jueves, 18 de marzo de 2021

El Espíritu de la Cuaresma. Alexander Schmemann.

 



El Espíritu de la Cuaresma.

P Alexander Schmemann.

Hermanos, al ayunar corporalmente, ayunemos también espiritualmente; desprendamos de todo vínculo de injusticia; deshagamos las fuertes cadenas de la violencia; rompamos todo decreto injusto, demos pan a los hambrientos y acojamos en nuestros hogares a los pobres, a fin de recibir de Cristo nuestro Dios grande misericordia. (Verso del miércoles de la Primera Semana de Cuaresma.).

Otra vez nos acercamos a la Cuaresma, al tiempo del arrepentimiento, al tiempo de nuestra reconciliación con Dios. El arrepentimiento es el comienzo, y, al mismo tiempo, la finalidad de una vida verdaderamente cristiana. "Arrepentíos, "fue la primera palabra de Jesucristo cuando comenzó a predicar (Mateo 4:17) Pero, ¿qué es el arrepentimiento? En medio de las preocupaciones de nuestra vida diaria, no tenemos tiempo para pensar en ello, sencillamente tómanos por dado que debemos confesarnos, recibir la absolución y luego olvidamos de ello hasta el año próximo. Sin embargo, debe haber alguna razón por la cual nuestra Iglesia ha establecido un período de siete semanas como un tiempo especial de penitencia e invita a cada cristiano ortodoxo a hacer un especial esfuerzo espiritual. Y esta razón necesariamente tendrá importancia para mí, para mi vida, mi fe y mi posición como miembro de la Iglesia. Debía yo hacer todo lo posible para comprenderla, para seguir tanto como me sea posible las enseñanzas de mi Iglesia, para ser ortodoxo, no sólo de nombre, sino también en mi vida misma. ¿Qué es, pues, el arrepentimiento? La cuaresma de la respuesta a esta pregunta. Es en verdad una escuela de arrepentimiento, a la que asiste o debe asistir cada cristiano ortodoxo todos los años para renovar su comprensión de la fe. Es una peregrinación admirable a las mismas fuentes de la Ortodoxia, un redescubrimiento de un modo de vivir verdaderamente ortodoxo. Esforcémonos por hacer que este período de cuarenta días esté lleno, tanto como sea posible, de significación profunda y rica para cada uno de nosotros.

En esta breve explicación del Gran Ayuno, trataremos de:

· la preparación para la cuaresma

· las características del culto cuaresmal de la Iglesia Ortodoxa

· las enseñanzas ortodoxas sobre e ayuno, la oración y otras prácticas que la Iglesia prescribe para la cuaresma

Domingos de Preparación.

Tres semanas antes que la cuaresma misma comience, entramos en un período de preparación pre-cuaresmal. Es una característica constante de la tradición cúltica ortodoxa de los grandes eventos litúrgicos (Navidad, Pascua, Cuaresma) un previo anuncio y una preparación. Reconociendo nuestra falta de concentración, lo mundanal de nuestra vida, la Iglesia llama nuestra atención a la seriedad del evento que se acerca, nos invita a meditar en su significado. Así, antes que podamos poner por práctica la cuaresma, la Iglesia nos explica su significado.

Humildad. (Domingo del Publicano y el Fariseo).

En la víspera de este domingo (es decir, el sábado por la noche) el libro litúrgico del pedido cuaresma, el Modio, se usa por primera vez, y se añaden textos de él a los servicios normales de la resurrección. Exponen y desarrollan el primer tema mayor del arrepentimiento: la humildad.

La lección del Evangelio (Lucas 18:10-14) nos enseña que la humildad es la base del arrepentimiento. La parábola del Publicano y el Fariseo representa a un hombre que siempre está contento de si mismo y que cree cumplir con todos los requisitos de la religión. Tiene orgullo y confianza en sí mismo. En realidad, falsifica el significado de la religión, reduciéndola al cumplimiento externo de requisitos y mide su piedad por la cantidad de dinero que contribuye al templo. Para él la religión es el motivo de su amor propio, de su egoísmo. El publicano se humilla, y su humildad le justifica delante de Dios. "Evitemos, hermanos, las palabras falsas del fariseo," dice el condaquio del día, "y aprendamos la grandeza de las palabras humildes del publicano."

Vuelta al Padre. (Domingo del Hijo Pródigo).

La lección del Evangelio para este día (Lucas 15:11-32) nos da el segundo tema de cuaresma y del arrepentimiento: el de la vuelta a Dios. No es suficiente reconocer nuestros pecados y confesarlos. El arrepentimiento queda estéril y sin provecho sin el deseo y la decisión de cambiar nuestra vida, de volver a Dios, de comenzar un movimiento de ascenso y de purificación.

Debemos damos cuenta de haber perdido nuestra hermosura espiritual y nuestra pureza y debemos desear recobrarlas. Volveré al Padre compasivo lamentando y llorando y diré: `Acéptame como a uno de tus jornaleros." En maitines, cantamos el Salmo 137. "Junto a los dos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sión ... Si me olvidare de ti, oh Jerusalén, pierda mi diestra su destreza." El verdadero cristiano recuerda y sabe que ha perdido comunión con Dios, la paz y el gozo de su reino, la pureza de la vida nueva en Cristo. Pues, fue bautizado, iniciado en el Cuerpo de Cristo, pero sus pecados le han alejado de Dios. El arrepentimiento, por eso, es este deseo de volver a Dios, es un movimiento de amor y de confianza. "Me he separado inicuamente de tu gloria paternal y he malgastado las riquezas que me diste a mí en compañía de pecadores. Por eso, te ofrezco el lamento del pródigo: Padre compasivo, he pecado contra ti, recíbeme como penitente y hazme como a uno de tus jornaleros. (Condaquio del día).

El Juicio Final. (Domingo de Abstinencia de Carne).

El sábado de carnaval (el que precede este domingo) la Iglesia prescribe la conmemoración de todos sus hijos difuntos. La Iglesia es unidad y amor en Cristo. Dependemos todos unos de otros, nos pertenecemos unos a otros, estamos unidos por el amor de Jesucristo. Nuestro arrepentimiento quedaría incompleto sin acción de amor hacia todos los que antes de nosotros se han dormido en la fe. El arrepentimiento es sobre todo la recuperación del espíritu del amor. "Por esto todos los hombres sabrán que sois mis discípulos si se aman unos a otros" (Juan 13:35) Litúrgicamente esta conmemoración incluye las vísperas del viernes y los maitines y la divina liturgia del sábado.

El Evangelio dominical (Mateo 25:31-46) nos recuerda el tercer tema del arrepentimiento: preparación para el juicio final. El cristiano vive bajo el juicio de Cristo. Esto significa que debemos referir nuestras acciones, actitudes, nuestros juicios al Señor, a su presencia en el mundo, que debemos ver a Cristo en nuestros prójimos. Porque "como habéis - hecho al menor de estos mis hermanos, lo habéis hecho a mí." La parábola del juicio final nos da los términos de referencia o la medida para nuestra auto-evaluación como cristianos.

En la semana que sigue el domingo de carnaval, se prescribe un ayuno limitado. Nos estamos entrenando y preparando para el gran esfuerzo de cuaresma. El miércoles y el viernes, no se permite celebrar la Divina Liturgia y la forma del culto ya es de cuaresma. El sábado de abstinencia de queso, la Iglesia conmemora a todos los que "han sido iluminados por medio del ayuno" — a los santos ascetas y ayunadores. Son los modelos que debemos seguir, nuestros guías en el arte dificultoso de ayunar y de arrepentimos.

Perdón. (Domingo de Abstinencia de Queso).

Es éste el último domingo de la preparación. En la liturgia se desarrollan tres temas esenciales: "La expulsión de Adán del paraíso de bienaventuranza." El hombre fue creado para el paraíso-conocimiento de Dios en pleno comunión con El. Sus pecados le han privado de esta vida de bienaventuranza y así su existencia en la tierra es un exilio. El Dios-Hombre Cristo abre las puertas del paraíso a todos los que le siguen y la Iglesia es nuestra guía por el camino que llega a la patria celestial.

Nuestro ayuno no debe ser hipócrita-ocasión a los hombres a ayunar, sino a nuestro Padre que es en secreto" (cf. lección dominical de Mateo 6:14-21).

La condición del ayuno sincero es el perdón, que nos perdonemos unos a otros, así como Dios nos perdona. "Si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial también os perdonará."

En las vísperas de este domingo, la cuaresma comienza con el Gran Proquímenon: "No escondas de tu siervo tu rostro, porque estoy angustiado; apresúrate, óyeme. Acércate a mi alma, redímela Al final del servicio los fieles se piden unos a otros perdón y la Iglesia inicia su peregrinación hacia el día alegre y glorioso de la Pascua.

 

Los Servicios de la Cuaresma.

La Cuaresma consiste en seis semanas o cuarenta días. Comienza el lunes después del Domingo de Abstinencia de Queso y termina el viernes antes del Domingo de Ramos. El Sábado de Lázaro, el Domingo de Ramos y la Semana Santa forman un ciclo especial.

El sentido y el espíritu de la cuaresma encuentran su primera y más importante expresión en los servicios. No solamente los miembros individuales sino también la Iglesia entera adquiere un espíritu penitencial, y los hermosos servicios cuaresmales nos ayudan más que nada a hacer más profunda nuestra visión espiritual, a reconsiderar nuestra vida a la luz de la doctrina ortodoxa sobre el hombre. Analizaremos brevemente las características sobre-salientes de la liturgia cuaresmal.

 

El Gran Canon de S. Andrés de Creta.

La cuaresma comienza con el Gran Canon Penitencial de San Andrés de Creta. Escrito en el siglo séptimo por uno de los himnógrafos más insignes de la Iglesia Ortodoxa, este canon es la expresión más pura del arrepentimiento. El autor contempla la historia de la salvación narrada en el Antiguo y el Nuevo Testamento y aplica sus imágenes al estado de su alma pecaminosa. Es un lamento largo y patético del cristiano que redescubre cuánto Dios le ha amado, cuánto ha hecho por él y lo poco que el hombre ha correspondido al amor y a los beneficios de Dios.

· ¿Cómo comenzaré a deplorar las acciones de mi vida miserable?

· ¿Qué principio daré, oh Cristo, a este lamento?

· Pero como eres Compasivo, concédeme perdón de mis transgresiones.

· Así como el alfarero da vida a su barro, me has dado carne y huesos, aliento y vida;

· Ahora, oh Creador mío, Redentor mío y Juez, acéptame a mí penitente.

· He perdido mi hermosura original, Ahora estoy postrado, desnudo y cubierto de vergüenza...

Y a cada uno de estos troparios, el pueblo contesta: "Ten piedad de mí, oh Dios, ten piedad de mí."

El Gran Canon se recita dos veces durante la cuaresma: dividido en cuatro partes en el servicio de Completas Mayores el lunes, martes, miércoles y jueves de la primera semana, y luego en su forma completa en Maitines del jueves de la quinta semana. Es la verdadera introducción a la Cuaresma, establece su tono y espíritu, y, desde el principio nos da la verdadera dimensión del arrepentimiento.

 

La Oración de San Efrén el Sirio.

Entre semana, en todos los servicios, esta oración se recita dos veces, y se hacen postraciones después de cada una de las tres peticiones y otra después de la segunda repetición.

Señor y Dueño de mi vida, el espíritu de ocio, de indiscreción, de ambición y de locuacidad, no me lo des. Postración.

Mas el espíritu de castidad, de humildad, de paciencia y de amor, concédemelo a mí, tu siervo. Postración.

Sí, Señor y Rey, concédeme percibir mis propias ofensas y no juzgar a mis hermanos, porque bendito eres por los siglos de los siglos. Amén. Postración.

Luego nos inclinamos doce veces diciendo: Dios, purifícame a mi pecador. Y otra vez la oración completa con una postración al final.

Esta oración, repetida constantemente en los oficios, es la expresión más sencilla y más pura del arrepentimiento en todas sus dimensiones, de deseo de purificación y anhelo de mejoramiento, de un cambio verdadero en relaciones con otras personas. Las reglas cuaresmales de la Iglesia Ortodoxa dan mucha importancia a la postración; por medio de ella el cuerpo participa en el esfuerzo de humillar nuestro orgullo y nuestra autosatisfacción.

Lecturas de la Biblia.

Otra característica de los servicios cuaresmales es el uso del Antiguo Testamento, normalmente ausente del ciclo diario de oficios. Hay lecciones de tres libros particularmente por todo el período: el Génesis y los Proverbios en Vísperas y las profecías de Isaías en Sexta. Estas lecturas dan énfasis a la idea de que la Cuaresma es un tiempo de preparación, un regreso espiritual al Antiguo Testamento que anunció y preparó la venida de Cristo y la inauguración de la nueva vida que Él nos da. El Génesis narra la historia de la creación, la caída del hombre y los comienzos de la historia de la salvación. Los Proverbios nos enseñan la sabiduría de Dios revelada al hombre llevándole al arrepentimiento y a su renovación. Finalmente, Isaías es el gran profeta de Redención y de Salvación, el heraldo del Reino de Dios.

Himnos Cuaresmales.

El libro litúrgico del Gran Ayuno es el Triodio. Además de las lecturas bíblicas, contiene los himnos especiales que se cantan todos los días en Maitines y Vísperas. De una belleza especial son los idiomelos de San Teodoro de Estudión, himnos cortos de penitencia, uno cantado en Maitines y otro en Vísperas, los cuales expresan mejor que nada la espiritualidad cuaresmal de la Iglesia Ortodoxa. A continuación, damos algunos ejemplos:

· Empecemos, oh fieles, el sagrado ayuno, pues es la salvaci6n de nuestras almas.

· Presentemos nuestra devoción a Dios con temor, ungiendo las cabezas del óleo de buenas obras y lavando las caras de agua pura,

· Orando no con muchas palabras sino como el Señor nos ha enseñado a decir:

· Padre nuestro que estás en los cielos, perdónanos nuestras deudas,

· Pues nos amas a todos.

Maitines del martes, primera semana.

Venid, oh fieles, practiquemos las obras de Dios en la luz, Andemos con diligencia como de día, echemos fuera todo juicio injusto contra el prójimo, y no le pongamos tropiezo u ocasión de caer; Dejemos los placeres carnales; Aumentemos las gracias del alma; Demos de comer a los necesitados; Acerquémonos a Cristo con penitencia, clamando: Ten piedad de nosotros, oh Dios nuestro. (Vísperas del viernes, primera semana)

¿Por qué estás ociosa, alma mía? Y ¿por qué te dedicas al pecado? ¿Por qué, siendo débil, no buscas alivio? Ahora es el tiempo de los frutos, ahora es el día de la salvación. Levántate. Lávate con lágrimas de penitencia y enciende tu lámpara con el aceite de buenas obras, A fin de obtener de Dios perdón y gran misericordia. (Maitines del martes, segunda semana)

Llegando a medio camino en el Ayuno, a la veneración de tu Cruz, Esperando ver aquel día en que Abraham rescató a Isaac de la muerte, Te rogamos que nos hagas partícipes de tu Cena Mística. Nosotros, salvados por la fe, te clamamos: Oh Luz ay Salvador nuestro, gloria a ti. Maitines del miércoles, cuarta semana

El Triodio completo, desafortunadamente, no se ha traducido al español. Sólo tenemos algunas partes en varias compilaciones, y la mayor parte de sus riquezas quedan desconocidas a los hispanos. De excepcional belleza y de maravillosa profundidad espiritual son los cánones de tres odas (de ahí el nombre "Triodion " en griego), katísmata (estiquios cantados después de los salmos), himnos a la santísima Trinidad, etc. De todos los libros litúrgicos de nuestra Iglesia, éste es uno de los más inspiradores, más directamente relacionados con las necesidades espirituales del hombre.

El Salterio.

 Salmos ocupan una posición central en todo el culto ortodoxo. Pero, durante la Cuaresma, el Salterio completo se lee dos veces cada semana, y normalmente se lee una sola vez. Aunque esta práctica se puede llevar a cabo sólo en los monasterios, es importante saber que en la Iglesia el Salterio es considerado como un esencial auxilio espiritual de la Cuaresma.

La Liturgia de los Presantificados.

No se permite la celebración de la Divina Liturgia en los días de semana de la Cuaresma. Son días no litúrgicos o de ayuno (con una excepción, la Fiesta de la Anunciación). El motivo de esta regla es éste: La Eucaristía es de naturaleza una celebración festiva, la conmemoración alegre de la Resurrección, la glorificación de Jesucristo y su presencia entre sus discípulos. Dos veces a la semana, los miércoles y los viernes, la Iglesia prescribe, después de las Vísperas, por la tarde, la Liturgia de los Presantificados. Consiste en Vísperas Mayores y comunión de los Santos Dones consagrados durante la Divina Liturgia del domingo anterior. Estos días, siendo de ayuno estricto (abstinencia completa idealmente) son coronados por una participación del Pan de la Vida, el cumplimiento último de todos nuestros esfuerzos.

Habiéndonos librado a nosotros y a todo tu fiel pueblo de impureza, santifica nuestras almas y cuerpos con la santificación que no puedo quitarse, a fin de que participando con conciencia limpia, rostro inconfuso y corazón iluminado de estos divinos misterios santificados, y viviendo por ellos, seamos unidos a tu Cristo mismo, nuestro verdadero Dios, que ha dicho, 'El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él,' a fin de que tu Verbo, Señor, habitando y morando en nosotros, vengamos a ser templo de tu santísimo y adorable Espíritu. Oración de la Liturgia de los Presantificados

La Música y los Ornamentos Litúrgicos.

 espíritu de cuaresma es expresado en la música litúrgica. Se usan tonos y melodías especiales en las letanías, los "aleluyas" y en los himnos. Estas melodías lentas, hondas ay solemnes provocan en nosotros una ansiedad de pureza y una tristeza por no haber vivido de acuerdo con la "hermosura original" para la cual fuimos creados.

En fin, como símbolo externo de este estado de arrepentimiento, de preparación y de humildad, se usan ornamentos morados u oscuros.

Los Sábados y Domingos de Cuaresma.

Los sábados de cuaresma, con la excepción del primero, dedicado a la memoria del Santo Mártir Teodoro de Tiro, y el quinto, Sábado del Himno Acatisto, son días de conmemoración de los difuntos, un memorial semanario de todos los cristianos ortodoxos difuntos, de su integración en la Eucaristía siempre ofrecida `por todo y por todos.

Cada domingo del Gran Ayuno, aunque conserva su significado esencial - es una Pascua de resurrección semanaria - tiene su propio tema especial: El primer domingo - Triunfo de la Ortodoxia - conmemora la victoria de la Iglesia sobre la última herejía principal: el iconoclasmo (842).

El segundo, se conmemora a San Gregorio de Palamás, gran místico y teólogo bizantino del siglo 14 que concentró su enseñanza en la alta vocación del hombre, en su "deificación" en Cristo.

El tercero es el domingo de "la veneración de la santa cruz." En el oficio de Maitines, la cruz se lleva solemnemente al centro de la iglesia, donde permanece toda la semana que sigue. Este ceremonial anuncia la venida de la Semana Santa con su conmemoración de la Pasión del Señor. Se realiza una veneración especial de la cruz al final de cada oficio.

El cuarto domingo, de San Juan Clímaco, uno de los ascetas más renombrados, quien en su libro "La Escala de Virtudes," describe las diferentes etapas de la vida espiritual.

El quinto, de Santa María Egipcia, cuya vida ofrece un maravilloso ejemplo de arrepentimiento.

Los sábados y domingos, días de la celebración eucarística, los ornamentos oscuros son reemplazados por otros más claros, no se usan las melodías de cuaresma y se omite la Oración de San Efrén con sus postraciones. Los oficios no son de tipo cuaresmal, pero la regla del ayuno sigue en práctica y no se interrumpe. En todos los domingos, en las Vísperas, un especial "Gran Proquímenon" (versículos del Salterio) inaugura otra semana de esfuerzo penitencial.

¿Como Observar la Cuaresma?

Es evidentemente imposible asistir a los oficios de la Iglesia todos los días. Y, puesto que no podemos guardar litúrgicamente la cuaresma completa tenemos que preguntarnos, "¿Cuál puede ser nuestra participación en la cuaresma? ¿ Qué beneficio espiritual se puede sacar de ella? La Iglesia nos invita a hacer más profunda nuestra conciencia religiosa, a aumentar y fortalecer el contenido espiritual de nuestra vida, a seguirla en su peregrinación hacia la renovación y a una rededicación a Dios.

El Ayuno.

El primer precepto universal es el del ayuno. La enseñanza ortodoxa sobre el ayuno es diferente a la de la Iglesia Católica Romana, y es esencial comprenderlo. Los occidentales identifican el ayuno con una buena obra, lo ven como sacrificio que gana méritos. "¿Qué cosa voy a sacrificar durante la cuaresma?" esta pregunta es típica de tal actitud hacia el ayuno. El ayuno así es una obligación formal, una acción de obediencia a la Iglesia y su valor reside precisamente en la obediencia. El concepto ortodoxo es, en primer lugar, que el ayuno es un esfuerzo ascético-esfuerzo de subyugar el hombre físico, camal, al hombre espiritual, el "natural" al "sobrenatural." Las limitaciones alimenticias son instrumentales, no son fines en sí. Así el ayuno no es más que un medio para llegar al fin espiritual, y, por eso, una parte integral del esfuerzo espiritual total. El ayuno, en el concepto ortodoxo, incluye más que una mera abstinencia de ciertos alimentos. Incluye oración, silencio, disposición interna de espíritu, deseo de ser caritativo, benévolo, y en fin ser espiritual. "Hermanos, al ayunar corporalmente, guardemos el ayuno espiritual."

Por eso, la doctrina ortodoxa del ayuno excluye toda evaluación de la práctica como "máximo" o Mínimo." Cada persona debe encontrar su máximo, medir su conciencia y hallar en ella su "sistema de ayunar." Pero este sistema tiene que incluir los elementos espirituales además de los corporales. El Tipicón y los cánones de la Iglesia describen el ayuno ideal: abstinencia de carnes y todo producto animal, abstinencia total en ciertas ocasiones. "El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba" (Mateo 19:12). Pero, cualquiera que sea nuestra "medida" nuestro ayuno tiene que ser un esfuerzo total de nuestro ser total.

Según las reglas de la Iglesia el ayuno no se puede interrumpir por todo el período de cuarenta días, inclusive los sábados y los domingos.

La Oración.

Debemos orar siempre. La Cuaresma es, sin embargo, un periodo de aumento e intensificación de nuestras oraciones. La manera más sencilla es, primero, añadir a nuestras devociones de la mañana y de la noche La Oración de San Efrén el Sitio. Además, es bueno y provechoso reservar ciertos momentos del día para la oración: esto se puede hacer interiormente, en la oficina, en el auto, donde quiera. Lo más importante es recordar siempre que estamos en cuaresma y que toda actividad debe tener como punto de referencia su propósito: despertamiento y renovación espiritual, arrepentimiento y una relación más estrecha con Dios.

Lectura Espiritual.

A pesar de que no podemos estar todos los días en la iglesia, sí es posible seguir la peregrinación cuaresmal leyendo las lecciones y los libros designados para los servicios. Un capítulo del Libro del Génesis, algún pasaje de los Proverbios o de Isaías, no requieren mucho tiempo, y además nos ayudan a comprender el espíritu de la Cuaresma en sus variadas dimensiones. También es bueno leer algunos Salmos, o con las oraciones o separadamente. En ningún otro lugar podemos encontrar más sinceros ejemplos de verdadera penitencia, de sed de comulgar con Dios, del deseo de llenar la vida de verdadera religión. Por fin, algún libro religioso: vidas de los Santos, historia de la Iglesia, de espiritualidad, etc. es recomendado a todos los que toman en serio el Gran Ayuno, el cual nos libra de nuestra vida diaria y nos conduce a un nivel más elevado de interés, nos alimenta de ideas y de verdades comúnmente ausentes de nuestro mundo práctico y pragmático.

 

 

Cambio de Vida.

Como último punto, pero no de menos importancia: debemos hacer un esfuerzo y hasta una decisión de "vivir más quietamente," por decirlo así, para poder dedicar más tiempo a la contemplación y a la meditación Radio, televisión, periódicos, reuniones sociales -por excelentes y provechosas que sean estas cosas- tenemos que reducirlas a un mínimo. No porque sean malas, sino porque tenemos algo más importante que hacer. Es imposible hacer un cambio en nuestra vida sin concentración y disciplina. La Cuaresma es el periodo en que reevaluamos nuestra vida a la luz de nuestra fe, y esto requiere un verdadero esfuerzo y una verdadera disciplina. El Señor dice que estrecho es el camino que lleva al Reino de Dios, y debemos hacer tan estrecha como posible nuestra propia vida. Al principio el hombre natural y egoísta en nosotros se rebela contra estas limitaciones. Desea su normal "vida acomodada" con todos sus placeres y pasatiempos. Pero una vez probado el esfuerzo espiritual, una vez dado, por medio de esto, un paso más hacia Dios, la recompensa es grande. Descubrimos un gozo que no se compara con otro. Descubrimos la realidad de lo espiritual dentro de nosotros. Comenzamos a comprender lo que quería decir San Pablo por "gozo y paz en el Espíritu Santo. m Dios mismo entra en nuestra alma: y esta maravillosa entrada es precisamente el fin de la Cuaresma.

"El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él" (Juan 14:23).

miércoles, 17 de marzo de 2021

UNA MEDITACIÓN SOBRE EL CANON DE SAN ANDRÉS




    El Canon de San Andrés está entretejido con dos hilos complementarios. Primero está el hilo histórico, en el que San Andrés utiliza hábilmente la historia de la salvación como fundamento de su himno de arrepentimiento. Es el Dios amoroso y compasivo, que se revela a través de sus actos salvadores y que llama al oyente al arrepentimiento. Es el Dios trino quien revela al oyente que la obra de salvación continúa aquí y ahora. De hecho, el Señor mismo les recuerda a quienes lo acusan de violar la ley en sábado que "Mi Padre todavía está trabajando, de modo que yo trabajo". (Jn 5,1 7).

    Estos hilos complementarios del Canon de San Andrés nos recuerdan que los cristianos están llamados a ser ascetas. Nuestro bautismo, nuestra participación en la muerte y resurrección de Cristo, nos hace ciudadanos del Reino y ajenos al pecado y la corrupción. San Pablo nos enseña que, dado que somos participantes de la Pascua del Señor, no debemos permitir que el pecado reine en nuestros cuerpos mortales. “No entregues tus miembros al pecado como instrumentos de maldad, sino entrégate a Dios como hombres que han sido traídos de la muerte a vida, y tus miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará sobre vosotros, pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia”. (Rm 6, 12-14).
    A través del bautismo, estamos bajo la gracia, hemos pasado de la muerte a la vida y, por lo tanto, nos hemos vuelto extraños a un mundo que rechaza el amor divino. Sin embargo, ¿quién puede negar la realidad y la tentación del pecado? ¡Sí, en el bautismo hemos muerto al pecado! (Rm 6, 11). Pero como reconoció San Pablo, no hizo lo que quería y buscó las mismas cosas que odiaba. La ley del pecado libró una guerra espiritual contra la ley de la gracia. La ley del pecado continuó en sus miembros buscando vencer el don de una nueva vida.
    San Pablo, consciente de su propio pecado, pudo reconocer la fragmentación o desintegración de su propia persona. Reconoció que el Pablo que pecó era una caricatura, una imagen distorsionada del Pablo bañado en la gracia del bautismo. "Porque no hago el bien que quiero, y el mal que no quiero es lo que hago". (Rm 7, 19)
    Se puede notar que la lucha descrita por San Pablo es la misma lucha descrita en el Canon de San Andrés. A medida que la historia de la salvación se desarrolla a través de los troparios del canon, también nos enfrentamos al yo distorsionado, el yo que ha subordinado el espíritu a la carne debido a una voluntad equivocada. En consecuencia, las pasiones, que están vinculadas a nuestra naturaleza, se desvían y se tuercen. Al igual que el Apóstol que lucha, el canon expresa el impactante autodescubrimiento de su autor, "... estoy condenado por el veredicto de mi propia conciencia, que es más convincente que todo lo demás en el mundo". (Oda IV).
    La llamada al ascetismo es la llamada al verdadero yo que lucha por someter la carne al espíritu. Es la prueba que purifica las pasiones al permitir que el don de la gracia guíe y nutra la voluntad. La llamada al ascetismo nos sitúa en el camino de la vida transfigurada que ya nos ha abierto la gran y santa Pascua del Señor.
    Cuando las pasiones se purifican, cuando la naturaleza humana y la voluntad humana están en armonía con la voluntad divina, el verdadero yo emerge a medida que se desarrolla según la ley de la gracia. San Antonio de Egipto describe la integridad o integración de la persona humana de esta manera: “Lo que ocurre según la naturaleza no es pecado; el pecado siempre involucra la elección deliberada del hombre. No es pecado comer; es un pecado comer sin gratitud, y no de una manera ordenada y restringida que permita que el cuerpo se mantenga vivo sin inducir malos pensamientos. No es pecado usar los ojos con pureza; es pecado mirar con envidia, arrogancia y deseo insaciable. Es un pecado escuchar no pacíficamente, sino con ira; es un pecado guiar la lengua, no hacia la acción de gracias y la oración, sino hacia la mordedura de la espalda; es pecado emplear las manos, no para actos de compasión, sino para asesinatos y robos. Y así, cada parte del cuerpo peca cuando, por elección propia del hombre, no realiza actos buenos sino malos, contrarios a la voluntad de Dios”.
    La vida ascética debería ser nuestra respuesta arrepentida al amor de Dios. A través de esta respuesta, el icono del verdadero yo irradiará la luz no creada. Mediante la lucha ascética, la carne se transformará en templo del Dios vivo. Esta es la alegre noticia del canon que nos une a los grandes actos de Dios que culminaron con la muerte y resurrección del Salvador.

martes, 2 de marzo de 2021

CAMINO AL DOMINGO DEL JUICIO FINAL

 DE CUANDO EN ESPAÑA SE CREÍA EN ALGO




Mira que te mira Dios,
mira que te está mirando.
Mira que has de morir,
mira que no sabes cuando

domingo, 28 de febrero de 2021

DOMINGO DEL HIJO PRÓDIGO

 



Situemos el texto Evangélico que hemos escuchado hoy. Ante la crítica de los escribas y fariseos y las murmuraciones de estos por el trato que da nuestro Señor a los pecadores, Él presenta tres parábolas que enfatizan el infinito y misericordioso amor de Dios por los hombres y en especial por los pecadores arrepentidos. Estas tres parábolas son la de la oveja perdida, la dracma extraviada y el hijo pródigo.

El joven del Evangelio, pide a su padre la parte de su herencia y marcha a una tierra lejana donde disipa todo lo que había obtenido de su padre en una vida de pecado. El alma que ha recibido gratis de Dios como un regalo la gracia y los dones divinos por el bautismo, se aparta de Dios, se disipa en el mundo de los sentidos y pasiones, pierde la razón y la contemplación divina, como nos dice San Gregorio Palamás y pierde su comunión con Dios, su Padre. El hombre disipa su alma, pervierte sus pensamientos, se pierde en medio de todo tipo de falsas ideologías y enseñanzas erróneas, la extravía y termina cayendo en toda clase de pecados, en la mayoría de las ocasiones, como fruto y culminación de ese engaño de su alma que no los considera ya ni siquiera pecados. Para el Santo de Salónica el alma es nuestra gran riqueza y la rectitud de pensamiento es la gran riqueza del alma. Si el alma esta corrompida entonces esta se pierde en la fornicación y la imprudencia.

Esta huida de Dios al mundo quimérico del exterior, es a lo que se refiere el salmo de David cuando decimos: “El que se aparta de ti, perecerá” (Sal 72,26). Aunque se les vea vivos, en realidad están muertos y en esa muerte verdadera que es la muerte espiritual. El hombre que se aleja de Dios, de la Iglesia y de la Verdad, cree que el pecado lo llena, lo satisface, lo alegra… Más todo es momentáneo, enseguida aparece el vacío en el alma, la falta de sentido en la vida y en la propia existencia que conducen finalmente a la desesperación. Quiere saciarse con el alimento de los cerdos, con la satisfacción de las pasiones que burlones, le niegan los demonios. Ante esto hay dos salidas: continuar corriendo hacia el precipicio de la angustia emocional y existencial, alejándose obstinadamente más y más de Dios; o humillarse, arrepentirse y recuperar el sentido de su vida.

Nos dice el Evangelio que aquel joven volvió en sí mismo cuando paró y reflexionó sobre él y sus circunstancias. Hoy en día nos encontramos con la triste situación de que se ha perdido el ejercicio de la reflexión, del pararse para estar con uno mismo. La sociedad nos lleva por el camino de todo lo rápido, las prisas en la vida cotidiana, el continuo ir y venir, las actividades laborales, sociales, familiares que se agolpan unas junto a otras. El mundo de las redes sociales y la televisión nos impiden pararnos, leer, reflexionar, pensar sobre lo que sucede a nuestro alrededor, lo que nos sucede a nosotros mismos. Todo son flases, opiniones, pequeñas noticias e informaciones que nos llevan de unas a otras, de un link a otro link, sin tiempo a digerir ni a distinguir lo verdadero de lo falso, lo útil de lo inútil. Cuando somos capaces de pasar de lo exterior a lo interior vemos en lo que hemos convertido nuestras vidas, hemos terminado apacentando cerdos, engordando nuestras pasiones y acordamos de la casa de nuestro Padre, sentimos hambre, pero no es un hambre material, es el hambre de lo que perdimos, el hambre y la sed de la gracia, de la oración, de los sacramentos y surge el deseo de volver a la casa del Padre, de abandonar el fango del pecado y los cerdos de las pasiones.

Dios nos dio la libertad, nos deja libres para elegir. Muchas veces quisiera ir al corazón del hombre, pero como dice el apóstol Juan, no lo recibimos. El padre ve a lo lejos al hijo y sale corriendo a su encuentro, en el momento en el que Dios ve el más mínimo temblor de arrepentimiento en el corazón del hombre se derrama abundantemente, en el alma que le abre su puerta, por medio del torrente de la gracia. “He pecado” más el padre lo abraza lleno de una inmensa alegría, la que hay en el cielo por un pecador que se convierte. Lo había vestido con la túnica resplandeciente del bautismo, más ahora le da la túnica nueva del segundo bautismo, la reconciliación fruto del sincero arrepentimiento que borra los pecados; le da el anillo, pues aquél que se ha arrepentido, que permanece en la Iglesia, cerca de los Sacramentos, quien está unido a Dios, tiene autoridad sobre la obra de los demonios y ya no será tan fácilmente engañado por ellos, y recibe el calzado de los hombres libres frente a la descalcez de los esclavos, pues sólo el que se arrepiente y vuelve a Dios y vive en Dios es verdaderamente libre, al verse desligado de la esclavitud del pecado y las pasiones que es donde muchos creen, en su ignorancia, que está la libertad.

Al hombre arrepentido, la Iglesia, la casa del Padre, se le presenta como el lugar donde participará del sacrificio del ternero cebado, imagen del sacrificio de la Eucaristía, donde recupera su condición de hijo de Dios.

Mirando la actitud del hijo mayor, podemos volver al tema del sacramento de la confesión. En este sacramento, normalmente se presenta un hijo u otro en los que vienen a él. Por un lado, está el fiel que acude como el hijo pródigo, y es de esta manera como hemos de acudir: confesamos nuestro pecado, estamos arrepentidos y humildemente pedimos perdón y clemencia; por otro lado, están los que acuden como el hijo mayor, contando todo lo que él ha hecho, sus victorias: “Te he servido durante tantos años y nunca he roto tus mandamientos”; sigue acusando: “Nunca me diste ni un cabrito”; y termina contando los pecados de los demás: “Este hijo tuyo que se gastó tu fortuna con prostitutas”. Y si aparecen en la confesión es porque son normales en la vida diaria, lo que provoca el endurecimiento del corazón.

Terminemos con este texto de las alabanzas de los maitines de este domingo:

“Padre bueno, me he apartado de ti, más no me desampares ni me muestres indigno de tu reino. El astuto enemigo me desnudó y se llevó mi riqueza. Derroché los dones de mi alma como una prostituta. Entonces, levantándome y volviéndome hacia Ti, clamo: Hazme como uno de Tus esclavos, Tú que por mí extendiste en la Cruz tus manos purísimas, para sacarme del dominio la terrible bestia y cubrirme de nuevo con aquel manto primero, pues eres misericordioso.” 

¡Alabado sea nuestro Dios, ahora y por los siglos de los siglos! Amén.

viernes, 26 de febrero de 2021

La parábola del Hijo Pródigo y la confesión



En la Confesión normalmente se presenta un hijo u otro en los que vienen a ella. Por un lado, está el fiel que acude como el hijo pródigo, y es de esta manera como hemos de acudir: confesamos nuestro pecado, estamos arrepentidos y humildemente pedimos perdón y clemencia; por otro lado, están los que acuden como el hijo mayor, contando todo lo que él ha hecho, sus victorias: “Te he servido durante tantos años y nunca he roto tus mandamientos”; sigue acusando: “Nunca me diste ni un cabrito”; y termina contando los pecados de los demás: “Este hijo tuyo que se gastó tu fortuna con prostitutas”. Y si aparecen en la confesión es porque son normales en la vida diaria, lo que provoca el endurecimiento del corazón.

lunes, 22 de febrero de 2021

FARISEO Y PUBLICANO



    Una de las partes más difíciles de la vida cristiana es aprender a ser uno mismo ¿Cómo distinguir lo verdadero de lo falso en nuestra vida?¿Cómo saber si soy yo o una de las muchas máscaras tras las que nos escondemos? ¿Cómo descubrir la vida real, nuestra verdadera y profunda belleza? No la belleza exterior, llamativa, momentánea, que se disuelve y aja convirtiéndose en polvo, sino la belleza de Dios que se refleja en el hombre, la belleza de la providencia de Dios ... El éxito, el placer, los numerosos derechos humanos se han convertido en conceptos imprescindibles para el hombre contemporáneo que se atasca en este espacio de aspiraciones biológicas terrenales. No hay Misterio en su vida ... Misterio de Dios, Misterio del hombre, Misterio del Amor, Misterio de la muerte y de la vida.
    En vez de poner todos los tesoros de nuestro corazón a los pies del Salvador, crucificado por nosotros, corremos, escapamos, huimos; probamos los bueyes comprados", admiramos el campo de la vida, enterramos a nuestros muertos, escondemos la plata de nuestro Señor. La vida sin Dios es un camino a la muerte. Gracias a Dios, que Él tiene un conjunto de herramientas enorme, asombroso y diverso para sacarnos del encanto terrenal, para darle una nueva mirada al mundo, a los valores verdaderos, al verdadero sentido eterno de la vida.
A través de la enfermedad, del dolor, de la muerte de seres queridos; a través del colapso y la crisis, a través de los golpes de la vida o, por el contrario, a través de la alegría y la inspiración, a través de una visión de la armonía y la integridad del mundo, a través de la belleza de la naturaleza y el amor, podemos encontrarnos con Dios. “Tú nos creaste para ti, y nuestro corazón no conoce reposo hasta que descanse en ti”, exclama el beato Agustín. Así cada uno viene a la Iglesia con sus pensamientos, con sus problemas, con su vida, con sus anhelos.
    San Nectario de Óptina dijo: “Mira, qué belleza: el sol, el cielo, las estrellas, los árboles, las flores ... ¡Pero antes no había nada! ¡Nada! ¡Y Dios creó tal belleza de la nada! Así también ocurre con el hombre: cuando llegue sinceramente a la conciencia de que no es nada, entonces Dios comenzará a crear grandes cosas de él.
    Dos personas estaban en el templo muy cerca, pero la distancia entre ellos era enorme, distancia espiritual: la fealdad del orgullo y la belleza de la humildad, cielo y tierra, vida y muerte.
    El fariseo se pone en un pedestal, se tira flores y se aplaude. ¡Bravo por mí! “Dios, te doy gracias porque YO no soy como otras personas: ladrones, delincuentes, adúlteros, drogadictos, borrachos, mendigos, corruptos, lujurioso, mentirosos. YO soy un verdadero cristiano ortodoxo. YO voy a la iglesia con regularidad, enciendo velas, y escribo pomélnics, y hago el ayuno... (Ssshhhhhh…. os diré un secreto: YO pago el diezmo) YO,YO, YO, YO…
    Y el publicano ni siquiera tenía nada que decir en su propia defensa. Es un publicano, un pecador, sólo puede ponerse en manos de Dios y desde lo más profundo de su corazón decir: “¡Oh Dios, ten piedad de mí, pecador! ". Dos mundos, dos personas, separadas por un abismo.
    San Silouan el Athonita, decía de sí mismo: “Cuando todavía estaba en el mundo, la gente me elogiaba y pensaba que era bueno. Pero cuando llegué al monasterio, conocí a gente buena de verdad y me di cuenta de que yo no valía absolutamente nada comparado con ellos ¡así es como puedes cometer un error, enorgullecerte y morir! "

    Y en el Patericón se nos dice: "¡Es imposible para un cristiano regocijarse verdaderamente sin lágrimas y sin dolor!" El camino de las lágrimas es por el que va el publicano, golpeándose en el pecho con arrepentimiento y por ello es justificado frente a la arrogancia y la soberbia del fariseo, pues dice el Señor: “Todo el que se enaltece será humillado, más el que se humilla será enaltecido”, dice el Señor (Lc 18:14). “Huyamos de la soberbia de la soberbia del fariseo y aprendamos de la humildad del publicano” pidiendo con insistencia a Dios: “Ábrenos las puertas de la Misericordia”, tal y como dicen los hermosos textos de la liturgia del Triodio.
Contando las supuestas buenas acciones del fariseo en la calculadora del corazón: oró, ayunó, arrojó un euro en la gorra de un mendigo en la calle, pagó el diezmo, sólo comió pan y agua durante los miércoles y viernes… más la soberbia y el orgullo, igual a muerte.
    Un suspiro de arrepentimiento que brota del corazón, lágrimas de dolor por los pecados más humildad, igual a el tesoro del arrepentimiento y la salvación. Mientras el corazón experimenta el dolor del arrepentimiento, estamos vivos, en paz, inspirados, íntegros y decididos. Por lo tanto, no es casualidad que los ancianos de Optina dijeran: “¡Hay humildad, hay de todo! ¡no hay humildad, no hay nada! "
    La parábola de hoy es como un cuchillo, como un bisturí, cortando nuestros corazones, y después de dos milenios, es tan actual como en aquellos días cuando Cristo la pronunció. Definitivamente debemos ver a este fariseo desafortunado en nosotros mismos, en nuestro corazón de donde debe ser expulsado. El camino de nuestra vida ha de estar guiado, por el contrario, por la oración sincera del publicano: ¡Oh Dios, ten piedad de mí, pecador! Esta es la única manera de llegar hasta Dios.
    El mundo considera la humildad, la mansedumbre, el arrepentimiento, el llanto como signos de debilidad e inferioridad. Y el orgullo, la arrogancia, la exaltación, el egoísmo como necesarios para la vida. Así el hombre quita a Dios, quita al prójimo y se pone a el mismo como su ídolo al que adorar.
    Comenzamos el Triodio, no cese de brotar de la fuente de nuestro corazón la oración humilde del publicano: ¡Oh Señor, ten piedad de mí pecador!

domingo, 21 de febrero de 2021

EN LA ENFERMEDAD

 


La enfermedad siempre aporta un gran beneficio a una persona. Las enfermedades ayudan a las personas a adquirir la misericordia de Dios. La salud es algo bueno, pero la salud no puede brindarle a una persona el beneficio que trae la enfermedad. La enfermedad trae beneficios espirituales a una persona. La enfermedad es la mayor bendición. Ella lava a una persona de sus pecados y, a veces, le proporciona una recompensa celestial. Si el alma de una persona se compara con el oro, entonces la enfermedad es como el fuego, este es el oro que purifica. Después de todo, Cristo también le dijo al apóstol Pablo: "Mi poder se perfecciona en la debilidad" (2 Cor. 12: 9). Cuanto más sufrimiento le causa una enfermedad a una persona, más se purifica y santifica, solo hay que soportar esta prueba sin murmuraciones y con alegría.

San Paisios Athonita

Las plagas de langostas, las guerras, las sequías, las enfermedades son un flagelo. Y no es que Dios quiera educar al hombre de esta manera, no, estas desgracias son consecuencia de la distancia del hombre con Dios. Todo esto sucede porque el hombre está separado de Dios. Y viene la ira de Dios, para que la persona recuerde a Dios y le pida ayuda. No es que Dios disponga todo esto y ordene que esta o aquella desgracia le llegue a una persona. No, pero Dios, viendo hasta qué punto llegará la malicia de las personas y sabiendo que no cambiarán, permite que suceda la desgracia, para hacerles comprender. Esto no significa que Dios mismo arregle todo esto.

San Paisios Athonita

Un poco de paciencia es lo único que se requiere de nosotros. Dios da la enfermedad para que una persona reciba una pequeña recompensa, y con la ayuda de la enfermedad erradica sus defectos. Después de todo, las enfermedades corporales curan las enfermedades espirituales. La enfermedad física humilla a la persona y así debilita la enfermedad de su alma. Dios convierte todo en el bien del hombre, todo lo que permite, beneficia nuestra alma. Él ve lo que necesitamos y, en consecuencia, nos envía enfermedades, o para que recibamos una recompensa por ello, o para pagar algunos pecados.

San Paisios Athonita

El Señor misericordioso ama a sus siervos y les da dolores en la tierra, para que en los dolores el alma aprenda la humildad y la devoción a la voluntad de Dios y encuentre el alma en el dolor la paz por la cual el Señor dijo: “Aprended de mí, porque soy mansos y humilde de corazón, y encontrareis paz para vuestras almas ".

San Silouan el Athonita

Todos los dolores, fracasos, enfermedades, todo tipo de sufrimiento, soportado con valentía y gratitud a Dios, hacen que la tierra de nuestros corazones sea fértil, poderosa para alimentar el amor.

San Sophrony (Sajarov)

Todo lo bello está asociado con el dolor, pero el dolor también conduce a la alegría. Una rosa produce espinas, y de una espina crece una rosa. Un arco iris suele aparecer después de una tormenta eléctrica. La tormenta debe pasar para que las estrellas sean visibles en el cielo. El razonamiento, iluminado por la fe cristiana y el amor a la sabiduría, da lugar a la capacidad de profundizar en las cosas. En el dolor ve alegría y esperanza, porque Cristo también triunfó a través del dolor de la Pasión y la Cruz.

Archimandrita Efraín (Moraitis)

¿Sabes qué hacer cuando estás enfermo? Debes pedirle a Dios que te perdone tus pecados. Y Dios, ya que tú, lleno de sufrimiento, te vuelves a Él con humildad, perdonará tus pecados y sanará tu cuerpo también. Pero ten cuidado: nunca ores con un segundo pensamiento, no digas: "Dios mío, perdona mis pecados", mientras tu mente está completamente ocupada con tu enfermedad corporal. Tal oración no tendrá ningún efecto. Cuando te levantes a orar, olvídate de tu debilidad corporal, acéptalo como una penitencia impuesta para perdonar tus pecados. Y no se preocupe por lo que sigue. Déjelo en manos de Dios, Él sabe lo que está haciendo.

San Porfirio Kavsokalivita

Las enfermedades corporales están al servicio de muchas y variadas intenciones del inefable amor de Dios. Aquí conviene recordar la opinión popular primitiva de que la enfermedad es el castigo de Dios por los pecados y la salud es una recompensa por las virtudes. Pero en realidad puede ser todo lo contrario. Tantos santos están cargados con muchas dolencias corporales, y muchas personas que viven en pecado y lejos del arrepentimiento nunca se enferman. Por supuesto, nadie niega que un alma aplastada por pasiones pecaminosas es un terreno fértil para el desarrollo de muchas dolencias corporales y viceversa; un alma pacificada llena de ternura divina crea los requisitos previos necesarios tanto para su propia curación como para la salud corporal. Sin embargo, la salud de cada persona, que, como una ola del mar, va y viene, sirve a los propósitos pedagógicos de Dios,

San Porfirio Kavsokalivita

Ora así: “Dios mío, te pido que me sanes, para que pueda bendecirte y alabarte. Pero si sabes que otra cosa es útil para mi salvación, hágase tu voluntad ". Dios no hace nada que no beneficie a nuestra alma. Tanto la enfermedad como la tentación, todo lo que Él permite, nos beneficia. Lo que ocurre es que no lo sabemos y solemos quejarnos, indignarnos y hacer mucho mal. Y Él, por Su gran amor, se esfuerza solo por el beneficio de nuestra alma. Porque él sabe que aquí somos temporales y todo se acaba y pasa rápidamente. Y cuando termine nuestro exilio y se abran los verdaderos ojos del alma, entonces estaremos agradecidos por todo.

San José el Hesicasta

martes, 19 de enero de 2021

LA DISPERSIÓN EN EL MOMENTO DE LA ORACIÓN


Es muy frecuente que en la confesión aparezca este tema de la dispersión en el momento de la oración: Cuando estoy en la iglesia o rezando en casa no puedo concentrarme en el servicio o en las oraciones. Mi mente vuela con innumerables pensamientos que acuden a ella.

No exagero si digo que esto lo dicen nueve de cada diez personas que hablan con su sacerdote o con el padre espiritual. Por lo general se enfrentan a esto aquéllos que tienen muchas o demasiadas responsabilidades en sus vidas, familia, hijos, vida social intensa, duras y exigentes condiciones laborales y demás situaciones que embargan hoy al hombre moderno agotando totalmente sus energías. A esto se añaden nuestras propias compulsiones y pasiones a las que no consideramos como una auténtica enfermedad.
Todo lo anterior no puede ser considerado una regla pues también existen personas que no tienen tantas obligaciones y sin embargo no siguen una correcta práctica espiritual y nadie les ha enseñado como ha de ser su relación con Dios.
¿Cómo podemos responder a esta situación de una manera clara y eficiente?
La falta de concentración se debe a la falta de vida espiritual, la falta de oración diaria, falta de lectura y estudio de las Sagradas Escrituras, falta de asistencia a la Iglesia, nula conversación sobre temas religiosos y sobre la vida espiritual, falta de comunión con Dios…
Cuando vamos a la iglesia una vez por semana y el resto de los días vivimos según los criterios de este mundo, es normal que esta mundanidad nos abrume e impida el cultivo y desarrollo de la vida espiritual; y esto no sucede porque seamos malas personas o unos pecadores empedernidos, sino porque el tiempo que utilizamos en los asuntos mundanos, dejamos que pisotee, ahogue y destruya el tiempo y el espacio espiritual que necesitamos.
¿Cómo podemos revertir esta situación? Muy sencillo: aumentando el tiempo que dedicamos a lo espiritual, a lo santo, a lo divino… en nuestro día a día. Hacer las oraciones de la mañana y den la noche. bendecir los alimentos antes de cada comida y dar gracias al finalizar; dedicar un tiempo a la lectura de la Sagrada Escritura y los Santos Padres; tener nuestro rincón de oración, así como iconos en el resto de la casa que continuamente hagan dirigirse nuestro pensamiento a Dios; Repetir la oración de Jesús siempre que sea posible en el coche, en el autobús, mientras se realizan las tareas de la casa; cumplir con las reglas del ayuno que nos ayuda a mantener sanos nuestro cuerpo y nuestra alma y es el arma perfecta en la lucha contra las pasiones; ser puntuales a la hora de llegada a los oficios pues esto, junto con el ayuno nos ayuda a controlar el natural caprichoso de nuestro cuerpo; buscar las amistades que compartan las mismas inquietudes espirituales lo que favorecerá también el desarrollo de los hijos si se tienen.
“Padre, es que no tengo tiempo, el trabajo, la casa… Para un momento, el día tiene 24 horas, 7 las dedicas a dormir, ¿Cuánto tiempo pasas viendo la televisión? ¿Cuánto pegado al móvil o al ordenador, en facebook, Instagram, wasap… cuánto? ¿Y no tienes una hora, u hora y media para Dios? Siempre llegas tarde a la Liturgia y aludes mil escusas como los niños, por ejemplo, cuando la única causa de tu retraso es tu pereza y dejadez.
“El que tiene la mente (alma) unida, cuando ora conscientemente y presta atención a lo que dice echa fuera a los demonios con la llama de su oración, pero el que vuela y dispersa la mente con pensamientos inútiles, se une a ellos” dice San Efrén el Sirio.