sábado, 20 de febrero de 2010

Encíclica de su SS Santidad Bartolomeos I con motivo del Domingo de la Ortodoxia

+BARTOLOMÉ

POR LA MISERICORDIA DE DIOS ARZOBISPO DE CONSTANTINOPLA-NUEVA ROMAY PATRIARCA ECUMENICOA TODO EL PLEROMA DE LA IGLESIA SEAN LA GRACIA Y LA PAZ DE NUESTRO SEÑOR Y SALVADOR JESUCRISTO Y DE NOSOTROS LA ORACION, LA BENDICION Y EL PERDON

Nuestra Santísima Iglesia Ortodoxa festeja hoy su fiesta por antonomasia, y la Madre Iglesia de Constantinopla, desde el centro martírico e histórico, nuestro Patriarcado Ecuménico, dirige la bendición, la ternura y el amor a todos sus devotos hijos espirituales a ella fieles en todo el mundo. Sea el Nombre de Dios Bendito!

Aquellos que intentaron hacer desaparecer la Iglesia a través de los siglos a través de diversas persecuciones evidentes y no, aquellos que intentaron corromperla con sus enseñanzas heréticas, aquellos que intentaron amordazarla y quitarle la voz y el testimonio en el mundo, todos ellos fracasaron. La nube de los mártires, las lágrimas de los bienaventurados y las plegarias de los santos la cubren espiritualmente y la protegen, mientras que el Paráclito, el Espíritu de la Verdad, la conduce a toda la Verdad.

Con sentimiento de obligación y de responsabilidad, a pesar de los obstáculos y desaveniencias, el Patriarcado Ecuménico, como primera Iglesia de la Ortodoxía, se preocupa por la protección y la consolidación de la unidad de la Iglesia Ortodoxa, a fin de que en un solo corazón y una sola boca sea confesada la fe ortodoxa de nuestros padres en cada época y especialmente en nuestros días. Pues la Ortodoxía no es un tesoro de museo para que sea cuidado, sinó aliento de vida que debe ser expandido para que reavive a los hombres. La Ortodoxía es siempre actual, basta que la proyectemos con humildad y la interpretemos teniendo en cuenta las necesidades y las problemáticas existenciales del hombre en cada época y en cada contexto cultural.

En orden a este objetivo la Ortodoxía debe encontrarse en continuo diálogo con el mundo. La Iglesia Ortodoxa no teme al diálogo, pues la misma Verdad no le teme. Contrariamente, si la Ortodoxía se cierra en sí misma y no dialoga con los que están fuera de ella, no solamente ha de fracasar en su misión, sinó que se convertirá de una Iglesia “católica” y “de acuerdo a la Ecumene” en un grupo introvertido y auto-complaciente, en un “gueto” al margen de la historia. Por esta razón también los grandes Padres de nuestra Iglesia nunca temieron el diálogo con el contexto espiritual de su época, hasta con los filósofos idólatras de sus tiempos, y con este modo influenciaron y reconfiguraron la cultura de su época y nos legaron una Iglesia verdaderamente ecuménica.

Este diálogo con el mundo es llamada a continuar hoy la Ortodoxía, a fin de que dé su testimonio y el aliento vivificador de su Fe. Este diálogo, sin embargo, no es posible que lleque al mundo de afuera sino pasa primero por los que llevan el nombre de cristianos. Debemos primero dialogar los cristianos entre nosotros y solucionar nuestras diferencias a fin de que sea creíble nuestro testimonio hacia el mundo. El esfuerzo por la unidad de los cristianos es voluntad y mandamiento del Señor, el cual antes de su pasión rezó a su Padre “a fin de que todos (sus discípulos) sean uno, a fin de que el mundo crea que Tú me enviaste” (Jn. 17, 21). No es posible que el Señor luche por la unidad de los cristianos y nosotros quedemos indiferentes. Esto constituiría una traición criminal y ruptura de su mandamiento. Exactamente por estas razones, el Patriarcado Ecuménico, con la opinión concordante y la participación de todas las iglesias ortodoxas locales, lleva a cabo desde hace varias décadas diálogos teológicos oficiales panortodoxos con las iglesias y confesiones cristianas mayores. Objetivo de estos diálogos es la discusión, en espíritu de amor, de todas las cosas que nos separan a los cristianos, tanto en la fe como en la organización y vida de la Iglesia. Estos diálogos y cada intento de relaciones pacíficas y fraternales de la Iglesia Ortodoxa con otros cristianos desafortunadamente combaten hoy con un fanatismo intolerable para la tradición ortodoxa ciertos grupos que reclaman exclusivamente para sí mismos el título de celotes y defensores de la Ortodoxía, como si no fueran ortodoxos todos los Patriarcas y los Santos Sínodos de las iglesias ortodoxas, que unánimemente decidieron y mantienen estos diálogos. Los enemigos de cada intento de reconstituir la unidad entre los cristianos se elevan por sobre los Sínodos Episcopales de la Iglesia con el peligro de crear cismas dentro de la Ortodoxía.

En esta su lucha, los que critican el intento de reconstitución de la unidad de los cristianos no distan aún en tergiversar la realidad engañando al pueblo fiel. De esta manera, callan el hecho de que los diálogos teológicos se llevan a cabo con la decisión unánime de todas las iglesias ortodoxas y así atacan solamente al Patriarcado Ecuménico. Propagan falsamente que es inminente la unión entre los ortodoxos y los católicos romanos, aún sabiendo que las diferencias que se discuten en el diálogo ecuménico entre ellos son todavía muchas, y que se necesitará mucho tiempo para la discusión; así tambien conocen que la unión es decidida solamente por los sínodos de las iglesias y no por comisiones de diálogo. Reclaman que el Papa ha de subyugar a los ortodoxos pues éstos dialogan con los católicos romanos! Juzgan a todos los que participan en los diálogos como “heréticos” y “traidores” de la Ortodoxía, simplemente porque dialogan con los heterodoxos, compartiendo con ellos la riqueza y la Verdad de nuestra Fe. Desacreditan cada esfuerzo de diálogo entre los cristianos separados y cada intento de reconstitución de su unión como “herejía del ecumenismo” sin dar ninguna prueba de que durante las relaciones con los no ortodoxos la Iglesia Ortodoxa haya dejado o haya negado los dogmas de los Sínodos Ecuménicos y de los Padres de nuestra Iglesia.

Hermanos e hijos amados en el Señor,La Ortodoxía no tiene necesidad ni del fanatismo ni de la intolerancia para protejerse. Aquel que cree que la Ortodoxía tiene la Verdad no teme el diálogo, pues la Verdad nunca peligra por el diálogo. Contrariamente, cuando todos hoy se esfuerzan en solucionar las diferencias a través del diálogo, la Ortodoxía no puede dirigirse con intolerancia y fanatismo. Tened, pues, completa confianza en vuestra Madre Iglesia. Ésta se mantuvo incorruptible durante siglos y transmitió a otros pueblos la Ortodoxía. Ésta también hoy lucha en medio de condiciones adversas para mantener la Ortodoxía viva y respetable en toda la ecumene.

Desde este sacro centro de la Ortodoxía, desde el histórico Patriarcado Ecuménico, los besamos fraternalmente y los bendecimos paternalmente a todos vosotros, hermanos e hijos en el Señor, deseando de que pasen con salud y sacra compunción el estadio de las virtudes y de las luchas espirituales de la santa y gran Cuaresma y que seáis dignos, conjuntamente con todos los fieles y cristianos ortodoxos en todo el mundo, de adorar la purísima pasión y la glroriosa resurrección del Salvador Cristo.

Domingo de la Ortodoxía 2010-02-16

lunes, 15 de febrero de 2010

PERDONADME, PADRES Y HERMANOS, PUES SOY UN MISERABLE PECADOR

"Porque si perdonáis a los hombres sus transgresiones, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus transgresiones, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras transgresiones" (Mateo 6:14–15) ¡Que simples y accesibles medios de salvación! Vuestras transgresiones son perdonadas bajo la condición de que perdonéis las transgresiones de vuestro prójimo contra ti. Esto significa que estáis en vuestras propias manos. Oblígate a ti mismo a pasar desde los sentimientos agitados hacia vuestro hermano a verdaderos sentimientos pacíficos y eso es todo. El día del perdón ¡que celestial y gran día de Dios es este! Si todos nosotros haríamos uso de el, como deberíamos, este día haría que las sociedades cristianas sean sociedades celestiales, y la tierra se uniría con el cielo.

(Obispo Teófano el Recluso, "Pensamientos para Cada Dia del Año")

domingo, 14 de febrero de 2010

Sinaxario del Domingo del Perdón



Que toda la tierra llore amargamente
juntamente con los padres de nuestra raza humana,
pues esta ha caído con aquellos
que probaron el dulce fruto del árbol.

En este día conmemoramos la caída de Adán, el primer creado, tras haber comido del fruto del Paraíso, que nuestros santos y divinos padres han ordenado para el domingo antes de la Gran Cuaresma, a fin de demostrar el gran efecto sanador del ayuno sobre la naturaleza humana y el gran daño del desenfreno y la desobediencia. Poniendo a un lado los incontables casos de estos vicios en el mundo, los padres han expuesto el vivo ejemplo de Adán, el primer creado, que sufrió gran daño por su fallo total en el ayuno y trajo este daño sobre nuestra naturaleza. Al no guardar el primer mandamiento de un ayuno beneficioso que Dios había requerido de la humanidad, rindiéndose a los deseos de su vientre y de la serpiente a través de Eva, no sólo no se hizo divino, sino que él dio lugar a la muerte, trayendo perdición sobre toda nuestra raza humana. A causa del desenfreno de Adán, el Señor ayunó por cuarenta días y fue obediente. Fue por esta razón que los santos Apóstoles instituyeron el presente ayuno de cuarenta días, para que así como Adán perdió la incorrupción mediante su desenfreno, nosotros podamos recuperarla mediante la abstinencia. Además, como se ha dicho anteriormente, la intención de los santos padres era relatar de una forma condensada en el Triodio todas las obras de Dios desde el principio hasta el fin del mundo. Puesto que la transgresión y la caída de Adán por comer del fruto del árbol es la causa principal del estado de la humanidad, los padres exhortan a los que estamos observando esta conmemoración a evitar el pecado de Adán y a huir del desenfreno en todas las cosas.

Ahora bien, fue en el sexto día que Adán fue creado por la mano Dios según su propia imagen y a través de su aliento vivificante. Recibiendo el mandamiento de Dios, vivió en el Paraíso hasta la hora sexta [las doce del mediodía, N. del T.], cuando desobedeció el mandamiento de Dios y fue expulsado. Y así como Adán extendió su mano en la hora sexta para tomar del fruto, Cristo, el nuevo Adán, extendió sus manos sobre la Cruz en la hora sexta del sexto día, anulando la sentencia de perdición causada por el primer Adán. Pues este fue creado entre la corrupción y la incorrupción por la Providencia, teniendo libre albedrío. Dios pudo haber hecho a Adán sin pecado, pero su providencia fue proveer para la reparación. Por esta causa dio el mandamiento que Adán podía participar de todo árbol en el jardín, excepto de uno sólo. ¿Acaso no significa esto que Adán debía entender la esencia de todas las cosas creadas por el poder divino, pero que no debía intentar entender la esencia de la divinidad? Es decir, que Dios ordenó a Adán que se preocupara de todo otro elemento y cualidad, razonando con su mente para la gloria de Dios, pues esto es el alimento verdadero. Pero no debía buscar la esencia divina: Dios, quién es él, donde está, y cómo creó todas las cosas de la nada. Pero Adán, para su propio daño, intentó examinar a Dios y determinar su esencia sin ocuparse de las otras cosas; y cuando Satanás le indujo mediante Eva el deseo de convertirse en divino falló en su intento, puesto que él era no perfecto sino aún niño.

Algunos dicen que el árbol de la desobediencia era una higuera, y que al percatarse de su desnudez, Adán y Eva utilizaron sus hojas para cubrirse. Por esta razón Cristo maldijo la higuera como causa de esa desobediencia, atribuyéndole una clase de semejanza al pecado. Pues habiendo transgredido, vistiéndose de carne mortal, y recibiendo la maldición, Adán fue expulsado del Paraíso, y por orden de Dios una espada de fuego guardó sus puertas. Adán se sentó ante las puertas del Paraíso y lamentó las muchas bendiciones que había perdido al fallar en su observancia del ayuno en el tiempo oportuno. Y a través de él la raza humana entera compartió esa sentencia, hasta que nuestro Creador, teniendo compasión de nuestra naturaleza que se perdía a causa de Satanás, nació de la Santa Virgen y vivió una vida excepcional, mostrándonos el camino para apartarnos del diablo - es decir, la abstinencia y la humildad - y, ganando valerosamente la victoria sobre el engañador, nos regresó a nuestro anterior estado.

En su deseo de poner todos estos eventos ante nosotros, los santos padres, portadores de Dios, han comenzado con el Antiguo Testamento: la creación del mundo; la caída de Adán por comer del fruto, conmemorada hoy; y más adelante con las palabras de Moisés y de los profetas, y la poesía de David, que imparten gracia. Luego los eventos del Nuevo Testamento en orden, de los cualas el primero es la Anunciación, que ocurre siempre durante la Cuaresma por la providencia inefable de Dios; la resurrección de Lázaro; el Domingo de Ramos; la lectura de los santos Evangelios durante Semana Santa; y de los profundos textos de la santa y salvadora Pasión de Cristo. Después de esto, la Resurrección y el todo lo restante hasta el descenso del Espíritu Santo que se lee en el libro de los Hechos, y cómo este evento se convirtió en una proclamación que juntó a todos los santos, pues en el libro de los Hechos la Resurrección es confirmada a través de señales y prodigios.

Puesto que hemos sufrido tanto a causa del fallo de Adán en guardar el ayuno, este evento se conmemora hoy, al principio de la Gran Cuaresma, de modo que teniendo presente el enorme mal causado por el desenfreno de Adán, nos apresuremos gozosamente a aceptar y guardar el ayuno. Y ya que Adán pecó en su deseo de llegar a ser divino, quizás podamos así recibir la divinización mediante el ayuno, las lágrimas y la humildad hasta que Dios nos visite; pues sin éstos es imposible recuperar lo que hemos perdido. Debe notarse también que el santo Ayuno de cuarenta días es la décima parte del año entero. Ya por nuestra pereza no estamos dispuestos a ayunar constantemente o a librarnos de hábitos malvados, los Apóstoles y los divinos padres nos han transmitido el Ayuno como una clase de primicias de la cosecha de nuestras vidas. Y como hemos actuado inadecuadamente durante el año entero, podemos ahora limpiar nuestras almas con el ayuno, la contrición y la humildad. Debemos guardar el Gran Ayuno con el mayor cuidado. Pues así como hay cuatro estaciones en el año, también hay cuatro ayunos. Aún así, los divinos Apóstoles nos han confiado la Cuaresma como el más grande de los ayunos, ya que honra la santa Pasión de Cristo, su ayuno y su glorificación. Moisés ayunó por cuarenta días antes de recibir la Ley; también Elías, Daniel y todos los que hallaron favor ante Dios. Adán nos ilustra el beneficio del ayuno en comparación con el desenfreno. Por esta razón la conmemoración del destierro de Adán del Paraíso fue designada por los santos padres para ser conmemorada en este día.

En tu inefable compasión, oh Cristo nuestro Dios,
haznos dignos del alimento del Paraíso,
y ten piedad de nosotros,
pues sólo tú amas la humanidad. Amén.

Estíqueras de las Vísperas de I Lunes de la Gran Cuaresma

I Lunes de la Gran Cuaresma

VÍSPERAS
Que se hacen en la tarde del Domingo del Perdón.

En el Señor a ti te clamo, insertamos las siguientes estiqueras:
Tono 2º
Porqué junto al Señor hay la misericordia y con Él abundante redención. Es Él quien liberará Israel de todas sus iniquidades.
Humillemos la carne con la abstinencia siguiendo el camino del ayuno purificador. Que podamos buscar al Señor que nos salva con oraciones y lágrimas y llenos de compunción digámosle: ¡Ten piedad de nosotros porque hemos pecado contra ti! Ten piedad de nosotros, Cristo nuestro Dios, y sálvanos como salvaste a los ninivitas permitiéndonos participar en tu Reino celestial.
Alabad al Señor todas las naciones, celebradle, pueblos todos.
Cuando pienso en todo lo que he hecho, oh Señor, caigo en la desesperación, pues se que soy digno de todos los tormentos. He despreciado tus mandamientos, oh Salvador, y he gastado mi vida como el hijo pródigo. Por eso te suplico, a ti que eres el único misericordioso: Purifícame por el arrepentimiento, ilumíname por las oraciones y ayunos y no me desprecies, oh mi Bienhechor.
Porque poderosa es su misericordia hacia nosotros, y la lealtad del Señor permanece por los siglos de los siglos.
Permítenos comenzar el ayuno con alegría; permítenos prepararnos para realizar los esfuerzos espirituales; permítenos limpiar nuestra alma y nuestro cuerpo; permítenos abstenernos de las pasiones al abstenernos de los alimentos; permítenos regocijarnos en las virtudes del Espíritu. ¡Que todos podamos contemplar la Pasión de Cristo, nuestro Dios y regocijarnos en la Pascua Santa!

sábado, 13 de febrero de 2010

ORACION DE SAN EFREN EL SIRIO


ORACIÓN DE SAN EFRÉN


Se dice durante la Cuaresma al terminar todas las oraciones

Señor y Maestro de mi vida, no me abandones al espíritu de pereza, de desánimo, de dominación o de palabra vana. (Gran metanía)

Doamne şi Stăpânul vieţii mele, duhul trândăvirei, al grijii de multe, al iubirii de stăpânire şi al grăirii în deşert nu mi-l da mie. (Metanie)

Da en cambio a tu siervo el espíritu de castidad, de humildad, de paciencia y de caridad. (Gran metanía)

Iar duhul curăţiei, al gândului smerit, al răbdării şi al dragostei, dăruieşte-l mie, slugii Tale. (Metanie)

Oh Señor y Rey, concédeme reconocer mis faltas y no juzgar a mi hermano, Tú que eres bendito por los siglos de los siglos. Amén. (Gran metanía)

Aşa, Doamne, dăruieşte-mi ca să văd greşelile mele şi să nu osândesc pe fratele meu, că binecuvântat eşti în vecii vecilor. Amin. (Metanie)

Se hacen doce metanías y se termina diciendo: “Señor Hijo de Dios ten piedad de mí pecador”

Señor y Maestro de mi vida, no me abandones al espíritu de pereza, de desánimo, de dominación o de palabra vana. Da en cambio a tu siervo el espíritu de castidad, de humildad, de paciencia y de caridad. Oh Señor y Rey, concédeme reconocer mis faltas y no juzgar a mi hermano. Tú que eres bendito por los siglos de los siglos. Amén. (Gran metanía)

Doamne şi Stăpânul vieţii mele, duhul trândăvirei, al grijii de multe, al iubirii de stăpânire şi al grăirii în deşert nu mi-l da mie. Iar duhul curăţiei, al gândului smerit, al răbdării şi al dragostei, dăruieşte-l mie, slugii Tale. Aşa, Doamne, dăruieşte-mi ca să văd greşelile mele şi să nu osândesc pe fratele meu, că binecuvântat eşti în vecii vecilor. Amin. (Metanie)

ORACIONES PARA EL INICIO DE LA GRAN CUARESMA

ORACIONES PARA EL COMIENZO DE LA GRAN CUARESMA

El sacerdote, vestido con el epitrachilion, lee estas oraciones en la iglesia con compunción, el primer lunes del Gran Ayuno, o en otro día de la primera semana del Ayuno, después de Maitines o después de las Horas.

S Roguemos al Señor.

C Señor ten piedad.

S Oh Dios, esperanza de toda la tierra, de uno a otro confín, que has ordenado los días del ayuno por medio de la Ley, de los Profetas y de los Evangelistas, permítenos pasar este santo tiempo, de forma pura, conservando la fe intacta, y guardando tus mandamientos todos los días de nuestras. Envía un ángel de paz para guardar nuestras idas y venidas en cada trabajo bueno para que, siendo obedientes y agradables a ti, podamos estar en comunión perfecta con tus santos y puros Misterios. Acepta, oh Señor y Dueño nuestro, las postraciones y ayunos de tus siervos concediendo la salud y purificación de cuerpo y alma a todos aquello que te bendecimos, a ti Padre Eterno, a tu Hijo unigénito y a tu Todo Santo, Bueno y Vivificador Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

C Amén.

S Roguemos al Señor.

C Señor ten piedad.

Bendito seas, oh Señor, Dios de nuestros padres, de Abraham, Isaac, y Jacob; que creaste el cielo, la tierra y el mar con lo que contiene.

Que nos ofreces un tiempo de salvación para que podamos arrepentirnos de nuestras iniquidades, que aceptaste las lágrimas de tu siervo el profeta y rey David y le otorgaste la remisión de los pecados cuando se arrepintió.

Que aceptaste la oración de Manases el cual estaba atado con cadenas de hierro y te pidió perdón, arrepentido, de sus pecados.

Que salvaste a la prostituta que acogió a los enviados de Israel para reconocer Jericó

Escucha ahora las peticiones de tu indigno siervo y no tengas en cuenta los pecados y ofensas de los que se postran ante ti arrepentidos. Concédenos contrición de corazón y remordimientos de por nuestros pecados, pues sólo Tú, nuestro Creador, puedes limpiarnos de ellos y perdonarnos.

Concédeles la gracia de poder presentarse ante ti y con corazón contrito y humillado poder confesarlos, con santo temor ante tus indignos ministros, como si lo hicieran ante ti mismo, Justo y Temible Juez.


Y de acuerdo a tus promesas perdonar a los que se postren ante ti compungidos, humillados y arrepentidos implorando el perdón completo y la remisión de los pecados.

Pues tu dijiste que lo que se desligue en la tierra quedará desligado en el cielo, Dueño nuestro, Señor Jesucristo nuestro Dios, acepta a tus siervos que arrepintiéndose de sus pecados, conocidos y desconocidos, voluntarios e involuntario, los confiesan según tus preceptos.

Haz que recibiendo tu perdón misericordioso seamos llenados de tu gracia y seamos fortalecidos para que ninguno vuelva al pecado y a las malas acciones impropias de los que han sido perdonados. Levántalos y ayúdalos a salir de toda trampa y superstición e influencia mala del diablo para que puedan servirte en santidad y justicia todos los días de su vida.

Pues Tú eres nuestro Dios y viniste al mundo no para llamar al virtuoso si no para acoger al pecador arrepentido. Tú nos mandaste perdonar setenta veces siete las ofensas pues te muestras con nosotros infinitamente compasivo y misericordioso.

Así mismo, como no condenaste a la mujer adultera que te trajeron los fariseos para probarte, si no que la acogiste con misericordia y perdonándola le dijiste que no pecara más, perdónanos a nosotros pues eres misericordioso y amas a la humanidad.

Y como fuiste compasivo con la pecadora que te ungió los pies y los limpió con sus lágrimas, secándolos con sus cabellos, concede a tus siervos el don de poder llorar y limpiar con lagrimas de arrepentimiento sus pecados

Da firmeza a sus mentes y corazones para que puedan conocer en tu Unigénito, al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo.

Acéptalos como aceptaste a Pedro que se arrepintió y lloró amargamente el pecado de haber renegado de ti tres veces y tiéndeles tu mano como se la tendiste a él para que no perezcan cuando el demonio arremeta contra ellos.

Limpia sus almas y cuerpos de todo lo malo y sánalos, Médico de nuestras almas y cuerpos, pues Tú dijiste que no necesita el médico el sano, si no el enfermo. Visítanos y sálvanos pues si no es por ti pereceremos.

Por eso, oh Señor nuestro Jesucristo, concede a tus siervos que puedan completar este ayuno, que ahora comienzan, limpios de toda mancha, cumpliendo tus mandatos y siendo perseverantes en la oración y así serte agradables todos los días de su vida y participar intachables en la comunión col precioso Cuerpo y la Preciosa Sangre de tu Hijo

Porque Tú eres, oh Dios, la remisión del penitente pues no quieres la muerte del pecador, sino que se arrepienta y viva. Pues no quieres que perezca la obra de tus manos y no te alegras de las desgracias del hombre, sino que tienes misericordia y salvas abriendo las puertas del conocimiento de la Verdad

Se ahora la fuerza de tus siervos y concédeles la gracia de rechazar el pecado, renunciar a toda mala acción y volverse a ti. Concédenos la gracia de cumplir con el ayuno en paz, llenos de obras buenas y así poder celebrar tu Pasión salvadora y tu gloriosa Resurrección y al final de nuestras vidas unirnos a todos los que te han sido agradables y participar de las eternas alegrías dándote gloria a ti, y a tu Padre sin principio y a tu Todo Santo, Bueno y Vivificador Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

C Amén

Plegaria de San Efrén

Señor y Maestro de mi vida, no me abandones al espíritu de pereza, de desánimo, de dominación o de palabra vana. (Gran metanía)

Da en cambio a tu siervo/a el espíritu de castidad, de humildad, de paciencia y de caridad. (Gran metanía)

Oh Señor y Rey, concédeme reconocer mis faltas y no juzgar a mi hermano. Porque Ti eres bendecido por los siglos de los siglos. Amén. (Gran metanía)

12 metanías diciendo: “Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí pecador.”

y se termina diciendo:

Señor y Maestro de mi vida, no me abandones al espíritu de pereza, de desánimo, de dominación o de palabra vana. Da en cambio a tu siervo/a el espíritu de castidad, de humildad, de paciencia y de caridad. Oh Señor y Rey, concédeme reconocer mis faltas y no juzgar a mi hermano. Porque Ti eres bendecido por los siglos de los siglos. Amén.

Después bendice con la mano diciendo:

S Que la bendición de Dios sea con vosotros por medio de su gracia, compasión y amor a la humanidad, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

C Amén

O Maica dulce-a vietii mele

Duminica lasatului de sec de branza


Duminica Izgonirii lui Adam din Rai


Parintii care cunosc bine vechile randuieli liturgice din perioada Triodului ne spun ca tema izgonirii lui Adam din rai, legata de Duminica Lasatului sec de branza, reprezinta o transpunere a expulzarii temporare a penitentilor in afara bisericii, care odinioara avea loc atunci. Acestia trebuiau sa ramana in afara usilor bisericii - ca oarecand Adam in fata usilor incuiate ale raiului - si sa-si planga pacatele pana la sfarsitul Postului Mare, cand erau reintrodusi in ea, impreuna cu cei care inca nu faceau parte din comunitatea bisericeasca. De aceea imnografia acestei Duminici se intemeiaza pe imaginea lui Adam, tanguindu-se inaintea portilor raiului. (cf. Parintele Macarie Simonopetritul, Triodul explicat)
Dar aceasta randuiala mai explica inca ceva: prezenta picturilor (sau a mozaicurilor) reprezentand Izgonirea si plangerea lui Adam (impreuna cu alte episoade din viata protoparintelui nostru) in proximitatea locului unde penitentii isi imitau protoparintele "in strapungere si lacrimi", adica in afara bisericii, pe suprafata exterioara a zidurilor ei, sau, uneori, in nartexul acesteia.
Astfel de exemple intalnim si in programul iconografic al vestitelor biserici de la Manastirea Voronet, Manastirea Molodovita si Manastirea Sucevita. Cu unele diferente de la un loc la altul, asupra carora nu vom starui acum, intalnim pictate aici urmatoarele scene: Facerea lumii, Crearea lui Adam, Crearea Evei, Adam si Eva calcand porunca, Izgonirea lor din rai, Adam lucrand pamantul si Eva torcand.

Privindu-le, am zice ca iconarii au reprodus cu fidelitate primele capitole din Cartea Facerii si indicatiile oferite de Erminie - acel manual de pictura bizantina de care se slujeau zugravii de biserici. Insa pentru cel care le studiaza mai cu atentie exista o pricina de nedumerire: pretioasele vesminte pe care le poarta in rai stramosii omenirii. De ce zugravii le-au "tesut" straie ca de sarbatoare (la Voronet, Adam are chiar o mantie pe umeri) cand stim prea bine ca in Cartea Facerii se spune ca "Adam si femeia lui erau amandoi goi"? (Facere 2, 25). Sau, cu alte cuvinte spus: De ce costumul lui Adam nu e "costumul lui Adam"?

Locul in care vom afla un raspuns la aceste intrebari ne este indicat de mai multi teologi ai Bisericii Ortodoxe, care, plecand de la afirmatiile Parintilor celui de-al saptelea Sinod Ecumenic despre importanta unitatii imaginii liturgice si a cuvantului liturgic, ne invata ca cele doua moduri de expresie (imnografia si iconografia) "constituie un fel de control al unuia asupra celuilalt, traiesc aceeasi viata si au, in cadrul cultului, o actiune ziditoare comuna" (Leonid Uspensky, Teologia icoanei).

Asadar, sa deschidem Triodul la Duminica Izgonirii lui Adam din rai, acolo unde, dupa cum vom vedea, aceasta imagine a "imbracarii" sau "dezbracarii" unui vesmant cu totul special, "nestricacios", "tesut de Dumnezeu" - pe care omul il purta inainte de a fi imbracat "hainele de piele" - poate fi intalnita aproape in fiecare imn. Iata doua dintre aceste imne, unul de la Vercenie si celalalt de le Utrenie:

"De vesmantul cel de Dumnezeu tesut m-am dezbracat eu ticalosul, prin sfatul vrajmasului, neascultand porunca Ta cea dumnezeiasca, Doamne. Si m-am imbracat acum cu frunze de smochin si cu haina de piele; caci m-am osandit a manca prin sudori paine cu munca; si pamantul a fost blestemat sa-mi rodeasca spini si palamida. Ci Tu, Cel ce Te-ai intrupat din Fecioara in anii cei de apoi, chemandu-ma, iarasi adu-ma in rai." (la Vecernie)

"Cu vesmant de Dumnezeu tesut m-ai imbracat, Mantuitorule, in Eden ca un milostiv; iar eu am calcat porunca Ta, plecandu-ma vrajmasului, si gol m-am vazut eu, ticalosul." (la Utrenie)
Prin urmare, zugravii bisericilor bucovinene nu au facut altceva decat sa propovaduiasca cu mijloacele specifice o invatatura deja existenta in Biserica, invatatura potrivit careia cei dintai oameni creati "erau imbracati in slava cea de sus" - vesmantul cel de Dumnezeu tesut - "care ii acoperea mai bine decat o haina" (Sfantul Ioan Gura de Aur, Omilii la Facere).

Ajunsi in acest punct al demersului nostru putem spune ca abia acum ni se descopera motivul pentru care teologii Bisericii noastre ii zugravesc, prin cuvant sau culoare, pe protoparintii nostri in rai, imbracati cu acele vesminte pretioase, iar dupa caderea in pacat, dezbracati de ele: ca noi sa pricepem si sa luam aminte ca "asa cum Adam dupa calcarea poruncii a fost izgonit din rai si din desfatarea si din petrecerea impreuna cu ingerii, si a ajuns gol si departe de fata lui Dumnezeu, asa si noi, pacatuind, ne despartim de Biserica robilor Sai sfinti si dezbracam prin pacat vesmantul dumnezeiesc pe care l-am imbracat botezandu-ne, si care, precum credem, este Hristos (Galateni 3, 27)" (Sfantul Simeon Noul Teolog, Cartea discursurilor etice).

San Efrén el Sirio: Eva y Maria


Oh cítara mía, inventa nuevos motivos de alabanza a María Virgen. Levanta tu voz y canta la maternidad enteramente maravillosa de esta virgen, hija de David, que llevó la vida al mundo.

Quien la ama, la admira. El curioso se llena de vergüenza y calla. No se atreve a preguntarse cómo una madre da a luz y conserva su virginidad. Y aunque es muy difícil de explicar, los incrédulos no osarán indagar sobre su Hijo.


Su Hijo aplastó la serpiente maldita y destrozó su cabeza. Curó a Eva del veneno que el dragón homicida, por medio del engaño, le había inyectado, arrastrándola a la muerte.

Como el monte Sinaí, María te ha acogido, pero no la has calcinado con tu fuego incombustible, porque has obrado de modo que tu hoguera no la abrasase, ni le quemara la llama que ni siquiera los serafines pueden mirar.

Aquél que es eterno fue llamado el nuevo Adán, porque habitó en las entrañas de la hija de David y en Ella, sin semilla y sin dolor, se hizo hombre. ¡Bendito sea por siempre su nombre!

El árbol de la vida, que creció en medio del Paraíso, no dio al hombre un fruto que lo vivificase. El árbol nacido del seno de María se dio a sí mismo en favor del hombre y le donó la vida.

El Verbo del Señor descendió de su trono; se llegó a una joven y habitó en ella. Ella lo concibió y lo dio a la luz. Es grande el misterio de la Virgen purísima: supera toda alabanza.

Eva en el Edén se convirtió en rea del pecado. La serpiente malvada escribió, firmó y selló la sentencia por la cual sus descendientes, al nacer, venían heridos por la muerte.

Y a causa de su engaño, el antiguo dragón vio multiplicado el pecado de Eva. Fue una mujer quien creyó la mentira de su seductor, obedeció al demonio y abajó al hombre de su dignidad.

Eva llegó a ser rea del pecado, pero el débito pasó a María, para que la hija pagase las deudas de la madre y borrase la sentencia que habían transmitido sus gemidos a todas las generaciones.

María llevó el fuego entre sus manos y ciñó entre sus brazos a la llama: acercó sus pechos a la hoguera y amamantó a Aquél que nutre todas las cosas. ¿Quien podrá hablar de Ella?

Los hombres terrenales multiplicaron las maldiciones y las espinas que ahogaban la tierra. Introdujeron la muerte. El Hijo de María llenó el orbe de vida y paz.

Los hombres terrenales sumergieron el mundo de enfermedades y dolores. Abrieron la puerta para que la muerte entrase y pasease por el orbe. El Hijo de María tomó sobre su persona los dolores del mundo, para salvarlo.

María es manantial límpido, sin aguas turbias. Ella acoge en su seno el río de la vida, que con su agua irrigó el mundo y vivificó a los muertos.

Eres santuario inmaculado en el que moró el Dios rey de los siglos. En ti por un gran prodigio se obró el misterio por el cual Dios se hizo hombre y un hombre fue llamado Hijo por el Padre.

María es la vid de la estirpe bendita de David. Sus sarmientos dieron el grano de uva lleno de la sangre de la vida. Adán bebió de aquel vino y resucitado pudo volver al Edén.

Dos madres engendraron dos hijos diversos: una, un hombre que la maldijo; María, Dios, que llenó al mundo de bendición.

¡Bendita, tú, María, hija de David, y bendito el fruto que nos has dado! ¡Bendito el Padre que nos envió a su Hijo para nuestra salvación, y bendito el Espíritu Paráclito que nos manifestó su misterio! Sea bendito su nombre.


(Carmén 18, 1)

miércoles, 10 de febrero de 2010

Sobre el arrepentimiento. San Efrén el Sirio


Salmo 120, del Salterio Espiritual de San Efrén el Sirio


Concédeme el perdón y dame fuerzas. Concédeme el don de la conversión para que pueda vivir en la santidad según tu voluntad. Santifica mi corazón que se ha convertido en un cubículo morada de los demonios.


Indigno soy de pedirte perdón, oh Señor, pues infinidad de veces te he prometido arrepentirme y he demostrado ser un mentiroso al no cumplir mi promesa. Tú me has levantado muchas veces más yo he elegido libremente volver a caer.


Por ello soy yo quien se condena y reconozco que merezco todo castigo y tortura. ¡Cuántos son los que contemplan las veces que iluminaste mi mente oscurecida! Y yo sin embargo vuelvo a mis viles pensamientos. Tiembla mi cuerpo lleno de espanto al contemplar esto, mas la sensualidad pecaminosa me reconquista.


¿Cómo podré enumerar los dones de tu gracia que, aunque miserable, he recibido y que yo he reducido a nada por mi apatía persistiendo en mi impiedad? Tú me has concedido miles de regalos y yo te he respondido con cosas repulsivas.


Más porque eres un mar de misericordia y un abismo de bondad, oh Señor, no permitas que sea cortado como la higuera estéril; no permitas que sea arrojado al fuego como los sarmientos secos. No vengas mientras estoy desprevenido pues todavía no he encendido mi lámpara ni tengo preparado mi vestido para la boda. Pues eres Bueno y Amante de la humanidad, ten misericordia de mí. Dame tiempo para arrepentirme y poder así no presentarme desnudo ante ti ante el trono terrible, dando un espectáculo lastimoso e infame.


¿Si el hombre virtuoso apenas puede salvarse, cuál será mi fin, yo que soy pecador? ¿Si el camino que lleva a la vida es estrecho, cómo podré yo recorrerlo viviendo en medio de los placeres y del pecado? Mas Tú, oh Señor, mi Salvador, el Hijo del Dios verdadero, líbrame del pecado que mora en mí y líbrame de la condenación eterna.

martes, 9 de febrero de 2010

Las dos venidas de Cristo. San Cirilo de Jerusalén.



Anunciamos la venida de Cristo, pero no una sola, sino también una segunda, mucho más magnífica que la anterior. La primera llevaba consigo un significado de sufrimiento; esta otra, en cambio, llevará la diadema del reino divino. Pues casi todas las cosas son dobles en nuestro Señor Jesucristo. Doble es su nacimiento: uno, de Dios, desde toda la eternidad; otro, de la Virgen, en la plenitud de los tiempos. Es doble también su descenso: el primero, silencioso, como la lluvia sobre el vellón; el otro, manifiesto, todavía futuro. En la primera venida fue envuelto con fajas en el pesebre; en la segunda se revestirá de luz como vestidura. En la primera soportó la cruz, sin miedo a la ignominia; en la otra vendrá glorificado, y escoltado por un ejército de ángeles.
No pensamos, pues, tan sólo en la venida pasada; esperamos también la futura. Y, habiendo proclamado en la primera: Bendito el que viene en nombre del Señor, diremos eso mismo en la segunda; y, saliendo al encuentro del Señor con los ángeles, aclamaremos, adorándolo: Bendito el que viene en nombre del Señor.

El Salvador vendrá, no para ser de nuevo juzgado, sino para llamar a su tribunal a aquellos por quienes fue llevado a juicio. Aquel que antes, mientras era juzgado, guardó silencio refrescará la memoria de los malhechores que osaron insultarle cuando estaba en la cruz, y les dirá: Esto hicisteis y yo callé.

Entonces, por razones de su clemente providencia, vino a enseñar a los hombres con suave persuasión; en esa otra ocasión, futura, lo quieran o no, los hombres tendrán que someterse necesariamente a su reinado.

De ambas venidas habla el profeta Malaquías: De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis. He ahí la primera venida.

Respecto a la otra, dice así: El mensajero de la alianza que vosotros deseáis: miradlo entrar —dice el Señor de los ejércitos—. ¿Quién podrá resistir el día de su venida? ¿quién quedará en pie cuando aparezca? Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata.

Escribiendo a Tito, también Pablo habla de esas dos venidas, en estos términos: Ha aparecido la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres; enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo. Ahí expresa su primera venida, dando gracias por ella; pero también la segunda, la que esperamos.

Por esa razón, en nuestra profesión de fe, tal como la hemos recibido por tradición, decimos que creemos en aquel que subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Vendrá, pues, desde los cielos, nuestro Señor Jesucristo. Vendrá ciertamente hacia el fin de este mundo, en el último dia, con gloria. Se realizará entonces la consumación de este mundo, y este mundo, que fue creado al principio, será otra vez renovado.

(Catequesis 15,1-3: PG 33, 870-874)

Cum ne închinăm în timpul Sfintei Liturghii?


De obicei, la sărbătorile Sfintei Cruci vorbim şi despre taina Crucii lui Hristos şi despre semnul crucii şi importanţa lui în viaţa noastră creştină. Cineva mi-a cerut să vorbesc despre asta acum şi m-am hotărât să fac ascultare. Aşadar, reţineţi:


Semnul crucii făcut corect aduce binecuvântarea lui Dumnezeu. Semnul crucii făcut indiferent, oricum, incorect îndepărtează binecuvântarea lui Dumnezeu şi atrage „binecuvântarea” celuilalt, care se bucură, râde şi se îmbolnăveşte de râs; aşa spunea părintele Cleopa: râde dracul de se îmbolnăveşte, intră în spital, săracul… De ce? De crucea ta! Deci crucea niciodată nu se îndoaie, adică niciodată crucea nu se face în poziţia încovoiată a trupului, ci în poziţie de drepţi. După ce ai dus mâna pe umărul stâng, aici, să o vadă şi cel din spatele tău – să vadă mâna pe umărul stâng, pentru că aici e cea mai mare ispită, unii o duc în jos, unii o duc doar până la jumătate sau pe piept, sau sub piept, (deci pe umărul stâng), abia după aceea faci închinăciunea sau metania. Toţi trebuie să ne corectăm. Deci, păcătoşilor asemenea mie, pocăiţi-vă şi nu mai strâmbaţi crucea lui Hristos. Faceţi una şi bună decât o mie şi strâmbe, una şi corectă decât o mie şi rele! Crucea lui Hristos este armă asupra diavolului, cum auziţi la Sfântul Maslu cântându-se: „Doamne, armă asupra diavolului crucea Ta ai dat-o nouă, că se îngrozeşte şi se cutremură, se scutură, nesuferind a căuta spre puterea ei”. Ea e armă şi e putere numai atunci când se face corect şi cu evlavie. Deci una şi bună şi apoi puteţi trece şi la a doua şi bună, şi la a treia şi bună, şi la a mia cruce şi bună. Dar nu o mie şi rele. Decât o mie şi rele mai bine una şi bună; că cele o mie şi rele nu sunt nici armă împotriva diavolului, nici putere a lui Dumnezeu mântuitoare. Deci nu mai strâmbaţi crucea! Nici măcar cu capul în piept sau cu capul plecat nu se face crucea. Crucea se face în poziţie de drepţi. Cum sunt soldaţii în armată în poziţie de drepţi, aşa se face crucea, pentru că ea e armă de biruinţă şi steag sau stindard biruitor. Steagul nu se pune sub obroc, se ţine la înălţime, se atârnă pe catarg. La fel şi crucea lui Hristos – care este îngerilor bucurie şi diavolilor rană de nesuferit – nu se ascunde de un trup încovoiat. Se face în poziţia de drepţi.


Nu e neapărat să vă aplecaţi cu mâna până la pământ, deşi aşa e cel mai indicat, dar crucea trebuie să fie neapărat dreaptă. Dacă preotul sau diaconul nu se închină la fiecare ectenie nu trebuie să cădem în ispita de a judeca. Poate pomeneşte, are o carte în mână sau un microfon, după caz, sau ia prinoase de la credincioşii întârziaţi şi în acelaşi timp zice ectenia. Dar trebuie să ştim că închinarea noastră este respiraţia Bisericii. La fiecare ectenie, când auzim „Domnului să ne rugăm”, toată Biserica (adunarea credincioşilor) trebuie să se închine, să facă o mică închinăciune, până la brâu, sau chiar atingând cu mâna pământul; dar închinăciunea la pământ o facem numai când avem loc pentru asta şi nu deranjăm pe cei din faţă sau pe cei din spate. (Grecii fac întâi plecăciunea şi apoi se îndreaptă şi fac semnul crucii; însă noi şi slavii facem întâi semnul crucii şi apoi facem plecăciunea, închinăciunea sau metania. Aşa ne-am obişnuit, de când ne-am închinat pentru prima oară). Deci, la fiecare chemare a Ecteniei Mari se face închinăciune mică, aplecându-ne până la brâu (sau mai puţin chiar, după putere şi spaţiu). Dar crucea trebuie făcută în poziţia de „drepţi”. La fiecare „Domnului să ne rugăm!” cu care se încheie majoritatea chemărilor Ecteniei Mari. Ne închinăm şi la fiecare cerere din cadrul ecteniei întreite (ectenia de după citirea Evangheliei) când auzim ultimele cuvinte – majoritatea se termină cu cuvintele „pentru sănătatea şi mântuirea lor”. La fel ne închinăm la ectenia de după Heruvic: la fiecare „Domnului să ne rugăm” sau „De la Domnul să cerem” facem câte o mică închinăciune sau plecăciune.


„Să nu ne rugăm ca fariseul fraţilor…” Trebuie să ştim că la Liturghiile Sfântului Ioan Gură de Aur şi Sfântului Sfântului Vasile cel Mare nu se îngenunchează deloc. Dar există trei momente mai înălţătoare şi mai sfinţitoare decât altele, momente în care credincioşii nu stau cu fruntea sus ca fariseul, ci iau poziţia vameşului: închinăciune cu mâna până la pământ sau măcar până la genunchi şi rămânerea în această poziţie. Dacă unii bolnavi nu pot nici asta, pot însă să se ridice în picioare – dacă stau jos, şi să-şi plece capul. (Iar dacă cineva simte multă umilinţă şi pocăinţă are toată libertatea să-şi plece genunchii inimii, să îngenuncheze în duh, dar să nu strice rânduiala Bisericii pe care Sfinţii Părinţi au aşezat-o cu luminare de la Dumnezeu. Cum cântăm la Bobotează? „Că unde este de faţă Împăratul, este şi buna rânduială”.) Aceste trei momente sunt: 1) Vohodul (Intrarea) Mare cu Cinstitele Daruri din cadrul Heruvicului (adică pe toată perioada transferării Darurilor de la Proscomidiar pe Sfânta Masă; altfel spus: cât ţin pomenirile). 2) Cântarea „Pre Tine Te lăudăm” (când are loc prefacerea Darurilor în Trupul şi Sângele Domnului). Cât ţine această cântare stăm cel puţin cu capul aplecat, cu multă umilinţă, rugându-ne din inimă, cu toată atenţia. E momentul Pogorârii Duhului Sfânt peste noi şi peste Darurile noastre. 3) „Să luăm aminte: Sfintele Sfinţilor!”. În timpul rostirii acestor cuvinte credincioşii stau în poziţie de închinăciune cu capul plecat, dar în picioare.


Acestea sunt cele mai sfinte momente şi e bine să avem o poziţie adecvată, aşa încât să fim „ca un singur trup” în închinarea pe care I-o aducem lui Dumnezeu.


Îngenunchiem doar la Liturghia Darurilor mai-înainte-sfinţite, de luni până vineri, liturghie ce se săvârşeşte doar în Postul Mare, şi atunci cu fruntea până la pământ. Semnalul îngenunchierii şi ridicării îl dă clopoţelul.


Reţineţi, fraţi şi surori. Aşa este corect. Aşa trebuie să ne închinăm.


În timpul citirii Evangheliei stăm în picioare în poziţia de „drepţi” – aşa cum ne şi îndeamnă, de altfel, sfinţitul binevestitor. La Sfânta Liturghie se poate sta pe scaun doar la Apostol şi când se citeşte cuvânt de învăţătură sau se predică. În rest, nu se stă pe scaun la Sfânta Liturghie. Fac excepţie cei bătrâni, bolnavi, neputincioşi, femeile însărcinate, iar copiii mai puţin.


Sfânta Treime să ne lumineze pe toţi, aşa încât nu numai să ştim, ci mai ales să împlinim! Amin!

domingo, 7 de febrero de 2010

Părintele Arsenie Boca – Evanghelia Judecăţii



Evanghelia, adică Vestea cea bună, cuprinde şi Judecata. Este desigur o zi înfricoşată, o zi a urgiei lui Dumnezeu, dar cu toate acestea este o zi dorită de creştinătate: ziua adeveririi nădejdilor noastre ultime.

Dar, ca să vorbim despre judecata lui Dumnezeu cu omul, e bine să lămurim, pe cât cu putinţă, şi în scurt, câteva din nedumeririle omului despre Dumnezeu.

Omul stă la îndoială despre existenţa lui Dumnezeu, pentru mai multe motive, dintre care pomenim pe acestea:

1. Că nu-L vede (deşi crede într-o mulţime de lucruri pe care nu le-a văzut, dar se sprijină pe cuvântul altora, pe care-i crede). Răspundem că Dumnezeu poate fi văzut, dar trebuie împlinită o condiţie: trebuie „inima curată” din cele nouă fericiri.

2. Stă omul la îndoială pentru că nu vede imediat răsplata lui Dumnezeu, atât pentru bine cât şi pentru rău. Cu alte cuvinte omul vede nedreptatea şi se sminteşte despre existenţa lui Dumnezeu, care o îngăduie, pentru că are o răbdare mai mare ca a noastră, aşteptând întoarcerea.

Zăbovim puţin asupra acestei nedumeriri, cu lămuririle următoare: Dacă Dumnezeu ar răsplăti răul întotdeauna şi numaidecât, ar însemna că e un Dumnezeu fricos dinspre libertatea omului şi întinderea răului, sau că Dumnezeu ar mai avea pe cineva împotrivă, cam tot aşa de tare, şi s-ar teme de întinderea stăpânirii sale.

Apoi, Dumnezeu nu răsplăteşte întotdeauna şi numaidecât nici binele, pentru că atunci oamenii ar face binele nu din dragoste şi libertate, ci din interes. O atare răsplătire ar coborî şi pe Dumnezeu şi fapta bună. Dar, din când în când Dumnezeu răsplăteşte imediat şi binele şi răul, deşi numai în parte, ca cei răi să se teamă şi să ştie că este o judecată, care îi ajunge. De asemenea se vede din când în când şi răsplătirea imediată a binelui, ca dragostea oamenilor de Dumnezeu să nu scadă.

3. Oamenii mai stau la îndoială despre existenţa lui Dumnezeu pentru că e necuprins cu mintea, aşa cum cuprindem ştiinţa sau altă îndeletnicire. Cu alte cuvinte, ca s-o spunem de-a dreptul: Dumnezeu nu poate fi dovedit cu mintea nici că există, nici că nu există. – O bucată de fier rece, bună şi ea la ceva, nu-ţi poate dovedi existenţa focului, până ce însăşi va fi roşie ca focul. Cam aşa-i şi cu mintea omului, cât priveşte puterea şi neputinţa ei.

Când făptura omului va fi străbătută de credinţa în Dumnezeu, adică de o evidenţă, de o siguranţă interioară, mai puternică decât valoarea mărturiilor sau tăgăduirilor raţiunii, făptura sa va fi lumină şi viaţa sa o minune între oameni.

Căci nu există argument mai tare ca viaţa trăită, prin care se străvede Dumnezeu, sau moartea de Martir, ca o ultimă dovadă – şi cea mai de seamă – despre existenţa lui Dumnezeu şi a Împărăţiei Sale.

De aceea nu cred într-o Împărăţie a Cerurilor care începe numai după moarte. Vom fi după moarte în Împărăţia în care am trăit de-aici, sau pentru care chiar am murit.

Cu acestea ştiute – bine-ar fi trăite – să ne lămurim înainte despre Evanghelia Judecăţii. – Fireşte că ultimul argument despre existenţa lui Dumnezeu îl va da El Însuşi, căci, înainte de judecată e învierea cea de obşte:

„Iată Eu voi deschide mormintele voastre şi vă voi scoate pe voi, poporul Meu, şi veţi învia , numai astfel veţi cunoaşte că Eu sunt Domnul, Cel ce am zis şi am făcut acestea.” (Ezechiil 37,12-14)

Deci dacă oamenii n-au crezut în Dumnezeu când a înviat Iisus şi cu El toţi drepţii Vechiului Testament, vor fi siliţi să creadă în existenţa lui Dumnezeu, când vor vedea propria lor înviere din morţi.

Deci ultimii „zăbavnici cu inima a crede” numai atunci vor crede, dar atunci e prea târziu. Pentru aceştia da, ziua învierii şi ziua judecăţii (fiind una şi aceeaşi zi) e ziua înfricoşată, ziua mâniei lui Dumnezeu.

Evanghelia ar fi fost nedeplină fără descrierea acestei zile de apoi. Fără această zi, în care se vor despărţi pentru totdeauna oile de capre, Evanghelia n-ar fi avut nici un rost să fie descoperită oamenilor, şi chiar de s-ar fi descoperit (dar fără judecata de apoi) rămânea o simplă carte, printre atâtea altele.

Iisus a făcut în mai multe rânduri rezumatul Scripturii şi al Evangheliei Sale în cele două porunci: iubirea de Dumnezeu şi iubirea de oameni. Iar cum Dumnezeu e Adevărul şi iubirea de oameni, mila, se împlineşte cuvântul din Psalmi că: „Mila şi Adevărul merg înaintea Ta” (Psalmul 88,14). – Iar trăirea şi propoveduirea acestora cere curaj !

Deci din acestea vom fi întrebaţi: despre trăirea şi mărturisirea Adevărului şi dovezile iubirii de oameni – şi încă a unei iubiri largi, la măsuri dumnezeieşti, în care încape toată făptura, din care n-ai pe nimenea de scos afară, sub nici un motiv.

Cu alte cuvinte ziua judecăţii consfinţeşte, pentru toată veşnicia, una din cele două împărăţii, în care ne-am trăit viaţa pământeană: fie împărăţia iubirii feroce de sine însuşi, care te făcea de vrajbă cu toată lumea, cu Dumnezeu şi cu tine însuţi, fie împărăţia iubirii, în primul şi ultimul rând de alţii, de toţi oamenii, indiferent cum sunt, şi a iubirii de Dumnezeu sau de Adevăr.

Vei fi adică, una din două, sau ros de viermii poftelor tale neîngăduite, chinuit în cercul tău îngust, din care nu vei mai vedea pe nimenea, ars, mâncat de răutatea ta absurdă, chinuit de necredinţa ta în Dumnezeu, furios de a nu mai putea face nimic, nici rău nici bine; vei suferi nespus văzând suferinţa ta absurdă, crescând fără sfârşit o veşnicie întreagă.

Sau vei fi izbăvit desăvârşit de toată infirmitatea omenească, fericit de vederea neîntreruptă a lui Dumnezeu, de sporirea cunoaşterii Sale, de fericita comunitate cu Sfinţii, cu un cuvânt, de odihna mai presus de grăire a strămutării firii tale în Dumnezeu, a cărei desăvârşire dăinuieşte sporind, veşnicia fără de sfârşit.

Şi oare de ce n-ar putea Dumnezeu, în mărinimia desăvârşirii Sale, să ierte pe toţi, pe păcătoşi şi pe diavoli, şi să-i îmbrace iarăşi în lumina dumnezeiască ?

- Nu, şi din mai multe motive. Pomenesc două: unu ar însemna suprimarea darului libertăţii voinţei, care, după un filosof creştin modem, ar însemna suprimarea spiritului, ceea ce Dumnezeu nu poate face. A1 doilea motiv: pedeapsa petrecerii în starea de iad a conştiinţei, cu toată eternitatea sa, e nemăsurat o pedeapsă mai mică decât petrecerea forţată în lumina dumnezeiască. Aceasta ar fi pentru ei o urgie fără asemănare, în comparaţie cu chinurile absurdului sau a preocupării cu nimicul.

De aceea nu se descoperă Dumnezeu, ca Dumnezeu, în lumina slavei Sale, fiindcă în clipa aceea a sosit Judecata ,de la care încolo eşti: sau osândit la o stare de iad, sau strămutat într-o Fericire divină.

Iar pentru o dreptate deplină, care să ni se facă fiecăruia, trebuie să vie toţi martorii şi pârâşii noştri, şi să fim o zi, convinşi de dreptatea dumnezeiască. Căci faptele noastre, gândurile, cărţile scrise, cuvintele, au urmări nemuritoare şi numai taina pocăinţei poate îndrepta ce-i de îndreptat din ele. Deci toate urmările, rămase fără îndreptare, vin de faţă: pentru noi sau împotriva noastră, pe cum au fost făcute: pentru noi şi împotriva oamenilor, sau împotriva noastră şi în folosul oamenilor.

Şi totuşi a mai rămas o întrebare tulburătoare: omeneşte judecând, se poate ca atotbunătatea lui Dumnezeu să pedepsească omul, pentru o viaţă greşită de 40 – 60 – 80 de ani, o veşnicie întreagă ?

- Da; căci dacă într-o viaţă întreagă, de 40 – 60 – 80 de ani, n-ai avut nici măcar o clipă – cea a tâlharului de pe cruce – a recunoaşterii vinovăţiei tale şi a recunoaşterii iubitoare de Dumnezeu, clipă care, tâlharului, i-a câştigat Împărăţia lui Dumnezeu, pentru veşnicie.

Să lărgim puţin semnificaţia acestei clipe, care, dacă o ai câştigi veşnicia lui Dumnezeu cu ea. E clipa învierii tale din păcat, din morţi, din necunoştinţă, din superficialitate. Clipă, care va întinde Împărăţia lui Dumnezeu peste toate calendarele tale pământene, clipa găsirii tale cu Dumnezeu, cu persoana lui Iisus, clipa găsirii lui Dumnezeu în tine.

Să lămurim minunea aceasta a convertirii reale:

După sfinţii Părinţi aceasta are următoarele baze: Iisus se află ascuns în poruncile Sale şi se află acoperit şi real în Tainele Sale, în Sfintele Taine. Iar în noi, în alcătuirea noastră duhovnicească se află deodată cu Botezul şi cu celelalte Taine însoţitoare.

Iisus, prin Taina sf. Botez, a îmbrăcat lăuntric făptura noastră omenească. S-a născut pe Sine în noi şi aşteaptă, ca un sad, până ajungem la pricepere, ca să ne decidem: ce facem cu Iisus din noi ? Îl băgăm în seamă, Îl punem în valoare, dezvoltăm restul vieţii noastre după viaţa Sa, Îl trăim pe El, sau facem ureche surdă şi-L ţinem în temniţa din noi, în botniţa noastră, în mărăcinişul nostru, în golătatea noastră: în temniţă şi nu-L cercetăm, bolnav şi nu-L îngrijim, gol şi nu-L îmbrăcăm cu viaţa noastră.

Iată lămurită dreptatea Judecăţii.

Pentru că am chinuit pe Dumnezeu din noi o viaţă întreagă şi am fugit de El pe toate cărările veacului, de-am avea anii lui Matusalem, tot aşa am face. Deci e cu dreptate la Dumnezeu să ne judece pentru câţiva ani o veşnicie întreagă. Nu ne putem apăra că n-am avut vreme să luăm o decizie asupra Împărăţiei lui Dumnezeu, îngropată în ţarina făpturii noastre.

Ca încheiere să aducem cuvintele sf. Simeon Noul Teolog, unul dintre noi, care a valorificat comoara sa din ţarină şi a luminat cu lumina dumnezeiască creştinătatea întreagă.

Iată cum grăieşte Sfântul Bisericii, în „Imnele iubirii divine”:


„Tainele-acestea şi alte mai mari, mai adânci vei cunoaşte
Fiule-ascultă: când flacăra-n suflet s-aprinde, se naşte,
Răul patimii-alungă şi casa se face curată,
Focul s-amestecă-n toată fiinţa, o străbate şi iată;
Printr-o unire nespusă sufletu-ntreg străluceşte,
Raze şi flăcări în jur cu lumină şi el răspândeşte,
Cum ? Nu mai pot spune, dar una se fac: suflet şi Ziditor,
Cela ce ţine zidirea în palmă şi-i Domn tuturor
Sfânta Treime întreagă încape-ntr-un suflet curat.
Tatăl şi Fiul şi Duhul – neacoperit, neapropiat,
Ei locuiesc înăuntru, în suflet, şi nu-1 pârjolesc,
Înţeles-ai ce-adâncuri de taină în noi se plinesc?
Omul, o mână de ţărână, poartă pe Domnul în sine,
Poartă întreg pe Acela, ce toate cu-n deget le ţine,
Deci pe Acesta purtându-L în sine, în Duh şi văzând
Marea-I frumuseţe, s-aprinde de dor după El, şi arzând
Cum va putea suferi a dragostei flacără tare?
Cum nu-i vor curge din inimă lacrimi fierbinţi şi amare?
Cum va grăi, povestind de-a rândul minunile, care
Se-ndeplinesc înăuntru, în el, şi bogata lucrare?
Cum să şi tacă, atunci când-îi silit să vorbească ?
Pentru că-acum abia vede iadul, în care-i menit să trăiască.
Nimeni nu-şi poate da seama în ce întunerec petrece,
În stricăciune şi-n moarte-n necunoştinţa cea rece,
Dacă nu vine, la vreme, din Ceruri scânteia divină,
Când în suflet s-aprinde şi arde cereasca lumină.
Cad legăturile grele, pui mâna pe răni, şi deodată
Rănile pier şi se-nchid şi se şterge orice urmă de tină,
Iar din semnele rănilor curg străluciri de lumină.
Trupul întreg e-o minune: se umple de slavă cerească…
Din murdăria mocirlei: curat şi din lanţ slobozit,
Cu dumnezeiasca lumină de tot învăluit
Mă-mbrăţişează Stăpânul a toate şi-mi dă sărutare…
Şi spre-o mare lumină mă duce de-a-notul, pe care
Nici Îngerii n-o pot tălmăci. Minunată lucrare !
Căci ajungând în lumină, minuni şi mai mari mi s-arată:
Domnul îmi dă să-nţeleg cu de-a rândul lucrarea Lui toată:
Cum înnoieşte cu harul din Ceruri sărmana mea fire,
Din stricăciune m-a scos, învestit cu nemurire,
M-a despărţit de ale lumii, şi haină mi-a dat, luminoasă,
Şi-ncălţăminte mi-a dat şi cunună în veci nestricăcioasă.
M-a-nstreinat de-ale lumii, făcându-mă nepipăit,
Şi nevăzut m-a făcut, cu firea celor nevăzute unit.
Şi-am înţeles cu uimire, că eu, cel închis în făptură
Port pe Acela, care-i afară de toate, fără măsură.
Dar dacă eu şi Acela, cu care prin har m-am unit,
Suntem una-n unire; iar pe mine cum m-oi numi ?
- Iată, primeşte şi vezi osebirea cea mare: că sunt
Om după fire – dar Dumnezeu după dar.”

(Cuvântul I)

Iată o culme a sfinţeniei, vie şi nemincinoasă tâlcuire, a unui alt loc greu de înţeles despre Judecată:

„Amin, amin grăiesc vouă: Cine ascultă cuvântul Meu şi crede în Cel ce M-a trimis pe Mine, are viaţă veşnică şi la judecată nu vine, ci s-a mutat din moarte la viaţă” (Ioan 5,24).
Deci fără această „mutare din moarte la viaţă” cădem sub judecată. Mulţi se vor mântui şi sub judecată „dar aşa: ca prin foc”, cum zice sf. Pavel. Cu acestea se lămureşte o mare poruncă a lui Iisus, dată Apostolilor şi nouă preoţilor, urmaşii lor de peste veacuri, când ne-a spus: „Înviaţi pe cei morţi !”

E „prima înviere”, încă din viaţa aceasta, peste care „moartea a doua n-are nici o putere”.

În ziua judecăţii vom fi martori unii altora, despre cele înţelese astăzi.

E cuvântul lui Dumnezeu ce-şi îmbie Viaţa.
Lui se cade Slava, viaţa şi veşnicia noastră.

Sinaxario del Domingo del Juicio Final


Cuando te sientes a juzgar el mundo, oh Juez de todos,

hazme digno de ser llamado a tu derecha por ti


En este día conmemoramos la inescapable Segunda Venida de Cristo, cuya celebración fue instituida por los muy divinos padres para el domingo después de la parábola del Pródigo, a fin de que nadie que ha aprendido de esta última acerca del amor de Dios por la humanidad viva en pereza, diciendo: «Dios ama a la humanidad, y cuando me separe de él por el pecado, todo esta preparado para mi restauración». La conmemoración de este terrible día de juicio ha sido ordenada para este momento a fin de que, mediante el temor a la muerte y la expectación del tormento futuro, aquellos que viven en pereza sean exhortados a las virtudes, no sólo confiando en el amor de Dios, sino también dándose cuenta de que él es el justo Juez que juzgará a cada uno según sus obras. En otras palabras, toda alma que deja esta vida necesariamente será juzgada. La presente fiesta es un tipo de símbolo de esto pues se nos presenta ahora como una celebración final, del mismo modo que será el último evento después de nuestra muerte. Pues conviene que contemplemos que así como el principio del mundo y la caída de Adán en el Paraíso son conmemoradas el próximo domingo, en este día conmemoramos el fin de los días y del mundo mismo.

La conmemoración está mandada para este día en que nos despedimos de la carne para que, maravillados por este evento, limitemos nuestro consumo de comida terrenal, no entregándonos a la gula, y seamos exhortados a amar a nuestro prójimo. En otras palabras, ya que hemos sido expulsados del Edén, malditos y condenados por haber comido del fruto, el presente evento ha sido ordenado para este momento porque el próximo domingo seremos expulsados a través de Adán, hasta que Cristo venga de nuevo para levantarnos al Paraíso. Se llama la Segunda Venida porque Cristo se nos ha manifestado en la carne en su primera venida y ha liberado a la raza humana, y vendrá de nuevo para juzgar si observamos aquello que nos ha mandado. ¿Cuando ocurrirá esta Segunda Venida? Nadie lo sabe; pues aunque el Señor mencionó muchas señales que la precederían, ocultó esto de sus Apóstoles. Pero antes de su Venida aparecerá el Anticristo. Este vivirá su vida a la manera de Cristo, haciendo milagros como los que Cristo hizo, y resucitando a los muertos. Sin embargo, todas sus obras serán una ilusión. Después de esto el Señor vendrá repentinamente, como un relámpago en el cielo, yendo ante su santa Cruz, y un río de fuego ardiente fluirá ante él limpiando la tierra de su impureza. El Anticristo será capturado de inmediato junto a sus siervos y todos serán condenados al fuego eterno. Y cuando los ángeles suenen las trompetas, todas las naciones de la humanidad se reunirán en Jerusalén desde todo lugar y desde todos los confines de la tierra, pues esa ciudad es el centro de la tierra. Y se establecerán allí los tronos para el juicio. Entonces todas las almas serán reunidas con sus cuerpos y revestidas de belleza incorruptible, transformadas en una sola imagen. Y con una palabra separará el Señor a los justos de los pecadores.

Aquellos que han hecho el bien recibirán la vida eterna, y los pecadores serán enviados de nuevo al tormento eterno. Nótese que Cristo no preguntará quién ayunó, quién estaba desnudo, o quién obró milagros; porque aunque estas cosas son buenas, la misericordia y la compasión son mucho mejores. Él interrogará tanto a los justos como a los pecadores acerca de seis virtudes que son como mandamientos, de las cuales todos son capaces: «Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. [....] En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis» (cfr. San Mateo 25:35-36, 40). Entonces todos confesarán que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre (cfr Filipenses 2:11).

Ahora bien, según el Santo Evangelio, los tormentos son el llanto y crujir de dientes, «donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga», siendo «echados a las tinieblas de afuera» (cfr. San Marcos 9:44; San Mateo 8:12). Y toda la Iglesia de Dios se deleitará gozosamente al alcanzar el Reino de los cielos, estando cerca de Dios en su lugar santo, y recibiendo gloria eterna y exaltación. Pero aquellos que están separados de Dios por haber desperdiciado la vida de sus almas (cfr. Salmo 23[24]:4, LXX) en pereza y alimentos temporales recibirán tormento y oscuridad, estando privados eternamente de la Luz divina.


(Traducido del Triodio eslavo)

martes, 2 de febrero de 2010

Presentación del Señor al Templo.



La ley de Moisés disponía que todo niño primogénito de sexo masculino fuera llevado al templo en el día 40 después del nacimiento para ser presentado y ofrecer por él el rescate que estaba establecido. En cumplimiento de esta ley, la Santa Familia, al día 40 desde el nacimiento del Divino Niño, se dirigió al templo de Jerusalén. La Madre de Dios, por causa de su pobreza, solo pudo traer dos jóvenes tórtolas. En este tiempo, por la inspiración del Espíritu Santo, vino al templo cierto piadoso anciano, de nombre Simón. A él le había sido prometido por el Espíritu Santo, que no iba a morir hasta que no viera a Cristo Salvador.

Acercándose a la Virgen María, que sostenía al Divino Niño, el Justo Simón Lo tomó en sus brazos y en la abundancia de su alegría agradeció a Dios con las siguientes palabras: "Ahora, Señor, pudes dejar ir a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos Tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; Luz para revelación a los gentiles y gloria de Tu pueblo Israel." Luego, dirigiéndose a la Madre, dijo: "He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel y para señal, que será contradicha,... para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones." Con estas palabras Simón profetizó que el Divino Niño traerá a muchos a la salvación, pero también habrá no pocos, tales, que se endurecerán y abandonarán por completo a Dios. Y que según cual sea la actitud de los hombres para con el Salvador del mundo y Su enseñanza, en los hechos revelarán su propia disposición espiritual. El que se apesadumbra por sus pecados y ansía la Verdad Divina, ese encontrará en Él al guía y sanador de su alma, pero el que ama este mundo con sus deleites pecaminosos, el que está contento consigo mismo, o que a semejanza de los letrados hebreos, transformó a la religión en una fuente de prosperidad, para ese las enseñanzas de Jesucristo le serán inadmisibles. Para tales personas, que rechazan conscientemente el llamado a la salvación, la palabra de Cristo solo les servirá para mayor condena.

Previendo los muchos sufrimientos que debía padecer el Salvador, el justo Simón predice también los sufrimientos de Su Madre: "¡Y una espada traspasará tu misma alma!" — es decir, Tus dolores maternales, a semejanza de una espada traspasarán Tu corazón, pues Sus padecimientos recibirás como Tuyos propios. Al finalizar el diálogo del Justo Simón con la Madre de Dios, se les acercó la anciana Anna, la profetisa, quien durante muchos años vivía y trabajaba en el templo, y con sus oraciones y ayunos alcanzó gran virtuosidad. También ella, por la intuición del Espíritu Santo, reconoció en el Niño Divino al Mesías tan largamente esperado, y en un arrebato de alegría comenzó a glorificar en alta voz a Dios. Después de esto comenzó a anunciar a los habitantes de Jerusalén, que el esperado Salvador ya había nacido.

Habiendo cumplido todo lo ordenado por la ley acerca del Primogénito recién nacido, la Santa Familia regresó a Nazaret