miércoles, 24 de noviembre de 2021

ACATISTO AL GRAN MÁRTIR MERCURIO

 



Condaquio I

 Fuiste llamado por el Arcángel Miguel para confesar a Cristo y animándote, te dio una espada celestial; nosotros te alabamos, invencible defensor de los cristianos y, aunque pecadores te cantamos:

 ¡Alégrate, oh Gran Mártir Mercurio, soldado invicto de Cristo!

Icos I

 Tu vida fue como un árbol plantado junto a una fuente, que da fruto a su tiempo, pues de la raíz cristiana de la que brotaste, diste un fruto precioso a tu Señor y por eso te decimos.

 Alégrate, vencedor de Decio.

Alégrate, tú que no temiste las ordenes paganas.

Alégrate, pues Dios te dio una espada celestial.

Alégrate, valiente soldado de Cristo.

Alégrate, joya preciosa del cetro del Señor.

Alégrate, tú que respondiste a la llamada celestial.

Alégrate, vencedor de los demonios y anhelante de la vida angelical.

Alégrate, espada de la cristiandad, defensor de la Iglesia y triturador de Juliano el Apóstata.

Alégrate, siervo de Cristo y de su Madre;

Alégrate, fuente de la divina fragancia de la santidad.

Alégrate, bendición y curación de los que te ruegan.

¡Alégrate, oh Gran Mártir Mercurio, soldado invicto de Cristo!

Condaquio II

Queriendo destruir la cristiandad, el que odia las almas movió a Decio y a Valeriano, así como a los bárbaros, a la persecución de los cristianos. Siendo cristiano, escapaste como un pajarillo de la red del cazador pues Dios, por su ángel, te mandó una espada con la que segabas a los enemigos visibles e invisibles cantando a la Trinidad: ¡Aleluya!

Icos II

Con tu lucha defendiste al imperio de sus enemigos y seguiste siendo cristiano en secreto. Decio estaba asombrado de tu valentía y sabiduría y te colmó de honores haciéndote general de sus ejércitos, ignorando que por ti se manifestaba la Cristiandad victoriosa que te honra diciendo:

 Alégrate, amado soldado de Cristo;

Alégrate, compañero de los ángeles;

Alégrate, general de la milicia divina;

Alégrate, tú que has venido a Roma como consejero.

Alégrate, buena semilla salvada por el ángel de Cristo;

Alégrate, pues has escuchado al ángel y el consejo de tu padre Gordiano.

Alégrate, rama de la viña de Cristo;

Alégrate, cumplidor de la ley cristiana;

Alégrate, pues quisiste ser soldado del Rey celestial.

Alégrate, dotado con los dones divinos;

Alégrate, amante de la gloria de la Iglesia;

Alégrate, siervo que has multiplicado el talento que te dio el Maestro celestial.

¡Alégrate, oh Gran Mártir Mercurio, soldado invicto de Cristo!

Condaquio III

Grande fue tu aflicción al ver que te habías olvidado de dar gracias a Dios y el Arcángel te reprendió; te viste como una rama seca de un árbol verde, más de ti pronto brotó sangre y agua y con los ángeles cantaste: ¡Aleluya!

Icos III

Al ver tu apostura y gran inteligencia, Decio te hizo su consejero preferido y tú aceptaste ofreciendo a Dios, como un nuevo Daniel, un sacrificio incruento de acción de gracias y te honramos con nuestros cantos:

Alégrate, nuevo Daniel.

Alégrate, iluminado por Dios y protector de los soldados.

Alégrate, su defensor en las batallas.

Alégrate, benefactor de los cristianos y salvador en las guerras.

Alégrate, joven hermoso de alma venerable.

Alégrate, vencedor de los ídolos paganos.

Alégrate, mártir, discípulo y siervo de Cristo.

Alégrate, rama verde con frutos maduros del jardín celestial.

Alégrate, tú que has superado las maquinaciones de los demonios y los engaños de este mundo.

Alégrate, valiente confesor de la fe cristiana.

Alégrate, pues no te has avergonzado de la desnudez de la carne, como Adán en el Paraíso.

Alégrate, pues estabas revestido con la humildad de Cristo.

¡Alégrate, oh Gran Mártir Mercurio, soldado invicto de Cristo!

Condaquio IV

¿Quién podrá alabar tu paciencia, cuando tus adversarios te atacaron porque no adorabas a los ídolos con la intención de desprestigiarte ante el emperador terrenal? Más tu corazón alababa al Soberano eterno a quien cantabas: ¡Aleluya! 

Icos IV

Como en una cámara nupcial, estabas en la cárcel orando al Rey celestial, cuando el Arcángel de Dios Miguel se te apareció de nuevo para reconfortarte y con él te cantamos:

Alégrate, tú que hablas con los ángeles y nos fortaleces en nuestras angustias.

Alégrate, pues has ganado la audacia de rogar al Señor por nosotros.

Alégrate, portador de la Cruz y de los sufrimientos de Cristo.

Alégrate, tú que, deseando sufrir por Él, has sido injustamente condenado.

Alégrate, tú que has sido martirizado por tu fe.

Alégrate, pues llevas el nombre del corazón y hablas con los ángeles.

Alégrate, bendición de los que luchan por la justicia.

Alégrate, gozo y victoria de los que son tentados.

Alégrate, pues has contemplado en esta tierra las realidades celestiales.

Alégrate, defensor, alegría y victoria de los soldados.

¡Alégrate, oh Gran Mártir Mercurio, soldado invicto de Cristo. 

Condaquio V

Tú que contemplaste las realidades celestiales y hablaste con los ángeles, ruega a Cristo, el Rey celestial que nos ayude a renunciar a lo perecedero y elegir lo eterno para que también nosotros lleguemos a morar junto a los ángeles y cantar junto a ellos: ¡Aleluya!

Icos V

El que te eligió, conocía la virilidad con la que lo confesarías y rechazarías todos los honores mundanos para poder servirle junto a los ejércitos celestiales y te nos dio como intercesor, defensor y protector en todas las dificultades de nuestra vida; nosotros con gratitud te decimos:

Alégrate, hijo de Gordiano y rama florida de Cristo.

Alégrate, alabanza y exaltación de los escitas y romanos.

Alégrate, hijo de soldado cristiano y lanza del espíritu.

Alégrate, tú que sirves junto a él en el ejército de los mártires.

Alégrate, ángel terrenal y soldado de la milicia angelical.

Alégrate, ciudadano de la Jerusalén celestial.

Alégrate, candelero de oro de la Iglesia del Señor.

Alégrate, maestro del consejo y la sabiduría de la verdadera victoria.

Alégrate, tú que has viajado al cielo como los Magos al pesebre donde nació Cristo.

Alégrate, modelo y ejemplo para los soldados cristianos.

¡Alégrate, oh Gran Mártir Mercurio, soldado invicto de Cristo!

Condaquio VI

El Creador de los ángeles y Señor de los Poderes celestiales te concedió abundantes dones y el tirano y enemigo de tu alma se maravilló de tu hermosura, más no supo cantar contigo a Dios: ¡Aleluya! 

Icos VI

Como un águila, volaste con las alas del anhelo divino y buscando al que amaba tu alma te has armado con la espada de la fe y el escudo de la justicia enfrentándote a los martirios que te habían preparado. Concédenos tu paciencia, oh San Mercurio, en medio de las tentaciones que nos rodean, para vernos libres de las garras del maligno y darte gracias diciendo:

Alégrate, valiente soldado que canta con los ángeles.

Alégrate, tú que fuiste colgado desnudo de cuatro palos

Alégrate, pues los ángeles te han ayudado y fortalecido;

Alégrate, pues no flaqueó tu alma que contemplaba a los catorce mil niños asesinados por Herodes;

Alégrate, pues la estrella de los Magos de Oriente brilló en tu corazón y en tu alma, llenándote de alegría;

Alégrate, mago de los ejércitos romanos y pastor espiritual de los soldados.

Alégrate, tú que manejas la espada celestial y tienes el corazón lleno de amor a Cristo.

Alégrate, protector divino de la vida cristiana frente a la ignorancia de los paganos

Alégrate, pues tu rostro resplandece con la vivificante Luz divina.

Alégrate, humilde siervo del Redentor.

Alégrate, pues todos se maravillaron con el resplandor de tu rostro.

Alégrate, hermoso amanecer en la noche de la incredulidad.

¡Alégrate, oh Gran Mártir Mercurio, soldado invicto de Cristo!

Condaquio VII

Más muerto que vivo, agradecías a Cristo la paciencia que te concedió y le agradeciste que te enviara la visita de su Arcángel para reconfortante. Tú en medio de ellos pensabas en los ángeles que cantaron al Divino Infante y que llevaron la noticia de su encarnación y nacimiento a los hombres a los que invitaron a cantar en la tierra, como e canta en el cielo: ¡Aleluya!

Icos VII

Tu sangre pura brotó de tus heridas como un arroyo y apagó el fuego donde rezabas a Cristo como un niño pensando en Raquel llorando por sus hijos sin querer ser consolada porque habían muerto. Te pedimos, oh Mártir San Mercurio que seas consuelo y fortaleza de los afligidos y agobiados por las penurias de esta vida y que, cargando con su cruz, te cantan:

Alégrate, nuevo Abel, pues has derramado tu sangre sobre el altar del martirio;

Alégrate, corazón de fuego que quema los pensamientos impuros.

Alégrate, tú que ahogaste a Belial en el Jordán de tu sangre.

Alégrate pues, aunque te rompieron las piernas, corriste más vigorosamente hacia la adquisición de lo celestial.

Alégrate, pues todos tus amigos te han abandonado porque eras amigo de Cristo.

Alégrate, tú que fuiste echado en la cárcel como en un sepulcro y resucitarás con los justos en el último día;

Alégrate, pues el Arcángel celestial te ha vuelto a visitar y te ha dicho:

Alégrate, amado por Dios, y Paz a ti, Mártir sufriente.

Alégrate, pues por tu fe han sanado todas las heridas de tu cuerpo.

Alégrate, tú que has sanado avergonzando a los paganos;

Alégrate, pues los tormentos aquilataron tu fe.

Alégrate, tú que no temiste a los que matan el cuerpo, sino el alma.

Alégrate, tú que no serviste a dos señores, sino sólo al Rey celestial.

¡Alégrate, oh Gran Mártir Mercurio, soldado invicto de Cristo!

Condaquio VIII

Bendito eres, glorioso Mártir pues Dios te ha hecho digno de confesarlo y de derrotar a Decio avergonzando a los demonios e iluminando a todos con tu santa pasión y tu vida pura. En el día del juicio, cuando obtengamos nuestra recompensa según nuestras obras, se nuestro intercesor ante Aquél a quien has confesado y así podamos cantar:

Alégrate, pues, aunque Decio sabía que servías al Dios Viviente, no creyó Él.

Alégrate, pues obraste según creías.

Alégrate, pues conociendo la astucia del diablo, recibiste el don del discernimiento de los espíritus;

Alégrate, porque has creído firmemente que si morías por tu fe resucitarás con Cristo.

Alégrate, pues por los golpes que recibiste en tu cuerpo, derrotaste los ejércitos de los demonios.

Alégrate, pues siendo quemado con fuego, hiciste arder con tu humildad y amor al que una vez engañó a Eva.

Alégrate, amante de los querubines y de la sabiduría de los serafines.

Alégrate, pues refrenando tu cuerpo, dominaste las pasiones.

Alégrate, tú que estás lleno de amor, obediencia y sabiduría.

Alégrate, iniciado en el camino del reino de los cielos

Alégrate, tú que te ofreciste como sacrificio sobre el altar del santo amor;

Alégrate, tú que en silencio habitaste en el corazón de Cristo.

¡Alégrate, oh Gran Mártir Mercurio, soldado invicto de Cristo!

Condaquio IX

 

Los ángeles y los hombres no pueden describir tu paciencia, oh San Mercurio, en medio de los terribles tormentos que sufriste, más en medio de ellos, sólo pensabas en la Cruz de Cristo de donde obtuviste fuerza, paciencia y consuelo. La Santa Cruz fue tu arma y escalera para subir al cielo, el tesoro inagotable de los que la veneran y cantan: ¡Aleluya!

Icos IX

Oh San Mercurio, Tu paciencia en medio de los tormentos asombró a todos, pues no conocían el amor que ardía en tu corazón y que era tu alivio en los dolores, ni vieron a los ángeles a tu alrededor, ni sus corazones latían como el tuyo viendo al Dios Viviente a quien adorabas. Nosotros, conociéndolo te alabamos diciendo:

Alégrate, pues por tu fe y obras sin mancha subiste al cielo.

Alégrate pues por tu oración y tu humildad fuiste como un ermitaño en tu corazón.

Alégrate, soldado celestial y creyente fiel.

Alégrate, tesorero de los misterios de Cristo.

Alégrate, pues fuiste quemado con fuego y golpeado con flagelos de bronce.

Alégrate, tú que has sido santificado por el amor de Dios.

Alégrate, portador del buen olor de Cristo.

Alégrate, pues se te ha dado el don del sufrimiento por tu firme corazón.

Alégrate, tú que deseas la salvación de todos los hombres

Alégrate, tú que oraste por los que te atormentaban.

Alégrate, tú que no recompensaste el mal con el mal.

Alégrate, tú que te preparaste con gozo para la salvación de tu alma.

¡Alégrate, oh Gran Mártir Mercurio, soldado invicto de Cristo!

Condaquio X

Con que cánticos te alabaremos, oh glorioso Mártir, pues de tu boca no ha salido ni un suspiro, sino que como un cordero que voluntariamente se sacrifica a Cristo, te has hecho digno de sus dones divinos y del Reino de los Cielos desde donde enseñas a cantar a los que recuerdan con amor tu memoria: ¡Aleluya! 

Icos X

Que resuenen los cantos divinos, y saltemos de gozo en la fiesta del Mártir Mercurio, pues para el los martirios son un deleite más dulce que la miel y los panales y la muerte es hermosa fragancia. Los ángeles junto a nosotros forman una cohorte de honor que te canta:

Alégrate, mártir de alma incorrupta, ornado con el manto purpureo de tu sangre.

Alégrate, pues te han colgado boca abajo con una piedra atada al cuello;

Alégrate, tú que has sido flagelado con los terribles escorpiones.

Alégrate, tú que no has murmurado contra Dios por tu sufrimiento.

Alégrate, tú que le diste gracias por hacerlo digno de sufrir por Él y su santo Nombre.

Alégrate, porque ni siquiera con estos tormentos te vencieron, sino que te regocijaste en ellos.

Alégrate, pues al final te condenaron a morir bajo la espada.

Alégrate, tú que fuiste a Capadocia para dejar allí tu cuerpo martirizado.

Alégrate, tú que has sido atado sobre una bestia.

Alégrate, pues como tu Maestro, llevaste tu cruz hasta el final.

Alégrate, pues así prefiguraste tu entrada a la Jerusalén celestial.

Alégrate, tú que has caído bajo el peso de la cruz, pero has permanecido sin ser vencido por los enemigos visibles e invisibles.

¡Alégrate, oh Gran Mártir Mercurio, soldado invicto de Cristo!

Condaquio XI

De camino a Capadocia los soldados se detuvieron en Cesarea, y allí, oh glorioso Mártir, se te apareció Cristo y con voz inefable te llamó a las moradas celestiales, prometiéndote el descanso eterno y la corona de la victoria y tú le cantaste: ¡Aleluya!

Icos XI

Sometiste tu alma a Cristo y deseando su bendición, le entregaste tu amor y obediencia. Humilde y lleno de pureza, volaste al cielo donde has sido recompensado por el Altísimo y nosotros, junto a las huestes celestiales, te decimos:

Alégrate, porque Cristo te ha hecho reposar en el seno del Padre.

Alégrate, tú que has elegido y guardado la fe.

Alégrate, porque te cortaron la cabeza con la espada en Cesarea de Capadocia.

Alégrate, porque este fue elegido para terminar con el Gólgota de tu vida.

Alégrate, pues has dicho a los soldados que se detengan y hagan lo que se les había ordenado.

Alégrate, pues les has prometido el arrepentimiento y el don de Cristo.

Alégrate, pues ha brotado de tu cuerpo fragancia de mirra e incienso.

Alégrate, porque por este milagro muchos han creído en Cristo.

Alégrate, pues tu santo cuerpo fue puesto en un lugar de honor.

Alégrate, pues a través de él se nos conceden curaciones de cuerpo y alma desde entonces hasta hoy.

Alégrate, tú que siempre has defendido tu ciudad de los enemigos visibles e invisibles.

¡Alégrate, oh Gran Mártir Mercurio, soldado invicto de Cristo!

Condaquio XII

Cuando los habitantes de Cesarea vieron los innumerables milagros que realizaban tus santas reliquias, construyeron una iglesia para albergarlas y tu icono fue puesto junto al de la Madre de Dios a quien venerabas con amor. Uniéndome a ellos, canto al que te glorifico: ¡Aleluya!

Icos XII

No sólo tus reliquias obraban milagros, sino también tu santo icono, porque reinando Juliano el Apóstata, después de un periodo de paz para la Iglesia, la persiguió, y tú, escuchando la oración de San Basilio el Grande, oh Soldado de Cristo, lo derribaste y venciste por lo que te decimos:

Alégrate, pues San Basilio el Grande pidió a la Madre de Dios que aplastara al apóstata.

Alégrate, pues vio como tu imagen desaparecía del icono.

Alégrate, pues pronto reapareciste con la lanza ensangrentada.

Alégrate, pues en ese momento Juliano moría lanceado en el campo de batalla por un soldado desconocido.

Alégrate, de que el apóstata arrojara su sangre al cielo reconociendo la victoria de Cristo.

Alégrate, pues todo esto le fue revelado al Santo Jerarca, que dio gracias a la Madre de Dios y a ti, Santo Mártir Mercurio.

Alégrate, pues ninguno de los guerreros te conocía.

Alégrate, tú, por quien el cristianismo ha sido defendido y protegido.

Alégrate, ayudante de los soldados y creyentes.

Alégrate, tú que obras milagros ayudando a todos los oprimidos injustamente.

Alégrate, pues la Madre de Dios alegra a los fieles que con amor celebramos tu santa memoria.

Alégrate, pues por ti Dios restaura la paz y la armonía del entendimiento entre los hombres y defiende el cristianismo.

¡Alégrate, oh Gran Mártir Mercurio, soldado invicto de Cristo!

Condaquio XIII

Oh glorioso mártir San Mercurio, soldado elegido de Cristo, escucha las oraciones de los agobiados por las necesidades y ven en nuestra ayuda; defiéndenos de los enemigos visibles e invisibles y haznos dignos del Reino de los cielos para que contigo y los ejércitos celestiales cantemos a Dios: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

Y el icos y el condaquio I


Tropario, tono 4º

Tu mártir Mercurio, oh Señor, por sus padecimientos ha recibido de ti la corona inmarcesible, pues con tu poder ha derrotado a los tiranos, y ha vencido los ataques de los demonios. Por su intercesión, oh Dios, salva nuestras almas.

Oración a San Mercurio

Te damos gracias, oh San Mercurio, por los beneficios que Dios derrama sobre nosotros por tu intercesión. No somos dignos de contemplar tu Santo Icono que derrama sobre nosotros, pecadores, la abundancia de los dones de Dios. Protege con tu santa espada la fe ortodoxa, a nuestra Santa Iglesia y a los fieles cristianos de las embestidas de los enemigos visibles e invisibles, pues tú eres nuestra gloria y nuestra fuerza. Auxílianos para que no perezcamos sometidos bajo las penalidades de esta vida y ruega a Dios para que podamos llevar nuestra cruz hasta el final. Ayuda a los agobiados, como el Salvador te ayudó a ti. Concede la victoria a los ejércitos cristianos; guarda en la unidad a la Santa Iglesia librándonos de las herejías y cismas; ilumina a todos los hombres de la Tierra y condúcelos a la salvación e iluminación y danos la salud del cuerpo y el alma. A todos los que trabajan en la tierra, en el mar, en el aire y en las profundidades, por tus oraciones concédeles todo lo necesario para sus almas y cuerpos y la liberación de todas sus dificultades y necesidades. Ayuda a los que luchan por la justicia, por los que han sido desterrados injustamente y no permitas que perdamos nuestra humanidad. Y a los que celebramos con fe tu santa memoria, te pedimos que intercedas por nosotros ante Dios y su Santísima Madre, se nuestro intercesor en nuestra última hora para que podamos entrar en el Reino de los Cielos y regocijarnos contigo y todos los ejércitos celestiales que continuamente alaban al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, Trinidad consubstancial e indivisible por los siglos de los siglos. Amén. 


Traducido del rumano por el P Hm Nicolás (Vera)



viernes, 19 de noviembre de 2021

Las ocho pasiones de las que brota toda la maldad



Hay ocho pasiones de las que brota toda la maldad: el cuidado del vientre, la fornicación, el amor al dinero, la ira, la tristeza duradera e injustificada, la pereza, la vanagloria y el orgullo. Los demonios que las acompañan, luchan continuamente por la perdición de los hombres.

Si quieres vencer el cuidado del vientre, tendrás que usar la moderación en todo y el temor del Señor. Todos los alimentos que tanto tiempo tardas en preparar y presentar, que especias y condimentas, que gustas de poner en vajillas caras y sobre hermosos manteles, termina saliendo maloliente de ti y no pocos de ellos son causa de enfermedades y recuerda tú que los has comido, con gran temor de Dios, que terminarás como ellos, maloliente en un sepulcro, descompuesto y siendo comida de gusanos.

Si quieres vencer la fornicación, utiliza las armas del ayuno y la vigilancia, recuerda que has de morir y cuida todo lo que entra por tus ojos y oídos; la gula es la puerta abierta por la que entra la fornicación y las demás pasiones por lo que lucha contra ella con el ayuno y vencerás la pasión que quema tu corazón; ama poco el blando lecho y mucho la metanoia; y sobre todo cuida todo aquello que ves y miras, las palabras y músicas que escuchas, pues aunque hayan pasado mucho tiempo, lo que viste u oíste, será la mecha que te haga arder en el momento de la tentación y no digas nunca: “pasó para mí el tiempo” pues grandes santos fueron tentados con este fuego en el momento de su muerte.

Si quieres vencer el amor al dinero, utiliza el arma de la pobreza y la sencillez; contempla a Cristo que siendo Dios, Creador y soberano del universo se hizo hombre como nosotros; contempla su nacimiento, no en un palacio aún siendo el Rey de la gloria, sino en una cueva y piensa que en el momento de la muerte no podrás llevarte nada de lo que tienes por lo que atesora en el cielo el capital de las buenas obras.

Si quieres vencer la ira, obtén las armas de la mansedumbre y la bondad; recuerda a Cristo en su pasión salvadora pues con un solo movimiento de su mano, hubiera podido destruir a los que los apresaron juzgaron y atormentaron; con un solo dedo hubiera podido destruir Jerusalén y hundir el poder del Imperio Romano, más para vencer a la muerte y al pecado se sometió incluso a la muerte y una muerte de cruz y murió perdonando a los que lo habían llevado a la muerte.

Si quieres superar la tristeza, nunca te preocupes de las cosas temporales; lo que hoy tenemos, mañana ha huido, personas, posesiones, dignidades… que nada ni nadie pueda afligirte ni causar preocupación. Eleva tus ojos al cielo y tu alma a tu Salvador, que murió y con su muerte ha vencido a la muerte. Sólo el pecado ha de producir en ti tristeza y aún ha así no ha de ser una tristeza definitiva pues esta se vence con el arma del arrepentimiento que llena el alma de alegría.

La acedía, la pereza espiritual es la que verdaderamente mata el alma y contra ella se debe usar el arma de la oración continua. Las lecturas de las vidas de los Santos y los escritos de los Santos Padres son el combustible que mueve nuestra alma y mueve nuestro deseo de oración y amor y diligencia en los trabajos espirituales.

Si quieres vencer el orgullo, hagas lo que hagas, no digas que lo has hecho. La mejor arma para vencerlo es mantener la boca cerrada y tener siempre presente que hagamos lo que hagamos siempre es posible por la ayuda de Dios. No busques tu gloria, sino da gloria a Dios con tu vida siempre y en todo momento.

 

miércoles, 17 de noviembre de 2021

De lo que nunca necesitas hablar.

 

 



Uno de los principales problemas que padece nuestra sociedad y por lo tanto los cristianos, es la incontinencia verbal, esto es, la incapacidad de permanecer callados. Parloteamos continuamente, sobre todo, opinamos sobre todo y sabemos de todo. Nuestra vida es como una casa sin ventanas ni puertas en la que todo es manifiesto. Pero si esto es así, no sólo se ve lo que hay dentro de la casa, sino que, al carecer de ventanas y puertas, toda clase de basura y suciedad entra en ella y al mismo tiempo, estamos expuestos a todos los enemigos visibles e invisibles como una ciudad sin murallas.

 Así mismo, el demonio, que no es omnisciente como Dios, al igual que los enemigos envidiosos, reciben de nosotros toda clase de información para realizar sus maldades.

He aquí, algunas cosas de las que no hemos de hablar con nadie más que con Dios. Cerrar la boca, medir las palabras, y el santo y prudente silencio, es una de las grandes defensas espirituales para nuestra vida.

No hables y mantén en secreto tus planes a largo plazo. Ten la boca cerrada hasta que se vean realizados. Nuestras ideas no son perfectas y la mayor parte de las veces tienen grandes debilidades por lo que pueden ser fácilmente destruidas.

No hables de lo bueno que haces con el prójimo ni de tu caridad con los demás. Cuando hacemos una buena acción, ésta debe protegerse como la niña de tus ojos. No te alabes a ti mismo pues esto te conduce al orgullo que se llevará todo el bien que has hecho: “que tu mano derecha no sepa lo que hace tu izquierda” nos dice el Señor en su Evangelio.

Tampoco airees a los cuatro vientos tus prácticas ascéticas, tu ayuno, la agripnia… La parte física del ascetismo es buena si tiene como origen la ascesis del alma.

No te enorgullezcas de tus logros físicos y mundanos. Estos son visibles y traen consigo la alabanza y el premio, más no son nada en comparación con los logros espirituales.

De lo que nunca se debe hablar es del conocimiento espiritual, pues conduce al ensoberbecimiento de aquél que lo hace. Son muchos los que cuando habla un padre espiritual, interrumpen continuamente para manifestar ante los demás aquello que saben. La actitud del que tiene un verdadero conocimiento espiritual es la del silencio y la escucha atenta.

Nunca se ha de hablar con los demás sobre los conflictos domésticos y su vida familiar en general. Cuanto menos hables de los problemas de tu familia, más fuerte y estable será.

De lo que nunca merece la pena hablar es de las malas palabras que se escuchan de los demás. Cuando caminas por la calle puedes ensuciarte los zapatos y… ensuciarte el alma. El que llega a su casa y dice todo lo que escuchó en la calle, no es diferente del que llegó a su casa y no se quitó los zapatos sucios.

GRAN CAMPAÑA DE VACUNACIÓN EN LA IGLESIA ORTODOXA

 



Comenzando el 15 de noviembre 2021 (28 de noviembre en el antiguo calendario) durante seis semanas en la Iglesia Ortodoxa se desarrolla una gran campaña de "vacunación". Se trata del Ayuno de Navidad, en el cual los fieles infectados con los virus mortales de las pasiones y pecados, se les espera en todos los centros de vacunación de cada parroquia o monasterio sin que importe la edad de los mismos.

"La vacuna" está basada en la técnica del perdón y el arrepentimiento y tiene en su composición el Cuerpo y Sangre de Cristo Salvador. "La vacuna" con los Santísimos Misterios será administrada en dos partes: la primera por la Santa Confesión, y la segunda, como divino refuerzo, por la Santa Comunión. La vacuna es producida por Jesucristo nuestro Señor, el Médico de las almas y de los cuerpos y es una "vacuna" segura, sin reacciones adversas y lleva, si es recibida correctamente y en las condiciones necesarias, a la Salvación.

 Intentad durante este tiempo respetar las medidas preventivas contra la infección con los virus mortales de las pasiones y pecados, manteniéndose alejados de los centros comerciales y demás lugares de consumo exacerbado y de objetos contaminantes como la televisión, móviles y tablets; por el contrario, utilizad prácticas protectoras siendo buenos, misericordiosos, compasivos, generosos, perdonando, no criticando, y rezando lo más frecuentemente que sea posible.

 Que tengamos un ayuno santo y bendito.

 

martes, 16 de noviembre de 2021

ACATISTO A SAN MATEO APÓSTOL Y EVANGELISTA

 

 

Sacerdote: Bendito sea nuestro Dios ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

 

Si no hay sacerdote: Por las oraciones de nuestros Santos Padres, oh Señor Jesucristo, Dios nuestro, ten piedad de nosotros. Amén.

 

Gloria a ti, Dios Nuestro, Gloria a ti.

 

Rey Celestial, Consolador, Espíritu de la Verdad, que estás en todo lugar, y que lo llenas todo, Tesoro de bienes y Dador de la vida, ven y haz de nosotros tu morada, purifícanos de toda mancha, y salva, Tú que eres bueno, nuestras almas.

 

L. Santo Dios…, Gloria al Padre…, Santísima Trinidad..., Kirie eleison (3 veces), Gloria al Padre…, Padre nuestro… Porque tuyo es el reino…

 

En el día de la fiesta, se canta:

 

Tropario, tono 3º

 

Santo Apóstol Mateo, ruega a Dios misericordioso que conceda el perdón de los pecados a nuestras almas.

 

Condaquio I

 

Alabemos al discípulo del Señor y luz del universo, el apóstol Mateo, que convirtió a los paganos, por medio del Evangelio, de la adoración de los ídolos a la del Dios verdadero. Por ello le cantamos con alegría:

 

¡Alégrate, Santo Apóstol y Evangelista Mateo!

 

Icos I

 

Oh Mateo, predicador del Señor, con el don que has recibido de Cristo, limpia las almas contaminadas con los malos pensamientos y palabras, para que una vez purificadas, puedan cantarte:

 

Alégrate, tú que, de publicano, te convertiste en Apóstol.

Alégrate, pues fuiste llamado al discipulado.

Alégrate, pues del Señor escuchaste: “Sígueme”.

Alégrate, pues dejándolo todo seguiste a Cristo.

Alégrate, pues Él te ha iluminado.

Alégrate, pues lo recibiste en tu casa.

Alégrate, pues por ti se mostró la misericordia a muchos pecadores.

Alégrate, pues seguiste al Señor junto a los Apóstoles.

Alégrate, tú que te has separado del mundo y has seguido a Cristo.

Alégrate, tú que has iluminado a las naciones.

Alégrate, pues tu Evangelio nos sacó de las tinieblas.

Alégrate, pues predicaste a Cristo hasta los confines del mundo.

 

¡Alégrate, Santo Apóstol y Evangelista Mateo!

 

Condaquio II

 

Oh alabadísimo Mateo, por la predicación del Evangelio, sacaste de las tinieblas del engaño a las naciones como prometiste al Señor que te llamó para ser pescador de hombres. Por eso cantamos a Dios: ¡Aleluya!

 

Icos II

 

Recibiste la llama de fuego del Espíritu Santo y con ella quemaste el engaño, oh sapientísimo Mateo, y provocaste el santo temor en aquellos que escucharon tu palabra cuando predicaste la gloria del Todopoderoso. Alabamos el don recibido y te cantamos:

 

Alégrate, vasija que contiene el fuego del Espíritu Santo.

Alégrate, tú que fuiste hasta tierras lejanas.

Alégrate, pues iluminaste las naciones paganas con el Evangelio.

Alégrate, pues ardías con el fuego del Espíritu Santo.

Alégrate, pues después de predicar el Evangelio derramaste tu sangre por Cristo.

Alégrate, trompeta del Espíritu Santo.

Alégrate, siervo bendito del Verbo.

Alégrate, tesorero de las divinas verdades.

Alégrate, fuente de piadosas costumbres.

Alégrate, manantial del que fluyen las aguas del conocimiento de Dios.

Alégrate, pues tu anuncio divino se ha difundido por toda la tierra.

Alégrate, luminaria de la iglesia de Cristo.

 

¡Alégrate, Santo Apóstol y Evangelista Mateo!

 

Condaquio III

 

Oh Apóstol Mateo, corriste sediento a la llamada del Señor y diligentemente te entregaste a la obediencia de su enseñanza predicando al Dios verdadero al que cantamos: ¡Aleluya!

 

Icos III

 

Seguiste diligentemente a Cristo que te llamó a su discipulado celestial, renunciando de inmediato a toda ocupación terrenal y por el Reino de los Cielos te apartaste de las cosas mundanas y de la vanagloria, convirtiéndote de publicano en evangelista. Por ello, llenos de júbilo, te decimos:

 

Alégrate, ferviente intercesor nuestro.

Alégrate, guardián de la salvación.

Alégrate, tú que loaste a la Madre de Dios.

Alégrate, pues moras junto a los ángeles en el cielo.

Alégrate, protector nuestro.

Alégrate, guardián de los misterios de Cristo.

Alégrate, predicador del Evangelio.

Alégrate, intercesor nuestro ante Dios.

Alégrate, tú que anunciaste la fe salvadora.

Alégrate, luminaria del conocimiento celestial.

Alégrate, maestro de la fe verdadera.

Alégrate, morada de nuestro Salvador.

 

¡Alégrate, Santo Apóstol y Evangelista Mateo!

 

Condaquio IV

 

Con la trompeta de tus palabras evangélicas llevaste a los hombres al conocimiento de Dios, oh Apóstol Mateo, y alejaste de la tierra las tinieblas del engaño guiando con un mismo pensamiento a los creyentes. Por eso honramos tu santo recuerdo cantando a Dios: ¡Aleluya!

 

Icos IV

 

Con el anuncio del Evangelio, has transformado los templos idólatras en iglesias de Dios, oh Apóstol Mateo, y en ellas has santificado a los hombres mediante el bautismo, renovándolos por el agua y el Espíritu. Por eso te cantamos:

 

Alégrate, tú que has crucificado las cosas de este mundo y en ti vive Cristo.

Alégrate, pues por ti las tinieblas del paganismo se han disipado.

Alégrate, tú que has iluminado al mundo.

Alégrate, tú que estás junto a Dios.

Alégrate, pues por tu predicación trajiste a los hombres al pueblo de Dios.

Alégrate, tú que escuchas a los que te invocan con fe.

Alégrate, pues has sido armado con la lengua de fuego del Espíritu Santo.

Alégrate, pues Él te iluminó para escribir el Evangelio.

Alégrate, pues has participado de sus infinitas riquezas.

Alégrate, tú que nos has enseñado a adorar a la Santísima Trinidad.

 

¡Alégrate, Santo Apóstol y Evangelista Mateo!

 

Condaquio V

 

Oh alabadísimo Mateo, de lo más profundo de la maldad, como un águila volaste a lo más alto. siguiendo a Cristo, el que cubrió los cielos con su bondad y llenó la tierra con su sabiduría; junto a Él has proclamado la paz vida y resurrección a los que se han inclinado con fe ante los mandamientos divinos y que cantan contigo a Dios: ¡Aleluya!

 

Icos V

 

Oh Mateo, Evangelista de Cristo, que has iluminado toda la creación, sapientísimo y Apóstol de Cristo, heraldo de sus enseñanzas divinas, los creyentes llenos de amor, te decimos:

 

Alégrate, tú que has difundido la fe.

Alégrate, pues por ti se hunde la mentira.

Alégrate, guardián del Evangelio de Cristo.

Alégrate, primer escritor del Evangelio divino.

Alégrate, pues nos descubres los misterios celestiales.

Alégrate, estrella resplandeciente de la Iglesia.

Alégrate, vencedor de las creencias paganas.

Alégrate, ornamento de las iglesias.

Alégrate, dulce discípulo de Cristo.

Alégrate, pues tu Evangelio cura nuestras almas.

 

¡Alégrate, Santo Apóstol y Evangelista Mateo!

 

Condaquio VI

 

Al escuchar la voz del Verbo encarnado, has abandonado por completo la confusión de las cosas terrenales y te has mostrado como un icono de la gracia y un predicador del Dios verdadero, oh bienaventurado Apóstol Mateo. Por ello, junto a todas las huestes celestiales cantamos a Dios: ¡Aleluya!


Icos VI

 

Al renunciar a las ganancias ilegales de publicano y tomar la cruz, seguiste a Cristo, el que te llamó, oh bienaventurado Mateo. Por esto has recibido las infinitas riquezas de la gracia, que derramas abundantemente sobre los que te alaban con amor diciendo:

 

Alégrate, tú que nos muestras la Encarnación divina.

Alégrate, tú que pusiste por escrito la Palabra de Dios para bien de nuestras almas.

Alégrate, santo dispensador de los tesoros celestiales.

Alégrate, enseñanza para los que buscan la divina Sabiduría.

Alégrate, pilar que nos sostiene.

Alégrate, columna inquebrantable de la Iglesia de Dios.

Alégrate, tú que muestras la salvación a los fieles.

Alégrate, maestro de las verdades divinas.

Alégrate, vidente del Verbo encanado.

Alégrate, heraldo de la vida eterna.

Alégrate, predicador de la gracia a los que estaban bajo la ley.

Alégrate, vocero del Espíritu Santo.

 

¡Alégrate, Santo Apóstol y Evangelista Mateo!

 

Condaquio VII

 

Abandonando el oro y amando a Cristo, oh Santo Apóstol Mateo, iluminaste hasta los confines de la tierra; de publicano te mostraste como Apóstol, discípulo y predicador de la fe, cantando a Dios: ¡Aleluya!

 

Icos VII

 

Oh Dios, por tu Verbo hipostático, has enseñando a tu discípulo que ha anunciado la sabiduría divina de tu Evangelio, enseñándonos a todos a alabarte. por esto cantamos con alegría:

 

Alégrate, boca elocuente de Dios.

Alégrate, heraldo de los misterios divinos.

Alégrate, por quien Cristo salva nuestras almas.

Alégrate, lengua divina que incesantemente nos habla de lo divino.

Alégrate, voz del Paráclito.

Alégrate, quebranto de la falsa sabiduría.

Alégrate, tú que descubres la falsedad de los paganos.

Alégrate, dulce guardián de la Verdad.

Alégrate, aquél por quien el Espíritu Santo nos ilumina.

Alégrate, pues a ti se te encomendó poner por escrito las palabras de Cristo.

 

¡Alégrate, Santo Apóstol y Evangelista Mateo!

Condaquio VIII

 

Con el don que te ha dado Dios, oh Mateo, el vidente de Dios, ahuyentas con tu palabra a los demonios, se curan las enfermedades, y las pasiones del alma son ahuyentadas; por ello cantamos a Dios: ¡Aleluya!

 

Icos VIII

 

Al renunciar al yugo de las costumbres, oh Apóstol Mateo, te has sometido al yugo de la justicia y te has mostrado como un hábil comerciante, recogiendo las riquezas de la sabiduría celestial; has predicado la Palabra de verdad a todos y por ello los cristianos te cantan:

 

Alégrate, luz que disipa las tinieblas del paganismo.

Alégrate, camino de los perdidos.

Alégrate, predicador de Cristo.

Alégrate, pues participaste de la pasión de Cristo.

Alégrate, obrero maravilloso del Señor.

Alégrate, tú que contemplaste el misterio de Dios.

Alégrate, luz que ilumina las almas.

Alégrate, economía de la belleza primigenia.

Alégrate, tú que nos mostraste la genealogía en la carne del Verbo divino.

Alégrate, tú que nos mostraste su divina encarnación y natividad.

 

¡Alégrate, Santo Apóstol y Evangelista Mateo!


Condaquio IX

 

Con celo ardiente, los Santos Apóstoles cumplieron el mandamiento divino de predicar el Evangelio y así fuiste a Myrmenia en tierra de los salvajes devoradores de hombres y a todos les enseñaste a cantar: ¡Aleluya!

 

Icos IX

 

El mismo Cristo se te apareció como un joven, dándote la paz y te dio una vara para que, bajando del monte la plantaras en la puerta de la Iglesia que habías construido y así mostrar sus milagros. Por tu obediencia te elevamos nuestras alabanzas:

 

Alégrate, fuego ardiente que nos muestras la palabra del Evangelio.

Alégrate, pues proclamaste el Evangelio en tierras ignotas.

Alégrate, pues Dios te envió a la ciudad e Myrmenia.

Alégrate, pues fuiste digno de divinas visiones.

Alégrate, pues libraste a la reina de un terrible demonio.

Alégrate, tú que reprendiste a los espíritus inmundos.

Alégrate, tú que los sacaste del hijo y la esposa del gobernador.

Alégrate, tú que siguiendo el mandamiento divino plantaste la vara en la ciudad.

Alégrate, pues la vara floreció convirtiéndose en un árbol frondoso de exquisitos frutos.

Alégrate, tú que has obrado grandes milagros con el poder de Cristo.

Alégrate, pues el gobernador pagano te sometió a muchos tormentos.

Alégrate, tú que en el fuego diste tu vida por Cristo.

Alégrate, pues por los milagros que obraron tus reliquias, el rey abrazó la fe de Cristo.

 

¡Alégrate, Santo Apóstol y Evangelista Mateo!

 

Condaquio X

 

Oh Santo Apóstol Mateo, ¿Quién fue el maestro que te enseño a decir estas cosas? ¿Quién iluminó tu alma para ver el rayo de la gloria inaccesible que hizo brillar la luz de la Verdad en nuestros corazones, sino Cristo nuestro Dios? Por ello cantamos: ¡Aleluya!

 

Icos X

 

Toda alma se llena de temor pues has trompeteado por toda la tierra, anunciando a Cristo como vidente de las cosas celestiales y honrado por Él como Evangelista entre los doce Apóstoles; por eso te cantamos:

 

Alégrate, tú que presentas nuestras oraciones ante Dios.

Alégrate, pues por tus santas oraciones el Señor tiene misericordia de nosotros.

Alégrate, pues con tu ayuda el tirano es apartado de nosotros.

Alégrate, pues destierras de nosotros las enfermedades del cuerpo y el alma.

Alégrate, rayo resplandeciente del Espíritu Santo.

Alégrate, consuelo de los afligidos.

Alégrate, salud de los enfermos.

Alégrate, tú que viajas con los que viajan.

Alégrate, ayuda de los que te llaman cuando vuelan por los aires.

Alégrate, tu que alimentas a los hambrientos de buenas obras.

 

¡Alégrate, Santo Apóstol y Evangelista Mateo!

 

Condaquio XI

 

Con voluntad inquebrantable, oh San Mateo, has presentado al Dios Trino a los hombres que vivían en medio de las tinieblasy ahora le cantan: ¡Aleluya!

 

Icos XI

 

Alégrate, candelero que resplandece con rayos de oro.

Alégrate, ayuda de los afligidos en la angustia.

Alégrate, tú que eres terrible azote de los demonios.

Alégrate, luz del mundo.

Alégrate, belleza preiluminada de la Iglesia Ortodoxa.

Alégrate, adorno precioso de los apóstoles;

Alégrate, gran lumbrera de los mártires.

Alégrate, alegría resplandeciente de los piadosos.

Alégrate, feliz bendición de todos los santos.

Alégrate, oración, mediador y abogado de todos los ortodoxos.

 

¡Alégrate, Santo Apóstol y Evangelista Mateo!

 

Condaquio XII

 

Oh gran Apóstol Mateo, los gentiles te agradecen que por la Palabra del Evangelio que recibiste y que pusiste por escrito, nos levantaste de la tierra al cielo, librándonos del servicio del enemigo que nos aleja del conocimiento del Dios verdadero. Por ello te damos gracias cantando.

 

Alégrate, dulzura de los creyentes justos.

Alégrate, tú que expulsas las herejías.

Alégrate, arma invencible de los fieles.

Alégrate, firme columna de la Iglesia.

Alégrate, tú que nos riegas con el agua viva del Evangelio.

Alégrate, luz del mundo.

Alégrate, tú que nos libras de todo tipo de necesidades.

Alégrate, tú que desbaratas las intrigas de los envidiosos.

Alégrate, tú que nos salvas de la astucia del enemigo.

Alégrate, tú que nos enseñas a adorar a la Santísima Trinidad.

Alégrate, pues por ti las naciones entran en la Iglesia de Jesucristo.

Alégrate, pues nos enseñas al final de nuestra vida a ser salvos mediante el arrepentimiento.

 

¡Alégrate, Santo Apóstol y Evangelista Mateo!

 

Condaquio XIII

 

Oh santo y glorioso Apóstol Mateo, con lágrimas corremos buscando tu intercesión, para que, por tus oraciones ante Dios, nos veamos libres de los tormentos eternos, seamos dignos de la luz del cielo y podamos cantar eternamente contigo a Dios: ¡Aleluya, aleluya, aleluya!

 

Y el icos y el condaquio I

 

Santo Dios… Santísima Trinidad… Padre nuestro…

 

Tropario, tono 3º

 

Santo Apóstol Mateo, ruega a Dios misericordioso que conceda el perdón de los pecados a nuestras almas.

Letanía

 

S. Ten piedad de nosotros, oh Señor, según tu gran misericordia te suplicamos que nos escuches y tengas piedad.

 

C. Kirie eleison (3 veces)

 

S. También te pedimos por todos los cristianos piadosos y ortodoxos.

 

S. De nuevo rogamos por nuestro padre y obispo N. y por todos nuestros hermanos en Cristo.

 

S. También rogamos por la misericordia, vida, paz, salud, salvación, visitación, perdón y remisión de los pecados de los siervos de Dios, N. (Aquí se insertan los nombres de los fieles por los cuales se ruega) por los que te elevamos esta súplica.

 

S. Porque eres un Dios de misericordia y a ti te glorificamos, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

 

C. Amén.

 

S. ¡Santísima Madre de Dios, sálvanos!

 

L. Más venerable que los querubines e incomparablemente más gloriosa que los serafines; Tú, que virginalmente has dado a luz al Verbo de Dios, a ti verdadera Madre de Dios, te magnificamos.

 

S. Gloria a ti, oh Cristo, Dios nuestro, esperanza nuestra, gloria a ti.

 

L. Amén. Gloria al Padre… Ahora y siempre… Kirie eleison. (3 veces) Bendice, Padre Santo.

 

S. Que Cristo nuestro verdadero Dios, por intercesión de su purísima Madre, de los santos, célebres e ilustres Apóstoles, de los santos Mártires, gloriosos y triunfadores, de nuestros santos Padres Teóforos, de los santos y justos Ancestros de Dios, San Joaquín y Santa Ana, de San N. (Santo del día) cuya memoria hoy celebramos, de San N. (Patrón de la iglesia) y de todos los Santos, tenga piedad de nosotros y nos salve pues es bueno y amante el hombre. Amén.


Traducido del rumano por el P. Hm. Nicolás (Vera)