Las leyes materiales por sí solas no explican nuestra vida ni la orientan. Las leyes de la física y la fisiología nunca revelarán la manera indisputable en que el Creador constantemente, día tras día, participa en la vida de cada uno de nosotros, otorgándonos indefectiblemente la energía de la existencia; Cuando esta ayuda nos deja, morimos. Y en la vida de todo nuestro planeta, el Espíritu Divino seguramente se mueve con no menos fuerza: esto debemos captarlo en nuestra hora oscura y terrible.
A las esperanzas mal consideradas de los últimos dos siglos, que nos han reducido a la insignificancia y nos han llevado al borde de la muerte nuclear y no nuclear, solo podemos proponer una búsqueda decidida de la mano cálida de Dios, que tanto tenemos. Desprecio y confianza en sí mismo rechazado. Solo de esta manera nuestros ojos pueden abrirse a los errores de este desafortunado siglo veinte y nuestras bandas pueden dirigirlos a corregirlos. No hay nada más a lo que aferrarse en el deslizamiento de tierra: la visión combinada de todos los pensadores de la Ilustración no es nada.
Nuestros cinco continentes están atrapados en un torbellino. Pero es durante las pruebas como estas que se manifiestan los dones más elevados del espíritu humano. Si perecemos y perdemos este mundo, la culpa será solo nuestra.
Aleksandr Solzhenitsyn, "La falta de Dios: el primer paso para el Gulag". Conferencia del Premio Templeton, 10 de mayo de 1983 (Londres).