Parroquia Ortodoxa de los Santos Andrés y Nicolás Patriarcado de Serbia. C/ Virgen del Sococrro 59 Alicante Viernes: Acatisto a la Madre de Dios: 19:00 h Sábados: Acatisto: 9:00 hh Divina Liturgia: 9:30 hh; Parastás por los difuntos:18:00 Vecernia: 18:30 hh Domingos: Acatisto 8:30 hh Divina Liturgia: 9:00 hh. Al finalizar la Divina Liturgia, Escuela Dominical. Los primeros domingos de cada mes se celebra la bendición del pequeño Aghiasma. Tfno 652 464 695 e-mail: parroquia_ortodoxa@yahoo.es
martes, 29 de junio de 2021
IMAGEN DE NUESTROS DÍAS
martes, 22 de junio de 2021
El sello del anticristo.
jueves, 17 de junio de 2021
Para animar a los sacerdotes a predicar siempre el evangelio
jueves, 18 de marzo de 2021
El Espíritu de la Cuaresma. Alexander Schmemann.
El
Espíritu de la Cuaresma.
P Alexander Schmemann.
Hermanos,
al ayunar corporalmente, ayunemos también espiritualmente; desprendamos de todo
vínculo de injusticia; deshagamos las fuertes cadenas de la violencia; rompamos
todo decreto injusto, demos pan a los hambrientos y acojamos en nuestros
hogares a los pobres, a fin de recibir de Cristo nuestro Dios grande
misericordia. (Verso del miércoles de la Primera Semana de Cuaresma.).
Otra
vez nos acercamos a la Cuaresma, al tiempo del arrepentimiento, al tiempo de
nuestra reconciliación con Dios. El arrepentimiento es el comienzo, y, al mismo
tiempo, la finalidad de una vida verdaderamente cristiana. "Arrepentíos,
"fue la primera palabra de Jesucristo cuando comenzó a predicar (Mateo
4:17) Pero, ¿qué es el arrepentimiento? En medio de las preocupaciones de
nuestra vida diaria, no tenemos tiempo para pensar en ello, sencillamente
tómanos por dado que debemos confesarnos, recibir la absolución y luego
olvidamos de ello hasta el año próximo. Sin embargo, debe haber alguna razón
por la cual nuestra Iglesia ha establecido un período de siete semanas como un
tiempo especial de penitencia e invita a cada cristiano ortodoxo a hacer un
especial esfuerzo espiritual. Y esta razón necesariamente tendrá importancia
para mí, para mi vida, mi fe y mi posición como miembro de la Iglesia. Debía yo
hacer todo lo posible para comprenderla, para seguir tanto como me sea posible
las enseñanzas de mi Iglesia, para ser ortodoxo, no sólo de nombre, sino
también en mi vida misma. ¿Qué es, pues, el arrepentimiento? La cuaresma de la
respuesta a esta pregunta. Es en verdad una escuela de arrepentimiento, a la
que asiste o debe asistir cada cristiano ortodoxo todos los años para renovar
su comprensión de la fe. Es una peregrinación admirable a las mismas fuentes de
la Ortodoxia, un redescubrimiento de un modo de vivir verdaderamente ortodoxo.
Esforcémonos por hacer que este período de cuarenta días esté lleno, tanto como
sea posible, de significación profunda y rica para cada uno de nosotros.
En esta breve explicación
del Gran Ayuno, trataremos de:
· la preparación para la
cuaresma
· las características del
culto cuaresmal de la Iglesia Ortodoxa
· las enseñanzas
ortodoxas sobre e ayuno, la oración y otras prácticas que la Iglesia prescribe
para la cuaresma
Domingos
de Preparación.
Tres
semanas antes que la cuaresma misma comience, entramos en un período de
preparación pre-cuaresmal. Es una característica constante de la tradición
cúltica ortodoxa de los grandes eventos litúrgicos (Navidad, Pascua, Cuaresma)
un previo anuncio y una preparación. Reconociendo nuestra falta de
concentración, lo mundanal de nuestra vida, la Iglesia llama nuestra atención a
la seriedad del evento que se acerca, nos invita a meditar en su significado.
Así, antes que podamos poner por práctica la cuaresma, la Iglesia nos explica
su significado.
Humildad.
(Domingo del Publicano y el Fariseo).
En
la víspera de este domingo (es decir, el sábado por la noche) el libro
litúrgico del pedido cuaresma, el Modio, se usa por primera vez, y se añaden
textos de él a los servicios normales de la resurrección. Exponen y desarrollan
el primer tema mayor del arrepentimiento: la humildad.
La
lección del Evangelio (Lucas 18:10-14) nos enseña que la humildad es la base
del arrepentimiento. La parábola del Publicano y el Fariseo representa a un
hombre que siempre está contento de si mismo y que cree cumplir con todos los
requisitos de la religión. Tiene orgullo y confianza en sí mismo. En realidad,
falsifica el significado de la religión, reduciéndola al cumplimiento externo
de requisitos y mide su piedad por la cantidad de dinero que contribuye al
templo. Para él la religión es el motivo de su amor propio, de su egoísmo. El
publicano se humilla, y su humildad le justifica delante de Dios.
"Evitemos, hermanos, las palabras falsas del fariseo," dice el
condaquio del día, "y aprendamos la grandeza de las palabras humildes del
publicano."
Vuelta
al Padre. (Domingo del Hijo Pródigo).
La
lección del Evangelio para este día (Lucas 15:11-32) nos da el segundo tema de
cuaresma y del arrepentimiento: el de la vuelta a Dios. No es suficiente
reconocer nuestros pecados y confesarlos. El arrepentimiento queda estéril y
sin provecho sin el deseo y la decisión de cambiar nuestra vida, de volver a
Dios, de comenzar un movimiento de ascenso y de purificación.
Debemos
damos cuenta de haber perdido nuestra hermosura espiritual y nuestra pureza y
debemos desear recobrarlas. Volveré al Padre compasivo lamentando y llorando y
diré: `Acéptame como a uno de tus jornaleros." En maitines, cantamos el
Salmo 137. "Junto a los dos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun
llorábamos, acordándonos de Sión ... Si me olvidare de ti, oh Jerusalén, pierda
mi diestra su destreza." El verdadero cristiano recuerda y sabe que ha
perdido comunión con Dios, la paz y el gozo de su reino, la pureza de la vida
nueva en Cristo. Pues, fue bautizado, iniciado en el Cuerpo de Cristo, pero sus
pecados le han alejado de Dios. El arrepentimiento, por eso, es este deseo de
volver a Dios, es un movimiento de amor y de confianza. "Me he separado
inicuamente de tu gloria paternal y he malgastado las riquezas que me diste a
mí en compañía de pecadores. Por eso, te ofrezco el lamento del pródigo: Padre
compasivo, he pecado contra ti, recíbeme como penitente y hazme como a uno de
tus jornaleros. (Condaquio del día).
El
Juicio Final. (Domingo de Abstinencia de Carne).
El
sábado de carnaval (el que precede este domingo) la Iglesia prescribe la
conmemoración de todos sus hijos difuntos. La Iglesia es unidad y amor en
Cristo. Dependemos todos unos de otros, nos pertenecemos unos a otros, estamos
unidos por el amor de Jesucristo. Nuestro arrepentimiento quedaría incompleto
sin acción de amor hacia todos los que antes de nosotros se han dormido en la
fe. El arrepentimiento es sobre todo la recuperación del espíritu del amor.
"Por esto todos los hombres sabrán que sois mis discípulos si se aman unos
a otros" (Juan 13:35) Litúrgicamente esta conmemoración incluye las
vísperas del viernes y los maitines y la divina liturgia del sábado.
El
Evangelio dominical (Mateo 25:31-46) nos recuerda el tercer tema del
arrepentimiento: preparación para el juicio final. El cristiano vive bajo el
juicio de Cristo. Esto significa que debemos referir nuestras acciones,
actitudes, nuestros juicios al Señor, a su presencia en el mundo, que debemos
ver a Cristo en nuestros prójimos. Porque "como habéis - hecho al menor de
estos mis hermanos, lo habéis hecho a mí." La parábola del juicio final
nos da los términos de referencia o la medida para nuestra auto-evaluación como
cristianos.
En
la semana que sigue el domingo de carnaval, se prescribe un ayuno limitado. Nos
estamos entrenando y preparando para el gran esfuerzo de cuaresma. El miércoles
y el viernes, no se permite celebrar la Divina Liturgia y la forma del culto ya
es de cuaresma. El sábado de abstinencia de queso, la Iglesia conmemora a todos
los que "han sido iluminados por medio del ayuno" — a los santos
ascetas y ayunadores. Son los modelos que debemos seguir, nuestros guías en el
arte dificultoso de ayunar y de arrepentimos.
Perdón.
(Domingo de Abstinencia de Queso).
Es
éste el último domingo de la preparación. En la liturgia se desarrollan tres
temas esenciales: "La expulsión de Adán del paraíso de
bienaventuranza." El hombre fue creado para el paraíso-conocimiento de
Dios en pleno comunión con El. Sus pecados le han privado de esta vida de
bienaventuranza y así su existencia en la tierra es un exilio. El Dios-Hombre
Cristo abre las puertas del paraíso a todos los que le siguen y la Iglesia es
nuestra guía por el camino que llega a la patria celestial.
Nuestro
ayuno no debe ser hipócrita-ocasión a los hombres a ayunar, sino a nuestro
Padre que es en secreto" (cf. lección dominical de Mateo 6:14-21).
La
condición del ayuno sincero es el perdón, que nos perdonemos unos a otros, así como
Dios nos perdona. "Si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre
celestial también os perdonará."
En
las vísperas de este domingo, la cuaresma comienza con el Gran Proquímenon:
"No escondas de tu siervo tu rostro, porque estoy angustiado; apresúrate,
óyeme. Acércate a mi alma, redímela Al final del servicio los fieles se piden
unos a otros perdón y la Iglesia inicia su peregrinación hacia el día alegre y
glorioso de la Pascua.
Los
Servicios de la Cuaresma.
La
Cuaresma consiste en seis semanas o cuarenta días. Comienza el lunes después
del Domingo de Abstinencia de Queso y termina el viernes antes del Domingo de
Ramos. El Sábado de Lázaro, el Domingo de Ramos y la Semana Santa forman un
ciclo especial.
El
sentido y el espíritu de la cuaresma encuentran su primera y más importante
expresión en los servicios. No solamente los miembros individuales sino también
la Iglesia entera adquiere un espíritu penitencial, y los hermosos servicios
cuaresmales nos ayudan más que nada a hacer más profunda nuestra visión
espiritual, a reconsiderar nuestra vida a la luz de la doctrina ortodoxa sobre
el hombre. Analizaremos brevemente las características sobre-salientes de la
liturgia cuaresmal.
El
Gran Canon de S. Andrés de Creta.
La
cuaresma comienza con el Gran Canon Penitencial de San Andrés de Creta. Escrito
en el siglo séptimo por uno de los himnógrafos más insignes de la Iglesia
Ortodoxa, este canon es la expresión más pura del arrepentimiento. El autor
contempla la historia de la salvación narrada en el Antiguo y el Nuevo
Testamento y aplica sus imágenes al estado de su alma pecaminosa. Es un lamento
largo y patético del cristiano que redescubre cuánto Dios le ha amado, cuánto
ha hecho por él y lo poco que el hombre ha correspondido al amor y a los
beneficios de Dios.
· ¿Cómo comenzaré a
deplorar las acciones de mi vida miserable?
· ¿Qué principio daré, oh
Cristo, a este lamento?
· Pero como eres
Compasivo, concédeme perdón de mis transgresiones.
· Así como el alfarero da
vida a su barro, me has dado carne y huesos, aliento y vida;
· Ahora, oh Creador mío,
Redentor mío y Juez, acéptame a mí penitente.
· He perdido mi hermosura
original, Ahora estoy postrado, desnudo y cubierto de vergüenza...
Y
a cada uno de estos troparios, el pueblo contesta: "Ten piedad de mí,
oh Dios, ten piedad de mí."
El
Gran Canon se recita dos veces durante la cuaresma: dividido en cuatro partes
en el servicio de Completas Mayores el lunes, martes, miércoles y jueves de la
primera semana, y luego en su forma completa en Maitines del jueves de la
quinta semana. Es la verdadera introducción a la Cuaresma, establece su tono y
espíritu, y, desde el principio nos da la verdadera dimensión del
arrepentimiento.
La
Oración de San Efrén el Sirio.
Entre
semana, en todos los servicios, esta oración se recita dos veces, y se hacen
postraciones después de cada una de las tres peticiones y otra después de la
segunda repetición.
Señor y Dueño de mi vida,
el espíritu de ocio, de indiscreción, de ambición y de locuacidad, no me lo
des. Postración.
Mas el espíritu de
castidad, de humildad, de paciencia y de amor, concédemelo a mí, tu siervo.
Postración.
Sí, Señor y Rey,
concédeme percibir mis propias ofensas y no juzgar a mis hermanos, porque
bendito eres por los siglos de los siglos. Amén. Postración.
Luego
nos inclinamos doce veces diciendo: Dios, purifícame a mi pecador. Y otra vez
la oración completa con una postración al final.
Esta
oración, repetida constantemente en los oficios, es la expresión más sencilla y
más pura del arrepentimiento en todas sus dimensiones, de deseo de purificación
y anhelo de mejoramiento, de un cambio verdadero en relaciones con otras
personas. Las reglas cuaresmales de la Iglesia Ortodoxa dan mucha importancia a
la postración; por medio de ella el cuerpo participa en el esfuerzo de humillar
nuestro orgullo y nuestra autosatisfacción.
Lecturas
de la Biblia.
Otra
característica de los servicios cuaresmales es el uso del Antiguo Testamento,
normalmente ausente del ciclo diario de oficios. Hay lecciones de tres libros
particularmente por todo el período: el Génesis y los Proverbios en Vísperas y
las profecías de Isaías en Sexta. Estas lecturas dan énfasis a la idea de que
la Cuaresma es un tiempo de preparación, un regreso espiritual al Antiguo
Testamento que anunció y preparó la venida de Cristo y la inauguración de la
nueva vida que Él nos da. El Génesis narra la historia de la creación, la caída
del hombre y los comienzos de la historia de la salvación. Los Proverbios nos
enseñan la sabiduría de Dios revelada al hombre llevándole al arrepentimiento y
a su renovación. Finalmente, Isaías es el gran profeta de Redención y de
Salvación, el heraldo del Reino de Dios.
Himnos
Cuaresmales.
El
libro litúrgico del Gran Ayuno es el Triodio. Además de las lecturas bíblicas,
contiene los himnos especiales que se cantan todos los días en Maitines y
Vísperas. De una belleza especial son los idiomelos de San Teodoro de Estudión,
himnos cortos de penitencia, uno cantado en Maitines y otro en Vísperas, los
cuales expresan mejor que nada la espiritualidad cuaresmal de la Iglesia
Ortodoxa. A continuación, damos algunos ejemplos:
· Empecemos, oh fieles,
el sagrado ayuno, pues es la salvaci6n de nuestras almas.
· Presentemos nuestra
devoción a Dios con temor, ungiendo las cabezas del óleo de buenas obras y
lavando las caras de agua pura,
· Orando no con muchas
palabras sino como el Señor nos ha enseñado a decir:
· Padre nuestro que estás
en los cielos, perdónanos nuestras deudas,
· Pues nos amas a todos.
Maitines
del martes, primera semana.
Venid,
oh fieles, practiquemos las obras de Dios en la luz, Andemos con diligencia
como de día, echemos fuera todo juicio injusto contra el prójimo, y no le
pongamos tropiezo u ocasión de caer; Dejemos los placeres carnales; Aumentemos
las gracias del alma; Demos de comer a los necesitados; Acerquémonos a Cristo
con penitencia, clamando: Ten piedad de nosotros, oh Dios nuestro. (Vísperas
del viernes, primera semana)
¿Por
qué estás ociosa, alma mía? Y ¿por qué te dedicas al pecado? ¿Por qué, siendo
débil, no buscas alivio? Ahora es el tiempo de los frutos, ahora es el día de
la salvación. Levántate. Lávate con lágrimas de penitencia y enciende tu
lámpara con el aceite de buenas obras, A fin de obtener de Dios perdón y gran
misericordia. (Maitines del martes, segunda semana)
Llegando
a medio camino en el Ayuno, a la veneración de tu Cruz, Esperando ver aquel día
en que Abraham rescató a Isaac de la muerte, Te rogamos que nos hagas
partícipes de tu Cena Mística. Nosotros, salvados por la fe, te clamamos: Oh
Luz ay Salvador nuestro, gloria a ti. Maitines del miércoles, cuarta semana
El
Triodio completo, desafortunadamente, no se ha traducido al español. Sólo
tenemos algunas partes en varias compilaciones, y la mayor parte de sus
riquezas quedan desconocidas a los hispanos. De excepcional belleza y de
maravillosa profundidad espiritual son los cánones de tres odas (de ahí el
nombre "Triodion " en griego), katísmata (estiquios cantados después
de los salmos), himnos a la santísima Trinidad, etc. De todos los libros
litúrgicos de nuestra Iglesia, éste es uno de los más inspiradores, más
directamente relacionados con las necesidades espirituales del hombre.
El
Salterio.
Salmos ocupan una posición central en todo el
culto ortodoxo. Pero, durante la Cuaresma, el Salterio completo se lee dos
veces cada semana, y normalmente se lee una sola vez. Aunque esta práctica se
puede llevar a cabo sólo en los monasterios, es importante saber que en la
Iglesia el Salterio es considerado como un esencial auxilio espiritual de la
Cuaresma.
La
Liturgia de los Presantificados.
No
se permite la celebración de la Divina Liturgia en los días de semana de la
Cuaresma. Son días no litúrgicos o de ayuno (con una excepción, la Fiesta de la
Anunciación). El motivo de esta regla es éste: La Eucaristía es de naturaleza
una celebración festiva, la conmemoración alegre de la Resurrección, la
glorificación de Jesucristo y su presencia entre sus discípulos. Dos veces a la
semana, los miércoles y los viernes, la Iglesia prescribe, después de las
Vísperas, por la tarde, la Liturgia de los Presantificados. Consiste en
Vísperas Mayores y comunión de los Santos Dones consagrados durante la Divina
Liturgia del domingo anterior. Estos días, siendo de ayuno estricto (abstinencia
completa idealmente) son coronados por una participación del Pan de la Vida, el
cumplimiento último de todos nuestros esfuerzos.
Habiéndonos
librado a nosotros y a todo tu fiel pueblo de impureza, santifica nuestras
almas y cuerpos con la santificación que no puedo quitarse, a fin de que
participando con conciencia limpia, rostro inconfuso y corazón iluminado de
estos divinos misterios santificados, y viviendo por ellos, seamos unidos a tu
Cristo mismo, nuestro verdadero Dios, que ha dicho, 'El que come mi carne y
bebe mi sangre permanece en mí y yo en él,' a fin de que tu Verbo, Señor,
habitando y morando en nosotros, vengamos a ser templo de tu santísimo y
adorable Espíritu. Oración de la Liturgia de los Presantificados
La
Música y los Ornamentos Litúrgicos.
espíritu de cuaresma es expresado en la música
litúrgica. Se usan tonos y melodías especiales en las letanías, los
"aleluyas" y en los himnos. Estas melodías lentas, hondas ay solemnes
provocan en nosotros una ansiedad de pureza y una tristeza por no haber vivido
de acuerdo con la "hermosura original" para la cual fuimos creados.
En fin, como símbolo
externo de este estado de arrepentimiento, de preparación y de humildad, se
usan ornamentos morados u oscuros.
Los
Sábados y Domingos de Cuaresma.
Los
sábados de cuaresma, con la excepción del primero, dedicado a la memoria del
Santo Mártir Teodoro de Tiro, y el quinto, Sábado del Himno Acatisto, son días
de conmemoración de los difuntos, un memorial semanario de todos los cristianos
ortodoxos difuntos, de su integración en la Eucaristía siempre ofrecida `por
todo y por todos.
Cada
domingo del Gran Ayuno, aunque conserva su significado esencial - es una Pascua
de resurrección semanaria - tiene su propio tema especial: El primer domingo -
Triunfo de la Ortodoxia - conmemora la victoria de la Iglesia sobre la última
herejía principal: el iconoclasmo (842).
El
segundo, se conmemora a San Gregorio de Palamás, gran místico y teólogo
bizantino del siglo 14 que concentró su enseñanza en la alta vocación del
hombre, en su "deificación" en Cristo.
El
tercero es el domingo de "la veneración de la santa cruz." En el
oficio de Maitines, la cruz se lleva solemnemente al centro de la iglesia,
donde permanece toda la semana que sigue. Este ceremonial anuncia la venida de
la Semana Santa con su conmemoración de la Pasión del Señor. Se realiza una
veneración especial de la cruz al final de cada oficio.
El
cuarto domingo, de San Juan Clímaco, uno de los ascetas más renombrados, quien
en su libro "La Escala de Virtudes," describe las diferentes etapas
de la vida espiritual.
El
quinto, de Santa María Egipcia, cuya vida ofrece un maravilloso ejemplo de
arrepentimiento.
Los
sábados y domingos, días de la celebración eucarística, los ornamentos oscuros
son reemplazados por otros más claros, no se usan las melodías de cuaresma y se
omite la Oración de San Efrén con sus postraciones. Los oficios no son de tipo
cuaresmal, pero la regla del ayuno sigue en práctica y no se interrumpe. En
todos los domingos, en las Vísperas, un especial "Gran Proquímenon"
(versículos del Salterio) inaugura otra semana de esfuerzo penitencial.
¿Como
Observar la Cuaresma?
Es
evidentemente imposible asistir a los oficios de la Iglesia todos los días. Y,
puesto que no podemos guardar litúrgicamente la cuaresma completa tenemos que
preguntarnos, "¿Cuál puede ser nuestra participación en la cuaresma? ¿ Qué
beneficio espiritual se puede sacar de ella? La Iglesia nos invita a hacer más
profunda nuestra conciencia religiosa, a aumentar y fortalecer el contenido
espiritual de nuestra vida, a seguirla en su peregrinación hacia la renovación
y a una rededicación a Dios.
El
Ayuno.
El
primer precepto universal es el del ayuno. La enseñanza ortodoxa sobre el ayuno
es diferente a la de la Iglesia Católica Romana, y es esencial comprenderlo.
Los occidentales identifican el ayuno con una buena obra, lo ven como
sacrificio que gana méritos. "¿Qué cosa voy a sacrificar durante la
cuaresma?" esta pregunta es típica de tal actitud hacia el ayuno. El ayuno
así es una obligación formal, una acción de obediencia a la Iglesia y su valor
reside precisamente en la obediencia. El concepto ortodoxo es, en primer lugar,
que el ayuno es un esfuerzo ascético-esfuerzo de subyugar el hombre físico,
camal, al hombre espiritual, el "natural" al "sobrenatural."
Las limitaciones alimenticias son instrumentales, no son fines en sí. Así el
ayuno no es más que un medio para llegar al fin espiritual, y, por eso, una
parte integral del esfuerzo espiritual total. El ayuno, en el concepto
ortodoxo, incluye más que una mera abstinencia de ciertos alimentos. Incluye
oración, silencio, disposición interna de espíritu, deseo de ser caritativo,
benévolo, y en fin ser espiritual. "Hermanos, al ayunar corporalmente,
guardemos el ayuno espiritual."
Por
eso, la doctrina ortodoxa del ayuno excluye toda evaluación de la práctica como
"máximo" o Mínimo." Cada persona debe encontrar su máximo, medir
su conciencia y hallar en ella su "sistema de ayunar." Pero este
sistema tiene que incluir los elementos espirituales además de los corporales.
El Tipicón y los cánones de la Iglesia describen el ayuno ideal: abstinencia de
carnes y todo producto animal, abstinencia total en ciertas ocasiones. "El
que sea capaz de recibir esto, que lo reciba" (Mateo 19:12). Pero,
cualquiera que sea nuestra "medida" nuestro ayuno tiene que ser un
esfuerzo total de nuestro ser total.
Según las reglas de la
Iglesia el ayuno no se puede interrumpir por todo el período de cuarenta días,
inclusive los sábados y los domingos.
La
Oración.
Debemos
orar siempre. La Cuaresma es, sin embargo, un periodo de aumento e
intensificación de nuestras oraciones. La manera más sencilla es, primero,
añadir a nuestras devociones de la mañana y de la noche La Oración de San Efrén
el Sitio. Además, es bueno y provechoso reservar ciertos momentos del día para
la oración: esto se puede hacer interiormente, en la oficina, en el auto, donde
quiera. Lo más importante es recordar siempre que estamos en cuaresma y que
toda actividad debe tener como punto de referencia su propósito: despertamiento
y renovación espiritual, arrepentimiento y una relación más estrecha con Dios.
Lectura
Espiritual.
A
pesar de que no podemos estar todos los días en la iglesia, sí es posible
seguir la peregrinación cuaresmal leyendo las lecciones y los libros designados
para los servicios. Un capítulo del Libro del Génesis, algún pasaje de los
Proverbios o de Isaías, no requieren mucho tiempo, y además nos ayudan a
comprender el espíritu de la Cuaresma en sus variadas dimensiones. También es
bueno leer algunos Salmos, o con las oraciones o separadamente. En ningún otro
lugar podemos encontrar más sinceros ejemplos de verdadera penitencia, de sed
de comulgar con Dios, del deseo de llenar la vida de verdadera religión. Por
fin, algún libro religioso: vidas de los Santos, historia de la Iglesia, de
espiritualidad, etc. es recomendado a todos los que toman en serio el Gran
Ayuno, el cual nos libra de nuestra vida diaria y nos conduce a un nivel más
elevado de interés, nos alimenta de ideas y de verdades comúnmente ausentes de
nuestro mundo práctico y pragmático.
Cambio
de Vida.
Como
último punto, pero no de menos importancia: debemos hacer un esfuerzo y hasta
una decisión de "vivir más quietamente," por decirlo así, para poder
dedicar más tiempo a la contemplación y a la meditación Radio, televisión,
periódicos, reuniones sociales -por excelentes y provechosas que sean estas
cosas- tenemos que reducirlas a un mínimo. No porque sean malas, sino porque
tenemos algo más importante que hacer. Es imposible hacer un cambio en nuestra
vida sin concentración y disciplina. La Cuaresma es el periodo en que
reevaluamos nuestra vida a la luz de nuestra fe, y esto requiere un verdadero
esfuerzo y una verdadera disciplina. El Señor dice que estrecho es el camino
que lleva al Reino de Dios, y debemos hacer tan estrecha como posible nuestra
propia vida. Al principio el hombre natural y egoísta en nosotros se rebela
contra estas limitaciones. Desea su normal "vida acomodada" con todos
sus placeres y pasatiempos. Pero una vez probado el esfuerzo espiritual, una
vez dado, por medio de esto, un paso más hacia Dios, la recompensa es grande.
Descubrimos un gozo que no se compara con otro. Descubrimos la realidad de lo
espiritual dentro de nosotros. Comenzamos a comprender lo que quería decir San
Pablo por "gozo y paz en el Espíritu Santo. m Dios mismo entra en nuestra
alma: y esta maravillosa entrada es precisamente el fin de la Cuaresma.
"El que me ama, mi
palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en
él" (Juan 14:23).
miércoles, 17 de marzo de 2021
UNA MEDITACIÓN SOBRE EL CANON DE SAN ANDRÉS
El Canon de San Andrés está entretejido con dos hilos complementarios. Primero está el hilo histórico, en el que San Andrés utiliza hábilmente la historia de la salvación como fundamento de su himno de arrepentimiento. Es el Dios amoroso y compasivo, que se revela a través de sus actos salvadores y que llama al oyente al arrepentimiento. Es el Dios trino quien revela al oyente que la obra de salvación continúa aquí y ahora. De hecho, el Señor mismo les recuerda a quienes lo acusan de violar la ley en sábado que "Mi Padre todavía está trabajando, de modo que yo trabajo". (Jn 5,1 7).
martes, 2 de marzo de 2021
CAMINO AL DOMINGO DEL JUICIO FINAL
DE CUANDO EN ESPAÑA SE CREÍA EN ALGO
domingo, 28 de febrero de 2021
DOMINGO DEL HIJO PRÓDIGO
Situemos
el texto Evangélico que hemos escuchado hoy. Ante la crítica de los escribas y
fariseos y las murmuraciones de estos por el trato que da nuestro Señor a los
pecadores, Él presenta tres parábolas que enfatizan el infinito y misericordioso
amor de Dios por los hombres y en especial por los pecadores arrepentidos.
Estas tres parábolas son la de la oveja perdida, la dracma extraviada y el hijo
pródigo.
El
joven del Evangelio, pide a su padre la parte de su herencia y marcha a una
tierra lejana donde disipa todo lo que había obtenido de su padre en una vida
de pecado. El alma que ha recibido gratis de Dios como un regalo la gracia y
los dones divinos por el bautismo, se aparta de Dios, se disipa en el mundo de
los sentidos y pasiones, pierde la razón y la contemplación divina, como nos
dice San Gregorio Palamás y pierde su comunión con Dios, su Padre. El hombre
disipa su alma, pervierte sus pensamientos, se pierde en medio de todo tipo de
falsas ideologías y enseñanzas erróneas, la extravía y termina cayendo en toda
clase de pecados, en la mayoría de las ocasiones, como fruto y culminación de
ese engaño de su alma que no los considera ya ni siquiera pecados. Para el Santo
de Salónica el alma es nuestra gran riqueza y la rectitud de pensamiento es la
gran riqueza del alma. Si el alma esta corrompida entonces esta se pierde en la
fornicación y la imprudencia.
Esta
huida de Dios al mundo quimérico del exterior, es a lo que se refiere el salmo
de David cuando decimos: “El que se aparta de ti, perecerá” (Sal 72,26). Aunque
se les vea vivos, en realidad están muertos y en esa muerte verdadera que es la
muerte espiritual. El hombre que se aleja de Dios, de la Iglesia y de la
Verdad, cree que el pecado lo llena, lo satisface, lo alegra… Más todo es
momentáneo, enseguida aparece el vacío en el alma, la falta de sentido en la
vida y en la propia existencia que conducen finalmente a la desesperación.
Quiere saciarse con el alimento de los cerdos, con la satisfacción de las
pasiones que burlones, le niegan los demonios. Ante esto hay dos salidas:
continuar corriendo hacia el precipicio de la angustia emocional y existencial,
alejándose obstinadamente más y más de Dios; o humillarse, arrepentirse y
recuperar el sentido de su vida.
Nos
dice el Evangelio que aquel joven volvió en sí mismo cuando paró y reflexionó
sobre él y sus circunstancias. Hoy en día nos encontramos con la triste
situación de que se ha perdido el ejercicio de la reflexión, del pararse para
estar con uno mismo. La sociedad nos lleva por el camino de todo lo rápido, las
prisas en la vida cotidiana, el continuo ir y venir, las actividades laborales,
sociales, familiares que se agolpan unas junto a otras. El mundo de las redes
sociales y la televisión nos impiden pararnos, leer, reflexionar, pensar sobre
lo que sucede a nuestro alrededor, lo que nos sucede a nosotros mismos. Todo
son flases, opiniones, pequeñas noticias e informaciones que nos llevan de unas
a otras, de un link a otro link, sin tiempo a digerir ni a distinguir lo
verdadero de lo falso, lo útil de lo inútil. Cuando somos capaces de pasar de
lo exterior a lo interior vemos en lo que hemos convertido nuestras vidas,
hemos terminado apacentando cerdos, engordando nuestras pasiones y acordamos de
la casa de nuestro Padre, sentimos hambre, pero no es un hambre material, es el
hambre de lo que perdimos, el hambre y la sed de la gracia, de la oración, de
los sacramentos y surge el deseo de volver a la casa del Padre, de abandonar el
fango del pecado y los cerdos de las pasiones.
Dios
nos dio la libertad, nos deja libres para elegir. Muchas veces quisiera ir al
corazón del hombre, pero como dice el apóstol Juan, no lo recibimos. El padre
ve a lo lejos al hijo y sale corriendo a su encuentro, en el momento en el que
Dios ve el más mínimo temblor de arrepentimiento en el corazón del hombre se
derrama abundantemente, en el alma que le abre su puerta, por medio del
torrente de la gracia. “He pecado” más el padre lo abraza lleno de una inmensa alegría,
la que hay en el cielo por un pecador que se convierte. Lo había vestido con la
túnica resplandeciente del bautismo, más ahora le da la túnica nueva del
segundo bautismo, la reconciliación fruto del sincero arrepentimiento que borra
los pecados; le da el anillo, pues aquél que se ha arrepentido, que permanece
en la Iglesia, cerca de los Sacramentos, quien está unido a Dios, tiene
autoridad sobre la obra de los demonios y ya no será tan fácilmente engañado
por ellos, y recibe el calzado de los hombres libres frente a la descalcez de
los esclavos, pues sólo el que se arrepiente y vuelve a Dios y vive en Dios es
verdaderamente libre, al verse desligado de la esclavitud del pecado y las
pasiones que es donde muchos creen, en su ignorancia, que está la libertad.
Al
hombre arrepentido, la Iglesia, la casa del Padre, se le presenta como el lugar
donde participará del sacrificio del ternero cebado, imagen del sacrificio de
la Eucaristía, donde recupera su condición de hijo de Dios.
Mirando
la actitud del hijo mayor, podemos volver al tema del sacramento de la
confesión. En este sacramento, normalmente se presenta un hijo u otro en los
que vienen a él. Por un lado, está el fiel que acude como el hijo pródigo, y es
de esta manera como hemos de acudir: confesamos nuestro pecado, estamos
arrepentidos y humildemente pedimos perdón y clemencia; por otro lado, están
los que acuden como el hijo mayor, contando todo lo que él ha hecho, sus
victorias: “Te he servido durante tantos años y nunca he roto tus
mandamientos”; sigue acusando: “Nunca me diste ni un cabrito”; y termina
contando los pecados de los demás: “Este hijo tuyo que se gastó tu fortuna con
prostitutas”. Y si aparecen en la confesión es porque son normales en la vida
diaria, lo que provoca el endurecimiento del corazón.
Terminemos
con este texto de las alabanzas de los maitines de este domingo:
“Padre bueno, me he apartado de ti, más no me desampares ni me muestres indigno de tu reino. El astuto enemigo me desnudó y se llevó mi riqueza. Derroché los dones de mi alma como una prostituta. Entonces, levantándome y volviéndome hacia Ti, clamo: Hazme como uno de Tus esclavos, Tú que por mí extendiste en la Cruz tus manos purísimas, para sacarme del dominio la terrible bestia y cubrirme de nuevo con aquel manto primero, pues eres misericordioso.”
¡Alabado sea nuestro
Dios, ahora y por los siglos de los siglos! Amén.




