miércoles, 19 de octubre de 2022

ALIMENTO PARA EL ALMA

 19 de octubre

 Lucas 5, 33-39

En aquel tiempo los fariseos y los escribas se acercaron a Jesús y le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan y oran muchas veces, y también los fariseos, pero los tuyos comen y beben? Y Jesús les dijo: ¿Podéis hacer ayunar al novio mientras el novio está con ellas? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y en esos días ayunarán. También les contó esta parábola: Nadie que rasga un remiendo de un vestido nuevo, lo pone en un vestido viejo, de otra manera se rasga el vestido nuevo, y el remiendo que se quita no le queda al viejo. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo reventará los odres y el vino se derramará y los odres se tirarán. Más el vino nuevo debe echarse en odres nuevos y juntos se conservarán. Y nadie que bebe vino añejo apetece el nuevo, porque dice: El añejo es mejor.

 San Agustín, Sermón 210, 5.

 «Llegará el día en que el Esposo les será arrebatado: entonces ayunarán» (Lc 5,35).

 

Que «nuestras cinturas permanezcan ceñidas y nuestras lámparas encendidas»; seamos «como servidores que esperan a que su dueño vuelva de la boda» (Lc 12,35). No seamos como esos impíos que dicen: «Comamos y bebamos, que mañana moriremos» (I Co 15,32). Cuanto más incierto es el día de nuestra muerte, más dolorosas son las pruebas de esta vida; y debemos ayunar y rezar más, porque efectivamente, mañana moriremos.

 «Dentro de poco, les decía el Señor a sus discípulos, ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver» (Jn 16,16). Ahora, es la hora sobre la que dijo: «Vosotros lloraréis y os lamentaréis mientras el mundo estará» (v. 20); esta vida es un tiempo lleno de pruebas, donde viajamos lejos de él. «Pero, añade, volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría» (v. 22).

 Mientras tanto la esperanza que así nos da el que es fiel a sus promesas, no nos deja sin alegría, hasta que seamos colmados por la alegría superabundante del día en que “seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es» (1Jn 3,2), y donde «nadie podrá quitarnos esta alegría»… «Una mujer que da a luz, dice nuestro Señor, está afligida porque ha llegado su hora. Pero cuando el niño nace, experimenta una gran alegría porque al mundo le ha nacido un hombre» (Jn 16,21). Esta alegría nadie podrá quitárnosla y con la que seremos colmados cuando pasemos de la concepción presente de la fe, a la luz eterna. Ayunemos pues ahora, y roguemos, ya que estamos en los días del alumbramiento.

Sermones sobre la primera carta de san Juan, 1, 2.

 «Mientras el novio está con ellos» (Lc 5,35).

 «Nosotros le hemos visto, escribe san Juan, y damos testimonio de ello» (1Jn 1,2). ¿Dónde lo vieron? En su manifestación. ¿Qué quiere decir, en su manifestación? Bajo el sol; dicho de otra manera, en esta luz visible. ¿Pero cómo se puede ver bajo el sol a aquel que ha hecho el sol, si no fuera porque antes «ha levantado su tienda bajo el sol y, como un esposo que sale de su alcoba se lanzó como un guerrero a recorrer su camino»? (Sal 18,6). Es anterior al sol el que ha hecho el sol, es anterior al lucero de la mañana, anterior a todos los astros, anterior a todos los ángeles, verdadero Creador, porque «todo fue hecho por él y sin él nada se hizo» (Jn 1,3). Queriendo dejarse ver por nuestros ojos de carne que ven el sol, levantó su tienda bajo el sol, es decir, mostró su carne manifestándose en esta luz terrestre, y la alcoba de este esposo ha sido el seno de la Virgen.

 Porque en este seno virginal se unieron los dos, el esposo y la esposa, el Verbo esposo y la carne esposa. Tal como está escrito: «Los dos serán una sola carne» (Gn 2,24 Vulg); y el Señor dice en el Evangelio: «De manera que ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19,6). Isaías expresa muy bien eso que dos no hacen más que uno cuando, hablando en nombre de Cristo, dice: «como el esposo me ha puesto una diadema, y como una novia me ha adornado con joyas» (61,10). Parece que es uno solo el que habla y, al mismo tiempo, habla como esposo y como esposa; porque ya no son dos, sino una sola carne, porque «el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). Es a esta carne que se une la Iglesia y así forma el Cristo total, cabeza y cuerpo (Ef 1,22).

 

martes, 18 de octubre de 2022

ALIMENTO PARA EL ALMA

 

18 de octubre

 Lucas 5, 12–16

 En aquel tiempo, estando Jesús en una de las ciudades, he aquí que un hombre lleno de lepra, al ver a Jesús, se postró rostro en tierra y le rogó, diciendo: ¡Señor, si quieres, puedes limpiarme! Y extendiendo la mano, tocó al leproso, diciendo: ¡Quiero, límpiate! Y al instante le dejó la lepra. Y Jesús le mandó que no dijera a nadie y le dijo: Muéstrate al sacerdote y, por tu purificación, ofrece un sacrificio como Moisés ordenó, para testimonio de ello. Se difundió la noticia, y grandes multitudes se reunieron para escucharlo y ser sanados de sus enfermedades. Más él se retiraba a lugares desiertos para orar.

 

Sobre la oración

Ama la oración. Dirige constantemente tu mente a Dios... Para no vivir en tinieblas, presiona el "interruptor" de la oración, para que la luz divina entre en tu alma. En lo más profundo de vuestro ser resplandecerá Cristo... Cuando la mente del hombre se prepara para la oración, en una milésima de segundo llega la gracia divina. Entonces el hombre se llena de gracia y ve todo con otros ojos.

 Todo se arregla con la ayuda de la oración. Pero debéis tener amor, debéis tener calidez en la oración. No te preocupes, confía en el amor y el cuidado de Dios. Cuando estás en oración, todo encaja. Dentro de ti viene la gracia de Dios. Cuando tienes gracia, todo se hace con alegría, sin esfuerzo.

 En el caso de la oración, no es la duración temporal lo que importa, sino la tensión. Ora a Dios aunque sea por cinco minutos, pero dedícate a Dios con amor y anhelo. Es decir, la oración debe ser consciente, con la mente enfocada.

 Para que Jesús entre en nosotros cuando lo llamamos Señor Jesucristo, ten piedad de mí, nuestro corazón debe estar limpio, libre de odio, egoísmo y malicia.

 

Monje Patapios Kavsokalivitul, San Porfirio Kavsokalivitul – Santidad en el siglo XXI, Editorial Doxologia, Iasi, 2015, pp. 53-54.

viernes, 14 de octubre de 2022

ALIMENTO PARA EL ALMA

 14 de octubre

 Marcos 8, 34-38; 9, 1

 “El Señor dijo: El que quiera venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá, y el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Porque ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podría dar el hombre a cambio de su alma? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, en esta nación depravada y pecadora, el Hijo del Hombre también se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre, con los santos ángeles. Y les dijo: En verdad os digo, que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios viniendo en poder.

 San Beda el Venerable, In Marcum 2,36

 Después de manifestar a sus discípulos el misterio de su pasión y resurrección, los exhorta a la vez que a la multitud a seguir el ejemplo de su pasión. «Después -continúa- convocando al pueblo con sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo».

 Renunciamos a nosotros mismos cuando, renunciando a nuestra antigua vida, nos esforzamos por alcanzar el ideal que nos ofrece nuestra vocación. Llevamos, pues, nuestra cruz, mortificando al cuerpo con la abstinencia, o al alma con la compasión de los males ajenos.

 O bien se refieren estas palabras del Señor al sacrificio a que debemos someternos en tiempo de persecución, puesto que en el de paz debemos quebrantar los apetitos terrenos. Esto es lo que da a entender cuando dice: «¿De qué le servirá a un hombre el ganar el mundo entero?». Y como la vergüenza impide a la mayor parte de los hombres que digan lo que ha visto su alma en su rectitud, añade: «Ello es que quien se avergonzare de mí», etc.

 Por una piadosa providencia sucede que la contemplación por un momento de una dicha permanente, nos hace soportar mejor la adversidad.

 O bien: el reino de Dios es la Iglesia presente. Algunos de los discípulos no debían morir en tanto que no viesen fundada y elevada la Iglesia contra la gloria del mundo, porque era preciso prometer algo de la presente vida a los discípulos aun torpes, a fin de hacerlos más fuertes para el porvenir.

 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Evangelio de San Mateo 55,1-3; 56, 1

Que es como si dijera a San Pedro: Tú me reprochas que quiera sufrir la pasión, pero yo te digo que no sólo es perjudicial el impedir que yo la sufra, sino que tú mismo no podrás salvarte más que sufriendo. «Si alguno quiere venir -prosigue- en pos de mí», esto es: Os llamo a bienes que todos deben querer, y no a males ni a nada nocivo como pensáis. El que usa de violencia no logra frecuentemente lo que desea, pero el que deja a su oyente libertad de elección, lo atrae más a su propósito. Renuncia, pues, a sí mismo el que no se aferra a su cuerpo, sufriendo con paciencia la flagelación u otro tormento semejante.

 No dice que nos dispensemos del castigo sino, lo que es mucho más, que renunciemos a nosotros mismos, como si no tuviéramos nada de común con nosotros y como si, al encontrarnos en un peligro, se tratara de otro. Y esto es perdonarse a sí mismo, porque son benévolos los padres con sus hijos, cuando los entregan a sus maestros previniéndoles que les corrijan sus faltas. Y nos dice hasta dónde debe llevar nuestra abnegación en estas palabras: «Y cargue con su cruz». Esto equivale a decir: hasta la muerte más afrentosa.

 Dice esto porque puede suceder que algunos de los que sufren no sigan a Cristo, lo cual acontece cuando no se sufre por El. Sigue a Cristo quien va detrás de El y se conforma con su muerte, despreciando a los príncipes y a las potestades, bajo las cuales pecaba antes de la venida de Cristo. «Pues quien quisiere salvar -dice- su vida, la perderá; mas quien perdiese su vida», etc. Que es como si dijera: Os mando esto por mi misericordia hacia vosotros, porque el que no corrige a su hijo lo pierde, y le salva el que lo corrige. Es conveniente, pues, que estemos siempre preparados para la muerte, porque, si el que está preparado para ella es el mejor soldado en las batallas materiales, no obstante que no ha de poder resucitar, mucho más lo será el que esté preparado para ella en los combates espirituales, teniendo tanta seguridad en que ha de resucitar y salvarse al perder la vida.

 Porque después de haber dicho: «pues quien quisiere salvar su vida la perderá», para que no se estimen iguales esta pérdida y aquella salvación añade: «Por cierto ¿de qué le servirá al hombre», etc. Como si dijese: No se salva quien evita los peligros de la cruz, porque aunque en esta vida llegase a conquistar el mundo entero, qué habría ganado perdiendo su alma? ¿Por ventura tiene otra alma para darla por la suya? Podemos cambiar nuestra casa por dinero, pero si perdemos nuestra alma, no podemos dar otra en cambio. Dice, pues, el Señor prudentemente: «Por cierto de qué le servirá al hombre», etc. Porque por nuestra salvación dio en cambio Dios la preciosa sangre de Jesucristo.

 No declaró los nombres de los que habían de subir con El al Tabor, para no despertar en los otros discípulos un sentimiento humano. Les hace, no obstante, esta predicción, a fin de hacerlos más dóciles en lo que a esta contemplación se refiere.

 Aunque San Lucas dice: «Ocho días después», no hay contradicción en esto, porque contó el día en que dijo Cristo lo que queda expuesto y el día en que tomó consigo a sus discípulos. Los tomó, pues de allí a seis días, para que más inflamado su deseo en este espacio de tiempo considerasen solícita y atentamente lo que veían.

jueves, 13 de octubre de 2022

ALIMENTO PARA EL ALMA

 

13 de octubre

Lucas 4, 16-22

En aquel tiempo fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír». Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es este el hijo de José?


Faustino de Roma, Unción espiritual, La Trinidad, 39-40: CL 69, 340-341

«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción»

 

Nuestro Salvador fue verdaderamente ungido, en su condición humana, ya que fue verdadero rey y verdadero sacerdote, las dos cosas a la vez, tal y como convenía a su excelsa condición. El salmo nos atestigua su condición de rey, cuando dice: “Yo mismo he establecido a mi rey en Sion, mi monte santo.” (Sal 2,6) Y el mismo Padre atestigua su condición de sacerdote, cuando dice: “Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.” (Sal 109,4).El Salvador es, por lo tanto, rey y sacerdote según su humanidad, pero su unción no es material, sino espiritual. Entre los israelitas, los reyes y sacerdotes lo eran por una unción material de aceite; no que fuesen ambas cosas a la vez, sino que unos eran reyes y otros eran sacerdotes; sólo a Cristo pertenece la perfección y la plenitud en todo, él, que vino a dar plenitud a la ley.

Los israelitas, aunque no eran las dos cosas a la vez, eran, sin embargo, llamados cristos (ungidos), por la unción material del aceite que los constituía reyes o sacerdotes. Pero el Salvador, que es el verdadero Cristo, fue ungido por el Espíritu Santo, para que se cumpliera lo que de él estaba escrito: Por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros. (Sal 44,8) Su unción supera a la de sus compañeros, ungidos como él, porque es una unción de júbilo, lo cual significa el Espíritu Santo.

 

San Cirilo de Alejandría, obispo, Comentario sobre el libro del profeta Isaías Lib. 5, t. 5: PG 70, 1351-1358.

Cristo es portador de una buena noticia para los pobres de toda la tierra

Cristo, a fin de restaurar el mundo y reconducir a Dios Padre todos los habitantes de la tierra, mejorándolo todo y renovando, como quien dice, la faz de la tierra, asumió la condición de siervo —no obstante ser el Señor del universo— y trajo la buena noticia a los pobres, afirmando que precisamente para eso había sido enviado.

Son pobres y como tales hay que considerar a los que se debaten en la indigencia de todo. bien, no les queda esperanza alguna y, como dice la Escritura, están en el mundo privados de Dios. Pertenecen a este número los que, venidos del paganismo, han sido enriquecidos por la fe en él, han conseguido un tesoro celestial y divino, me refiero a la predicación del evangelio de salvación, mediante la cual han sido hechos partícipes del reino celestial y de la compañía de los santos, y herederos de unos bienes que ni la imaginación ni el humano lenguaje son capaces de abarcar. Pues, como está escrito: Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman.

A no ser que lo que aquí se nos quiere decir es que a los pobres en el espíritu Cristo les ha otorgado el polifacético ministerio de los carismas. Llama quebrantados de corazón a los que poseen un ánimo débil y quebradizo y son incapaces de enfrentarse a los asaltos de las tentaciones y de tal modo están sometidos a ellas, que se dirían sus esclavos. A éstos les promete la salud y la medicina, y a los ciegos les da la vista.

Por lo que se refiere a quienes dan culto a la criatura, y dicen a un leño: «Eres mi padre»; a una piedra: «Me has parido» y luego no conocieron al que por naturaleza es verdadero Dios, ¿qué otra cosa son sino ciegos y dotados de un corazón privado de la luz divina e inteligible? A éstos el Padre les infunde la luz del verdadero conocimiento de Dios, pues fueron llamados mediante la fe y le conocieron; más aún, fueron conocidos de él. Siendo como eran hijos de la noche y de las tinieblas, se convirtieron en hijos de la luz, porque para ellos despuntó el día, salió el Sol de justicia y brilló el resplandeciente lucero.

Estimo que no existe inconveniente alguno en aplicar todo lo dicho a los hermanos nacidos en el seno del judaísmo. También ellos eran pobres, tenían el corazón desgarrado, estaban como cautivos y yacían en las tinieblas. Vino Cristo y, con preferencia a los demás, anunció a los israelitas las faustas y preclaras gestas de su presencia; vino, además, para proclamar el año de gracia del Señor, el día del desquite. Año de gracia fue aquel en que, por nosotros, Cristo fue crucificado. Fue entonces cuando nos convertimos en personas gratas a Dios Padre y cuando, por medio de Cristo, dimos fruto. Es lo que él nos enseñó, cuando dijo: Os aseguro, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. Por Cristo, vino efectivamente el consuelo sobre los afligidos de Sion, y su ceniza se trocó en gloria. De hecho, dejaron de llorarla y de lamentarse por ella, y comenzaron, en el colmo de su alegría, a predicar y anunciar el evangelio.

miércoles, 12 de octubre de 2022

ALIMENTO PARA EL ALMA

 

12 de octubre

 

Lucas 4, 1-15

 

En aquel tiempo Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu al desierto, donde estuvo cuarenta días tentado por el diablo. Y durante estos días no comió nada, y cuando terminaron esos días, tuvo hambre. Y el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. Y Jesús le respondió: Está escrito que "no sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Entonces el diablo lo llevó a un monte alto y en un momento le mostró todos los reinos del mundo. Y el diablo le dijo: Te daré todo este dominio y su esplendor, porque a mí me ha sido dado, y a quien quiero lo doy; por tanto, si te inclinas ante mí, todo será tuyo. Pero respondiendo Jesús, le dijo: Apártate de mí, Satanás, porque escrito está: "Adorarás al Señor tu Dios y sólo a Él servirás". Y lo llevó a Jerusalén y lo colocó sobre el ala del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: «Él mandará a sus ángeles que te guarden» y te sostendrán en sus manos, para que no tropieces con tu pie en piedra». Y respondiendo Jesús, le dijo: Dicho fue: "No tientes al Señor tu Dios". Y el diablo, acabando con toda tentación, se apartó de Él por un tiempo. Pero Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea y la noticia se difundió por todos los alrededores. Y enseñaba en las sinagogas, siendo glorificado por todos”.

 

 

En la exposición bíblica, tras el momento de la Teofanía en el Bautismo sigue el episodio más misterioso que relata el Evangelio, según la opinión de la mayoría de los teólogos: la tentación del Salvador por el diablo. Apenas sale fuera del agua, Jesús se adentra en el desierto, pasando de la multitud a la soledad. Así, el Señor inicia inmediatamente su actividad mesiánica.

 

Todos los Evangelistas sinópticos mencionan el episodio de la tentación. San Marcos es un poco más conciso en su relato, y los otros dos especifican en qué consistieron las pruebas a las que fue sometido el Señor.

 

Aunque Jesús llama a Satanás "el fuerte", insistiendo así en la importancia de esta fuerza maligna, muestra que, aunque guerrero armado, el malvado, guarda su corte y sus posesiones, sin embargo, "cuando uno más fuerte que él viene contra él y lo derrota, le quita todas las armas en que confiaba y reparte el botín» (Lc 11, 22). Evidentemente, el texto está cargado de significados profundos que escapan a nuestro conocimiento. Pero lo que está claro es que Cristo, Dios Encarnado, es infinitamente más fuerte que el ángel del mal y que su victoria es segura.

 

El Evangelio señala que después de la glorificación del Hijo en el Bautismo, el Salvador permaneció en el desierto cuarenta días y cuarenta noches. En este desierto, llamado desierto Cuarentena, Cristo "fue llevado por el Espíritu". Y la presencia de un período de cuarenta días, una duración mencionada tantas veces en el curso de la historia de Israel, está llena de significado. Por ejemplo, durante el diluvio llovió durante cuarenta días (Hch 7, 17), el mismo número de días que pasó Moisés en el monte Sinaí, el mismo número de días que preparó Elías para la actividad profética. Los habitantes de Nínive ayunaron durante cuarenta días para evitar el castigo. Todos los cuarenta en la tradición universal son, como señala J. Kovalevski, períodos de purificación que preparan un cielo nuevo y una tierra nueva.

 

Según el tipo de tentaciones, se pueden dividir en tres: la lujuria del cuerpo, la soberbia de la vida y la lujuria de los ojos. Sólo cuando el cuerpo del Señor estaba debilitado por tanto ayuno y hambre, el diablo piensa que es hora de tentarlo. A través de la primera tentación, Satanás intenta, instando a Jesús a saciar su hambre, a cambiar el afecto natural en un apetito desordenado.

 

Satanás le pide a Jesús que convierta las piedras en panes para satisfacer su hambre. La necesidad del hombre de alimentar su cuerpo todos los días es la primera evidencia de su apego a las cosas terrenales, que Jesús busca vencer. Rechazando la primera tentación, Cristo repudió para siempre toda tendencia a subordinar lo espiritual a lo material en el hombre y en el mundo, y aunque, en el curso de la historia, la humanidad ha sucumbido a esta tentación decenas de veces, como el Gran Inquisidor en Los hermanos Karamazov, la victoria final del espíritu se habrá ganado para siempre. Cristo desbarató divinamente esta tentación de convertir las piedras en panes (Aquel que multiplicó los panes), tentación que el Santo Apóstol y evangelista Juan llama "los deseos de la carne" (1 Jn. 2, 16).

 

La respuesta del Señor: "No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios", destruye la vana esperanza de los impíos e incluye toda una doctrina.

 

Después de la primera tentación, Satanás volvió con tentaciones más sutiles, más difíciles de interpretar. El Señor Jesús se deja llevar y colocar al borde del Templo de Jerusalén, bajo el cual se abre un abismo espantoso. Es extraño este permiso dado al espíritu maligno para acercarse tanto a Jesús y obligarlo a ir a los lugares elegidos por él.

 

Llegando sobre el alero del Templo, el diablo hace la siguiente propuesta: "Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque escrito está: A sus ángeles mandará por ti, y sobre sus pies te levantarán". tus manos, para que tu pie no tropiece con una piedra tuya"" (Mt. 4, 6). Es aterrador que en este desafío el maligno cite de la Escritura, del Salmo 90. A este desafío insinuante y ambiguo, el Salvador responde con líneas tomadas del texto sagrado: "Escrito está también: 'No tentarás al Señor tu Dios "" (Mt 4:7).

 

Jesús elimina así el otro desafío de Satanás. A la gente le gusta todo lo que es maravilloso. El milagro fraudulento, la impotencia humana convertida en poder, ante sus ojos. Tienen hambre, tienen sed de milagros. Están listos para adorar al taumaturgo incluso si es un charlatán o Satanás. Todos le pedirán a Jesús una señal, pero él nunca la dará. No quiere dejarse llevar por los milagros. Curará a los enfermos y muchas veces se esconderá, incluso pedirá a los curados que pasen su nombre en silencio.

 

El diablo quería hacer que Jesús se comportara a semejanza de su inconmensurable orgullo. No en vano San Juan Evangelista llama a esta tentación: "la soberbia de la vida" (I Jn 2, 16). Rechazando la segunda tentación, el Salvador también llamó la atención del hombre sobre el peligro de aspirar a poseer poderes mágicos.

 

Con los dos intentos hasta ahora, Satanás ha fracasado en hacer que Jesús manifieste, a propuesta suya, la calidad y el poder del Hijo de Dios. Por lo tanto, el diablo intentará de otra manera someterlo a sus deseos temerarios. "El diablo lo lleva a un monte muy alto", mostrándole "todos los reinos del mundo y su gloria". Después de este panorama cósmico, dice al Señor: "Todo esto te daré, si Tú, postrado, me adoras". Esta vez ya no acude a sutiles y evasivas tentaciones, sino que va directo al blanco. La tentación con el reino de la tierra es devastadora, pero sobre todo el precio que exige Satanás. “Satanás -como dice Papini- tiene derecho a prometer lo que es suyo, los reinos de la tierra están fundados en la fuerza de las armas y están sostenidos por el engaño,

 

Ahora, Jesús lo rechaza diciendo "Vete, Satanás", añadiendo "que está escrito: Al Señor tu Dios adorarás ya Él solo servirás" (Mt. 4, 10).

 

Por la codicia, el orgullo y el deseo de dominio, el primer hombre, Adán, cayó y se perdió. Cristo, el segundo Adán, es tentado por el demonio, pero tiene la fuerza para rechazar todas sus tentativas y permanecer fiel y firme a la misión mesiánica que asumió. Por eso Él es el ejemplo y el mejor garante de que, a nuestra vez, recuperaremos el paraíso perdido, si tenemos la fuerza de la fe para oponernos al mal ya la astucia como el Salvador.

 

A través de las respuestas que Cristo dio a las tentaciones provenientes del engañador, le indicó al hombre el camino que debería seguir, estableciendo también la verdadera jerarquía de valores que debería tener en cuenta para permanecer en comunión con Dios. De este modo, se afirmaba definitivamente el primado de lo espiritual y se destacaba que el hombre sólo se salvará renunciando a su forma de vida egoísta, cada vez más importante hoy, y adorando humildemente a Dios.

martes, 11 de octubre de 2022

La esencia de todas las oraciones.

 

La esencia de todas las oraciones.

 

¿Qué es la oración? La oración es el sentimiento real de la presencia de Dios. Es también la seguridad de la comunión con Dios, con quien se habla y a quien se abre el corazón. Cada una de estas naturalezas, humana y divina, permanece dentro de sus límites, pero el hombre en la oración asciende a Dios y Dios desciende al hombre. El hombre se ofrece a Dios a través de la oración, y Dios se ofrece al hombre. Y de aquí viene el milagroso reencuentro de Dios y el hombre al mismo tiempo.

 

¿Por qué rezan los monjes? Porque es una obra natural que sale del corazón de todas las personas y de toda la naturaleza humana. No hay persona que no sienta esta necesidad de orar, y esta necesidad de buscar a Dios y encontrarlo es también un privilegio, un derecho humano. Por lo tanto, todas las personas rezan, y no solo los monjes. Los laicos tienen el ejemplo de comunidades monásticas, los monjes tienen un ejemplo de huestes angélicas.

 

Obviamente, los monjes que oran no buscan satisfacer sus necesidades personales específicas. No hay nada en el mundo material que pueda inducirlos a ofrecerse a Dios o establecer una relación con Él. No están motivados por ningún interés personal. Nunca piensan en términos materiales. ¡Al contrario!

 

Los santos oran como un solo ser y entienden que ascienden a Dios no físicamente, sino de una manera real. Por lo tanto, todos los monjes rezan. Su objetivo es muy alto. Esta es la comunicación misma, el descenso de Dios mismo a sus vidas, esto es la deificación. Por lo tanto, los monjes rezan día y noche. Este es su trabajo. Y realmente logran acercarse a un abrazo con Dios. Cuando decimos "comunión" significa que descubrimos nuestra relación y nuestra identidad con la Iglesia. Y la Iglesia asciende a Dios, así como Cristo descendió una vez del cielo. La oración mantiene al hombre cerca de lo divino, y Dios abraza al hombre...

 

Y ahora nos adentramos en el espacio interior... ¿Qué es la "Oración de Jesús"?

 

La Oración de Jesús es la esencia de todas las oraciones que existen en nuestra Iglesia. Esta es la oración más corta, más comprobada y más efectiva que una persona puede orar.

 

Y, como entendemos, esta oración es la más directa, adecuada y accesible a todas las personas, y no sólo a los monjes. Y esto también es de gran importancia: que los laicos y los monjes recen la misma oración, porque esta es la oración que inmediatamente nos hace capaces de encontrar a Dios.

 

La Oración de Jesús es una bendición única y exclusiva de la Iglesia. Esta es una consecuencia que brota de lo más profundo de la experiencia monástica y, por supuesto, de la experiencia de toda persona que busca y espera en Dios. Esta es la experiencia de los Padres de la Iglesia y el fruto que adquiere toda persona que vive una vida pura y evangélica.

 

Por lo tanto, la Oración de Jesús es un recuerdo vivo. Y este es un llamado al nombre de Dios: "Señor Iisucristo, ten piedad de mí".

 

¿Qué nos sucede durante esta llamada y repetición? Adquirimos un dinamismo espiritual que no proviene de nosotros, sino de Dios mismo. El nombre del Señor que repetimos no es elegido por casualidad. Invocamos a Cristo mismo, que inmediatamente entra en comunión con nuestros corazones. Así que la repetición de la oración importa. Pero no porque este anuncio en sí mismo tenga algo que ofrecernos. Sino porque nos ayuda a adquirir el hábito de que el recuerdo de Cristo en nosotros se haga incesante. Y como resultado, todo lo que nos rodea y dentro de nuestro corazón está lleno de Dios.

 

Pero esta repetición no es una "fórmula mágica" que pueda dar sus frutos por sí sola. La repetición es simplemente el fortalecimiento, enfoque y arraigo del Nombre de Cristo y por lo tanto del mismo Cristo en nuestra vida diaria. Esto no es un trabajo mecánico. Esta no es una opinión subjetiva. Ésta no es una obra que estimule la imaginación. No es un ejercicio psicosomático que se pueda pensar que se accede a algún tipo de conocimiento gnóstico o sincrético… O que con la ayuda de esta fórmula se pueda aspirar al infinito o a un “dios” sin rostro…

 

Esta repetición crea en el hombre el poder de invocar continuamente al Dios vivo y por lo tanto le ofrece un estado de alegría, felicidad espiritual y otros dones. Y luego, cuando una persona llega a esta etapa inicial, comprende que el Espíritu Santo es el mediador entre su persona y la Persona de Dios mismo. Y a partir de ese momento, el Espíritu Santo eleva a la persona a Dios.

 

¿Por qué los monjes rezan la Oración de Jesús siempre y en todas partes? Bueno, diría que esta es la única oración que claramente crea las condiciones para que encontremos a Dios diariamente y nos regocijemos en Dios. A través de esta oración, Aquél que es invisible se hace visible en nuestras vidas.

 

 

Por lo tanto, a través de esta oración, los monjes en todas partes y siempre obtienen un fuerte sentido de la presencia de Dios y un diálogo interior que es tan profundo que llega a la mayor profundidad del "mar" de la Divinidad. De esta manera y de la manera que los monjes han descubierto a partir de la experiencia de la Iglesia desde la antigüedad, pueden llenar sus días, pueden convertir su noche en una vela que esparce la luz celestial por todo el universo, que Dios tiene en su mano. ... Por lo tanto, gracias a este encuentro con Dios, los monjes logran santificarse no solo ellos mismos y su espacio, sino el mundo entero...

 

¿Cuál es el propósito de la Oración de Jesús? El propósito de la Oración de Jesús no es la forma en que se hace, ni las palabras mismas, ni el lugar, ni la hesiquia (silencio)... Podemos decir que el propósito de la oración es lo que Dios hace en nosotros, en nuestro ser interior. También es una revelación de cómo Él viene, cómo Dios entra en nuestro corazón. Un Dios personal dentro de la persona humana… ¡Y por supuesto viene como Luz!

 

Y con esta unión viene la purificación, el avance espiritual, el crecimiento del hombre interior que nace en nosotros. Además, el Espíritu da a la persona un estado desde el cual asciende a la iluminación, a la luz, a la prosperidad en los diferentes niveles que Dios nos ofrece y nos revela.

 

En una palabra, podríamos decir que el fin de la oración es el misterio perfecto del Dios invisible y del hombre visible... un misterio realizado por Dios, y que nos fue revelado por los Padres de la Iglesia.

 

También sabemos por experiencia cómo convertirnos en recipientes de la gracia de Dios. No a través del razonamiento y la meditación, sino de tal manera que Dios penetre en la personalidad humana y la transforme por completo. Entonces se convierte en una persona que puede probar, entender y comprender este misterio.

ALIMENTO PARA EL ALMA

11 de octubre

 

Lucas 3, 23–38; 4, 1

 

Tenía Jesús, al comenzar, unos treinta años, y era según se creía hijo de José, hijo de Helí, hijo de Mattat, hijo de Leví, hijo de Melkí, hijo de Jannái, hijo de José, hijo de Mattatías, hijo de Amós, hijo de Naúm, hijo de Eslí, hijo de Nangay, hijo de Maaz, hijo de Mattatías, hijo de Semeín, hijo de Josec, hijo de Jodá, hijo de Joanán, hijo de Resá, hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de Nerí, hijo de Melkí, hijo de Addí, hijo de Cosam, hijo de Elmadam, hijo de Er, hijo de Jesús, hijo de Eliezer, hijo de Jorim, hijo de Mattat, hijo de Leví, hijo de Simeón, hijo de Judá, hijo de José, hijo de Jonam, hijo de Eliaquim, hijo de Meleá, hijo de Menná, hijo de Mattatá, hijo de Natán, hijo de David, hijo de Jesé, hijo de Obed, hijo de Booz, hijo de Sala, hijo de Naassón, hijo de Aminadab, hijo de Admín, hijo de Arní, hijo de Esrom, hijo de Fares, hijo de Judá, hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, hijo de Tara, hijo de Najor, hijo de Serug, hijo de Ragáu, hijo de Fálek, hijo de Eber, hijo de Sala, hijo de Cainam, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de Noé, hijo de Lámek, hijo de Matusalén, hijo de Henoc, hijo de Járet, hijo de Maleleel, hijo de Cainam, hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adam, hijo de Dios. Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto.

 

El nacimiento eterno del Hijo

 

Orígenes, Sobre el Génesis, Primer Libro, IX, 2.

 

Y si alguno dijere que la Sabiduría no existió antes, sino que nació después, que nos diga por qué el Padre, que le dio el ser, no la creó antes. Y si Él señaló un comienzo en un punto, cuando este soplo partió del poder de Dios, entonces le preguntaremos nuevamente ¿por qué esto no sucedió antes de ese "principio" del que se habla? Y así, buscando juntos lo que sucedió "antes" y empujando las preguntas más y más, eventualmente llegaremos a comprender que, dado que Dios nunca estuvo sin poder y voluntad, nunca hubo ningún fundamento o causa por el que Dios nunca haya podido. no hacer el bien que quería.

 

San Atanasio el Grande, Tres homilías contra los arrianos, Primera homilía contra los arrianos, XI.

 

 

Decid, pues, incrédulos y calumniadores, ¿qué había allí cuando el Hijo no estaba? Si dices el Padre, tu blasfemia es aún mayor. Porque no está permitido decir que Él fue una vez. Por una vez muestra cuando estaba. Pero Él siempre fue y es ahora, si es también el Hijo; porque Él es el que es si también es el Padre del Hijo.

 

 

Genealogía humana de Aquél que descendió del cielo

+ Timotei Prahoveanul, obispo vicario de la archidiócesis de Bucarest.

 

San Lucas nos muestra en su Evangelio que Dios vino de una nación específica, a través de la Virgen María, aunque en la genealogía presentada se menciona a José, según la tradición del pueblo judío para indicar la descendencia de una nación por línea masculina.

 

Hablando de este Evangelio, San Juan Crisóstomo nos dice: Debemos escuchar en profundo silencio, en un silencio reverente, lo que nos dirá, queriendo entrar en los santos pórticos del Evangelio. A los judíos, cuando querían acercarse a la montaña en llamas, niebla y tormenta, no se les permitía hacerlo, sino ver la montaña de lejos. Se les mandó que no se acercaran a las mujeres, que lavaran sus ropas, estando todos ellos sobrecogidos de miedo.

 

Mucho más nosotros, que oímos palabras elevadas, no estando lejos como los judíos de la montaña humeante, sino teniendo la oportunidad de gozar de la bendición de Dios, mostremos amor a la sabiduría, no lavando nuestra ropa, sino limpiándonos a nosotros mismos vistiendo el alma y apartándonos de los enredos mundanos.

 

Dios, apareció en la tierra y habitó con los hombres (Baruc 3, 38). Es cosa insólita que el Hijo de Dios, el tácito, el incomprensible, como el Padre, haya venido al mundo de un seno virginal. Recibió por nacer de mujer tener por antepasados a ​​David y Abraham. No sólo tuvo antepasados, sino también algunas mujeres pecadoras, mencionadas en las páginas del Evangelio.

 

El nacimiento de Cristo es un gran misterio. Siendo Hijo de Dios, nacido del Padre antes de la eternidad, nace también como Hombre, pero asemejándose a nosotros, porque no de sangre, ni de concupiscencia carnal, ni de concupiscencia masculina, sino nacido de Dios (Jn 1, 13). ), su nacimiento trasciende las leyes de la naturaleza, encarnándose del Espíritu Santo y de la Virgen María.

 

El nacimiento del Señor Jesús es el comienzo de toda la economía de la salvación, de las bendiciones que nos son dadas. Así como Moisés tituló su libro como "del cielo y de la tierra", aunque no habla sólo del cielo y de la tierra, así también aquí se da el nombre del libro a partir de los hechos registrados en él, el Libro de Jesús, el Hijo de David, hijo de Abrahán.

 

¿Por qué David fue puesto primero? Estaba en boca de todos, tenía una reputación y disfrutaba de un honor indescriptible. Tanto Abraham como David habían recibido de Dios la promesa de que el Salvador nacería de su linaje. El evangelista Mateo colocó a Abraham en un segundo plano, porque era mayor, ya David al principio, porque estaba más cerca del corazón y de la atención de la gente. Incluso los judíos decían: ¿No sería de la simiente de David y de los de la ciudad de Belén de donde vendría Cristo? Nadie llamó a Cristo Hijo de Abraham, pero todos le llamaron Hijo de David.

 

José, el prometido, era del linaje de David. La ley ordenaba que ella sólo debería casarse con alguien de la misma tribu. El patriarca Jacob dijo que el Salvador surgiría de la tribu de Judá (cf. Génesis 49, 10).

 

San Mateo llama al acontecimiento presentado en el fragmento de este Evangelio el Libro del nacimiento de Jesucristo, porque su nacimiento es el mismo, pero no como el de los hombres. San Juan Boca de Oro nos dice: El labrador no quiere sembrar una tierra que ha echado a perder su semilla.

 

San Pablo explica, en la Epístola a los Corintios (10, 11), que todo fue escrito para nuestra edificación. Si debemos tomar el Santo Evangelio en nuestras manos, y no lo hacemos si nuestras manos están sucias, ¿por qué no consideramos que lo que en él contiene es de mucho mayor valor? Tal enfoque nos ayuda a relacionarnos correctamente con las palabras de la eternidad.

 

Cristo Salvador nos dice: Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna. Y esos son los que dan testimonio de Mí (Juan 5, 39), es decir, aprendemos la verdad sobre la vida de Jesucristo de las Sagradas Escrituras.

 

El evangelio reúne nuestros pensamientos. Cuando oímos cantar un salmo sentimos la paz del corazón, por eso San Pablo nos dice: No os dejéis engañar. Las malas asociaciones echan a perder los buenos hábitos (I Corintios 15, 33).

 

Hay una razón misteriosa por la que se recuerda a José en la genealogía del Salvador, aunque no contribuyó en nada al nacimiento de Jesús. Dios no mostró a los judíos, antes de la encarnación, que Cristo nacería de la Virgen, queriendo librarla de la mala sospecha. Si los judíos hubieran sabido desde el principio, por una mala interpretación de las palabras de la Escritura, habrían condenado a la Virgen por adulterio. Si se portaron descaradamente respecto a las obras del Señor, de las cuales a veces tenían parábolas en el Antiguo Testamento (por ejemplo: decían que tenía un demonio cuando echaba fuera demonios de las personas, lo consideraban contra Dios cuando sanó a los enfermos en sábado, aunque muchos habían quebrantado el sábado antes que él), ¿cómo habría reaccionado ante el nacimiento virginal de Cristo? Si los judíos llamaron al Señor hijo de José, aun después de haber realizado innumerables milagros ante ellos, ¿cómo pudieron creer que nació de una virgen?

 

Por esto, José fue mencionado en la genealogía, quien desposó a María con él.

 

José, un hombre justo, necesitaba muchos testimonios antes de creer en lo que se había hecho. Pero vino el ángel, le trajo las palabras de los profetas, y él creyó, cosa que los demás judíos no habrían recibido, porque estaban en contra de Cristo.

 

Se mencionan diferentes personas, incluidas personas que han pecado contra Dios. San Juan Crisóstomo pregunta: ¿Qué haces, hombre? ¿Me estás hablando de la historia de la cohabitación impía? Si estuviera haciendo la genealogía de un hombre famoso, por supuesto, pasaría por alto a tales ancestros en silencio, pero cuando hago la historia de Dios encarnado no solo debo ocultarla, sino contarla a oídos de todos para tener su comportamiento cuidado. ¡Por eso Cristo vino a la tierra, no para huir de nuestros insultos, sino para destruirlos!

 

Desde los primeros versículos de la historia del nacimiento del Salvador, el Evangelista mostró que Él no se avergonzaba de ninguna de nuestras debilidades, enseñándonos que no debemos avergonzarnos de los pecados de nuestros antepasados, sino buscar la virtud. Un hombre que busca la virtud no será dañado por nada, incluso si su antepasado fue pecador o malvado.

 

Si un pecador vuelto al camino correcto no puede ser ridiculizado por su vida anterior, cuánto menos el error avergonzará a un hombre virtuoso, nacido de una ramera.

 

El Evangelista nos dice que todos los hombres son pecadores, incluso los antepasados ​​del Señor. Judas, de quien deriva su nombre, no parecía haber cometido algunos pecados. Tamara se paró frente a él y lo acusó de lascivia. David engendró a Salomón de una ramera; lo mismo le pasaba a la gente grande y a la pequeña...

 

Todos los hombres han pecado y por eso vino Cristo. El Evangelista mencionó a los 12 patriarcas para quitar la arrogancia de sus descendientes, quienes inmerecidamente se arrogaron la nobleza de sus antepasados.

 

¡Muchos de los patriarcas nacieron de siervas! La Iglesia tendrá que mirar de la misma manera. Ser esclavo o libre no te hace mejor, ni te disminuye. La Iglesia os pide una sola cosa: los pensamientos que tenéis deben estar dirigidos a Dios, el alma debe estar envuelta en luz y las obras deben ser proporcionadas al bien.

 

Ruth y Rahab eran una de una raza diferente, la segunda era una ramera. El Señor mostró, a través de su recuerdo, que vino a redimir los pecados de los caídos. Vino como médico, no como juez. San Juan Crisóstomo dice que, así como los antepasados ​​de Jesús se casaron con rameras, Dios se unió a sí mismo con la naturaleza humana caída.

 

En la historia de la vida de Ruth descubrimos nuestra vida. Era de otra raza, vivía en la pobreza. Sin embargo, cuando Booz la vio, no despreció su pobreza, no aborreció el nombre de la nación de donde ella era. De la misma manera, Cristo se casó con la Iglesia, aunque era de otra raza, pobre, haciéndola partícipe de sus grandes bondades. Si Rut no hubiera dejado primero a su padre, si no hubiera despreciado a la nación, a la patria y a los parientes, no habría gozado de la atención de Booz, así también la Iglesia, después de dejar las costumbres ancestrales, se hizo querida por el Esposo. David dice lo mismo: Olvida tu pueblo y la casa de tu padre, y el rey deseará tu hermosura (Salmo 44).

 

El Evangelista elaboró ​​la genealogía y habló de estas mujeres cuya vida no fue intachable, para avergonzar a sus contemporáneos y recordarles que no se jactaran.

 

San Mateo dividió las generaciones en tres grupos, para mostrar que la gente no mejoraba, no cambiaba, aunque la forma de gobierno fuera diferente. Eran tan pecadores y alejados de Dios cuando eran gobernados por aristócratas o gobernantes, no se volvían más virtuosos aun cuando eran gobernados por jueces, por sacerdotes o reyes.

 

 

viernes, 7 de octubre de 2022

ORACIÓN Y HUMILDAD

 El que persevera en la oración, pero no en la humildad, el amor, la mansedumbre y las demás virtudes, llega a este resultado: a veces, dado que Dios es bueno, le envía su gracia y cumple sus peticiones. Pero, por no acostumbrarse su mente a las virtudes de que he hablado, (con el tiempo), o pierde la gracia que recibió, o, estando orgulloso, ya no avanza ni crece en ella. Porque, como se ha dicho, el Señor encuentra su morada y descanso en el alma humilde, amante, mansa (que, en una palabra, cumple los santos mandamientos de Cristo). Por tanto, el que quiere crecer y perfeccionarse espiritualmente, debe esforzarse, ante todo, para que su corazón orgulloso y pendenciero se vuelva manso y obediente a Dios. Que se obligue a acostumbrar su alma a la bondad de la que puede hacer un deber. Al hacerlo, el alma crecerá (se espiritualizará) y el don de la oración florecerá en ella según su conciencia. Entonces el Espíritu le enseñará la verdadera humildad, el verdadero amor y la mansedumbre. Sólo así, creciendo y perfeccionándose según (la voluntad del) Señor, se muestra digno del Reino (de los cielos)". 


San Macario de Egipto, Otras siete homilías, Palabra sobre la libertad de la mente, 19.

ALIMENTO PARA EL ALMA

 

7 de octubre

 

Marcos 12, 1-12

 

En aquel tiempo, el Señor pronunció esta parábola: Un hombre plantó una viña, la cercó con una valla, cavó en ella un lagar, edificó una torre y se la dio a los trabajadores, y se fue. Y a su tiempo envió un siervo a los trabajadores para que tomara de ellos el fruto de la viña. Pero ellos, echándole mano, lo golpearon y lo dejaron ir sin nada. Y les envió, de nuevo, otro sirviente, pero éste también, golpeándolo con piedras, le rompieron la cabeza y le insultaron. Y envió otro, pero también mataron a éste; y a muchos otros, golpeando a unos y matando a otros. También tenía un hijo suyo amado, y al final lo envió a los trabajadores, diciendo: Se avergonzarán de mi hijo. Pero aquellos trabajadores dijeron entre sí: Éste es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra. Y cuando lo atraparon, lo mataron y lo echaron fuera de la viña. Así que, ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y destruirá a los trabajadores y dará la viña a otros. ¿Tampoco habéis leído esta Escritura: “La piedra que desecharon los edificadores, acabó siendo la piedra angular; de parte del Señor fue hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos»? Y procuraban prenderle, pero temían al pueblo. Porque comprendieron que contra ellos había dicho esta parábola. Y dejándole, se fueron.

 

Homilías a Mateo, San Juan Crisóstomo, Homilía LXVIII, la interpretación de la parábola de los malvados labradores de la viña:

"¡Cristo muestra muchas cosas en esta parábola! Que Dios cuidó de los judíos desde el principio; que fueron homicidas desde el principio; que Dios no dejó nada de lo necesario para su cuidado; que no se apartó de ellos aun después de haber matado a los profetas, sino que envió a su propio Hijo; que el Dios del Nuevo y del Antiguo Testamento es uno y el mismo; que su muerte es para realizar grandes cosas; que los judíos sufrirán el más terrible castigo por su crucifixión y por su audacia, que los gentiles serán llamados y que los judíos caerán.

 

El Señor contó esta parábola inmediatamente después de la parábola de los dos hijos, para que a través de esta parábola pudiera mostrar cuán grande es el crimen de los judíos, para mostrar que es completamente imperdonable.

 

- ¿Para qué?

 

- Porque fueron superados por rameras y publicanos - y por muchos - a pesar de que fueron tratados con tanto cuidado.

 

¡Mira cuán grande es el cuidado de Dios y cuán indecible su pereza! Dios hizo lo que tenían que hacer los trabajadores: cercó la viña, la plantó y todo lo demás. Les dejó unas pocas cosas: cuidar las cosas en la viña, guardar lo que les dio. No se olvidó nada, pero todo estaba en perfecto orden. Aunque los judíos disfrutaron de tantos dones de Dios, nada obtuvieron de ellos: los sacó de Egipto, les dio la ley, levantó a Jerusalén, construyó su templo, hizo el altar.

 

"Y se fue lejos ", es decir, fue paciente durante mucho tiempo; No siempre los castigó de inmediato por sus pecados. Él llama a Su longanimidad "irse". "Él envió a sus siervos", es decir, a los profetas, "para que dieran fruto", es decir, la obediencia demostrada por las obras. Pero los judíos incluso ahora mostraron su maldad; no sólo no daban fruto después de disfrutar de tanto cuidado -y esto es señal de pereza-, sino que además se portaban mal con los que venían a llevarse el fruto. Las personas que no pueden dar y están endeudadas no deben enojarse ni molestarse, sino orar. Los judíos no solo estaban enojados, sino que también se mancharon las manos con sangre. Dieron a otros los castigos que deberían haber recibido. Entonces Dios envió la segunda fila de siervos y la tercera fila para mostrar tanto su maldad como Su bondad.

 

- Pero ¿por qué no envió inmediatamente a su Hijo?

 

- Para que reconozcan su pecado contra los enviados antes, para apaciguar su ira y avergonzarse de su venida. También hay otras razones. Pero por ahora sigamos adelante.

 

- ¿Qué significan las palabras "Quizás se avergonzarán"? "

 

- No quiere decir que Dios no sabía lo que le iban a hacer a Su Hijo - ¡Dios no lo quiera! - ¡No! Con estas palabras quería mostrar cuán grande es su pecado, que no tienen perdón. Aunque sabía que lo iban a matar, aun así envió a su Hijo. A través de las palabras: "Serán avergonzados" muestra lo que deberían haber hecho, para que se avergonzaran de Él. Y en otro lugar de la Escritura Dios dice: "Si oyeren"; no habla así porque no sabía lo que iba a pasar, sino para que algunos de los pecadores no dijeran que las palabras anteriores de Dios los obligaron a desobedecer. Para este propósito Dios usa las palabras: "si" y "quizás". Se comportaron como siervos ingratos, pero debieron haber respetado la dignidad del Hijo.

 

– ¿Qué deberían haber hecho? ¡Debería haber corrido, debería haber pedido perdón por los crímenes cometidos! Pero no, cometen un crimen mayor que antes, unen crimen a crimen; y siempre los últimos crímenes eclipsan a los anteriores. Esto también lo muestra Cristo, cuando dice: "Llenad la medida de vuestros padres (Mateo 23, 22)". Hace mucho tiempo los profetas les trajeron la misma acusación, diciendo: "Vuestras manos están llenas de sangre (Isaías 1, 15)"; y: "Sangrado se mezcla con sangrado (Oseas 4, 2)"; y: "Tú que edificas a Sion con derramamiento de sangre (Miqueas 5, 10)". Pero no llegaron a ser sabios, aunque recibieron este gran mandamiento: "No matarás", aunque se les ordenó innumerables veces que se apartaran de este pecado, aunque fueron guiados por muchos y diversos medios para guardar este mandamiento, no lo hicieron. dejaron su mala costumbre!

 

- ¿Qué dijeron los siervos cuando vieron al Hijo?

 

– "¡Vamos a matarlo!"

 

¿Para qué? ¿Qué fallo grande o pequeña encontraste? ¿Por qué honestamente? ¿Porque, siendo Dios, se hizo hombre por vosotros? ¿Por qué hizo esos innumerables milagros? ¿Por qué perdonó tus pecados? ¿Por qué te llamó al Reino de los Cielos?

 

¡Mira cuán grande es su estupidez al lado de su incredulidad! ¡Mira la causa del asesinato! ¡Está lleno de locura, el que digan: "Vamos a matarlo y la herencia será nuestra"!

 

- ¿Y dónde consultan para matarlo?

 

– ¡Fuera de la viña!

 

¿Viste cómo profetiza y el lugar donde lo van a matar? “Y sacándolo, lo mataron”.

 

Dice el evangelista Lucas que cuando Cristo pronunció el castigo de aquellos obreros, los judíos dijeron: "Que no sea (Lc 20, 16)" y que Cristo añadió el testimonio de la Escritura: " Mirándolos dijo: "¿Qué quiere decir, sino, ¿qué estaba escrito: “La piedra que los albañiles no tuvieron en cuenta, que fue puesta como piedra angular. (Lc 20, 17)?”.

 

Mateo, por el contrario, dice que los judíos pronunciaron el castigo de aquellos trabajadores. No es una contradicción entre Lucas y Mateo. Los judíos también pronunciaron la sentencia contra ellos, pero inmediatamente al darse cuenta de lo que decían, dijeron: "¡Que no sea!". Cristo puso ante ellos las palabras del profeta David (Sal. 117, 21-22) para convencerlos de que seguramente serán castigados.

 

Sin embargo, aun así, el Señor no reveló claramente a los judíos que la viña será dada a los gentiles, para no darles oportunidad de atacar, sino que sólo lo deja entender, cuando dice: "Él dará la viña a otros ". Por eso el Señor les dijo esto en parábola, para que los mismos judíos pronunciaran la sentencia contra ellos. Lo mismo le sucedió a David, cuando se dio a sí mismo el castigo, siguiendo la parábola contada por Natán (II Reyes 12, 1-7).

 

Mira ahora, qué justa es la sentencia. Incluso los que van a ser castigados lo dicen. Entonces, para que los judíos supieran que este castigo no sólo lo exige el sentido de la justicia, sino que Él lo predijo desde tiempo atrás y que la gracia del Espíritu Santo y de Dios lo decidió, añadió Cristo la profecía de David y reprendió ellos diciéndoles:

 

“¿Nunca habéis leído que la piedra que los albañiles no tuvieron en cuenta, es la piedra angular? Esto fue hecho por Dios y es maravilloso a nuestros ojos".

 

A través de todo esto, Cristo mostró a los judíos que ellos, por su incredulidad, serían echados fuera y los gentiles serían llamados. Les dijo esto veladamente a través de la curación de la hija cananea, a través del pollino del asna, a través de la curación del siervo del centurión y a través de muchas otras parábolas. Lo muestra incluso ahora. Por eso agregó: “Esto lo hizo el Señor y es maravilloso a nuestros ojos”. Les dijo de antemano que los gentiles que creyeren y los judíos que creyeren formarían un solo pueblo, con toda la gran diferencia entre gentiles y judíos hasta entonces. Entonces, para que los judíos supieran que lo que se hará no es contra Dios, sino del todo de su agrado, que será maravilloso y lleno de asombro para los que lo vean, añadió: "Esto ha sido hecho por el Señor".

 

Cristo se llama a sí mismo "piedra", y los maestros de los judíos, constructores"; eso es lo que también dijo Ezequiel: “Los que edifican el muro lo destruyen sin que esté bien hecho (Is. 13, 10)”.

 

- Pero ¿cómo lo ignoraron?

 

- Lo ignoraban porque decían de Cristo: “Esto no es de Dios (Juan 7, 12); y: "Engaña al pueblo"; y: "Eres samaritano y tienes un demonio (Juan 8, 18)".

 

Entonces, para que los judíos supieran que el daño no se limita a la remoción de la viña, añadió también los castigos, diciendo: “El que caiga sobre esta piedra será aplastado, y el que caiga sobre ella será aplastado” (Mateo 21, 44)".

 

Estamos hablando de dos destrucciones aquí: una, que los judíos tropezaron y se descarriaron; este es el significado de las palabras: "El que caerá sobre esta piedra"; otra, la de su caída en la esclavitud, de la destrucción de la sociedad y de las desgracias que les sobrevendrán, que Cristo les mostró claramente de antemano, diciendo: "lo aplastará". Con estas palabras aludía también a su resurrección.

 

En esta parábola, el Señor también culpa a los líderes del pueblo. En Isaías el Señor dice: "¿Qué debí haber hecho con mi vida y no lo hice (Isaías 5, 4)?". en otra parte dice de nuevo: "¿Qué falta encontraron en mí vuestros padres (Mi. 6, 3)?"; y otra vez: "Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¿Con qué te molesté (Mi. 6, 3)? Con estas palabras el Señor muestra la ingratitud de los judíos; les muestra que premiaron a Dios con el mal, aunque gozaron de todos los beneficios; en la parábola de los trabajadores de la viña muestra lo mismo, pero con más fuerza. Ahora el Señor ya no dice: "¿Qué debí hacer con mi viña y no lo hice?", pero hace que los judíos declaren que nada les faltaba, los hace condenarse a sí mismos. Cuando los judíos respondieron a Cristo: " Él destruirá a los impíos con el mal y dará vida a los demás trabajadores ", no dicen otra cosa que esto, pronunciando una sentencia definitiva contra ellos.

 

Esteban les hizo la misma acusación, que les dolió especialmente, que ellos siempre gozaron del gran cuidado de Dios, pero premiaron con el mal a su Benefactor (Hch. 7, 50-53). Prueba muy fuerte de que Aquel que los castigó no es culpable de la condenación que les sobrevino, sino que los que fueron castigados tienen la culpa. Lo mismo es mostrado por Cristo ahora, tanto por ejemplo como por profecía. No se limitó a contarles sólo la parábola, sino que añadió dos profecías, la de David y la suya.

 

¿Qué deberían haber hecho los judíos cuando escucharon esto? ¿No deberían haberlo adorado? ¿No debería haberse maravillado del cuidado de Dios, tanto en la antigüedad como en los posteriores? Si no terminaron mejor que esto, ¿no deberían haber sido más sabios al menos por temor al castigo? Pero los judíos no mejoraron. ¿Qué pasó después? “Oyéndole, entendieron que hablaba de ellos. Y tratando de prenderlo, tuvieron miedo del pueblo, porque lo tenían por profeta”.

 

Los Sumos sacerdotes y fariseos se dieron cuenta de que estaba hablando de ellos.

 

 

Ahora bien, porque los sacerdotes y los fariseos tenían miedo del pueblo, el Señor está satisfecho con esto, ya no hace un milagro, como antes, para salir de en medio de ellos sin ser visto. No quiso hacer todo por encima de la naturaleza, para confiar a las personas Su encarnación. Pero los obispos y fariseos no aprendieron de la multitud, ni de lo que se decía. No tuvieron miedo de la multitud de profetas, ni de la sentencia que ellos mismos dieron, ni de la opinión de la multitud. Estaba tan cegado por el amor al poder, el amor a la vanagloria y la búsqueda de las cosas temporales.

 


jueves, 6 de octubre de 2022

A través de la fe, la mente despierta al trabajo espiritual.

Por la fe, el alma (mente), que antes estaba dispersa entre las pasiones, es liberada del sentimiento y dotada de paz y humildad de pensamiento. Cuando vive de los sentidos en un mundo sensorial, el alma está enferma. Con la ayuda de la fe, el alma se libera de la prisión de este mundo, donde ha sido sofocada por el pecado, y entra en un mundo nuevo, donde respira una atmósfera maravillosa. El "sueño del alma" es tan peligroso como la muerte, y por eso es esencial despertar el alma a través de la fe en la obra espiritual , a través de la cual el hombre se supera a sí mismo y destierra las pasiones.

 San Iustin Popovici,  Fe Ortodoxa y Vida en Cristo , Editorial Bunavestire, Galați, 2003, p. 55.

 ALIMENTO PARA EL ALMA

6 octubre

Marcos 11, 27-33

En aquel tiempo, Jesús entró de nuevo en Jerusalén, y mientras pasaba por el templo, se le acercaron los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le dijeron: ¿Con qué poder haces estas cosas? ¿O quién te dio este poder para hacerlas? Y Jesús les dijo: Yo también os preguntaré una cosa respondedme, y también os diré con qué poder hago estas cosas: ¿Era el bautismo de Juan del cielo, o de los hombres? ¡Respondedme! Y hablaban entre sí, diciendo: Si decimos: del cielo, dirá: ¿Pero por qué no creísteis en él? Y si decimos: de la gente, tenían miedo de la multitud, porque todos pensaban que Juan era realmente un profeta. Y respondiendo, dijeron a Jesús: No sabemos. Y Jesús les dijo: Ni yo os digo con qué poder hago estas cosas".

... cuando hablas de Dios

Clemente de Alejandría, Stromata, Stromata V, Cap. XII, 81.3-81.6,

(...) Algunos llamaban a Dios "insondable", porque es inaccesible e ilimitado, porque lo rodea todo y lo incluye todo en sí mismo. Sí, cuando se trata de Dios, esta parte es la más difícil de tratar. Si es difícil descubrir el principio de cualquier cosa, ¿es difícil mostrar el principio primero y más antiguo, que es la causa del nacimiento y la existencia continua de todas las cosas? ¿Cómo podría hablarse de Aquél que no es ni género, ni diferencia, ni especie, ni individuo, ni número, sino accidente, ni cosa sujeta al accidente? (...) No se debe hablar de partes de Dios, porque uno es indivisible; por lo tanto, es también infinito, no en el sentido de que no puede ser atravesado, sino en el sentido de que no tiene dimensión ni fin; y por lo tanto es sin forma y sin nombre.

San Juan Casiano, Colaciones, Parte II, Segunda Conversación con el Padre Queremón, Cap. XIII, 1.

Cuanto más avance la mente hacia una mayor pureza, tanto más recibirá a Dios, y descubrirá en sí misma una mayor fuente de admiración que en el arte del habla, o el oficio de la expresión. Así como el que no ha probado el sentimiento de alegría no puede entenderlo con su mente, así el que lo ha probado no podrá ponerlo en palabras. Si, por ejemplo, alguien quisiera explicar la dulzura de la miel a alguien que nunca ha comido nada dulce, seguramente ni el que no la ha recibido en la boca sentirá su sabor con los oídos, ni el que ha conocido su dulzura. por el placer que le ofrece su sabor no podrá explicar su sabor con palabras, sino que sólo apreciará su sabor en silencio.

martes, 4 de octubre de 2022

 

ALIMENTO PARA EL ALMA

4 de octubre

Marcos 11, 11-23

En aquel tiempo, Jesús entró en Jerusalén y fue al templo y, al anochecer, salió para Betania con los doce. Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue allí, para ver si había algo en ella; y cuando llegó a la higuera, no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos. Y hablando, le dijo: De ahora en adelante, nadie en el mundo debe comer fruto de ti. Y sus discípulos lo escucharon. Y llegaron a Jerusalén. Y entrando en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían ya los que compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas. Y no permitió que nadie pasara por el templo con un vaso, y les dijo: ¿No está escrito: ¿"Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones"? Pero vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones. Y los principales sacerdotes y los escribas lo oyeron, y buscaban cómo prenderlo. Pero tenían miedo, porque toda la multitud estaba asombrada de su enseñanza. Y cuando llegó la noche, salieron de la ciudad. Por la mañana, al pasar, vieron la higuera seca desde las raíces. Y Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, he aquí, la higuera que maldijiste se ha secado. Y respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. De cierto os digo, que cualquiera que dijere a este monte: Levántate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que se hará lo que dice, y se hará todo lo que diga

 

¿Qué es la fe?

 Clemente de Alejandría, Stromata, Stromata II, Cap. VI, 28.1-28.2.

La fe es una suposición que aceptas de buena gana, es una suposición juiciosa antes de comprender, es la expectativa de una cosa que adquieres en el futuro, la expectativa de otras cosas que no son las de la fe, es una opinión de cosas inciertas, y la confianza es la creencia segura de que recibirás lo que esperas. Por eso creemos, porque estamos comprometidos con lo que creemos. Y es para la gloria de Dios y nuestra salvación. Confiamos en el único Dios, que sabemos que no romperá sus buenas promesas que nos ha hecho, no nos negará las bondades creadas en virtud de sus promesas, que nos son dadas graciosamente.

Clemente de Alejandría, Stromata, Stromata V, Cap. I, 2.1,

Feliz el que habla al oído de los que escuchan (Eclesiástico 25, 12). La fe es el oído del alma, y ​​el Señor alude a esta fe cuando dice: El que tiene oídos para oír, que oiga (Mateo 11, 15; 13, 9, 43; Marcos 4, 9, 23; Lucas 8; 14, 35), para que por la fe entiendan lo que dice el Señor y cómo lo dice.

lunes, 3 de octubre de 2022

ALIMENTO PARA EL ALMA

3 de octubre
Marcos 10, 46-52
En aquel tiempo, cuando Jesús salía de Jericó con sus discípulos y una gran multitud, el ciego Bartimeo, hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino y pedía limosna. Y al oír que era Jesús de Nazaret, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí! Y muchos lo regañaron para que se callara; pero gritó mucho más fuerte: ¡Hijo de David, ten piedad de mí! Y Jesús, deteniéndose, dijo: ¡Llámalo! Y llamaron al ciego, diciéndole: ¡Ánimo, levántate! Él te está llamando. Y el ciego, tirando su manto, se levantó de un salto y se acercó a Jesús. Y Jesús le preguntó, diciendo: ¿Qué quieres que haga por ti? Y el ciego le respondió: Maestro, déjame ver de nuevo. Entonces Jesús le dijo: ¡Ve, tu fe te ha salvado! Y al instante vio a Jesús y seguía a Jesús por el camino".
La fe nos revela lo que no se ve
San Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Creación, homilía LXIII, V
Entonces tenemos fe, cuando no nos limitamos sólo a los ojos del cuerpo, sino que vemos con los ojos del alma lo que no se ve. Especialmente aquello que vemos con los ojos del alma debemos considerarlo más digno de fe que aquello que vemos con los ojos del cuerpo.
San Cirilo de Alejandría, Comentario al Evangelio de San Juan, Libro XI, Cap. 5.
Cuando decimos fe, nos referimos al verdadero conocimiento de Dios, y nada más. Por lo tanto, el conocimiento es por la fe. El profeta Isaías dará testimonio de esto: Si no creéis, no entenderéis (Isaías 7, 9). Y que un conocimiento que consiste en una simple teoría es declarado inútil por los escritos de los Santos (de las Escrituras), también puedes entenderlo de lo siguiente. Dijo uno de los Santos Discípulos: ¿Crees que uno es Dios? Lo estás haciendo bien; pero también los demonios creen y tiemblan (Jacob 2, 19). Entonces, ¿qué les diremos a estos? ¿Cómo, pues, será veraz Cristo al decir que tener la vida eterna es conocer al Dios único y verdadero y, junto con Él, al Hijo? Considero que debemos decir de la palabra del Salvador que es ciertamente cierta, porque el conocimiento es vida.
¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador!
Un Padre santo dice:
El nombre del Hijo de Dios es grande e ilimitado y sostiene todo el universo”, afirma el Pastor de Hermas, y no apreciaremos el papel de la Oración de Jesús en la espiritualidad ortodoxa sin conocer el poder y el don del nombre divino. Si la Oración de Jesús es superior a otras invocaciones, es porque contiene el nombre de Dios.
El nombre es poder, pero una repetición puramente mecánica no tendrá ningún efecto por sí misma. La Oración de Jesús no es un talismán mágico. Como en todos los actos sacramentales, la persona humana está llamada a colaborar con Dios mediante la fe activa y el esfuerzo ascético. Estamos llamados a pronunciar su nombre con quietud y sobriedad interior, cerrando nuestros pensamientos en las palabras de la oración, sabiendo quién es Aquél a quien nos dirigimos y quién responde en nuestro corazón. Una oración tan ardiente no es fácil desde el principio y es descrita por los Padres como un martirio interior.
San Gregorio el Sinaí habla repetidamente del "moderamiento y el trabajo" que asumen los que siguen el camino del nombre de Jesús: se requiere "un esfuerzo continuo"; serán tentados al levantarse pronto, y serán atacados por la pereza causada por el dolor del trabajo y por el grito comprensivo de la mente y por el toque del alma. Sólo a través de tal fidelidad descubriremos el poder del nombre de Jesús.
Esta perseverancia fiel se manifiesta sobre todo en la repetición frecuente y atenta. Cristo les dice a los discípulos que no hablen mucho, como el "mucho hablar" de los gentiles (Mateo 6, 7), pero la repetición de la Oración de Jesús, cuando se hace con sinceridad interior y concentración, da un fruto inmenso.

miércoles, 27 de julio de 2022

28 de julio: Mateo 15, 12–21

Mateo 15, 12–21

En aquel tiempo, cuando los discípulos se acercaron a Jesús, le dijeron: ¿Sabes que los fariseos, al oírte, se escandalizaron? Y respondiendo Él, dijo: Todo brote que no haya plantado mi Padre celestial, será desarraigado. Déjalos; son guías ciegos para los ciegos; y si el ciego guía al ciego, ambos caerán en el hoyo. Entonces Pedro, le dijo: Explícanos esta parábola. Él dijo: Ahora, ¿tú también eres ignorante? ¿No comprendes que todo lo que entra en la boca va al estómago y se tira? Y lo que sale de la boca, del corazón sale, y eso contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estos son los que contaminan al hombre, pero comer sin lavarse las manos no contamina al hombre. Y saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón".

¿Cómo limpiar nuestro corazón?

San Macario el Egipcio, Las cincuenta homilías espirituales, homilía XVII, 15,

“Conviene, pues, investigar cómo y por qué (medios) se obtiene la pureza del corazón. (Hay que decir que) por nadie sino por Aquél que fue crucificado por nosotros; Este es el Camino, la Verdad, la Puerta, la Perla, el Pan vivo y celestial. Sin esta Verdad, uno no puede conocer la verdad y ser salvo".

San Clemente de Ohrid, Palabras y enseñanzas útiles para cualquier cristiano

Reunámonos en la iglesia, porque allí recibiremos salud para nuestras almas y cuerpos; en ella se realiza para nosotros un Misterio indeciblemente grande; aquí la voz divina habla a los oídos de nuestro corazón; aquí la oscuridad del pecado es desterrada de nuestros corazones; aquí el Divino Hijo se sienta sobre la mesa en forma inefable, derramando su Santa Sangre por nosotros como un cordero, para el perdón de nuestros pecados y haciéndonos herederos de su Reino.

Por eso, hermanos, debemos lavar toda nuestra impureza con el arrepentimiento y así dar un paso hacia Él, enjugando con lágrimas los pecados conocidos y desconocidos. Rompamos nuestro corazón con la humildad, como Él se humilló por nosotros, haciéndose, al mismo tiempo, Dios y Hombre, para salvar al hombre de las maldades diabólicas. Y el Señor nos mostró el camino de la salvación, diciendo: "Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados".

El que no llora por sus pecados, llorará desconsolado en el tormento eterno.

jueves, 14 de julio de 2022

Para la reflexión:

Para la reflexión:

¿Cómo puedes saber si estás viviendo de acuerdo con la voluntad de Dios?
Aquí hay una señal: si estás angustiado por algo, significa que no te has entregado completamente a la voluntad de Dios, aunque te parezca que vives de acuerdo con su voluntad.
El que vive según la voluntad de Dios no tiene preocupaciones. Si tiene necesidad de algo, se ofrece a sí mismo y lo que quiere a Dios, y si no lo recibe, queda tan tranquilo como si hubiera obtenido lo que deseaba.
El alma que se entrega a la voluntad de Dios no teme a nada: ni a los truenos ni a los ladrones ni a ninguna otra cosa. Pase lo que pase, "Tal es el placer de Dios", dice ella. Si se enferma, piensa: 'Esto significa que necesito la enfermedad, o Dios no la habría enviado'... Si nos parecemos muy afligidos, significa que no nos hemos rendido a la voluntad de Dios.
El Señor nos ha dado el Espíritu Santo, y el hombre en quien habita el Espíritu Santo siente que tiene el paraíso dentro de sí. Tal vez dirás: '¿Por qué no tengo una gracia como esa?' Es porque no te has rendido a la voluntad de Dios, sino que vives a tu manera.
Cómo puedes saber si estás siendo influenciado por un espíritu maligno?
Si piensas mal de las personas, significa que tienes un espíritu maligno en ti susurrando malos pensamientos sobre los demás. Y si un hombre muere sin arrepentirse, sin haber perdonado a su hermano, su alma irá al lugar donde vive el espíritu maligno que poseía su alma.
Esta es la ley segura: si perdonas a los demás, es señal de que el Señor te ha perdonado. Pero si te niegas a perdonar, entonces tu propio pecado permanece contigo.
San Silvano Athonita